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jueves, 24 de abril de 2025

Testigos de misericordia y esperanza

 (Nuevo libro) 


R. Pellitero, Testigos de misericordia y esperanza. Las enseñanzas del papa Francisco para el siglo XXI. Prólogo del cardenal José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Educación y la Cultura, ed. San Pablo, Madrid 2025, 392 pp.

De la editorial:

La fe, la Iglesia, los sacramentos, la moral, la oración, la evangelización, la fraternidad o la familia… De estos temas, y de otros muchos, nos ha hablado el papa Francisco desde su elección en el año 2013, en su afán por transmitir la belleza del Evangelio. Lo ha hecho con palabras, y también con gestos cercanos y humildes, que han impresionado a creyentes y no creyentes. Ramiro Pellitero nos ofrece en este libro una síntesis estructurada de este imponente Magisterio, para, a partir de ahí, presentar una serie de reflexiones que nos permitan aplicar el mensaje papal en nuestro día a día, para vivir el Evangelio de forma activa y ser «testigos de misericordia y esperanza» en tiempos de incertidumbre.

Del Prólogo del cardenal Tolentino:

"La belleza del mensaje cristiano brilla (...) en las enseñanzas del Papa Francisco, y es posible apreciarlo a través de las líneas de este libro (...). El mensaje del Evangelio, cuyo centro es Cristo y la vida con Él, es un mensaje de belleza que colma de esperanza el corazón del hombre, y nosotros hemos de hacerle eco. Por ello, pienso que este libro, Testigos de misericordia y esperanza, puede ser una buena herramienta para esa tarea".

Índice

Abreviaturas
Prólogo, por el cardenal José Tolentino de Mendonça
Presentacion
Introducción: De Pedro a Francisco y vuelta
    De Roma al fin del mundo
    Custodiar y servir

I. Fe, esperanza y caridad: tres hermanas inseparables
    Tres hermanas que caminan juntas
    La fe, luz que hace vivir
    El amor y la misericordia
    Peregrinos de esperanza

II. La Iglesia, madre fecunda
    La Iglesia, familia de Dios
    La Iglesia es madre como María
    Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo
    Una, santa, católica y apostólica
    Comunión “de los santos en las cosas santas”
    La sinodalidad: Comunión “en camino”

III. La belleza de la liturgia y los sacramentos: nuestro encuentro con Cristo

    Necesidad de la formación litúrgica
    El Bautismo, nacimiento a una vida nueva
    La Confirmación, sacramento del testimonio
    La Eucaristía, sacramento del amor
    Los “sacramentos de curación” y de “servicio a la comunidad”

IV. La moral cristiana, respuesta al Dios amante
    Buscar a Cristo en el Decálogo
    Las bienaventuranzas: el camino para alcanzar la alegría
    Caminar y madurar en la libertad cristiana (carta a los Gálatas)
    El discernimiento del corazón

V. La oración, escuela del corazón, y la santidad

    Sobre el Padrenuestro
    La oración: puerta, escuela y fuente de misericordia
    La santidad, también en la “puerta de al lado”
    La santidad pasa por el Corazón de Jesús
    Con corazón de padre (san José)
    Confianza en Dios y misión cristiana (santa Teresa del Niño Jesús)

VI. La alegría de evangelizar

    Hacia una conversión evangelizadora
    Pasión por la evangelización
    Los “hechos evangelizadores” de los apóstoles
    Sobre la Palabra de Dios en la vida cristiana y en la evangelización

VII. Llegar a todos

    El camino del ecumenismo
    La dimensión misionera, programa y paradigma de la vida cristiana
    El diálogo interreligioso al servicio de la paz
    Teología de rodillas

VIII. Diálogo, fraternidad, cuidado
    La dimensión social del mensaje cristiano
    La “inclusión social de los pobres” a la luz del Evangelio
    Enfermos, ancianos, migrantes
    Hacia una cultura de la paz
    Fraternidad universal y amistad social
    El cuidado de la “casa común”

