jueves, 29 de enero de 2026

Formar "constelaciones educativas"

 (Imagen: V. Van Goh, Noche estrellada sobre el Ródano, 1888, Museo de Orsay, Francia)

Durante el Jubileo de la esperanza, León XIV dirigió dos discursos a estudiantes y educadores, tuvo otro encuentro con miembros de universidades católicas y celebró la misa en la que proclamó a san John Henry Newman doctor de la Iglesia y copatrono (con santo Tomás de Aquino) de los educadores católicos. Finalmente, por lo que respecta a la educación, dirigido un videomensaje a los participantes en el congreso "Sin identidad no hay educación" (Madrid, noviembre de 2025).

En sus intervenciones el Papa se refirió a la educación (especialmente la de inspiración católica) hablando de "la ruta de las estrellas", y propuso formar "constelaciones educativas".


La fe es vivir en plenitud no "ir tirando"

En el encuentro con los estudiantes (30-X-2025), con palabras de Pier Giorgio Frassati, les animó a una vida en plenitud: “Vivir sin fe no es vivir, sino ir tirando”. Hay que vivir además “Hacia lo alto”.

Les invitó a configurar su vida en analogía con las estrellas: “La verdadera paz nace cuando muchas vidas, como estrellas, se unen y forman un diseño. Juntos podemos formar constelaciones educativas que orienten el camino futuro”.

Apuntó: “Desde siempre, los viajeros han encontrado su rumbo en las estrellas”. También los estudiantes tienen estrellas o brújulas que les guían (padres, maestros, sacerdotes, buenos amigos, etc.). A la vez, están llamados, formando constelaciones de sentido con otros, a convertirse en “testigos luminosos para quienes les rodean”.

Galileo descubrió muchas cosas mirando a lo alto. La educación, dice León XIV, es como “un telescopio que les permite (a los estudiantes) mirar más allá, descubrir lo que por sí solos no verían. No se detengan, pues, a mirar el teléfono y sus rápidos fragmentos de imágenes: miren al cielo, miren hacia lo alto”.

El Papa se detuvo en los tres nuevos objetivos que ha añadido para el Pacto Educativo Global, en parte por petición de los jóvenes mismos: la vida interior, la educación digital y la educación para la paz. Vida interior: “No basta con tener un gran conocimiento científico, si luego no sabemos quiénes somos y cuál es el sentido de la vida. Sin silencio, sin escucha, sin oración, incluso las estrellas se apagan. Podemos saber mucho del mundo e ignorar nuestro corazón”. Como enseña san Agustín, educar para la vida interior significa “escuchar nuestra inquietud, no huir de ella ni atiborrarla con lo que no sacia”. “Nuestro deseo de infinito es la brújula que nos dice: ‘No te conformes, estás hecho para algo más grande’, ‘no te conformes con ir tirando, ¡vive!’”

Respecto a la tecnología, les exhortó a saber usar la tecnología con sabiduría sin dejar que la tecnología les utilice; cultivar la inteligencia emotiva, espiritual, social y ecológica; y construir espacios de fraternidad y creatividad. Y la educación de la paz se logra rechazando la violencia y la vulgaridad, y promoviendo la dignidad de todos.

 

Interioridad, unidad, amor y alegría 

En un encuentro con los educadores provenientes de todo el mundo (31-X-2025), apreció la labor de la educación de inspiración católica: “Gracias a la luminosa constelación de carismas, metodologías, pedagogías y experiencias que representan, y gracias a su compromiso “polifónico” en la Iglesia, en las diócesis, en congregaciones, institutos religiosos, asociaciones y movimientos, ustedes garantizan a millones de jóvenes una formación adecuada, manteniendo siempre en el centro, en la transmisión del saber humanístico y científico, el bien de la persona”.

Con referencia a san Agustín señaló a los educadores cuatro aspectos fundamentales para la educación cristiana: la interioridad, la unidad, el amor y la alegría, como “puntos cardinales” de su tarea.

Interioridad: “La verdad no circula a través de sonidos, muros y pasillos, sino en el encuentro profundo entre las personas, sin el cual cualquier propuesta educativa está destinada al fracaso”, y esto es importante, tanto para los maestros como para los discípulos. Unidad en Cristo y en los centros educativos, donde compartir el saber es un gran acto de amor. Alertó ante el riesgo de que la inteligencia artificial contribuya al aislamiento de los estudiantes en sí mismos. Y sobre todo animó a un amor concreto: “En el ámbito formativo, entonces, cada uno podría preguntarse cuál es su compromiso para captar las necesidades más urgentes, qué esfuerzo realiza para construir puentes de diálogo y de paz, incluso dentro de las comunidades docentes; cuál es su capacidad de superar prejuicios o visiones limitadas; cuál su apertura en los procesos de coaprendizaje; y qué empeño pone en responder a las necesidades de los más frágiles, pobres y excluidos. Alegría: porque “la alegría misma del proceso educativo es plenamente humana”.

El mismo día 31 de octubre, el Papa se reunió con miembros de las Universidades Católicas de América Latina y el Caribe. Les pidió crear espacios de encuentro entre fe y cultura: “La propuesta de la educación superior católica no es otra que buscar el desarrollo integral de la persona humana, formando inteligencias con sentido crítico, corazones creyentes y ciudadanos comprometidos con el bien común. Y todo esto, con excelencia, competencia y profesionalidad”.


