miércoles, 23 de noviembre de 2016

Mirar, comprender y acompañar a las familias

En su carta apostólica Misericordia et misera, al concluir el Jubileo extraordinario de la misericordia (21-XI-2016), escribe el Papa Francisco que en medio de una situación como la nuestra, de crisis familiar, "es importante que llegue una palabra de consuelo a nuestras familias" (cf. n. 14).

Se refiere al matrimonio ante todo como un don, como “una gran vocación a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder con el amor generoso, fiel y paciente”.


De ahí nace la belleza inmutable de la familia, que permanece a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas, haciendo que la alegría del amor que se vive en las familias sea también la alegría de la Iglesia (cf. Amoris laetitia, n. 1).

Al mismo tiempo –continúa diciendo– ese camino y proyecto de amor entre un hombre y una mujer a veces se interrumpe por el sufrimiento, la traición y la soledad.

Por otra parte, “la alegría de los padres por el don de los hijos no es inmune a las preocupaciones con respecto a su crecimiento y formación, y para que tengan un futuro digno de ser vivido con intensidad”.

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