IX. Hacer del mundo una familia
    La alegría del amor en la familia
    Los jóvenes, la fe y la vida en plenitud
    Educación y “pacto educativo”
    La comunicación al servicio de la justicia y la solidaridad

Índice analítico
Índice onomástico

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Cultura de la misericordia, tras el Año de la Misericordia

Beato Angelico, Misterio de la Encarnación (1445), detalle,
Museo del Prado (Madrid)

Una cultura y un tiempo de misericordia. Así es, debe ser, el tiempo de la Iglesia. Y así lo propone la carta apostólica Misericordia et misera, al concluir el Jubileo extraordinario de la misericordia (20-XI-2016).

            El nombre del documento procede de San Agustín, cuando comenta el encuentro entre Jesús y la adúltera (cf. Jn 8, 1-11). A propósito de este pasaje del Evangelio es sorprendente que el Papa afirme: “Su enseñanza viene a iluminar la conclusión del Jubileo Extraordinario de la Misericordia e indica, además, el camino que estamos llamados a seguir en el futuro”. Un camino que podemos ver jalonado en cinco puntos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Personalizar la misericordia




Como continuamente en estos días, el mensaje de Francisco para la Cuaresma de 2016 desea personalizar la misericordia. No se trata simplemente de algo que complementa la piedad y la vida cristiana, sino de un punto nuclear y decisivo para todos y cada uno de los cristianos. “La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio”, que ahora pide ser vivido con mayor intensidad.

viernes, 16 de mayo de 2025

El camino evangelizador de Francisco

(publicado en la revista "Omnes", mayo de 2025)

El camino de Francisco, también en su magisterio doctrinal, ha sido un camino en cierto modo sorprendente –para quien lo sepa mirar con los ojos de la sencillez propia de la sabiduría–, como el de Cristo, y evangelizador. Aquí sugerimos las que pueden considerarse como principales luces de ese camino. Nos limitamos a sus encíclicas y exhortaciones apostólicas. 



La fe transforma porque abre al amor

La encíclica Lumen fidei (“La luz de la fe”, 2013) fue realizada, en cierto sentido,  como discreto broche, pero broche de oro, del pensamiento y doctrina del papa Ratzinger, que aparece con la colaboración y la firma de Francisco.

Presenta la fe cristiana como luz que hace vivir, porque en ella “se nos ha dado un gran Amor” que “nos transforma, ilumina el camino y hace crecer en nosotros las alas de la esperanza para poder recorrerlo con alegría” (n. 7)

La fe amplía el conocimiento de la verdad y trasnforma toda la persona. ¿Pero cómo lo hace? Sorprendentemente, afirma el texto: "La fe transforma toda la persona precisamente porque la fe se abre al amor” (n. 26), y así puede ayudar a ensanchar la razón. Y así, la fe cristiana, vivida realmente en la práctica, transforma la vida personal, familiar y social, la relación con la naturaleza y el sentido tanto de la alegría como del sufrimiento. 

lunes, 5 de agosto de 2019

Dolor y gratitud, ánimo y alabanza


La Carta del papa Francisco a los sacerdotes (4-VIII-2019), con motivo de los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars, llega en un momento oportuno, cuando muchos necesitan el agradecimiento y el ánimo de un hermano mayor y padre.

La carta tiene cuatro partes, señaladas por cuatro palabras que manfiestan las actitudes que el papa quiere transmitir a los presbíteros: dolor, gratitud, ánimo y alabanza. Y todo ello sobre el trasfondo de la esperanza y de la confianza en la misericordia de Dios.

viernes, 22 de marzo de 2024

Evangelización en el horizonte del jubileo 2025


 

 

Rembrandt, v. R., Cristo curando a un leproso (h. 1650) 
Riks Museum, Amsterdam


El discurso del Papa al Dicasterio para la evangelización (15-III-2024)  ayuda a comprender las líneas generales por donde avanzan las propuestas de su pontificado en el horizonte del jubileo de 2025.

