martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad, fiesta del amor que vence el miedo


El anuncio cristiano de la encarnación del Hijo de Dios: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14) ha sido el lema de Francisco, en su discurso a la Curia romana con motivo de las felicitaciones navideñas (21-XII-2019).

1. Según la fe cristiana, en Jesús, Dios ha querido compartir nuestra condición humana para darnos a participar su misma vida divina. Como respuesta a su amor por nosotros, observa Francisco, Jesús nos pide, sobre todo, que nos amemos unos a otros con su mismo amor (cf. Jn 13, 34-35), que seamos semejantes a él, porque Él se ha hecho semejante a nosotros.

En consecuencia, san John Henry Newman nos exhorta a que la Navidad «nos encuentre cada vez más parecidos a quien, en este tiempo, se ha hecho niño por amor a nosotros; que cada nueva Navidad nos encuentre más sencillos, más humildes, más santos, más caritativos, más resignados, más alegres, más llenos de Dios». Y añade:«Este es el tiempo de la inocencia, de la pureza, de la ternura, de la alegría, de la paz» (Parochial and Plain Sermons V).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Sobre el significado y el valor del belén

En su Carta sobre “el hermoso signo del pesebre” (Admirabile signum, 1-XII-2019) Francisco desea explicar el significado y el valor del belén. Dice el Papa que representar el nacimiento de Jesús equivale a “anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”.

Se trata de un “Evangelio vivo” ­–inspirado en los relatos evangélicos– que nos conduce a la contemplación de la Navidad. Y a la vez, “nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”. Así, “descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él”.

Muchos de nosotros recordamos, en efecto, cuando preparábamos con nuestros padres “el nacimiento”, o “el belén”. Los niños lo preferíamos grande y, como a veces no había una mesa grande, estábamos dispuestos incluso a utilizar una puerta sobre unas banquetas. Era realmente, como dice el Papa, “un ejercicio de fantasía creativa”, lleno de belleza: “Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular”. “Espero –continúa Francisco– que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”.

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