miércoles, 12 de septiembre de 2012

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Evangelización y educación



Sebastiano del Piombo, Descenso de Cristo al limbo de los justos (1516)
Museo del Prado, Madrid

(Cristo, con el estandarte de su victoria sobre la muerte y el pecado, se inclina hacia Adán y Eva, que esperan ser rescatados del "limbo", donde estaban las almas de los justos antes de la resurrección de Cristo. Tras él, la figura de Dimas, el buen ladrón, que carga con su cruz)

La globalización de la cultura, con sus ventajas e inconvenientes, demanda una atención especial a la educación. La convocatoria de un sínodo sobre la nueva evangelización nos lleva a preguntarnos cómo renovar el anuncio del mensaje cristiano y la educación en la fe, para responder a esas demandas.

     Dice el Concilio Vaticano II: “Es propio de todo el Pueblo de Dios (…) auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada” (GS, 44). 


  Dos vertientes

      Podríamos decir que esto tiene como dos vertientes. Una que apunta al “primer anuncio” dirigido a los que no han descubierto la fe. Otra se dirige hacia los cristianos que no la viven plenamente.

     A los primeros, los cristianos podemos mostrarles cómo la fe cristiana respeta y eleva la razón, y cuando se vive de verdad, conduce a una existencia llena de sentido.

     En la segunda vertiente, la de los creyentes que no viven su fe plenamente, nos encontramos de alguna manera todos los cristianos, unos más y otros menos, según los aspectos de la fe que se consideren. Todos hemos de disponernos a una “educación permanente” en la fe, que continúe el proceso de la iniciación cristiana que comenzamos de niños o más adelante, si se trata de una conversión de adultos o adolescentes. 


La fe verdadera es la fe con obras

      Concretamente Benedicto XVI ha mostrado mucho interés, desde el principio de su pontificado, en señalarnos que la fe “de verdad” es la fe con obras. Y, por tanto, la evangelización, el anuncio de la fe, requiere de las obras. Más aún, las obras de caridad y justicia son ya anuncio de la fe. El motivo más importante es que la caridad y la justicia son consecuencia de la fe recibida; y, por ello, manifiestan el compromiso que los cristianos, por vivir con Cristo, hemos adquirido en favor del bien de las personas y de la sociedad.

     Así lo dice el Papa en su tercera encíclica: “El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre. Sobre estas importantes enseñanzas se funda el aspecto misionero de la doctrina social de la Iglesia como un elemento esencial de evangelización. Es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella” (Caritas in veritate, n. 15).

     Estas dos vertientes, primer anuncio de la fe y educación en la fe, no deben entenderse separadas; pues de hecho se necesita una actitud verdaderamente misionera, de primer anuncio, para ayudar a muchos cristianos que no viven la fe porque casi no les ha sido anunciada, o apenas conocen sus elementos esenciales.


Diversas formas de anunciar la fe

     Por todas partes se ve esta necesidad de una actitud más evangelizadora, misionera o apostólica. Se percibe, en general –aunque con indudables excepciones–entre todos los cristianos y también en las comunidades cristianas. Podríamos decir: se echa en falta una disposición más solidaria en la fe.

     El Documento de trabajo para el sínodo apunta diversas formas en que esto puede realizarse: una propuesta de sentido a los anhelos de las personas y su sed de felicidad; una adecuada apologética (defensa de la fe); una afirmación de la fe también en el esfera pública, de diversos modos que reclaman la iniciativa de muchos; a este nivel lo hacen de modo emblemático las Jornadas Mundiales de la juventud, los viajes apostólicos del Papa o las beatificaciones y canonizaciones.

     Al mismo tiempo se observa con preocupación “la escasez del primer anuncio (de la fe) en la vida cotidiana, que se desarrolla en el barrio, dentro del mundo del trabajo” (n. 141).

     En la misma línea apunta el Documento que se puede llegar a muchas personas con la predicación, con el sacramento de la reconciliación (la “confesión”) y las devociones populares (sobre todo las relacionadas con la Virgen María); así como con la preparación al matrimonio y la atención a los enfermos (mucho de esto corresponde a los pastores de la Iglesia).

     Pero, ciertamente, se echa de menos el anuncio del Evangelio “en medio de la calle”: en el trabajo, en la vida familiar. Por eso el sínodo sobre la nueva evangelización tendrá que dar orientaciones para el apostolado de los laicos, que llevan a cabo tanto individual como asociadamente, por medio de las relaciones de amistad y parentesco, de trabajo, deporte, etc. 


La enseñanza interdisciplinar de la Religión

     Uno de los ámbitos de más repercusión en este apostolado es la tarea de las escuelas de inspiración cristiana: una tarea llamada a fortalecer el vínculo entre la iniciación y la educación en la fe.

     Para realizar eficazmente esta tarea, cabe subrayar la necesidad de la enseñanza interdisciplinar de la Religión. La Religión ha de enseñarse en la escuela con la misma competencia profesional (junto con la necesaria idoneidad del educador), exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias del curriculum y en diálogo interdisciplinar con ellas.

     De esta manera el mensaje cristiano puede iluminar la comprensión del origen del mundo y de la vida humana, el sentido de la historia, los fundamentos de la ética, el valor de la belleza, el necesario y fructuoso diálogo entre las religiones y la razón, el deber de contribuir con el trabajo a la mejora de la sociedad y a las relaciones de paz y justicia entre las personas y las naciones, el significado de la sexualidad y del amor y el papel de la familia…

     Mediante este diálogo interdisciplinar (coordinado por educadores especializados y realizado a través de proyectos concretos) la Religión puede proporcionar elementos que potencien, desarrollen y completen la acción educadora de la escuela.


(publicado en www.religionconfidencial.com, 10-IX-2012)

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