Comenzó trazando el marco de los desafíos contemporáneos. Subrayó el secularismo (vivir como si Dios no existiera) de las últimas décadas, la pérdida del sentido de pertenencia en la comunidad cristiana y la indiferencia respecto a la fe.

Estos desafíos, explicó, necesitan respuestas adecuadas, teniendo también en cuenta la cultura digital en que nos encontramos: saber situar lo legítimo de la hoy tan reclamada autonomía de la persona, pero no al margen de Dios. Pues solo Dios funda la verdad que alberga toda persona y solo Él garantiza la plena libertad de la acción personal. (En efecto, aunque alguien piense ¿pero no existe fuera de Dios la verdad y la libertad?, estas no se encuentran de hecho sino de modo fragmentado y oscurecido).

Tras esta introducción, el Papa señaló tres temas importantes en este momento y cara al jubileo del 2025.



La transmisión de la fe

En primer lugar, la ruptura en la transmisión de la fe. A este propósito apuntó la urgencia de recuperar la relación con las familias y los centros de formación. Y señaló claramente el centro de la cuestión: la fe se transmite sobre todo con el testimonio de la vida. Un testimonio que tiene un centro: “La fe en el Señor resucitado, que es el corazón de la evangelización, para ser transmitida pide una experiencia significativa, vivida en familia y en la comunidad cristiana como encuentro con Jesucristo que cambia la vida”.

En este marco subrayó la importancia de la catequesis. Y en relación con la catequesis, recomendó servirse del nuevo Directorio para la catequesis, elaborado por este dicasterio de la Evangelización en 2020. “Este es un instrumento válido y puede ser eficaz no solo para la renovación de la metodología catequística, sino, diría, sobre todo para la implicación de la comunidad cristiana en su conjunto”.

También en este contexto puso de relieve el ministerio del catequista, sobre todo en el ámbito de los jóvenes, al servicio de la evangelización.

Una tercera llamada de atención en el mismo marco, la dirigió el Papa al Catecismo de la Iglesia Católica, referencia fundamental para la educación de la fe (no solo para la catequesis sino para toda enseñanza en relación con la fe católica). “En este sentido os animo a encontrar las formas para que el Catecismo de la Iglesia Católica pueda seguir siendo conocido, estudiado, valorado, de modo que de él se extraigan las respuestas a las nuevas exigencias que se manifiestan con el paso de los decenios” (*).  


Cabe señalar que treinta y dos años después de su publicación (1992) este "Catecismo" (que no es un "catecismo" en el sentido popular de la palabra: un pequeño librito para enseñar a niños y jóvenes, sino un verdadero tratado teológico en la perspectiva pedagógica de la fe) sigue siendo plenamente actual, y cualquiera que se adentre en sus páginas comprobará su riqueza de contenidos y su claridad. 

miércoles, 3 de julio de 2019

Teología centrada en la evangelización


En su visita a la Facultad de Teología de Nápoles (21-VI-2019), el papa Francisco ha querido destacar la dimensión evangelizadora de la teología como necesidad en el momento actual, para la teología misma y para el servicio que presta a la Iglesia y a la sociedad.

martes, 12 de abril de 2011

El valor educativo de la Confesión

 Juan Pablo II, confesando
Sin duda por la situación actual de “emergencia (urgencia) educativa”, Benedicto XVI ha querido señalar el valor pedagógico de la Confesión sacramental. Lo hizo en una alocución a los participantes en un curso promovido por la Penitenciaría Apostólica (25-III-2011). Citó varios ejemplos de confesores (San Juan María Vianney, San Juan Bosco, San Josemaría Escrivá, San Pío de Pietralcina, San Giuseppe Cafasso y San Leopoldo Mandić) como testigos de la misericordia divina, que se manifiesta siempre en ese encuentro personal con Jesucristo que es el sacramento de la Confesión. 

