jueves, 24 de diciembre de 2015

María y el renacer de la Misericordia


B. E. Murillo, Adoración de los pastores (h. 1638), Londres, Wallace col.

Para el cristianismo, la Navidad sobrepasa con creces lo intuido en el mito del ave Fénix, que renace de sus cenizas.

En la película del mismo título (Phoenix, Ch. Petzold, 2014: ver trailer), tras la Segunda Guerra Mundial, una mujer se ve obligada a reconstruir no solo su cara sino la propia identidad, incluso ante la persona que ella pensaba que más le quería. Puede verse como una metáfora de la existencia humana. Todos hemos de aprender a renacer para vivir. Y el cristianismo ilumina en profundidad qué puede significar eso.

Según la fe cristiana, la venida de Dios al mundo en Jesucristo fue preparada por un largo camino de siglos. Dios fue “educando” al pueblo elegido de donde saldría el Mesías, para que pudiera reconocer en él la oferta de la salvación, y ser fiel a su vocación inicial de ser mediador para todos los pueblos.

Dios ha querido que la Navidad necesite una madre. Por eso el largo camino que recorrió la “educación” del pueblo de Israel por parte de Dios, en el Antiguo Testamento, se concentra en el alma de María (cf. J. Daniélou, El misterio del Adviento, Madrid 2006, original de 1948, pp. 109 ss.).

Pero esto debe suceder también en nosotros y en las culturas del mundo, incluida nuestra cultura de la imagen y de la tecnología. ¿Cómo podemos pensar el papel de María en todo ello?

lunes, 21 de diciembre de 2015

Recibir a Dios

F. de Zurbarán, La Virgen niña dormida (h. 1630-1635), col. B. de Santander.

Duerme en una pausa de la oración en que estaba usando el libro (¿la Biblia?), 
soñando quizá en la venida del Mesías. 
A la derecha, un cuenco de porcelana con tres flores: 
la rosa (el amor), la azucena (la pureza) y el clavel (la fidelidad). 
Sobre su cabeza (hacer click para agrandar la imagen),
una luminosa aureola de cabecitas angélicas 
(Cf. comentario de Alfonso E. Pérez Sánchez).

El papel de María en la salvación y para cada cristiano se ha ido iluminando dentro del catolicismo, con más intensidad en los últimos siglos. Esto, decía Jean Daniélou, no es un añadido a la Sagrada Escritura ni es un residuo del paganismo, sino que proviene de haber entendido mejor la Biblia. Implica dos aspectos: entender mejor el misterio de su elección para ser madre de Dios; entender también por qué y cómo es madre nuestra, en cuanto que mantiene hacia nosotros la misma relación que tiene con Cristo. De todo ello se ocupa el gran teólogo francés en un capítulo de su libro “El misterio del Adviento” (Madrid 2006, original de 1948, pp. 109-128).

Su reflexión nos puede servir para terminar con intensidad la espera del Adviento, y vivir con intensidad la Navidad cristiana, especialmente este Año de la Misericordia, concentrándonos en la petición de la comunión espiritual que san Josemaría aprendió de un religioso escolapio: “Yo quisiera, Señor, recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”. Una oración que sirve a la vez para preparar la comunión eucarística siempre que podamos recibirla.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Puerta de la Misericordia

La puerta cierra un ámbito, es un límite; pero también permite el paso si está abierta. En su audiencia general del 18 de noviembre, Francisco ha explicado el significado de “la puerta de la Misericordia de Dios”. Esto se refiere a la Puerta Santa de la basílica de San Pedro en el Vaticano, que se abrirá durante el Año Jubilar, para invitarnos a la conversión personal y también a la acogida y al perdón hacia los demás.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Justicia y solidaridad, caridad y misericordia

C. Schut (1597-1655), Las obras de misericordia


La proximidad de un Año de la misericordia es una buena ocasión para reflexionar sobre algunas virtudes morales y el modo en que las enfoca el cristianismo.

Prudencia y discernimiento


                                 La prudencia, Piero del Pollaiolo (1470), Galleria degli Uffici, Florencia
                   Sostiene en una mano un espejo (cf. Sb 7, 26) y en la otra una serpiente (cf. Mt 10, 16)


Dice Robert Spaemann que para obrar bien es preciso hacer justicia a la realidad. Esto requiere de la prudencia (o sabiduría práctica), la más importante de las virtudes morales. En la vida personal cotidiana, en la vida eclesial (lo hemos visto en el Sínodo de la familia) o en la vida social (por ejemplo en la perspectiva de unas elecciones) es necesaria la prudencia, que no es mera cautela o moderación, sino “sensatez o buen juicio”. Consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo en una determinada situación, para saber cómo hay que actuar y decidirse a ello.

Veamos la estructura y las dimensiones de la prudencia, las formas de la imprudencia y cómo es la prudencia en clave cristiana.

lunes, 12 de octubre de 2015

Redescubrir el espíritu de familia


Para llevar a cabo hoy esta misión "se necesita un nuevo tipo de redes"


Entre tantos temas posibles para las audiencias generales durante el Sínodo de la familia, es significativo que Francisco haya escogido la relación entre Iglesia y familia. Una relación “indisoluble”, afirma de entrada, que abre su horizonte al bien de la humanidad entera.

Sigamos su reflexión sobre el “espíritu de familia” en tres pasos: una mirada a la sociedad con ojos, podríamos decir, de humanismo cristiano; una segunda mirada hacia dentro para redescubrir la misión de la Iglesia aquí y ahora, en este tema; una conclusión y un deseo para el Sínodo sobre la familia.

jueves, 8 de octubre de 2015

El sínodo sobre la familia en la estela del Concilio Vaticano II


En sus palabras introductorias a los trabajos del sínodo sobre la familia (5-X-2015) Francisco ha señalado que el sínodo “es una expresión eclesial, o sea, es la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios; es la Iglesia que se interroga sobre su fidelidad al depósito de la fe, que para ella no representa un museo para mirar y mucho menos solo para salvaguardar, sino que es una fuente viva en la que la Iglesia bebe para saciar la sed e iluminar el depósito de la vida”.