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viernes, 8 de mayo de 2026

Primavera que forja unidad

El papa defiende el matrimonio entre hombre y mujer
Al cumplirse el primer año del pontificado de León XIV, elegido el 8 de mayo de 2025, la Iglesia y el mundo contemplan un estilo marcado por la profundidad de la interioridad agustiniana y una decidida urgencia misionera. Este "humilde siervo de Dios y de los hermanos", como describió el oficio papal en su primer encuentro con los cardenales, ha sabido recoger la herencia de su predecesor, Francisco, integrándola en una síntesis teológica donde la unidad y la caridad son los ejes transversales.

Testimonio de unidad para la paz

Su lema episcopal se ha convertido en hoja de ruta: "In Illo uno unum" (En Aquel uno –Cristo–, somos uno). Esta expresión de san Agustín no es solo deseo ecuménico, sino definición de la identidad eclesial: la comunión solo es posible si se converge en el Señor Jesús. En un mundo fragmentado, la Iglesia se ofrece como "puente" y "faro", no por la potencia de sus estructuras, sino por la santidad de sus miembros.

Uno de los acentos más vibrantes ha sido su llamamiento a una "paz desarmada y desarmante". En sus viajes, especialmente a tierras africanas y al Líbano, ha denunciado que la guerra es una "espiral destructiva" alimentada por la especulación de materias primas y la lógica del dominio. La paz no es una simple tregua, sino un cambio definitivo en el corazón de quien la recibe, con la fuerza del grano de trigo que si muere da vida a la espiga dorada. En todo gobierno el "poder es servicio", si antepone el bien común a los intereses particulares.

En la exhortación apostólica Dilexi te, ha recordado con fuerza que los pobres no son meros "objetos" de pastoral, sino "sujetos creativos" que estimulan a vivir el Evangelio con autenticidad. Siguiendo el espíritu de la Rerum novarum de su homónimo León XIII, el Papa ha denunciado la "exclusión" como la nueva cara de la injusticia social, instando a luchar por los derechos sagrados de "tierra, techo y trabajo". Su mensaje es claro: si la Iglesia no tocase la "carne de Cristo" en el necesitado y sufriente, se disolvería en una mundanidad espiritual vacía.


Educación y cultura, ecumenismo y fidelidad

El sucesor de Pedro ha sido especialmente sensible a la educación y la cultura. Con la proclamación de san John Henry Newman como doctor de la Iglesia, el Papa apuesta por una formación que armonice fe y razón, como un “itinerario de la mente hacia Dios”; como una “luz amable” (Lead, kindly light), frente al riesgo del nihilismo que borra la esperanza. Ante la Inteligencia artificial, propone una alfabetización ética y crítica que proteja la dignidad humana y las relaciones interpersonales, que forme “constelaciones” capaces de diseñar la paz, sin anestesiar el “corazón inquieto” en busca de la verdad.

Este primer año ha coincidido con el 1700 aniversario del Concilio de Nicea, evento que el obispo de Roma ha señalado como brújula para la unidad visible de los cristianos. Ha valorado especialmente el "ecumenismo de la sangre", reconociendo que los mártires de todas las tradiciones ya están unidos en la Cruz del Señor. Su mirada hacia las Iglesias orientales como "tesoros inestimables" refleja un deseo de catolicidad que no uniforma, sino que se enriquece con la diversidad. Y así, es capaz de la armonía que componen las cuerdas de una cítara.

León XIV ha invitado a los sacerdotes y seminaristas a vivir una "fidelidad que genera futuro", entendida como un camino constante de conversión y no como inmovilidad. Una propuesta que sirve para todos los cristianos. En este primer año, el pontífice ha proyectado una Iglesia totalmente sinodal y ministerial, que no se contempla a sí misma, sino que sale al encuentro de una humanidad sedienta de sentido.

Con la mirada puesta en el bimilenario de la Resurrección (2033), nos recuerda que, a pesar de las tinieblas de la historia, "el mal no prevalecerá" porque todos estamos en manos de Dios.

Buscador de sabiduría, diseñador de belleza y coreógrafo de esperanza, de una u otra forma el Papa nos dirá del 6 al 12 de junio en España –Madrid, Barcelona, Montserrat y Canarias– que es posible una humanidad verdaderamente nueva (*).
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(*) Artículo publicado en Diario de Navarra, 7-V-2026

 

martes, 3 de febrero de 2026

La paz desarmante y la fidelidad

¿No es cierto que la paz que se nos está ofreciendo es paradójicamente una “paz armada”? Pero esa falsa “paz” es el resultado del miedo. Por otros caminos discurre la insistencia de León XIV, aunque parezca solo en su intento.

Entre sus enseñanzas de las últimas semanas, en la estela del Jubileo de la Esperanza, nos centramos en su Mensaje para la 59ª Jornada Mundial de la paz, que marca el comienzo del año 2026, y su carta apostólica “Una fidelidad que genera futuro”, con motivo del 60º aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis.


