domingo, 10 de abril de 2011

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Animar a la política




¿Qué idea tienen los ciudadanos, especialmente los jóvenes, de la política? La impresión de que la política es un dominio de la corrupción ¿no ha provocado en ellos un desinterés casi generalizado? ¿No se ve la política como una tarea que oscila entre la mera búsqueda del poder, de los “votos”, y la navegación en el mar de las tensiones y los particularismos, y que termina por agotar las energías de cualquiera?

      Y sin embargo no cabe, especialmente para los cristianos, desentenderse de la política. Lo subrayaba una vez más Benedicto XVI pronto hará un año (el 21 de mayo de 2010), ante el Pontificio Consejo para los Laicos.

      Los fieles laicos son Iglesia en el mundo, haciendo el mundo. Contribuyen al progreso y al desarrollo cultural y social de los pueblos con su competencia profesional, su vida familiar, sus relaciones de amistad y de cultura, etc. Su vida misma se convierte en expresión de fe, en ofrenda agradable a Dios y en servicio a todas las personas.

      Esto es posible porque los fieles laicos, como todos los cristianos desde el bautismo, participan del sacerdocio de Cristo bajo la modalidad del “sacerdocio común”. Todos los cristianos –en palabras de Benedicto XVI– están llamados a “ser testigos de Cristo en su vida diaria, en todas sus actividades y ambientes”.

      A los laicos –añadía– les corresponde “mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana ensancha el horizonte limitado del hombre y lo proyecta hacia la verdadera altura de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo”. Esto es, han de mostrar cómo las virtudes teologales pueden transformar la vida personal y la vida del mundo.

      De este modo testimoniarán “garantía de libertad y mensaje de liberación; que los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia, como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad, son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres”.

      Todo un programa para la misión de los laicos. En concreto lo realizan al “participar activamente en la vida política de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia” y con un ideal de servicio al bien común: “compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la dialéctica democrática y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común”.

      Pero no lo lograrán sin seguir de cerca la clara orientación de Benedicto XVI: “Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural”. Para el cristiano la política es un servicio, un ejercicio de caridad o de amor. Para hacer posible que los cristianos –hombres y mujeres– de hoy y de mañana se comprometan con esta tarea, se requiere que las comunidades cristianas sean ante todo escuelas de identidad cristiana, de testimonio y de servicio al bien común (¿lo son, comenzando por las familias?). Esto hará que “la inteligencia de la fe” se convierta en “inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación”.

      Sólo así habrá cristianos con una “auténtica sabiduría política”, necesaria para afrontar el ambiente actual, que Benedicto XVI caracteriza como impregnado por el relativismo cultural y el individualismo utilitarista y hedonista.

      Esa sabiduría política se distingue por la competencia profesional y la apertura a la verdad y al diálogo: “ser exigentes en lo que se refiere a la propia competencia; servirse críticamente de las investigaciones de las ciencias humanas; afrontar la realidad en todos sus aspectos, yendo más allá de cualquier reduccionismo ideológico o pretensión utópica; mostrarse abiertos a todo verdadero diálogo y colaboración, teniendo presente que la política es también un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses”. En línea con su primera encíclica –de la que todo esto es un desarrollo–, el Papa convoca, también desde la política, a una verdadera “revolución del amor”.

      Es la hora de trabajar por esta revolución. La Iglesia no está para servirse a sí misma sino al mundo. Los sacerdotes están para servir a los fieles y éstos a todas las personas. No se trata –acabamos de leer– de buscar un triunfo político o cultural por sí mismo, el triunfo de los cristianos frente al resto. Se trata de coherencia.

      Por tanto, cabe preguntarse: la formación que se imparte en las comunidades cristianas ¿está de acuerdo, efectivamente, con la enseñanza de la Iglesia, tanto en los aspectos de la fe como en la moral? ¿Se enseña a los fieles que la fe incide en el contexto social y lleva a la preocupación por los más débiles? ¿Está la Doctrina social de la Iglesia en la primera línea, como consecuencia de la oración y de la participación en los sacramentos? ¿Se presentan, sobre todo a los jóvenes, ideales altos de santidad y apostolado, y al mismo tiempo se cultiva en ellos la sensibilidad por las tareas sociales, culturales y políticas, que son oportunidades para servir?





(Una primera versión de este texto se publicó en www.cope.es, 27-V-2010)


* * *


En 1970 Bob Dylan compuso varias canciones del género “Gospel”, entre otras Gotta Serve Somebody. Aunque puede considerarse un tanto radical, en cierto sentido tiene razón. “Dos amores hicieron dos ciudades”, decía San Agustín: el amor a Dios (que desemboca en la preocupación por los demás) y el amor a uno mismo (que lleva al odio, a la destrucción y a ponerse al servicio del “padre de las mentiras”). Y todos, incluidos los que se dedican a la vida pública y política, nos situamos en uno u otro bando… De manera que se nos puede preguntar: tú, ¿a quien sirves?


* * * 


Bob Dylan, Gotta Serve Somebody

(Tendrás que servir a alguien)



Quizás seas un embajador en Inglaterra o Francia,
puede que te guste jugar, o quizá bailar
tal vez seas el campeón de peso pesado del mundo
o alguien socialmente importante, con un largo colgante de perlas.

Pero vas a tener que servir a alguien, sí
vas a tener que servir a alguien,
puede ser el diablo o puede ser el Señor,
pero vas a tener que servir a alguien. 

Quizá seas un adicto al rock 'n' roll que hace cabriolas en el escenario,
tal vez tengas dinero y drogas a tu disposición, mujeres encerradas,
tal vez seas un hombre de negocios o un ladrón de alto nivel,
quizá te llamen “doctor” o quizá “jefe”.

Pero vas a tener que servir a alguien, sí...

Es posible que seas un policía estatal, o un joven turco,
  o quizá presidas algún gran canal de televisión,
tal vez seas rico o pobre, ciego o cojo,
  o estés viviendo en otro país con otro nombre.

Pero vas a tener que servir a alguien, sí…

Quizá seas un trabajador de la construcción que trabaja en una casa,
o quizá estés viviendo en una mansión, o tal vez en una cúpula,
tal vez poseas puede armas de fuego o incluso propios tanques,
puede que alquiles casas o tengas bancos propios.

Pero vas a tener que servir a alguien, sí…

Puede que seas un predicador con tu orgullo espiritual,
  oquizá un concejal de la ciudad que acepta sobornos,
tal vez estés trabajando en una peluquería, y sepas cómo cortar el cabello,
  o seas amante de alguien, o heredero de alguien.

Pero vas a tener que servir a alguien, sí…

Quizá te guste usar algodón, o más bien seda,
puede que te guste beber whisky, o tomar leche,
es posible que te guste el caviar, o comer pan,
tal vez estés durmiendo en el suelo, o en una enorme cama.

Pero vas a tener que servir a alguien, sí…

Quizá me llames Terry, o Jimmy,
puede que me llames Bobby, o Zimmy,
tal vez me llames RJ, o Ray,
puedes llamarme de otro modo, no importa lo que digas.

Pero vas a tener que servir a alguien, sí…  

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