domingo, 21 de mayo de 2023

Humanismo y tecnología

Durante su viaje pastoral a Hungría, en el encuentro con el mundo universitario y de la cultura (cf. Discurso en la Universidad católica Péter Pázmány, 30-IV-2023), el Papa Francisco retomó un argumento frecuente en las enseñanzas de su predecesor, Benedicto XVI (cf. Discurso en la entrega del I premio Ratzinger de teología, 30-VI-2011).

Se trata del contraste entre dos formas de conocimiento. Por un lado, el conocimiento humilde y relacional –humanista y realista– que se abre a la tecnología, la respeta y a la vez la sitúa constantemente en su adecuada perspectiva. Por otro lado, el conocimiento que tiende a dominar y poseer –tecnocrático–, en principio legítimo, pero que en nuestro tiempo conlleva de hecho el riesgo de acabar con el primer tipo de conocimiento, el humanismo. La armonía entre estos dos tipos de conocimientos, pertenece, efectivamente, a la buena salud de nuestras raíces.

Este argumento lo planteaba ya Romano Guardini hace un siglo: “En estos días he comprendido más que nunca que hay dos formas de conocimiento […], una conduce a la inmersión en el objeto y su contexto, por lo que el hombre que quiere saber trata de vivir en él; la otra, al contrario, reúne las cosas, las descompone, las ordena en cajas, adquiere dominio y posesión, las domina» (Cartas desde el Lago de Como. La técnica y el hombre –texto original de 1924-1927–, Brescia 2022, 55). 

Los jóvenes y la vida real

Con los jóvenes de Hungría el Papa estuvo claro y entusiasta (cf. Discurso en el Papp László Budapest Sportaréna, 29-IV-2023). No dejó de hablarles de sus raíces (condición de vida) y ante todo, de Cristo. Les dijo que las respuestas preconfeccionadas no sirven. Que “Cristo es Dios en carne y hueso, es el Dios vivo que se hace cercano a nosotros; es el Amigo, el mejor de los amigos; es el Hermano, el mejor de los hermanos, y es muy bueno haciendo preguntas. En el Evangelio, de hecho, Él, que es el Maestro, hace preguntas antes de dar respuestas”. A los que desean cosas grandes les enseña que “uno no se hace grande pasando por encima de los demás, sino abajándose hacia los demás; no a costa de los demás, sino sirviendo a los demás (cf. Mc 10,35-45)”.

Jesús nos enseña a arriesgar, apuntar alto; pero también a entrenar. A hacer equipo sin encerrarse en un grupito de amigos y en un teléfono celular. Además ha querido decirles: “No tengan miedo de ir contracorriente, de encontrar cada día un tiempo de silencio para hacer un alto y rezar”. Aunque hoy todo parece empujarnos a ser eficientes como máquinas, no somos máquinas. Al mismo tiempo, es verdad que con frecuencia nos quedamos como sin gasolina, y por eso necesitamos recogernos en silencio. 

lunes, 8 de mayo de 2023

Para una teología del amor

Una buena reflexión sobre la teología del amor es la que realiza, en su tercer sermón de cuaresma (17-III-2023), el padre Rainiero Cantalamessa, predicador de la Casa pontificia y experto en teología de los Padres de la Iglesia. Expone un interesante argumento sobre la necesidad de un mayor desarrollo teológico que ponga en el centro el amor como obra principal del Espíritu Santo. Para ello la teología puede inspirarse en los Padres de la Iglesia, que supieron, en muchas ocasiones, ser profundos a la vez que ser entendidos, incluso por los pequeños y sencillos.

Se trata de una necesidad sentida al menos desde hace un siglo por la teología cristiana. Y muy pertinenente para el momento actual de nueva evangelización en un cambio de época, en la que somos más conscientes de la importancia de la inculturación de la fe.

También de esta manera, entiende él, “la teología (…) puede contribuir a presentar de manera significativa el mensaje evangélico al hombre de hoy y a dar nueva vida a nuestra fe y a nuestra vida de oración”.

(Señalaremos aquí lo que nos parece ser el hilo fundamental de su exposición, para entrar en diálogo con su planteamiento. Y para agilizar la lectura, omitimos las notas del autor, que pueden encontrarse en el original tal como está en su web).

Dios te ama”, dice Cantalamessa que debería ser el anuncio más bello e importante que hemos de hacer llegar a nuestros contemporáneos : “Esta certeza debe socavar y sustituir la que siempre hemos llevado dentro de nosotros: ‘¡Dios te juzga! La afirmación solemne de Juan: ‘Dios es amor’ (1 Jn 4, 8) debe acompañar, como nota de fondo, todo anuncio cristiano, aun cuando deba recordar, como lo hace el Evangelio, las exigencias prácticas de este amor”.