La revolución de una paz desarmante

El mensaje de León XIV para la Jornada mundial de la paz (1-I-2026) se titula: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz ‘desarmada y desarmante’”. Se trata de un eco, directo y ampliado, de las primeras palabras que pronunció al salir al balcón de la basílica de san Pedro en el Vaticano (8-V-2025). La paz que trae Cristo resucitado –observa en la introducción– no es un mero deseo, sino que “realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad” (cf. Ef 2, 14). La misión cristiana, que comporta la paz con su aspecto luminoso respecto a las tinieblas y oscuridades de los conflictos, sigue adelante. Con el anuncio de los sucesores de los apóstoles y el impulso de tantos discípulos de Cristo, es “la más silenciosa revolución”.



Fidelidad sacerdotal fecunda

La carta apostólica Una fidelidad que genera futuro”, firmada por León XIV el 8 de diciembre de 2025, fue publicada a finales de diciembre.

El título contiene ya la propuesta dirigida a los sacerdotes y especificada al comienzo: “Perseverar en la misión apostólica nos ofrece la posibilidad de interrogarnos sobre el futuro del ministerio y de ayudar a otros a percibir la alegría de la vocación presbiteral” (n. 1). La fidelidad fecunda es un don que se entiende y se recibe en el marco de la Iglesia y su misión. Al mismo tiempo, el ministerio sacerdotal tiene un papel importante en la anhelada renovación de la Iglesia (cf. Optatam totius, Proemio).

De ahí la invitación de León XIV a releer los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis, donde se deseaba reafirmar la identidad sacerdotal y, a la vez, abrir el ministerio a nuevas perspectivas de profundización doctrinal. Una relectura que debe ser iluminada por el hecho de que, tras el Concilio, “la Iglesia ha sido conducida por el Espíritu Santo a desarrollar la doctrina del Concilio sobre su naturaleza comunional según la forma sinodal y misionera” (n. 4).


Mantener vivo el don de Dios y cuidar la fraternidad

Ante fenómenos dolorosos, como los abusos o los abandonos del ministerio por parte de algunos sacerdotes, el Papa subraya la necesidad de una respuesta generosa al don recibido (cf. 2 Tm 1, 6). La base debe ser el seguimiento de Cristo, con el apoyo de la formación integral y continua. En esta formación destaca, desde la etapa del seminario, el aspecto afectivo (aprender a amar como Jesús), la madurez humana y la solidez espiritual. “Comunión, sinodalidad y misión no pueden realizarse, en efecto, si en el corazón de los sacerdotes la tentación de la autorreferencialidad no cede el paso a la lógica de la escucha y del servicio” (n. 13). Así serán eficaces en su servicio a Dios y al pueblo encomendado.

jueves, 29 de enero de 2026

Formar "constelaciones educativas"

 (Imagen: V. Van Goh, Noche estrellada sobre el Ródano, 1888, Museo de Orsay, Francia)

Durante el Jubileo de la esperanza, León XIV dirigió dos discursos a estudiantes y educadores, tuvo otro encuentro con miembros de universidades católicas y celebró la misa en la que proclamó a san John Henry Newman doctor de la Iglesia y copatrono (con santo Tomás de Aquino) de los educadores católicos. Finalmente, por lo que respecta a la educación, dirigido un videomensaje a los participantes en el congreso "Sin identidad no hay educación" (Madrid, noviembre de 2025).

En sus intervenciones el Papa se refirió a la educación (especialmente la de inspiración católica) hablando de "la ruta de las estrellas", y propuso formar "constelaciones educativas".


La fe es vivir en plenitud, no "ir tirando"

En el encuentro con los estudiantes (30-X-2025), con palabras de Pier Giorgio Frassati, les animó a una vida en plenitud: “Vivir sin fe no es vivir, sino ir tirando”. Hay que vivir además “Hacia lo alto”.

Les invitó a configurar su vida en analogía con las estrellas: “La verdadera paz nace cuando muchas vidas, como estrellas, se unen y forman un diseño. Juntos podemos formar constelaciones educativas que orienten el camino futuro”.

Apuntó: “Desde siempre, los viajeros han encontrado su rumbo en las estrellas”. También los estudiantes tienen estrellas o brújulas que les guían (padres, maestros, sacerdotes, buenos amigos, etc.). A la vez, están llamados, formando constelaciones de sentido con otros, a convertirse en “testigos luminosos para quienes les rodean”.

Galileo descubrió muchas cosas mirando a lo alto. La educación, dice León XIV, es como “un telescopio que les permite (a los estudiantes) mirar más allá, descubrir lo que por sí solos no verían. No se detengan, pues, a mirar el teléfono y sus rápidos fragmentos de imágenes: miren al cielo, miren hacia lo alto”.

