La exhortación “Querida Amazonia” (2-II-2020) tiene la forma de una carta impregnada de afecto y preocupación por esa región, que el sucesor de Pedro ve como
un “misterio sagrado”: un lugar donde late y se manifiesta la vida divina, también con provecho para otras regiones.
Su punto de vista es el propio de la fe cristiana y de la misión de la Iglesia. Ella se sabe impulsada y como vivificada por la Encarnación de Hijo de Dios para llevar la luz y la riqueza de la vida divina a las culturas: “
Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera
multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia” (n. 6).
Desde ese
background, Francisco enuncia sus
cuatro “sueños” desgranados en los respectivos capítulos. Esos sueños son paralelos a los “diagnósticos” que en su momento hizo el sínodo de Oceanía. Son, por tanto “sueños” que recogen el trabajo de muchas personas y proceden de un discernimiento eclesial. Son, ahora, los “ sueños" del sucesor de Pedro, sus deseos, sus esperanzas, sus orientaciones, al retomar lo que ve y siente que Dios dice a la Iglesia, para fortalecerla y guiarla en su caminar. Son
sueños estrechamente conectados desde la centralidad de Cristo, redentor del hombre y del mundo. Brotan de la Fe, de la Esperanza y del Amor que dinamizan al Pueblo de Dios en este momento histórico.