      Cabe recordar que el Sacramento de la Penitencia o de la Reconciliación, o sencillamente “la Confesión”, es uno de los sacramentos “de curación”, pues lo mismo que la vida humana puede enfermar, esto sucede también con la vida espiritual. Impulsado por Juan Pablo II, el VI Sínodo de los Obispos se ocupó de “La Reconciliación y la Penitencia en la misión de la Iglesia (1983). Le siguió una magnífica exhortación sobre el mismo tema. En ella se analizaba la pérdida del “sentido del pecado” en nuestro tiempo. Los principales medios para la formación en este ámbito son la educación en la fe con su fundamento bíblico (ver al respecto la Exhortación Verbum Domini, 30-IX-2010), la formación de la conciencia de los fieles y una praxis de los sacramentos atenta y renovada. 

      Todo ello se ofrece en nuestros días como un redescubrimiento para los cristianos y un motivo de interés para muchas otras personas.


Valor pedagógico para el sacerdote

      Vengamos ya al reciente discurso de Benedicto XVI. La Confesión tiene un gran valor pedagógico, primero para el sacerdote, hasta el punto de que el confesonario “puede ser un ‘lugar’ real de santificación”. De la administración del Sacramento de la Penitencia el sacerdote puede extraer lecciones de fe, de humildad y también sobre la conciencia de su propia identidad. 

      Primero, el sacerdote refuerza su propia fe, al contemplar la “profesión de fe” que supone el hecho de confesarse. El confesor tiene la oportunidad de “palpar los efectos salvadores de la cruz y de la resurrección de Cristo, en todo tiempo y para todo hombre”. Con frecuencia se encuentra “ante auténticos dramas existenciales y espirituales, que no hallan respuesta en las palabras de los hombres, pero que son abrazados y asumidos por el Amor divino, que perdona y transforma”. Es verdad que conocer los aspectos oscuros del corazón del hombre puede poner a prueba su humanidad y su fe. Pero esto, de otro lado, “alimenta en él la certeza de que la última palabra sobre el mal del hombre y de la historia es de Dios, es de su misericordia, capaz de hacerlo nuevo todo”.

      Exclama el Papa: “¡Cuánto puede aprender el sacerdote de penitentes ejemplares por su vida espiritual, por la seriedad con que hacen el examen de conciencia, por la transparencia con que reconocen su pecado y por la docilidad a la enseñanza de la Iglesia y a las indicaciones del confesor!”. Un valor pedagógico que se extiende también a “la verdad y pobreza de su persona, y alimenta en él la conciencia de la identidad sacramental”. Y es que el sacerdote no escucha a sus hermanos únicamente como hombre: “Si se acercan a nosotros es sólo porque somos sacerdotes, configurados con Cristo sumo y eterno Sacerdote, y hemos sido capacitados para actuar en su nombre y en su persona, para hacer realmente presente a Dios que perdona, renueva y transforma”.

Valor pedagógico para los penitentes

      ¿Y cuál es el valor pedagógico de este sacramentos para los penitentes? Se trata ahora de lecciones sobre la acción de Dios y su bondad, la propia libertad y fragilidad, la necesidad de formar la conciencia, y los modos, concretos y personales, de crecer en la fe, la esperanza y el amor.

      Todo ello depende ante todo de la acción de la Gracia y de los efectos objetivos del sacramento. En la confesión se expresa particularmente la libertad personal y la conciencia. Por eso, “el examen de conciencia tiene un valor pedagógico importante: educa a mirar con sinceridad la propia existencia, a confrontarla con la verdad del Evangelio y a valorarla con parámetros no sólo humanos, sino también tomados de la Revelación divina. La confrontación con los Mandamientos, con las Bienaventuranzas y, sobre todo, con el Mandamiento del amor, constituye la primera gran ‘escuela penitencial’”.