El Papa se detuvo en los tres nuevos objetivos que ha añadido para el Pacto Educativo Global, en parte por petición de los jóvenes mismos: la vida interior, la educación digital y la educación para la paz. Vida interior: “No basta con tener un gran conocimiento científico, si luego no sabemos quiénes somos y cuál es el sentido de la vida. Sin silencio, sin escucha, sin oración, incluso las estrellas se apagan. Podemos saber mucho del mundo e ignorar nuestro corazón”. Como enseña san Agustín, educar para la vida interior significa “escuchar nuestra inquietud, no huir de ella ni atiborrarla con lo que no sacia”. “Nuestro deseo de infinito es la brújula que nos dice: ‘No te conformes, estás hecho para algo más grande’, ‘no te conformes con ir tirando, ¡vive!’”

Respecto a la tecnología, les exhortó a saber usar la tecnología con sabiduría sin dejar que la tecnología les utilice; cultivar la inteligencia emotiva, espiritual, social y ecológica; y construir espacios de fraternidad y creatividad. Y la educación de la paz se logra rechazando la violencia y la vulgaridad, y promoviendo la dignidad de todos.

lunes, 2 de junio de 2025

León XIV: tras las huellas del Vaticano II

(Publicado en la web de "Omnes", 1-VI-2025)


 En pocas semanas hemos recibido ya muchas enseñanzas del nuevo Papa, León XIV. Los primeros días, sus palabras eran examinadas cuidadosamente por todos, para avizorar las claves y orientaciones de su pontificado.

¿Por dónde guiará a la Iglesia el nuevo pontífice?, queríamos saber. Pues bien, el mismo León XIV ha sido suficientemente explícito al respecto. A sus primeras palabras, desde la logia central del Vaticano el día de su elección, han seguido intervenciones clarificadoras.

Presentamos aquí esas primeras palabras, la homilía en la Misa con los cardenales y el discurso en el posterior encuentro con ellos y, finalmente, la homilía en el inicio del ministerio petrino.


Cristo resucitado trae la paz y la unidad

Como un eco de las de Cristo el día de su Resurrección, las palabras del nuevo Papa liberaron el aliento contenido de todos en la plaza del Vaticano (8-V-2022): “¡La paz esté con todos ustedes! Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo del Cristo Resucitado, el buen pastor que dio su vida por el rebaño de Dios. Yo también quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, alcanzara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que se encuentren, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes!”

No se trata de cualquier paz, sino de la paz de Cristo Resucitado: “una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante”, que proviene de Dios, quien nos ama a todos incondicionalmente.

Como Francisco, a quien el nuevo Papa evocó en su primera bendición a Roma y al mundo entero, también León XIV desea bendecir y asegurar al mundo la bendición de Dios y el amor de Dios, y su necesidad de seguir a Cristo:

El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Ayúdenos también ustedes, y ayúdense unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz. ¡Gracias al Papa Francisco!”.

Agradeció a los cardenales el haberle elegido y propuso “caminar (…) como Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, tratando siempre de trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros”.

Declaró como hijo de san Agustín: “Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo”. Y añadió: “En este sentido, todos podemos caminar juntos hacia la patria que Dios nos ha preparado”. Y saludó especialmente a la Iglesia en Roma, que debe ser misionera, constructora de puentes, con los brazos abiertos a todos, como la plaza de san Pedro.

A Roma ha llegado desde Chiclayo (Perú) donde estuvo ocho años como obispo y lo recuerda –y es recordado allí– con afecto: “donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo”.

Expresó su deseo de caminar juntos, tanto en Chiclayo como en Roma. Con ello enlazó: “Queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cercana especialmente a los que sufren”.

Y terminó invocando a la Virgen de Pompeya, cuya advocación se celebraba ese día.

(Leer más)

viernes, 9 de mayo de 2025

Construir puentes




(Publicado por la Universidad de Navarra en su cuenta de Linkedin, el 9-V-2025)

En sus primeras palabras, León XIV ha anunciado y deseado la paz y la luz de Cristo.

Como proclamó el Concilio Vaticano II, Cristo es la "luz de las gentes" (Lumen gentium), el mediador de la salvación para todos y cada uno, el camino que Dios ha recorrido en lo que llamamos la “condescendencia” de Dios: su acercamiento para manifestarnos su misericordia.

"La humanidad –ha dicho el nuevo papa en referencia a Cristo– le necesita como puente para ser alcanzada por Dios y su amor". Cristo es "el Puente". Desde el 12 de diciembre de 2012, la cuenta de Twiter (después X) del papa es @pontifex. Pontífice significa hacedor o constructor de puentes.

A los discípulos de Cristo, León XIV les ha pedido ayuda e invitado para "construir puentes, mediante el diálogo y el encuentro, uniéndonos todos para ser un único pueblo, siempre en paz". 

