miércoles, 31 de octubre de 2012

La fe como confianza que libera y transforma



En otro lugar hemos hablado de Michael Ende y su “Historia Interminable”. En Momo (1973), el mismo autor cuenta la historia de los ladrones de tiempo, los “hombres grises” que promueven un “banco de tiempo”, pero en realidad es un tiempo robado y muerto. Y de una niña que devolvió el tiempo a los hombres. Esta novela se considera, entre otras cosas, como una critica al consumismo o al materialismo. Momo es sobre todo capaz de escuchar, y por eso inspira confianza, y así contribuye a la verdadera libertad, a la verdadera vida que tiene que ver con el amor. Aunque fuera solamente por eso, puede representar la actitud de quien atiende a las necesidades de los demás.

     Confianza, que libera y vivifica plenamente la existencia humana, es la fe cristiana. A ello ha dedicado Benedicto XVI su audiencia del 24 de octubre.

     Ha comenzado con estas preguntas: “¿Qué es la fe? ¿Tiene sentido aún la fe en un mundo donde la ciencia y la tecnología han abierto horizontes, hasta hace poco tiempo impensables? ¿Qué significa creer hoy?”

Redescubrir la fe para hacerla vida




En La Historia interminable, novela publicada en 1979 por Michael Ende, el peligro es un vacío o una “nada” que avanza como una ola, hoy diríamos un tsunami que todo lo destruye, a medida que la emperatriz enferma. Quiza la emperatriz sea nuestra sociedad occidental y su enfermedad tenga diversas causas, entre ellas una crisis ética y, para los cristianos, una crisis de fe.

     En este contexto, lo que significa el Año de la fe depende lo que entendamos por fe y si la fe es algo personal y vivo, o si, por el contrario la fe es un elemento más de la vida, quiza meramente cultural, pero ajeno a las cosas que mas importan y configuran la vida cotidiana.

     En la audiencia del 17 de octubre, en pleno Sínodo sobre la nueva evangelización, Benedicto XVI comenzó un nuevo ciclo de catequesis sobre la fe,durante el Año de la fe.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Adentrarse en Cristo para anunciar la fe

Caravaggio, La incredulidad de Santo Tomás (1601-1602), 
Palacio Sansoucci, Postdam (Alemania)

Al final de la misa que celebró en la apertura del Año de la Fe (el 11 de octubre de 2012), Benedicto XVI ha hecho simbólicamente entrega de los mensajes finales del Concilio Vaticano II (en el 50º aniversario de su comienzo), junto con el Catecismo de la Iglesia Católica (del que se celebraban 20 años) a todos los fieles.

       Con ello quiere contribuir a renovar el verdadero sentido del Concilio: “La fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia”.


martes, 16 de octubre de 2012

Actualidad del Concilio Vaticano II: luz y llamada



El comienzo del Año de la fe, los 50 años de la inauguración del Concilio Vaticano II y los 20 del Catecismo de la Iglesia Católica, han hecho celebrativamente densos estos últimos días. 

            En la audiencia general del 10 de octubre, víspera de la magna celebración, Benedicto XVI ha ofrecido una reflexión “sobre el gran acontecimiento eclesial que ha sido el Concilio, acontecimiento del que he sido testigo directo”, citando una vez más las palabras de Juan Pablo II: “Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (Carta ap. Novo millennio ineunte, n. 57). Añade el Papa actual que esta imagen de la brújula es bien elocuente al pensar en la navegación de la Iglesia; sobre todo porque es preciso volver a los documentos del Concilio Vaticano II, “liberándolos de una masa de publicaciones que con frecuencia, en vez de darlos a conocer, los han ocultado”.

lunes, 15 de octubre de 2012

Evangelizar: la fe hecha caridad




“El Papa enciende el Sínodo”, se ha escrito acertadamente. Después de la homilía en la misa de inauguración, Benedicto XVI ha intervenido por vez primera en el Sínodo (Meditación en el aula del Sínodo, 8-X-2012). Arrancando de la invocación al Espíritu Santo, ha puesto el nivel muy alto.

sábado, 13 de octubre de 2012

La misa, oración en el "nosotros" de la Iglesia

W. A. Bouguereau, Piedad (1876)

La liturgia –especialmente la misa, pero también el resto de las celebraciones sacramentales y la liturgia de las horas– es escuela de oración. Y como tal, nos impulsa a salir de nosotros mismos y abrirnos a las necesidades de la familia de Dios en el mundo.

      En la audiencia general del 3 de octubre, Benedicto XVI ha querido que nos preguntemos: “¿Reservo en mi vida un espacio suficiente a la oración? Y, sobre todo, ¿qué lugar ocupa en mi relación con Dios la oración litúrgica, especialmente la santa misa, como participación en la oración común del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia?

miércoles, 10 de octubre de 2012

El dinamismo transformador de la vida cristiana


J. Copista (s. IX), Ilustración del Tetraevangelio,
Biblioteca de los Padres Armenios Mequitaristas, Viena (Austria)

La ilustración, que representa la última Cena, está reproducida en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, como colofón de la parte segunda: la celebración del Misterio cristiano.


En su primera intervención en el Sínodo para la nueva evangelización (dejando aparte la homilía de inauguración) ha dicho Benedicto XVI que evangelización equivale a la fe hecha caridad. A punto de comenzar el Año de la Fe, cabe por eso redescubrir el dinamismo que enlaza la fe, los sacramentos y la caridad. Este dinamismo es traducción, también al plano social, de las actitudes y la “manera de ser” de Cristo, por parte de cada cristiano y de la Iglesia en su conjunto.

     El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta afirmación: “La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf. Mt 25, 40)” (n. 1397). Y la encíclica Deus caritas est señala: “Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma” (n. 14). Vayamos por pasos.