      A continuación, “en nuestro tiempo, caracterizado por el ruido, por la distracción y por la soledad, el coloquio del penitente con el confesor puede representar una de las pocas ocasiones, por no decir la única, para ser escuchados de verdad y en profundidad”. Benedicto XVI anima a los sacerdotes a dedicar tiempo a este ministerio porque “ser acogidos y escuchados constituye también un signo humano de la acogida y de la bondad de Dios hacia sus hijos”. Junto con esto, “la confesión íntegra de los pecados educa al penitente en la humildad, en el reconocimiento de su propia fragilidad y, a la vez, en la conciencia de la necesidad del perdón de Dios y en la confianza en que la Gracia divina puede transformar la vida”. 

      Asimismo “la escucha de las amonestaciones y de los consejos del confesor es importante para el juicio sobre los actos, para el camino espiritual y para la curación interior del penitente”. Y añade el Papa: “No olvidemos cuántas conversiones y cuántas existencias realmente santas han comenzado en un confesonario”.
Por último, “la acogida de la penitencia”, que prescribe el sacerdote, “y la escucha de las palabras ‘Yo te absuelvo de tus pecados’ representan una verdadera escuela de amor y de esperanza, que guía a la plena confianza en el Dios Amor revelado en Jesucristo, a la responsabilidad y al compromiso de la conversión continua”.

      Al final el Papa da a los sacerdotes un consejo de oro, pues la experiencia personal como penitente es también una gran escuela: cuidar la propia confesión, también para aprender a confesar cada vez mejor, al servicio de Dios y de las personas. 

(publicado en www.cope.es, 11-IV-2011)

miércoles, 22 de julio de 2020

Desafíos de la evangelización en tiempos de pandemia

En varios lugares se ha recogido una conferencia que Germán Carriquiry –secretario y vicepresidente de la Comisión pontificia para América Latina– pronunció el 8 de julio de 2020, con el título “Tareas y desafíos para la misión de la Iglesia en tiempos de pandemia”.

Aunque se refiere directamente a Latinoamérica, sus consideraciones sin duda sirven, cambiando o concretando lo que sea preciso, para otras regiones y países.

La pandemia supone ante todo, a su juicio, un punto de inflexión, en lo que el papa Francisco llama un cambio de época. “Los tiempos de incertidumbres –señala Carriquiry– han de ser de discernimiento y profecía”; es decir, ocasiones para reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros, que nos pide urgentemente detectar, convocar, compartir y aportar todo aquello que pueda servir para ayudar a quienes sufren las consecuencias más penosas de esta situación.

Propone concretamente siete puntos para la reflexión, el diálogo y la acción. Nos detenemos especialmente en los cuatro primeros: la compasión, el discernimiento, la evangelización y la conversión.

viernes, 25 de abril de 2014

De la humillación a la resurrección

                                                         Giotto, Resurrección (1304-1306)
                                                                                  Capilla Scrovegni (Padua)



Acabamos de ver de nuevo al sucesor del apóstol Pedro lavando los pies a sus hermanos. Como en otras ocasiones, también ha subido a los niños para pasearlos en el papamóvil. Son signos que la gente sencilla capta como expresión de lo que hizo Jesús, de su abajamiento, cercanía y entrega por todos, culminada en su pasión y muerte. 

jueves, 21 de julio de 2011

La oración en la era digital



H.O. Tanner, Cristo con su Madre leyendo las Escrituras (c. 1909)
Museo de Arte, Dallas


Hablar con Dios confiadamente no es difícil: un niño puede hacerlo. Las dificultades surgen cuando se anteponen las dudas y éstas no se resuelven: ¿No será la oración un encerrarse en sí mismo y aislarse de los problemas reales del mundo? ¿De verdad Dios escucha siempre? ¿Cómo saber cuál es su voluntad? ¿Hasta dónde puedo comprometerme? ¿Qué hacer si no se sabe orar? ¿Cómo enseñar a otros? 