El mundo necesita su luz

(Pubicado en Diario de Navarra, 9-V-2025)

En su homilía para la vigilia pascual (que leyó el cardenal Re), en vísperas del 20 de abril, el papa Francisco decía: “la Resurrección es como pequeños brotes de luz que se abren paso poco a poco, sin hacer ruido, a veces todavía amenazados por la noche y la incredulidad”.

Como la luz que brota del cirio pascual en esa noche, la luz de Cristo brota siempre de nuevo para el mundo con la elección de un nuevo papa.

León XIV lo ha dicho así desde el balcón de la Logia de las bendiciones, en la plaza de san Pedro del Vaticano este jueves 8 de mayo: “Cristo nos precede, el mundo necesita su luz. La humanidad le necesita como el puente para ser alcanzados por Dios y su amor”.

Con la luz de la Pascua nos ha llegado el nuevo pontífice, cuyo oficio tiene que ver con la construcción de puentes. Ha dedicado sus primeras palabras a la paz, a la unidad y a la misión evangelizadora de la Iglesia.

Ha saludado a los presentes y al mundo deseando la paz de Cristo. No cualquier paz sino “la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante”. Esa paz que “proviene de Dios, que nos ama a todos de manera incondicional”.

Junto con la paz, la unidad: “Todos estamos en manos de Dios, por lo tanto, sin miedo, todos unidos de la mano de Dios y entre nosotros, avancemos”. Podría verse como evocación de aquel “todos estamos en la misma barca” que dijo Francisco hace cinco años, en su célebre meditación durante la pandemia.

Nos ha emplazado a construir puentes “mediante el diálogo y el encuentro, para ser un único pueblo, siempre en paz”.

Y con la paz y la unidad, nos ha pedido ser fieles a Jesucristo: “Sin miedo para proclamar el Evangelio, para ser misioneros”.

Con este trinomio –paz, unidad, misión– el primer papa estadounidense, que ha gastado buena parte de sus años en el Perú –dedicó un afectuoso recuerdo a la que fue su diócesis en Chiclayo– se ha dirigido a los presentes, a los cristianos y al mundo. 

Poco antes se nos informaba que había elegido el nombre de León XIV.

Su predecesor León XIII ocupó la sede de Pedro durante veinticinco años, desde 1878 a 1903. Fue un papa de notable solidez teológica que no dudó en entablar diálogo con el mundo moderno para abrirle a la luz del Evangelio. Entre sus 85 encíclicas cabe destacar aquellas con las que alentó la renovación del tomismo (encíclica Aeterni Patris, 1879), puso las bases de la doctrina social de la Iglesia (encíclica Rerum novarum, 1891) e impulsó los estudios bíblicos (encíclica Providentissimus Deus, 1893).

El papa León XIV es agustino, doctor en Derecho canónico con una tesis sobre “el rol del prior local en la orden de san Agustín”. Ha sido misionero en el Perú durante muchos años y ha ocupado importantes cargos en su Orden. En los últimos años ha sido Prefecto de la Congregación para los obispos, por tanto, un estrecho colaborador del papa Francisco.

Bajo su liderazgo esperamos los cristianos seguir aportando luz al mundo, como también decía Francisco en su última homilía de la vigilia pascual, “con nuestras palabras, con nuestros pequeños gestos cotidianos, con nuestras decisiones inspiradas en el Evangelio”.

miércoles, 1 de enero de 2025

Paz, esperanza, fraternidad

 

El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2025 (“Perdona nuestras ofensas, concédenos la paz”) se inscribe en el Jubileo recién comenzado. Tiene cuatro partes.

Ante todo, se invita a situarnos “escuchando el grito de la humanidad amenazada” por tantas injusticias que son resultado de los pecados (Juan Pablo II habló de las “estructuras pecado”, enc. Sollicitudo rei socialis, 36). Conviene que “todos, juntos y personalmente, nos sintamos llamados a romper las cadenas de la injusticia y, así, proclamar la justicia de Dios” (Mensaje, n. 4).

En la segunda parte se pide “Un cambio cultural: todos somos deudores”. “El cambio cultural y estructural para superar esta crisis se realizará cuando finalmente nos reconozcamos todos hijos del Padre y, ante Él, nos confesemos todos deudores, pero también todos necesarios, necesarios unos de otros” (n. 8).


Tres propuestas en la Jornada jubilar de la Paz

En tercer lugar, Francisco hace tres propuestas concretas (cf. n. 11): 
1) “una notable reducción si no una total condonación, de la deuda internacional que grava sobre el destino de muchas naciones” (Juan Pablo II, Carta ap. Tertio millennio ineunte, 51); 
2) “la eliminación de la pena de muerte en todas las naciones” (cf. Bula Spes non confundit, para el jubileo de 2025, 10); y 
3) “la constitución de un fondo mundial que elimine definitivamente el hambre” y facilite a los países más pobres un desarrollo sostenible, contrastando el cambio climático (cf. enc. Fratelli tutti, 262 y otras intervenciones recientes del Papa).

