jueves, 21 de abril de 2022

La Pascua: ver, escuchar y anunciar sin miedo

D. Hersey, Resurrection

Durante la vigilia pascual (sábado santo, 16-IV-2022), Francisco se fijó en el relato evangélico del anuncio de la resurrección a las mujeres (cf. Lc 41, 1-10). Y subrayó tres verbos.


Ver, escuchar, anunciar
 
En primer lugar, ver. Vieron la piedra corrida y cuando entraron no hallaron el cuerpo del Señor. Su primera reacción fue el miedo, no levantar la vista del suelo. Algo así, observa el Papa, nos pasa a nosotros: “Con mucha frecuencia, miramos la vida y la realidad sin levantar los ojos del suelo; sólo enfocamos el hoy que pasa, sentimos desilusión por el futuro y nos encerramos en nuestras necesidades, nos acomodamos en la cárcel de la apatía, mientras seguimos lamentándonos y pensando que las cosas no cambiarán nunca”. Y así sepultamos la alegría de vivir.

Perdonar y pedir perdón

 
En su libro La condición humana, explica Hanna Arendt (ed. Paidós, Barcelona 1993, pp. 255-262), a nivel antropológico, el asombroso poder del perdón. Sirve para deshacer los actos del pasado y liberar de sus consecuencias. Sin ser perdonados seríamos como el aprendiz de brujo que desconocía la fórmula mágica para romper el hechizo. Pero si somos perdonados podemos recomenzar a vivir. Y si perdonamos, damos la capacidad al otro de recomenzar una vez más, de iniciar algo nuevo. Al contrario que la venganza, el perdón es impredecible, y comporta la liberación de la venganza.

Reconoce la filósofa judía que “el descubridor del papel del perdón en los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret”, aunque lo hiciera en un contexto religioso. 

Cabría observar, en la perspectiva de la fe cristiana, que también Jesús nos “descubrió” cómo el perdón forma parte del gran poder divino; y que, el perdón humano, a fin de cuentas, es imagen del divino, tiene siempre raíz divina. 

domingo, 20 de febrero de 2022

San José y la Iglesia

  

 F. de Zurbarán, Cristo coronando a San José (1636-1640) (detalle)



En sus tres últimas catequesis sobre San José, después de haber ponderado su figura, su papel en la historia de la salvación y sus virtudes, Francisco abordó las relaciones de San José con la Iglesia, es decir con nosotros y cada uno. 

San José y la comunión de los santos

1. En primer lugar, la realidad de San José y la comunión de los santos (2-II-2022). “La Comunión de los santos es precisamente la Iglesia” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 946). (No se refiere a que los santos comulguen, decía el Papa de broma, evocando una respuesta suya cuando era niño). Los santos que están en el cielo son intercesores nuestros ante Dios, patronos (porque quizá llevamos su nombre) o hermanos a los que podemos tener devoción y tratar con confianza. Además, la comunión de los santos es también la Iglesia que peregrina en la tierra, que está compuesta de justos y pecadores.

Al llegar a este punto el Papa señaló lo que calificó de definición hermosa de la Iglesia: “La Iglesia es la comunidad de los pecadores salvados”. Y añadió: “Nadie puede ser excluido de la Iglesia, todos somos pecadores salvados”. De un lado todos los cristianos formamos con Cristo (espiritualmente) un solo cuerpo (cf. 1 Co 12 12; 26-27); estamos en comunión con Él por la fe y el bautismo. Y eso es la comunión de los santos.

lunes, 24 de enero de 2022

Palabra de Dios: luz, vida y espada

 

                                        G. K. Olsen, Jesús, enseñando en la sinagoga de Nazaret



El 23 de enero se celebró el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco para el tercer domingo del tiempo ordinario. Una iniciativa pastoral llamada a promover la formación de los fieles, en orden a facilitarles extraer de la Sagrada Escritura "frutos inestimables de sabiduría, esperanza y vida” (Carta Aperuit illis, 30-IX-2019).

En su homilía, el Papa evocó la iniciativa de la Palabra de Dios al crear el mundo, y su amor al habernos elegido en Cristo, su Palabra eterna. Si en el Antiguo Testamento Dios nos habló por los profetas, al llegar la plenitud de los tiempos, esa Palabra se ha cumplido: ya no es una promesa, sino que se ha realizado (cf. Lc 4, 21). Ahora, “por obra del Espíritu Santo habitó entre nosotros y quiere hacernos su morada, para colmar nuestras expectativas y sanar nuestras heridas”.

Como aquellos judíos que le contemplaban en la sinagoga de Nazaret, teniendo sus ojos fijos en Él (cf. Lc 4, 20), también nosotros deberíamos ser capaces de captar su la radical novedad de esta Palabra que es Cristo. En ella, propone Francisco, podemos contemplar dos aspectos unidos entre sí: “la Palabra revela a Dios y la Palabra nos lleva al hombre. Ella esta en el centro, revela a Dios y nos lleva al hombre”.

domingo, 2 de enero de 2022

Custodiar meditando




La homilía del Papa Francisco en la solemnidad de María, Madre de Dios (1-I-2022) es un buen comienzo del año. En la escuela de María se aprende lo que todos necesitamos. Ella –como anticipo y madre de la Iglesia, y a la vez como primera discípula– es modelo y corazón del discernimiento cristiano y eclesial.

En el “escándalo del pesebre” (un comedero para animales), María aprende que Dios quiere ser cercano y familiar; que viene en la pobreza y trae la alegría y el amor, y no el miedo; y que se quiere hacer comida para nosotros. Allí contempla la belleza de Dios acostado en un pesebre.

Mientras otros simplemente pasan y viven, y algunos “se asombran”, María “conservaba –guardaba, custodiaba– todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19; cf. también el v. 51).