En la era digital, seguimos buscando superar la finitud

      Estas y otras son las cuestiones que, desde el 4 de mayo de 2011, viene afrontando Benedicto XVI, en una nueva serie de catequesis sobre la oración. Dedicó las dos primeras a introducir el tema; después, a cuatro grandes orantes del Antiguo Testamento (Abraham, Jacob, Moisés y Elías), y luego afrontó la importancia de los salmos en la oración. Todo ello poniendo siempre a Jesús como centro y origen de la oración.

      En las dos primeras catequesis mostró que las culturas antiguas (como Egipto, Mesopotamia, Grecia, Roma) son testigos de la oración con diversos acentos (petición, súplica, alabanza y agradecimiento), aún dentro de ciertas oscuridades. Y es que “la oración y el sentido religioso forman parte del hombre a lo largo de toda su historia” (11-V-2011), también en nuestra época: “El hombre ‘digital’, al igual que el de las cavernas, busca en la experiencia religiosa los caminos para superar su finitud y para asegurar su precaria aventura terrena”. La oración es ante todo un don y una gracia de Dios que mueve a desear a Dios y a buscarle libremente. Como el amor de Dios es siempre fiel, la oración es también “un hondo acontecimiento de Alianza” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2567). 



La oración de Abraham: Dios siempre responde y ofrece el perdón a quienes lo aceptan

      En Abraham (cf. Gn, cap. 18) se manifiesta que la oración de intercesión es progresiva identificación del que reza con el Dios que perdona y salva. Abraham desea la salvación de los pecadores de Sodoma y Gomorra, pero también desea que Dios se manifieste como justo y misericordioso; esto requiere que los malhechores acepten el perdón divino. Con otras palabras, Dios siempre responde a la oración. Como ha hecho a cada persona libre, dueña de sus acciones, Dios ha querido que su respuesta sea recibida libremente por el orante o por aquél por quien suplica. Y eso debe manifestarse con un cambio en la vida, un abrirse a Dios y a los demás; esto es, una conversión. Ahora bien, sólo un amor que sea al mismo tiempo justicia y perdón que se ofrece libremente, puede curar las heridas producidas por el pecado en el corazón del hombre y sus consecuencias. Esto es lo que hizo Jesús en la Cruz, intercediendo y perdonando a todos los que lo aceptan; y en él toda oración de intercesión encuentra respuesta (cf. 18-V-2011). 



La oración es un "combate espiritual" que requiere humildad, confianza y perseverancia (Jacob)


 
A.L. Leloir, Jacob luchando con el Ángel (1865)


     La lucha de Jacob con un misterioso personaje (cf. Gn, cap. 32) expresa que toda oración es un combate espiritual: supone un esfuerzo confiado y tenaz, una lucha “cuerpo a cuerpo” para vencer los autoengaños, llegar con humildad al reconocimiento de la propia debilidad, y abrirse así a la voluntad de Dios. La oración exige perseverancia para hacer, al que reza, capaz de recibir, como fruto de la conversión y el perdón, la bendición de Dios, la renovación personal y el poder ver finalmente el rostro de Dios. También la “lucha” de Jacob es símbolo de la entera vida humana (que debe transformarse en oración a base de “hacer oración” cada día); pues “aquel que se deja bendecir por Dios, se abandona a Él, se deja transformar por Él, hace bendito el mundo” (25-V-2011). 