La última parte se titula “La meta de la paz”. Esta pasa por un cambio profundo y práctico de actitudes a nivel personal y social, un “desarme del corazón” (Juan XXIII). “A veces –dice Francisco–, es suficiente algo sencillo, como ‘una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito’ (n. 14 del mensaje, cf. Spes non confundit, 18). Porque, “en efecto, la paz no se alcanza solo con el final de la guerra, sino con el inicio de un mundo nuevo, un mundo en el que nos descubrimos diferentes, más unidos y más hermanos de lo que habíamos imaginado”.

En las vísperas de la solemnidad de Santa María, Madre de Dios (31-XII-2024) señalaba el Papa: “La esperanza de un mundo fraterno no es una ideología, no es un sistema económico, no es el progreso tecnológico. La esperanza de un mundo fraterno es Él, el Hijo encarnado, enviado del Padre para que todos podamos llegar a ser lo que somos, es decir, hijos del Padre que está en el cielo, y por tanto hermanos y hermanas entre nosotros”. 

jueves, 23 de mayo de 2024

Una barca que lleva la paz y la esperanza

(L. Veneziano, Cristo rescata a Pedro de las aguas, 1370, Staaatliche Museen, Berlín)

En Verona, a mediados de mayo, se encontró Francisco con sacerdotes y consagrados en la basílica de san Zeno (Discurso 18-V-2024). Apeló a la vocación recibida para navegar en la barca de la Iglesia. Ella es  “la barca del Señor que navega en el mar de la historia para llevar a todos la gloria del Evangelio”.


Llamada y misión

Se detuvo en dos realidades: la llamada recibida (la vocación) que ha de ser acogida, y la misión, que pide ser cumplida con audacia. “¡Procuremos no perder nunca el estupor de la llamada! Recordar el día en que el Señor me ha llamado. (…) Y esto se alimenta con la memoria del don recibido por gracia: siempre debemos tener esta memoria en nosotros”.

Así no nos pondremos a nosotros mismos en el centro. Si guardamos esta memoria, “Él me ha escogido, incluso cuando advirtamos el peso del cansancio y de alguna desilusión, permanecemos serenos y confiados, seguros de que Él no nos dejará con las manos vacías”. 

La llamada implica cultivar la paciencia, afrontar los imprevistos, los cambios y los riesgos vinculados con nuestra misión, con apertura y con una corazón vigilante. También hay que pedir al Espíritu Santo la capacidad para discernir los signos de los tiempos y resistir en los momentos difíciles.

No olvidéis esto: las heridas de la Iglesia, las heridas de los pobres. No olvidéis al buen samaritano, que se detiene y va allí a curar las heridas. Una fe que se ha traducido en la audacia de la misión. También hoy nos sirve esto: la audacia del testimonio y del anuncio, la alegría de una fe operativa en la caridad, el ingenio de una Iglesia que sabe captar los signos de nuestro tiempo y responder a las necesidades de quienes más luchan”.

Estos son, pues, los caminos: “Audacia, valentía, capacidad de comenzar, capacidad de arriesgar. A todos, lo repito a todos debemos llevar la caricia de la misericordia de Dios”. Y de este modo podremos, desde la barca del Señor y en medio de las tempestades del mundo, llevar sin miedo la salvación a tantos que se arriesgan a naufragar.  Esas tempestades provienen en gran parte de una cultura individualista, indiferente y violenta.

domingo, 12 de mayo de 2024

Paciencia

(Imagen: Tiziano o Giorgione, Cristo llevando la cruz (h. 1506-1507), Scuola Grande di san Rocco, Venecia).

En su pequeño pero excelente libro sobre Virtudes (*), Romano Guardini dedica un capítulo a la Paciencia.

La primera acepción de paciencia que aparece en el diccionario del español es “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”. Y entre los sinónimos se ofrecen términos como aguante, estoicismo o resignación. Así las cosas, no es extraño que en el sentir popular la paciencia no tenga un brillo particularmente atractivo. Quizá por ello se cuestiona Guardini si se trata, en efecto, de algo gris o mezquino, con que una vida oprimida trate de justificar su pobreza.

Para profundizar en el tema, el ilustre teólogo italoalemán se traslada inmediatamente a la cima de la realidad, que para un creyente se sitúa en Dios. Dios ha creado el mundo, pero ¿por qué? Contestar a esta pregunta a fondo no es posible en esta tierra.

De todas formas, aventura algunas reflexiones: Dios no tenía necesidad del mundo, a él no le sirve de nada. “Quizá –añade– en tales consideraciones, presentimos algo así como las raíces de la paciencia divina”.

