viernes, 14 de septiembre de 2018

La comunión humana: posibilidades y límites


Hace poco tiempo he leído un texto donde Romano Guardini explica admirablemente, a comienzos de los años 30, el sentido de la comunión entre los hombres, sus posibilidades y sus límites (cf. Guardini R., “Posibilità e limiti della comunione humana”,1932, en Id., Scritti filosofici, I, a cura di G. Sommavilla, Milano 1964, pp. 319-334).

Aunque no lo declare abiertamente, se trata de un relato en cierto sentido autobiográfico, a partir de sus experiencias de aquellos años. Y, como sucede frecuentemente con Guardini, buena parte de lo que dice sigue siendo muy actual; en todo caso, ilumina nuestra comprensión de la vida y nuestra misión cristiana.

Desde los años veinte, y concretamente en el movimiento juvenil que Guardini procuraba orientar, se hablaba de “comunión” porque se esperaba poder vencer el individualismo que se cernía desde hacía tiempo sobre nuestra cultura. Se hablaba de diálogo, de la necesidad de construir puentes y derribar barreras. Se contaba con que el hombre tiene en su raíz una llamada constitucional a la comunión humana. Y eso parecía ser un buen fundamento de la educación y de la sociedad.

Al mismo tiempo, se percibía qué distintas son las culturas, las actitudes, los sentimientos de las personas. Hasta el punto de reconocer que debemos aprender también el significado y la vivencia de la soledad, pues hay siempre algo de incomunicable en cada uno.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Fe y razón, fe y cultura: la interdisciplinariedad en la educación de la fe

La fe y la razón de por sí no se oponen porque tienen ambas como origen a Dios. Tal es la perspectiva cristiana. Desde ahí cabe perfilar la relación entre fe y cultura, y el papel de la interdisciplinariedad en la educación de la fe.

1. Por fe entendemos no una mera teoría intelectual o un mero conjunto de creencias, ritos y reglas morales, sino ante todo una vida que, en el cristianismo, procede del encuentro y la relación con Cristo.

Por razón entendemos, como lo hace el lenguaje común, la facultad humana de discurrir, propia de la inteligencia. Cabe advertir que la razón humana, para poder ser considerada como tal, debe estar abierta a toda la realidad que nos constituye y nos rodea, y ser capaz de valorarla en relación con la totalidad de la persona: no solo su inteligencia, sino también sus afectos, su dimensión social y su apertura a la transcendencia.

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