jueves, 26 de septiembre de 2013

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La Iglesia madre

Mosaico de María, madre de la Iglesia, en el Vaticano

En sus catequesis sobre la Iglesia, el 11 de septiembre y el 19 de este mismo mes, el Papa Francisco se ha ocupado de la Iglesia como “madre”. Es un modo de hablar de la Iglesia preferido por los Padres de la Iglesia en los primeros siglos; pues la Iglesia es nuestra madre en la fe y en la vida cristiana, como también dice el Concilio Vaticano II. También la Virgen María es madre (como cantaron Luciano Pavarotti y Eric Clapton en 1996) que prefigura y realiza con perfección la maternidad de la Iglesia.

     ¿En qué sentido y de qué modo la Iglesia es madre? ¿Cómo vivimos los cristianos esta realidad?


Madre que da la vida

     1. ¿Qué hace una madre? Ante todo genera la vida. Así es la Iglesia, decía el Papa el día 11: “nos genera en la fe, por obra del Espíritu Santo que la hace fecunda, como a la Virgen María”. La Iglesia y también la Virgen María son madres, y lo que se dice de una puede decirse también de la otra. Ejercen su maternidad respecto a nuestra fe. Y la fe, ciertamente es personal, pero la recibimos en una familia. Y este es el primer aspecto que cabe subrayar.

    “Un cristiano –señala el Papa Francisco– no es una isla. Nosotros no nos convertimos en cristianos en un laboratorio, no nos convertimos en cristianos por nosotros mismos y con nuestras fuerzas, sino que la fe es un regalo, es un don de Dios que se nos da en la Iglesia y a través de la Iglesia”.

     La Iglesia nos da esa vida de fe en el Bautismo. Ahí nacemos como hijos de Dios. Esto quiere decir, nada menos, que se nos da la vida de Dios. En el Baptisterio de San Juan de Letrán, evoca el Papa, hay una lápida latina que dice: «Aquí nace un pueblo de estirpe divina, generado por el Espíritu Santo que fecunda estas aguas; la Madre Iglesia da a luz a sus hijos en estas olas».

    Un segundo aspecto importante es el vínculo vital que se tiene con la propia madre. Así lo dice el Papa Francisco: “Nuestro formar parte de la Iglesia no es un hecho exterior y formal, no es rellenar un papel que nos dan, sino que es un acto interior y vital; no se pertenece a la Iglesia como se pertenece a una sociedad, a un partido o a cualquier otra organización. El vínculo es vital, como el que se tiene con la propia madre, porque, como afirma san Agustín, «la Iglesia es realmente madre de los cristianos» (De moribus Ecclesiae, i, 30, 62-63: pl 32, 1336).

     En consecuencia el Papa nos invita a preguntarnos: “¿cómo veo yo a la Iglesia? Si estoy agradecido con mis padres porque me han dado la vida, ¿estoy agradecido con la Iglesia porque me ha generado en la fe a través del Bautismo? ¿Cuántos cristianos recuerdan la fecha del propio Bautismo?”: porque esa fecha, la del Bautismo, es la de nuestro nacimiento a la vida cristiana en el seno de la Iglesia: “Buscad la fecha de vuestro Bautismo para llevarla en el corazón y festejarla”, les puso de tarea a los presentes en la audiencia y a todo el que llegue este mensaje.Y continúa preguntándonos si amamos a la Iglesia como se ama a nuestra madre, sabiendo comprender sus defectos, ayudándola a ser más bella, más auténtica, más parecida al Señor.


Madre que alimenta, enseña y acompaña a sus hijos

     2. Una madre no solo da la vida, sino que alimenta, enseña y acompaña siempre a sus hijos: “No se limita a dar la vida, sino que, con gran cuidado, ayuda a crecer a sus hijos, les da la leche, les alimenta, les enseña el camino de la vida, les acompaña siempre con sus atenciones, con su afecto, con su amor, incluso cuando son mayores. Y en esto sabe también corregir, perdonar, comprender, sabe estar cerca en la enfermedad, en el sufrimiento. (…) Una buena mamá ayuda a sus hijos a salir de sí mismos, a no permanecer cómodamente bajo las alas maternas, como una nidada de polluelos está bajo las alas de la clueca”.

     Así la Iglesia: “Acompaña nuestro crecimiento transmitiendo la Palabra de Dios, que es una luz que nos indica el camino de la vida cristiana, y administrando los Sacramentos. Nos alimenta con la Eucaristía, nos da el perdón de Dios a través del sacramento de la Penitencia, nos sostiene en el momento de la enfermedad con la Unción de los enfermos. La Iglesia nos acompaña en toda nuestra vida de fe, en toda nuestra vida cristiana”.

     Aquí surge un segundo grupo de preguntas que formula Francisco, de modo que quienes le escuchan reflexionen para examinar y mejorar sus actitudes: “¿Qué relación tengo yo con la Iglesia? ¿La siento como madre que me ayuda a crecer como cristiano? ¿Participo en la vida de la Iglesia, me siento parte de ella? Mi relación, ¿es una relación formal o es vital?” Como es evidente, nada de esto significa ser "clerical": quien pensara así, denotaría que identifica (erróneamente) la Iglesia con los clérigos.