El caso, explica Guardini, es que Dios no sólo ha creado el mundo, sino que lo mantiene y sostiene. Y no se harta de él.

A este propósito, evoca el mito indio de Shiva en estos términos: “El formador del universo, que creó el mundo en una tormenta de entusiasmo, pero luego se hartó de él, lo pisoteó despedazándolo y produjo uno nuevo. Con éste pasó lo mismo, y la producción y la destrucción prosiguen interminablemente”. Y con ello esta divinidad se transformó en imagen de la impaciencia.

En la perspectiva cristiana, el verdadero Dios tiene una relación bien diferente respecto al mundo. 

domingo, 29 de mayo de 2022

Sobre la aceptación de sí mismo

Según Guardini (*), el presupuesto para el crecimiento de la vida moral, es decir, de la madurez en los valores, es la aceptación de uno mismo. Aceptarse a sí mismo, a las personas que nos rodean, al tiempo en que vivimos (cf. para lo que sigue R. Guardini, Una ética para nuestro tiempo, Madrid 1977, cap. III, pp. 140ss.).

Esto no quiere decir “dejarse llevar” sino trabajar en la realidad y si es preciso luchar por ella, para transformarla, para mejorarla en lo que dependa de nosotros, aunque sólo sea “un granito de arena”. 

En el animal sólo hay un acuerdo consigo mismo, no existe la dinámica propia del espíritu humano, que consiste en una tensión entre ser y deseo: entre lo que somos y lo que queremos ser, tensión que es buena, siempre que nos mantenga en la realidad y no nos haga refugiarnos en fantasías. 

Se puede comenzar por la aceptación de uno mismo: circunstancias, carácter, temperamento, fuerzas y debilidades, posibilidades y límites. Esto no es obvio, pues con frecuencia uno no se acepta: hay hastío, protesta, evasión por la imaginación, disfraces y máscaras de lo que somos, no sólo ante los demás sino ante uno mismo. Y esto no es bueno. Pero esconde la realidad de un deseo de crecer, que pertenece a la sabiduría. “Puedo y debo trabajar en mi estructura vital, dándole forma, mejorándola; pero, ante todo, he de decir ‘sí’ a lo que es, pues si no todo se vuelve inauténtico” (ibid., pp. 142s). 

Así, el que se le ha dado por naturaleza un sentido práctico, debe aprovecharlo, pero consciente de que carece de imaginación y creatividad. Mientras que el artista debe sufrir temporadas de vacío y desánimo, Quien es muy sensible ve más, pero sufre más. El que tiene un ánimo frío y no le afecta nada, se arriesga a desconocer grandes aspectos de la existencia humana. Cada uno debe aceptar lo que tiene, purificarlo para servir con ello a los demás, y luchar por lo que no tiene, contando también con los otros. 

En la práctica esto no es fácil. Hay que empezar por llamar bueno a lo bueno, malo a lo malo; sin molestarse cuando algo sale mal o a uno le corrigen. Sólo reconociendo mis propios defectos, que se van conociendo poco a poco, tengo la base real para mi superación. 

También hay que aceptar la situacion vital, la etapa de la vida en la que estamos y la época histórica en la que vivo, sin trata de escaparme de esas realidades: procurando conocerlas y mejorarlas. No se puede escapar hacia el pasado o hacia el futuro, sin valorar lo presente. 

Aquí entra la aceptación del destino (tratado por R. Spaemann en el último capítulo de Ética: cuestiones fundamentales, Pamplona 2010). El destino no es azar, sino resultado de la conexión de elementos interiores y exteriores, algunos de los cuales dependen de nosotros. Primero de nuestras disposiciones, carácter, naturaleza, etc. (de nuevo: aceptarse a sí mismo). Pero además es resultado de nuestra libertad en el día a día, también en lo pequeño que dejamos o no dejamos pasar. 

Aceptarse a sí mismo o al destino puede hacerse difícil cuando viene el dolor o el sufrimiento. Por eso incluye la capacidad de aprender del sufrimiento, sin limitarse a evitarlo, como es lógico, en lo posible; sino tratando de comprenderlo, aprender de él.

Aceptar la propia vida es aceptarla como recibida, recibida de los padres, de la situación histórica y de los antepasados, pero también, cabe pensar con sabiduría, de Dios. 