Y continúa diciendo: “Cuando invocamos al Espíritu Santo, también en relación con la sinodalidad, solemos considerarlo sobre todo como luz (que ilumina las situciones para sugerirnos soluciones adecuadas), pero no tanto como amor”. Pero este obrar del amor es para la Iglesia la primera y esencial operación que la Iglesia necesita. Porque “solo la caridad construye; el conocimiento, incluso el conocimiento teológico y eclesiástico, a menudo solo infla y divide” [cf 1 Co 8,1]. [Lógicamente esto no se opone al conocimiento; sólo se opone al conocimiento que no vaya unido al amor].

Prosigue el predicador preguntándose por qué estamos tan ansiosos por saber (hoy incluso emocionados ante la perspectiva de la inteligencia artificial) y tan poco preocupados por amar. La respuesta es simple: “¡el conocimiento se traduce en poder; el amor, en servicio!”

Y sin embargo, un teólogo de la talla de Henri De Lubac escribe : “El mundo necesita saberlo: la revelación de Dios como Amor trastorna todo lo que había concebido de la divinidad” (Histoire et Esprit, Paris 1950)

Cabe aquí un primer paréntesis para apuntar que, en efecto, el amor no ha ocupado del todo hasta ahora el lugar que le corresponde –en el centro– en la teología católica y en cada una de sus disciplinas, y no solamente en la Teología moral, la espiritual y la pastoral. Esto lo puso de relieve la primera encíclica de Benedicto XVI, Dios es amor (2005). Porque el amor no sólo unifica la vida cristiana y la misión de la Iglesia sino también la teología misma.

En esta predicación Cantalamessa se propone mostrar cómo “a partir de la revelación de Dios como amor, se iluminan con nueva luz los principales misterios de nuestra fe: la Trinidad, la Encarnación y la Pasión de Cristo, y se hace menos difícil hacerlos comprender al pueblo de Dios”. (Menos desarrollada está aquí la relación del tema con la vida cristiana y con la Iglesia).

domingo, 7 de mayo de 2023

Buen Pastor

La liturgia católica presenta, en la cuarta semana de Pascua, la figura de Cristo como buen pastor (Jn, capítulo 10). Es instructivo lo que al respecto escribe Fray Luis de León (†1591) en su obra “De los nombres de Cristo”[1], una de las cumbres de la literatura española. Comienza por preguntarse por qué le conviene a Cristo el nombre de “Pastor” y en qué consiste ese oficio. Luego explica detalladamente cómo lo ejercita Cristo con nosotros.

El punto de partida es que Cristo mismo dice en el evangelio de San Juan: “Yo soy buen pastor”. Y la carta a los Hebreos dice de Dios «que resucitó a Jesús, Pastor grande de ovejas». También san Pedro dice del mismo: «Cuando apareciere el Príncipe de los Pastores». Y los profetas le anuncian con ese nombre (cf. Is, cap. 40; Ez, cap. 34 y Zac, cap. 11). Destaquemos algunos de los argumentos de Fray Luis sobre Cristo como buen pastor


Comparación entre los pastores y Cristo

En primer lugar –aduce Fray Luis–, como corresponde a la vida pastoril, Jesús ama el sosiego de la soledad y del campo, la sencillez y la naturaleza. Esto predispone al amor puro y verdadero, y favorece la finura en el sentir, así como la amistad, el orden y la armonía.

En cuanto al oficio del pastor –adelanta Fray Luis lo que luego desmenuzará– Jesús gobierna y rige no por medio de leyes ni mandamientos; sino que apacienta y alimenta a los que gobierna. Además, a semejanza del pastor, “no guarda una regla generalmente con todos y en todos los tiempos, sino que en cada tiempo y en cada ocasión ordena su gobierno conforme al caso particular del que rige”[2]. Al mismo tiempo, “no es gobierno el suyo que se reparte y ejercita por muchos ministros, sino él solo administra todo lo que a su grey le conviene: que él la apasta, y la abreva, y la baña y la tresquila, y la cura, y la castiga, y la reposa, y la recrea y hace música, y la ampara y defiende”[3]. Y por último, “es propio de su oficio recoger lo esparcido y traer a un rebaño a muchos, que de suyo cada uno dellos caminara por sí”[4].

En síntesis, la vida de Jesús, de modo parecido a la del pastor, observa Fray Luis, “es inocente y sosegada y deleitosa; y la condición de su estado es inclinada al amor; y su ejercicio es gobernar dando pasto y acomodando su gobierno a las condiciones particulares de cada uno, y siendo él solo para los que gobierna todo lo que les es necesario, y enderezando siempre su obra a esto, que es hacer rebaño y grey”[5]. Consideremos ahora con más detalle cómo ejerce Cristo su oficio de pastor, y veremos la excelencia de su pastoreo.