lunes, 18 de abril de 2016

Familia cristiana: alegría del amor

“La alegría del amor”, exhortación apostólica firmada por Francisco el 19 de marzo, es un documento importante del magisterio del Papa, cabeza del colegio episcopal. Recoge los frutos del proceso sinodal sobre la familia cristiana que ha durado más de dos años y lo enriquece con aportaciones en las que se percibe su carisma pastoral profundo, cercano y asequible.

            Sin embargo, no es sólo un final, sino también el principio de una etapa de fidelidad renovada, en lo que se refiere al mensaje cristiano sobre la familia y al proyecto de la familia cristiana. Como se ha dicho, el texto promueve una nueva sensibilidad y dinamismo, un nuevo camino para la pastoral familiar, un nuevo aliento y talante en la atención a las familias cristianas (leer la presentación del cardenal Schönborn).

jueves, 7 de abril de 2016

Fe misericordiosa


En el día que es "como el corazón del Año Santo de la Misericordia" (3-IV-16), el Papa Francisco ha señalado una característica esencial y luminosa de la fe cristiana: que debe ser fe misericordiosa.

La salvación que Cristo nos ha ganado es obra de la misericordia divina, que pide nuestra fe. Esto queda claro al aparecer Jesús ante sus apóstoles. Y concretamente ante Tomás, al que le invita a meter su dedo en el costado abierto de Jesús, a la vez que le promete: "Bienaventurados los que sin ver, creyeron" (Jn 20, 29).

Esto se aplica a todos los creyentes. Por eso el Papa ha hablado de una "bienaventuranza de la fe". Es decir, felices los que tienen fe, entiéndase los que tienen una fe viva, los que viven de verdad, coherentemente y con todas sus fuerzas, de la fe. Y esto implica la misericordia.

jueves, 24 de marzo de 2016

Dios que sufre

S. Boticelli, Trinidad, 1465-1467

Ante la brutal violencia terrorista, habrá quien se pregunte dónde está Dios. Y los cristianos decimos: aquí, Dios está aquí, sufriendo con nosotros y con todos los que sufren, ahora y hasta el fin del mundo. No otra cosa revivimos en la Semana Santa. En una entrevista al papa emérito Benedicto XVI, publicada en un libro reciente y recogida en el “Osservatore Romano”, sale a relucir el sentido del sufrimiento en Dios.

El hombre moderno parece no tener necesidad de justificarse ante Dios, e incluso a veces se atreve a pedir a Dios que se justifique ante los males del mundo. El hombre ha perdido la sensibilidad de los propios pecados, se cree justo, y no siente necesidad de ninguna salvación. O por lo menos tiene la sensación de que Dios no puede dejar que se pierda la mayor parte de la humanidad.

viernes, 11 de marzo de 2016

Educación como misericordia

Metidos en la revolución de la misericordia. Así estamos los cristianos. A eso estamos convocados desde hace veinte siglos. Ahora de manera renovada. Para esto no hace falta dedicarse a la educación, aunque ciertamente la educación, sobre todo en clave cristiana, es un anuncio y una obra de misericordia.

Todo esto es aún más claro si hablamos de educación de la fe, una de las tareas más fascinantes que pueda imaginarse, sea en la modalidad de la enseñanza escolar de la religión o en la modalidad de catequesis dirigida a todas las edades, incluyendo la que los padres y madres cristianos han de procurar para sus hijos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Personalizar la misericordia




Como continuamente en estos días, el mensaje de Francisco para la Cuaresma de 2016 desea personalizar la misericordia. No se trata simplemente de algo que complementa la piedad y la vida cristiana, sino de un punto nuclear y decisivo para todos y cada uno de los cristianos. “La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio”, que ahora pide ser vivido con mayor intensidad.

jueves, 24 de diciembre de 2015

María y el renacer de la Misericordia


B. E. Murillo, Adoración de los pastores (h. 1638), Londres, Wallace col.

Para el cristianismo, la Navidad sobrepasa con creces lo intuido en el mito del ave Fénix, que renace de sus cenizas.

En la película del mismo título (Phoenix, Ch. Petzold, 2014: ver trailer), tras la Segunda Guerra Mundial, una mujer se ve obligada a reconstruir no solo su cara sino la propia identidad, incluso ante la persona que ella pensaba que más le quería. Puede verse como una metáfora de la existencia humana. Todos hemos de aprender a renacer para vivir. Y el cristianismo ilumina en profundidad qué puede significar eso.

Según la fe cristiana, la venida de Dios al mundo en Jesucristo fue preparada por un largo camino de siglos. Dios fue “educando” al pueblo elegido de donde saldría el Mesías, para que pudiera reconocer en él la oferta de la salvación, y ser fiel a su vocación inicial de ser mediador para todos los pueblos.

Dios ha querido que la Navidad necesite una madre. Por eso el largo camino que recorrió la “educación” del pueblo de Israel por parte de Dios, en el Antiguo Testamento, se concentra en el alma de María (cf. J. Daniélou, El misterio del Adviento, Madrid 2006, original de 1948, pp. 109 ss.).

Pero esto debe suceder también en nosotros y en las culturas del mundo, incluida nuestra cultura de la imagen y de la tecnología. ¿Cómo podemos pensar el papel de María en todo ello?

lunes, 21 de diciembre de 2015

Recibir a Dios

F. de Zurbarán, La Virgen niña dormida (h. 1630-1635), col. B. de Santander.

Duerme en una pausa de la oración en que estaba usando el libro (¿la Biblia?), 
soñando quizá en la venida del Mesías. 
A la derecha, un cuenco de porcelana con tres flores: 
la rosa (el amor), la azucena (la pureza) y el clavel (la fidelidad). 
Sobre su cabeza (hacer click para agrandar la imagen),
una luminosa aureola de cabecitas angélicas 
(Cf. comentario de Alfonso E. Pérez Sánchez).

El papel de María en la salvación y para cada cristiano se ha ido iluminando dentro del catolicismo, con más intensidad en los últimos siglos. Esto, decía Jean Daniélou, no es un añadido a la Sagrada Escritura ni es un residuo del paganismo, sino que proviene de haber entendido mejor la Biblia. Implica dos aspectos: entender mejor el misterio de su elección para ser madre de Dios; entender también por qué y cómo es madre nuestra, en cuanto que mantiene hacia nosotros la misma relación que tiene con Cristo. De todo ello se ocupa el gran teólogo francés en un capítulo de su libro “El misterio del Adviento” (Madrid 2006, original de 1948, pp. 109-128).

Su reflexión nos puede servir para terminar con intensidad la espera del Adviento, y vivir con intensidad la Navidad cristiana, especialmente este Año de la Misericordia, concentrándonos en la petición de la comunión espiritual que san Josemaría aprendió de un religioso escolapio: “Yo quisiera, Señor, recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”. Una oración que sirve a la vez para preparar la comunión eucarística siempre que podamos recibirla.

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