Según el cristianismo, Dios tiene experiencia de nuestros problemas pues ha tomado carne en Jesucristo, que se hizo vulnerable hasta el extremo, pero con plena libertad. Y en Dios no hay falta de sentido. Un sentido que no es solamente racional sino a la vez amor. Por eso no hay que confundir el hecho de que yo no capte hoy y ahora el sentido de esta situación, con el hecho de que esta situación tiene un sentido en el conjunto de mi vida, que yo debo descubrir y aprovechar con confianza.
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(*) Además del libro que se cita en este artículo, ver la primera parte (original de 1955) de su pequeño libro: “La aceptación de sí mismo; las edades de la vida”, Cristiandad, Madrid 1977; Lumen, Buenos Aires 1992. El tema de la aceptación fue desarrollado por el autor ocho años más tarde en un segundo libro, sobre las virtudes, que es el referido en nuestro texto. Cf. “La aceptación”, en Una ética para nuestro tiempo (originalmente titulado "Tugenden", virtudes, y publicado como segunda parte de La esencia del cristianismo, Cristiandad, Madrid 2007, pp. 139-151); en este caso la aceptación se considera como una virtud junto con otras del ámbito del dominio de sí (como respeto y fidelidad, paciencia y ascetismo, ánimo y valentía, concentración y silencio), de la búsqueda de la verdad y de la solidaridad. 


jueves, 14 de enero de 2021

Cultura del cuidado y promoción de la paz

 
El mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz, del 1 de enero de 2021 se titula “La cultura del cuidado como camino de paz”. Ya por el título vemos que se sitúa en la estela del pontificado cuyo bing-bang se dedicó a ese mismo tema, el 19 de marzo de 2013. Pues, en efecto, la homilía de inicio del ministerio petrino giró en torno a la tarea de custodiar y servir, vista en san José. Ahora nos encontramos de lleno en un punto de ese itinerario, después de la exhortación programática Evangelii gaudium (2013) y las encíclicas Laudato si’ (2015) y Fratelli tutti (2020); y además, precisamente, en un Año de san José, al que se nos ha convocado con la carta Patris corde (8-XII-2020). El contexto sociológico viene marcado por la pandemia del Covid-19.

En efecto, en el comienzo de su pontificado Francisco presentaba a san José como aquél que cuidó del proyecto salvífico centrado en Cristo. Y lo hizo por medio de su propio discernimiento, a partir de los signos de la acción del Espíritu Santo que se perciben cuando se miran con fe y con realismo los acontecimientos.

La imagen escogida por el Papa es la navegación hacia la paz, que es nuestro puerto o nuestra meta. Hacia ahí navegamos, “todos estamos en la misma barca”, como señala en Fratelli tutti. Meses antes, el 27 de marzo había dicho que la pandemia nos ha hecho conscientes de estar una barca frágiles y desorientados. Ahora podemos ver claramente que esa barca es o debe ser la fraternidad, el camino es la justicia y el rumbo, la paz. El Papa desea que la humanidad “pueda progresar en este año por el camino de la fraternidad, la justicia y la paz”.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Francisco, pontífice de la paz



Con un mensaje de paz y de reconciliación va Francisco a Colombia, en su viaje número 20. Es el tercer Papa que visita ese país después de Pablo VI (1968) y Juan Pablo II (1986). Le acogen cuatro ciudades. Bogotá, capital del país y sede cardenalicia. Villavicencio, de gran valor ecológico y puerta de entrada a una región especialmente afectada por el conflicto armado ahora en vías de resolución, tras el acuerdo del 12 de noviembre. Medellín, destacada por la presencia eclesial y como símbolo del narcotráfico. Cartagena, que guarda los restos de san Pedro Claver, cuya memoria está unida a la historia de la esclavitud, y que cuenta con una gran presencia de afrocolombianos.

En su videomensaje el Papa explica el lema de la visita: “Demos el primer paso”. Se refiere a la paz que tanto trabajo va costando conseguir. Augura “una paz estable, duradera, para vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos”. Y subraya su fundamento: “La paz nos recuerda que todos somos hijos de un mismo Padre que nos ama y nos consuela”.

Ya en su exhortación programática sobre “la alegría de evangelizar” (2013), Francisco señalaba que la paz no se puede reducir a una ausencia de violencia, sobre todo si es impuesta por unos pocos con perjuicio de los más pobres y débiles; o a una ausencia de guerra, en equilibrio inestable. La verdadera paz no puede ser una paz meramente negociada, sino solo un fruto del desarrollo integral de todos.

Y citaba unas palabras de la Congregación para la doctrina de la fe: “La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos” (Instrucción Libertatis nuntius, 1984).


(publicado en "La Razón", 8-IX-2017)

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Justicia y solidaridad, caridad y misericordia

C. Schut (1597-1655), Las obras de misericordia


La proximidad de un Año de la misericordia es una buena ocasión para reflexionar sobre algunas virtudes morales y el modo en que las enfoca el cristianismo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El diálogo social y la paz

¿En qué consiste la educación para el diálogo y para la paz? En su capítulo cuarto, la Evangelii gaudium se ocupa del bien común y la paz social, y del diálogo social como contribución a la paz. Son cuestiones importantes que deben estar presentes en la educación de la fe.