Como “haces de luz en el mundo”

El 1 de noviembre el Papa celebró la misa en la solemnidad de todos los santos, clausurando el jubileo del mundo educativo y proclamando a san John Henry Newman doctor de la Iglesia. Este santo habrá de servir de inspiración a tantas generaciones “con un corazón sediento de infinito, dispuestas a realizar, por medio de la investigación y del conocimiento, aquel viaje que, como decían los antiguos, nos hace pasar per aspera ad astra, es decir, a través de las dificultades (hasta las estrellas)”.

Repitió su deseo para los educadores y las instituciones educativas, especialmente las de inspiración católica: “Brillen hoy como haces de luz en el mundo (Flp 2, 15), gracias a la autenticidad de su compromiso en la investigación coral de la verdad, a su coherente y generoso compartir, a través del servicio a los jóvenes, particularmente a los pobres, y en la experiencia cotidiana de que ‘el amor cristiano es profético, hace milagros’ (Exhort. ap. Dilexi te,120)”

En su homilía, presentó el camino de las Bienaventuranzas, y propuso trabajar juntos, “para –en palabras del Papa Francisco– liberar al ser humano de la sombra del nihilismo, que es quizás la plaga más peligrosa de la cultura actual, porque es la que pretende borrar la esperanza” (Discurso 21-XI-2024).

Evocando la oración “Luz amable” de Newman, propuso: “Contemplemos y señalemos esas constelaciones (las grandes razones de la esperanza), que transmiten luz y orientación en nuestro presente oscurecido por tantas injusticias e incertidumbres”.

También siguiendo a Newman, presentó la educación como tarea de ayudar a cada persona a descubrir su vocación y misión: “Estamos llamados a formar personas, para que brillen como estrellas en su plena dignidad”. Dicho de otra manera, ayudar a todos a ser santos. “Y la santidad se propone a todos, sin excepción, como un camino personal y comunitario trazado por las Bienaventuranzas”. Eso es –dijo– por lo que el Papa reza: “que la educación católica ayude a cada uno a descubrir su vocación a la santidad”.


No hay educación sin identidad

Finalmente, cabe destacar el videomensaje de León XIV al congreso "Sin identidad no hay educación" (Madrid 22-XI-2025). Comenzó aludiendo a la "constante transformación de los procesos educativos, que se dificulta aún más por la extrema digitalización y la fragmentación cultural". Afirmó que los diversos carismas de los cristianos que sirven a la educación representan una "constelación de la paideia cristiana". Frente a esta constelación tan colorida, no hay que perder de vista la centralidad de Cristo, que irradia su luz a todas las estrellas".

Pasando al tema del encuentro, Sin identidad no hay educación, señaló: "La identidad cristiana no es un sello decorativo o un adorno, sino el núcleo mismo que da sentido, método y propósito al proceso educativo"

En analogía con lo que sucede a los navegantes, observó que si se pierde de vista la estrella polar, no es raro que el barco se vaya a la deriva. "Para la educación cristiana la brújula es Cristo. Sin su luz, la propia misión educativa se vacía de significado y se convierte en un automatismo sin esa capacidad transformadora que nos ofrece el Evangelio (cf. Rm 12,2)". Todo ello debe traducirse en una vocación y un proyecto totalmente original, que se encarna en las prácticas, en el currículo y en la propia comunidad educativa (cf. Congregación para la Educación Católica, La identidad de la escuela católica para una cultura del diálogo, 2022).

Añadió que la identidad no es un accesorio o un maquillaje que se hace visible con rituales aislados o con mecanismos repetitivos, desprovistos de vitalidad. "La identidad es el fundamento que articula la misión educativa, define su horizonte de significado y orienta sus prácticas cotidianas, tanto en la forma de enseñar, como en la de evaluar y actuar". Y cuando la identidad no informa las decisiones pedagógicas, puede convertirse en un adorno superficial frente a las tantas tensiones culturales, éticas y sociales, que caracterizan nuestros tiempos de polarización y violencia. Para esto hay que tener presente el pasado, y por tanto la historia, de donde procede tanta sabiduría.


Una educación auténtica, continuó, promueve la integración entre fe y razón. "No son polos opuestos, sino caminos complementarios para comprender la realidad, formar el carácter y cultivar la inteligencia". Por tanto, animó a promover métodos educativos "que involucren las ciencias y la historia, así como la ética y la espiritualidad".


Y en este horizonte toda comunidad educativa debe entrar en la colaboración entre la familia, la parroquia, la escuela y las realidades territoriales, para acompañar concretamente a cada alumno en su camino de fe y aprendizaje.

Además, la educación de inspiración católíca debe ser un instrumento de paz y de cuidado de la creación.

Concluyó evocando el 60º aniversario de la declaración conciliar Gravissimum educationis (que se celebró durante el jubileo don los educadores (cf. también la carta apostólica "Diseñar nuevos mapas de esperanza", 27-X-2025, que hemos presentado en el post anterior).