Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de abril de 2026

Los cristianos en el encuentro de la fe con las culturas


León XIV, inspirado en la Virgen de Guadalupe, explica cómo la Iglesia propone una inculturación de la fe que no colonice las culturas, sino que las habite con amor para elevar sus valores y sanarlas desde su propia raíz.

¿Qué tiene que ver el mensaje del Evangelio con las culturas? ¿Qué luz nos ofrece sobre esto la vida de Cristo? ¿Qué criterios se deducen de ello para la misión de la Iglesia y el apostolado de los cristianos?

Nos situamos en medio de un profundo y vertiginoso cambio cultural, acompañado de un gran desarrollo tecnológico, y de no menores conflictos por motivaciones políticas, económicas e ideológicas. Esto nos interpela como cristianos, llamados a participar en la configuración del mundo, a la vez que anunciamos el mensaje del Evangelio como semilla de luz y de vida definitiva.

En este contexto, nos detenemos en un importante mensaje de León XIV sobre el acontecimiento de Guadalupe (en 2031 celebraremos los 500 años), así como en las enseñanzas del Papa durante algunas visitas pastorales a parroquias romanas. 


El Evangelio y las culturas

León XIV califica el acontecimiento guadalupano como “signo de perfecta inculturación” del Evangelio (cfr. Mensaje a un congreso sobre el acontecimiento guadalupano, 5-II-2026). Y se detiene a explicar en qué consiste esta inculturación.

Se trata del modo como ha sucedido la historia de la salvación, a través de las culturas, tal como se recoge en las Sagradas Escrituras, comenzando por el Antiguo Testamento: la Alianza con el pueblo elegido. Poco a poco, Dios se fue manifestando mientras acompañaba las vicisitudes del Pueblo de Israel. Luego, “Dios se reveló plenamente en Jesucristo, en quien no sólo comunica un mensaje, sino que se comunica Él mismo”. Y, por eso, enseña san Juan de la Cruz que después de Cristo no queda otra palabra por esperar, no hay nada más que decir, pues todo ha sido dicho en Él (cfr. Subida al Monte Carmelo, II, 22, 3-5).

Está claro que evangelizar, como expresa el mismo término, es llevar la “buena noticia” (Evangelio) de la salvación por Jesús. Ahora bien, el anuncio del mensaje evangélico acontece siempre dentro de una historia y de una experiencia concreta. Esto comenzó con Jesús de Nazaret, en el que el Hijo de Dios asumió nuestra carne (hablamos de su “encarnación”): asumió nuestra condición humana con todo lo que comporta, también a través de una cultura concreta.

Lo mismo debe seguir haciendo la evangelización: “Se sigue entonces que no puede ignorarse la realidad cultural de quienes reciben el anuncio y se comprende que la inculturación no es una concesión secundaria ni una mera estrategia pastoral, sino una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia”. Si bien es cierto que el Evangelio no se identifica con ninguna cultura particular, es capaz de impregnarlas (iluminarlas y purificarlas) con la verdad y la vida que proceden de Dios.

“Inculturar el Evangelio –explica León XIV– es, desde esta convicción, seguir el mismo camino que Dios ha recorrido: entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su propia vivencia humana y cultural”. Y observa: “Esto implica asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar”.

Dicho esto, añade lo que “no es” la inculturación: no es una “sacralización de las culturas ni su adopción como marco interpretativo decisivo del mensaje evangélico”; ni una “acomodación relativista o una adaptación superficial del mensaje cristiano”. No se trata, pues de “legitimar todo lo culturalmente dado o justificar prácticas, visiones del mundo o estructuras que contradicen el Evangelio y la dignidad de la persona”. Eso equivaldría a “desconocer que toda cultura —como toda realidad humana— debe ser iluminada y transformada por la gracia que brota del misterio pascual de Cristo”.

Por tanto y en síntesis condensada: “La inculturación es, más bien, un proceso exigente y purificador, mediante el cual el Evangelio, permaneciendo íntegro en su verdad, reconoce, discierne y asume las semina Verbi presentes en las culturas, y al mismo tiempo purifica y eleva sus valores auténticos, liberándolos de aquello que los oscurece o los desfigura. Estas semillas del Verbo, como huellas de la acción previa del Espíritu, encuentran en Jesucristo su criterio de autenticidad y su plenitud”.


Guadalupe, lección de pedagogía divina

En esta perspectiva, señala el Papa, “Santa María de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica”. No canoniza una cultura, pero tampoco la ignora, sino que la asume, purifica y transfigura convirtiéndola en “lugar” de encuentro con Cristo.

“La ‘Morenita’ manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre”.

Lo sucedido en el Tepeyac, asegura León XIV, no es una teoría ni una táctica; sino que “se presenta como un criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su presencia salvadora”.

Pasando a la situación actual, observa el Papa que hoy la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta. Vivimos en sociedades plurales con visiones del hombre y de la vida que tienden a prescindir de Dios. En este contexto, es necesaria “una inculturación capaz de dialogar con estas realidades culturales y antropológicas complejas, sin asumirlas acríticamente, de modo que suscite una fe adulta y madura, sostenida en contextos exigentes y a menudo adverso”.

Esto implica que no cabe transmitir la fe “como una repetición fragmentaria de contenidos ni como una preparación meramente funcional para los sacramentos, sino como un verdadero camino de discipulado”; de modo que“la relación viva con Cristo forme creyentes capaces de discernir, de dar razón de su esperanza y de vivir el Evangelio con libertad y coherencia”.

Concluye León XIV replanteando la prioridad de la catequesis para todas las edades y en todos los lugares: “la catequesis se vuelve una prioridad irrenunciable para todos los pastores (cfr. CELAM, Documento de Aparecida, 295-300)”. La catequesis –insiste– “está llamada a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia, a acompañar de forma continua y profunda el proceso de maduración que conduce a una fe realmente comprendida, asumida y vivida de manera personal y consciente, incluso cuando ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes”.