La oración exige el compromiso personal para servir a los demás (Moisés)

 M. Chagall, Moisés recibiendo las Tablas de la Ley
Museo Chagall, Niza

      La oración de Moisés (cf. Ex., cap 32 y Dt, cap. 9) pone de relieve que la oración del intercesor sirve a la misericordia divina y es escuela de generosidad, hasta el don de sí mismo. A los pies del Sinaí, los israelitas se habían hecho un ídolo en forma de becerro de metal fundido. Moisés intercede por amor a su pueblo y también por amor a Dios, y ofrece su propia vida a cambio del perdón para los suyos. También aquí hay una prefiguración de Cristo, que “lleva consigo nuestros pecados para salvarnos a nosotros: su intercesión no es sólo solidaridad, sino que se identifica con nosotros: nos lleva a todos en su cuerpo. Y así toda su existencia de hombre y de Hijo es un grito al corazón de Dios, es perdón, pero un perdón que transforma y renueva” (1-VI-2011).



Elías: la verdadera oración lleva a salir de uno mismo para adorar y amar

 Icono del profeta Elías

     En el caso de Elías, su oración enseña lo que es la verdadera adoración (cf. I Re, cap. 18). Los profetas de Baal confíaban en sus propias capacidades para obtener la respuesta a su oración: se encierran teatralmente sobre sí mismos e incluso se autolesionan. En cambio –según Benedicto XVI– la oración auténtica, que Elías promueve, es aquella que abre el corazón y lo libera permitiendo “salir del espacio estrecho del propio egoísmo, para acceder a dimensiones de amor y de don mutuo” (15-VI-2011). La verdadera oración es impulsada por el Espíritu Santo, y por eso –observa el Papa– “la verdadera adoración no destruye, sino que renueva, transforma”. El fuego del amor de Dios hace del pueblo entero de Israel un lugar de ofrenda y sacrificio, purifica y crea de nuevo los corazones, para hacerlos capaz de adorar y amar.


Actualidad de los salmos como escuela de oración

      Y así llega el Papa a plantear la importancia de los Salmos en la oración (cf. 22-VI-2011). Los salmos recogen todas las actitudes de la existencia humana, resumidas en dos grandes ámbitos: la súplica y la alabanza. En la súplica el orante expone su necesidad, con frecuencia unida al lamento, reconociendo a Dios como bueno. Se ponen en práctica actitudes de fe, esperanza y caridad, junto con la humildad. “De este modo, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y se funden en un único canto que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina hacia nuestra fragilidad”.

      Los salmos, afirma Benedicto XVI, son escuela de oración algo así como las palabras de los padres sirven al niño que comienza a hablar: se expresa con palabras aprendidas de otros y así aprende un modo de pensar y de sentir. Así los salmos nos enseñan, con palabras de Dios, un lenguaje para hablar confiadamente con Él, conocerle y conocernos a nosotros mismos.

      Los salmos presentan a David como paradigma de orante: “un orante apasionado, un hombre que sabía lo que quiere decir suplicar y alabar”; y así, se convierte en una figura mesiánica, que preanuncia el misterio de Cristo. De hecho “en el Señor Jesús, que en su vida terrena rezó con los Salmos, encuentran su definitivo cumplimiento y revelan su sentido más profundo y pleno”. Más concretamente, “las oraciones del Salterio, con las que se habla a Dios, nos hablan de Él, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible (Col 1,15), que nos revela completamente el Rostro del Padre”. Y de aquí, deduce el Papa: “El cristiano, por tanto, rezando los Salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo estos cantos en una perspectiva nueva, que tiene en el misterio pascual su última clave interpretativa”. De este modo, “el horizonte del orante se abre así a realidades inesperadas, todo Salmo tiene una luz nueva en Cristo y el Salterio puede brillar en toda su infinita riqueza”.

      En efecto, y, de este modo, los salmos se revelan siempre actuales, y centrales para la oración cristiana. Cristo los rezó y nosotros, en su Cuerpo místico, los rezamos, también apropiándonos esas oraciones, según nuestras necesidades o las de los demás. Para todo ello se pueden consultar las referencias a los salmos que se encuentran en otros lugares de la Sagrada Escritura (sobre todo en el Nuevo Testamento), especialmente los citados por Cristo mismo; y también pueden ayudar las citas y los comentarios de otros autores (Padres de la Iglesia, santos, pensadores cristianos, etc.) que han encontrado en los salmos el deseo de Dios, que es “el alma de la oración”. 