Verdadera y falsa paz

     En primer lugar, el Papa Francisco subraya lo que es y lo que no es la paz, y también lo que sería una falsa paz: “aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden” (n. 218). Dicho brevemente, no se trata de lograr “un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz”; pues “La dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios” (Ibid.).

miércoles, 1 de enero de 2014

La fraternidad, condición de la paz

Ave Regina Pacis, Basílica de Santa María la Mayor, Roma


El principio del nuevo año, especialmente para los cristianos, viene marcado por una llamada a la paz. Evoca san León Magno que la paz es lo primero que los ángeles pregonaron en el nacimiento del Señor. “La paz es la que engendra los hijos de Dios, alimenta el amor y origina la unidad, es el descanso de los bienaventurados y la mansión de la eternidad. El fin propio de la paz y su fruto específico consiste en que se unan a Dios los que el mismo Señor separa del mundo”. Y por eso “El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz” (Sermón 6 en la Natividad del Señor, 2-3. 5: PL 54, 213-216).

            En su primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, sostiene el Papa Francisco que la fraternidad es “fundamento y camino para la paz”. Una fraternidad que normalmente se comienza a aprender y a vivir en la familia. La familia es fuente de toda fraternidad.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Educar en el camino de la evangelización

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Con la Exhortación apostólica Evangelii gaudium (24-XI-2013), el Papa Francisco ha puesto el broche de oro al Año de la Fe, recogiendo los trabajos del Sínodo sobre la nueva evangelización y proporcionando orientaciones precisas, elaboradas de modo personal y vivo desde su rica experiencia de trabajo pastoral, y dándole a este documento un sentido programático.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Pedir, vivir y educar la paz

M. Chagall, El violinista celeste, 1933-1934
Museo de Tossa de Mar (Gerona)

En la vigilia de oración por la paz, el 7 de septiembre, el Papa Francisco se ha hecho cuatro preguntas: qué mundo deseamos, en qué mundo vivimos, si nos preocupamos por los demás, si somos capaces de seguir el camino de la paz.


¿Qué mundo deseamos?

     La Biblia nos presenta un mundo bueno y armonioso, salido de Dios (cf. Gn 1, 12, 18, 21 y 25), donde los seres humanos formen una sola familia, marcada por relaciones de fraternidad real, y no sólo de palabra, todo ello como reflejo de la relación con Dios. “El mundo de Dios –señala el Papa Francisco– es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos”: “ ¿No es ése –amplia su pregunta– el mundo que todos llevamos dentro del corazón?” Es decir, ¿no deseamos un mundo de armonía y de paz, con nosotros mismos, entre nosotros y con todos, en las familias y las ciudades, en y entre las naciones. ¿Y no es la verdadera libertad aquella orientada al bien de todos, al amor en el mundo?

sábado, 23 de marzo de 2013

Luchar contra la pobreza, construir la paz, respetar la creación


Fra Angelico, Cristo juez,  
detalle del Juicio final (h. 1435-1440),
 Gemäldegalerie, Berlin


En su primera audiencia a los diplomáticos (22-III-2013), el papa Francisco ha mostrado cómo se va extendiendo el “bing bang” de las claves que dio en su homilía de inicio del ministerio petrino. Las orientaciones fundamentales son: lucha contra la pobreza, promoción de la paz, respeto a la creación.

     Explicando a los diplomáticos por qué escogió el nombre de Francisco, en referencia a san Francisco de Asís, ha referido tres motivos.

viernes, 18 de enero de 2013

El testimonio común de los cristianos

 "...Y formarán un solo rebaño, con un solo pastor" (Jn 10, 16)


La Semana de oración por la Unidad de los Cristianos brinda la oportunidad de plantearse algunas cuestiones particularmente actuales: ¿Qué es el ecumenismo? ¿Por qué es importante el “testimonio común” de los cristianos? ¿Qué posibilidades existen en la “colaboración ecuménica”?


jueves, 3 de enero de 2013

Trabajar y educar para la paz


En su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz (“Bienaventurados los que trabajan por la paz”, 1-I-2013), dice Benedicto XVI: “La paz no es un sueño, no es una utopía”. Bajo las apariencias de lo contrario, sabemos que el hombre es imagen de Dios y que Cristo, con su obra redentora, nos ha dado la posibilidad de tener “un corazón nuevo” y un “espíritu nuevo” (cf. Ez 36, 26). Él nos brinda la verdadera paz, que nace del encuentro confiado del hombre con Dios.

      La paz, señala el Papa, es un don divino y una tarea del hombre. Como don divino se implora y se alcanza por medio de la oración y rechazando el pecado en todas sus formas: “el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y las estructuras injustas”. Como tarea humana, el camino de la paz es el mismo que el del bien común. Lo confirma el Evangelio, como expresa Benedicto XVI: “El que trabaja por la paz, según la bienaventuranza de Jesús, es aquel que busca el bien del otro, el bien total del alma y el cuerpo, hoy y mañana”.