El "nosotros" de los cristianos

     3. La Iglesia es también el “nosotros” de los cristianos. Desde los primeros siglos hay también la conciencia de que la Iglesia, a la vez que es madre de los cristianos, mientras «hace» a los cristianos, está también «formada» por ellos. “La Iglesia no es algo distinto a nosotros mismos, sino que se ha de mirar como la totalidad de los creyentes, como el «nosotros» de los cristianos: yo, tú, todos nosotros somos parte de la Iglesia”.

     De este modo expresa el Papa algo que le es muy querido: “La maternidad de la Iglesia la vivimos todos, pastores y fieles”. Y señala con pena cómo a veces se escucha de alguien que dice creer en Dios pero no en la Iglesia, o que la identifica con los sacerdotes. Pero la Iglesia somos todos. ”Y si tú dices que crees en Dios y no crees en la Iglesia, estás diciendo que no crees en ti mismo; y esto es una contradicción”.

     La Iglesia somos todos, insiste en su conclusión el Papa Francisco: desde el niño recién bautizado hasta los obispos y el Papa; todos iguales –por esa dignidad de hijos de Dios, la vida cristiana que se nos da en el Bautismo–. También por eso todos los cristianos estamos llamados a ser “educadores en la fe”, a anunciar o comunicar el Evangelio. Y dice algo bien interesante: “Cuando repito que amo una Iglesia no cerrada en su recinto, sino capaz de salir, de moverse, incluso con algún riesgo, para llevar a Cristo a todos, pienso en todos, en mí, en ti, en cada cristiano”.


Madre que orienta en el camino, paciente y misericordiosa

     4. En la audiencia siguiente, el Papa continuó explicando lo que hacen las madres por sus hijos, porque quieren su bien: nos orientan en el camino correcto para crecer y convertirnos en adultos, y lo hacen siempre con cariño y amor. La Iglesia hace esto, por ejemplo, con los Diez Mandamientos, que no son un paquete de “noes”, sino de síes (como ya decía Benedicto XVI); porque nos recuerdan a Dios, el respeto por los padres y por las demás personas, etc.

     La madre sigue después siempre acompañando a sus hijos con paciencia, aunque a veces deba sufrir o humillarse por ellos. “La Iglesia es así –señala el Papa Francisco-, es una madre misericordiosa, que entiende, que siempre trata de ayudar, de alentar incluso a sus hijos que estaban equivocados; no cierra jamás las puertas de la casa; no juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a retomar el camino, incluso a aquellos hijos que han caído en un profundo abismo, la Iglesia no tiene miedo de entrar en su noche para darles esperanza; ¡la Iglesia no tiene miedo de entrar en nuestra noche, en la oscuridad del alma y de la conciencia, para darnos esperanza! ¡Porque la Iglesia es madre!”

     También una madre sabe pedir lo que les conviene a sus hijos, y sobre todo reza por ellos. Lo mismo hace la Iglesia por nosotros continuamente ante Dios.

* * *
     En suma, la Iglesia es madre que da la vida, alimenta y acompaña a sus hijos, nosotros, los cristianos. Es madre que nos educa pacientemente, madre compasiva y misericordiosa, y pide siempre por nosotros.


No hay santidad sin caridad y apostolado

     Por nuestra parte, todos participamos de la maternidad de la Iglesia, a fin de que la luz y el amor de Cristo lleguen a los extremos confines de la tierra. Esto es el ideal de la vida cristiana, pues no hay cristiano que no tenga una misión, no hay santidad sin caridad y apostolado, sin evangelización. No es posible amar a Dios sin amar a los demás, sin preocuparse de sus necesidades, y, por tanto, sin ayudarles a descubrir la vida plena que Cristo nos ha traído.

     Por eso el Papa nos pregunta también: “¿Qué hago yo para que otros puedan compartir la fe cristiana? ¿Soy fecundo en mi fe o soy cerrado?” (11-IX-2013)

     Hemos de amar a la Iglesia como madre, sabernos y sentirnos parte de ella, llamados a participar de su maternidad, transmitiendo la vida cristiana –la vida que Cristo nos da– a muchos otros, sin quedarnos encerrados en nosotros mismos.

     Esto no es, por tanto, algo exclusivo de los sacerdotes o de los misioneros, sino de todo cristiano. Y puede hacerse a través de las relaciones que nos brinda la vida cotidiana: las relaciones de familia, de vecindario y de amistad, de trabajo y de ocio, de cultura y de participación en el bien común, de preocupación por los más necesitados.

       Es frecuente que la vida de los santos haya transcurrido como en un creciente redescubrimiento del amor a la Iglesia-madre.


(una primera versión fue publicada en www.cope.es, 17-IX-2013)




*    *    *


Holy Mother 
(Eric Clapton, 1986)


Holy Mother, where are you?
Tonight I feel broken in two.
I've seen the stars fall from the sky.
Holy mother, can't keep from crying.

Oh I need your help this time,
Get me through this lonely night.
Tell me please which way to turn
To find myself again.

Holy mother, hear my prayer,
Somehow I know you're still there.
Send me please some peace of mind;
Take away this pain.

I can't wait, I can't wait, I can't wait any longer.
I can't wait, I can't wait, I can't wait for you.

Holy mother, hear my cry,
I've cursed your name a thousand times.
I've felt the anger running through my soul;
All I need is a hand to hold.

Oh I feel the end has come,
No longer my legs will run.
You know I would rather be
In your arms tonight.

When my hands no longer play,
My voice is still, I fade away.
Holy mother, then I'll be
Lying in, safe within your arms.



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