(publicado en Cope.es, 21-VII-2011)

domingo, 6 de noviembre de 2022

Alegría, unidad y profecía


En su viaje al reino musulmán de Baréin, hoy, domingo, 6 de noviembre, el Papa Francisco ha mantenido un encuentro con fieles católicos (obispos, sacerdotes, consagrados, seminaristas y agentes pastorales), que son unos 80.000 de un total de 1,7 millones de habitantes. Y su discurso contiene un mensaje esencial, también en las circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo, para todos los cristianos

En la introducción a su discurso, les ha dicho que “es bello pertenecer a una Iglesia formada por la historia de rostros diversos, que encuentran la armonía en el único rostro de Jesús”. Tomando pie de la geografía y cultura del país, les ha hablado del agua que riega y hace fructificar tantas zonas de desierto. Una bella imagen de la vida cristiana como fruto de la fe:

“Emerge a la superficie nuestra humanidad, demacrada por muchas fragilidades, miedos, desafíos que debe afrontar, males personales y sociales de distinto tipo; pero en el fondo del alma, bien adentro, en lo íntimo del corazón, corre serena y silenciosa el agua dulce del Espíritu, que riega nuestros desiertos, vuelve a dar vigor a lo que amenaza con secarse, lava lo que nos degrada, sacia nuestra sed de felicidad. Y siempre renueva la vida. Esta es el agua viva de la que habla Jesús, esta es la fuente de vida nueva que nos promete: el don del Espíritu Santo, la presencia tierna, amorosa y revitalizadora de Dios en nosotros".


Los cristianos, responsables del "agua viva"

En un segundo momento, el Papa se detiene en una escena del Evangelio según san Juan. Jesús esta en el templo de Jerusalén. Se celebra la fiesta de los Tabernáculos, en la que el pueblo bendice a Dios agradeciendo el don de la tierra y de las cosechas y haciendo memoria de la Alianza. El rito más importante de esa fiesta era cuando el sumo sacerdote tomaba agua de la piscina de Siloé y la derramaba fuera de los muros de la ciudad, en medio de los cantos jubilosos del pueblo, para expresar que de Jerusalén fluiría una gran bendición para todos los pueblos (cf. Sal 87, 7 y sobre todo Ez 47, 1-12).

En ese contexto Jesús, "puesto en pie", grita: “¡Quien tenga sed, venga a mí y viva!, y de sus entrañas brotarán ríos de agua viva” (Jn 7, 37-38). El evangelista dice que se refería al Espíritu Santo que recibirían los cristianos en Pentecostés. Y observa Francisco: "Jesús muere en la cruz. En ese momento, ya no es del templo de piedras, sino del costado abierto de Cristo que saldrá el agua de la vida nueva, el agua vivificante del Espíritu Santo, destinada a regenerar a toda la humanidad liberándola del pecado y de la muerte".

lunes, 23 de marzo de 2015

La Cruz, prueba de amor

Giotto, Domingo de Ramos (h. 1305), 
capilla Scrovegni, Padua (Italia)



El Domingo de Ramos de 2013, el Papa Fracisco ha hablado a los jóvenes de alegría y cruz. Un año después nos preguntaba a cada uno quién somos y cómo nos situamos ante la pasión del Señor.

Muchas representaciones artísticas –por ejemplo el cuadro de Giotto– nos muestran cómo debió de ser el “primer” Domingo de Ramos.

Con serenidad va Jesús al encuentro de su pasión y acepta la alegría de los niños y de la gente sencilla que le aclaman.

“Jesús –observa el Papa– ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma” (Homilía en el Domingo de Ramos, 24-III-2013).