(Este texto corresponde a una parte de un artículo más extenso.

Leer más en "Omnes" abril de 2026)

domingo, 26 de octubre de 2025

Sinodalidad y esperanza



El jubileo de los equipos sinodales y organismos de participación ha convocado a los representantes de la implementación de la sinodalidad en los distintos continentes y grandes regiones donde la Iglesia camina en el mundo. El sábado 25 de octubre León XIV mantuvo un encuentro con estos equipos sinodales. Intervino un representante de cada continente o gran región del mundo y cada uno formuló una pregunta al Papa. A continuación el Papa fue respondiendo a cada pregunta en el marco de las orientaciones que consideró conveniente. El encuentro, transmitido en directo, fue muy ilustrativo del camino que se está recorriendo tras el Documento final del sínodo culminado en 2024, con evidentes diferencias de acentos y sensibilidades, pero con un común deseo de unidad para la misión, en torno al sucesor de Pedro y a los obispos.

El domingo 26 la homilía de León XIV fue particularmente representativa de las enseñanzas de su pontificado al menos hasta ahora. Desarrolló el sentido de la sinodalidad a partir de la humildad, como pedía el Evangelio del día (parábola del fariseo y del publicano).


El camino sinodal en África, Oceanía, Norteamérica y Oriente Medio

En el encuentro del sabado día 25, el representante de África expuso el intenso trabajo que está teniendo lugar en ese continente en lo que se refiere a la formación y acompañamiento para la participación en la sinodalidad, con un particular sentido de familia y en apertura al diálogo interreligioso y al logro de la paz. Preguntó cómo puede la Iglesia seguir ayudando en esta línea, respetando los principios de la sinodalidad.

(Como no existe publicado ningún texto del encuentro, ni lo que dijeron los que intervinieron ni lo que dijo el Papa será aquí recogido de modo literal).

domingo, 7 de septiembre de 2025

Los fundamentos de la formación

Romano Guardini fue un gran pensador y educador. En su obra se esfuerza por señalar los fundamentos antropológicos y éticos de la formación en general, y también de la formación cristiana (*).

Entiende que lo propio de la tarea educativa, y por tanto de la ciencia pedagógica es ayudar en la dinámica humana del llegar a ser (o devenir). Y hacerlo desde la propia identidad y en relación con lo que no soy (todo lo que hay frente a mí: las personas, el mundo y sobre todo Dios), para convertirlo, poniendo en juego mi libertad, en contenido de mi vida. 

Hay por tanto "dos dialécticas" o dos tensiones en el hacerse vivo del hombre. Una primera, que tira desde la persona, y que consiste en que "la mismidad del individuo que se hace está tensada desde la propia posibilidad hacia la propia realidad". Es decir, un llegar a ser a partir de sí mismo. Y una segunda que tira desde la vida exterior, de modo que arrastra al individuo hacia la realidad que está frente a él: "Solo puedo realizarme vivamente a mi mismo si voy más allá de mí mismo hacia lo que no soy, hacia el ser frente a mí: hacia las cosas, hacia las personas, hacia las ideas, hacia las obras y tareas". 

Pues bien, afirma Guardini: “En esta doble dialéctica y en sus direcciones de movimiento, se basa todo el impulso formativo”. Se trata de fomentar el “tránsito de lo viviente posible a lo viviente real”. La formación debe ayudar a que la persona se sitúe de modo dinámico y realista, y vaya madurando entre esas dos tensiones.

Crítica este autor tres concepciones insuficientes de la formación, que han atravesado la historia humana, pero son insuficientes de por sí: 1) el centrarse en el puro conocimiento (pues este no garantiza la sabiduría, y tiende a abandonar la vida real); 2) el buscar la pura ética o el valor moral (lo que es empobrecedor porque inhibe la plenitud humana y cultural); 3) el fomentar solo la plenitud natural, biológica y estética (lo que pude caer en lo infrahumano). 

A estas concepciones y a otras de tipo social, económico o político les falta, según Guardini, lo específicamente pedagógico. Pues, como en otros seres, lo propio del hombre es la configuración de su propio ser, la forma que le corresponde. Y lo demás está incluido en esto.


Dos dimensiones y dos “pedagogías”: identidad y servicio

En esta estructura propia de la persona humana, destaca Guardini dos dimensiones o componentes, que se corresponden respectivamente con las dos dialécticas señaladas más arriba: el elemento inmanente (que le lleva a perfeccionarse a sí misma desde sus propias estructuras) y el elemento trascendente (que le lleva a perfeccionarse saliendo de sí misma hacia el mundo exterior y hacia Dios).

El elemento imanente, a su vez, está constituido por la tensión entre dos polos: la forma humana esencial y la plenitud o movimiento existencial.

La forma humana contiene tanto lo biológico y lo psíquico como lo espiritual: la conciencia, la libertad, la iniciativa, la decisión y la acción; y está abierta a los demás, al mundo y a Dios. La plenitud de esta forma está en la vida de la gracia, que le otorga una semejanza con el ser divino. Para Guardini la forma del hombre constituye el primer fundamento de lo pedagógico.

Pero no debe entenderse esta “forma” según un canon abstracto, una norma universal establecida a priori, y en todo caso separada de las situaciones concretas en que se encuentra la persona. Si se entendiera así, una pedagogía centrada en la forma humana destruiría la auténticamente humano, e incluso podría hacer de esa idea o valor abstracto algo así como un dios.

Tampoco cabe suprimir la forma y quedarse solo con las situaciones concretas, en una perspectiva “actualista” (lo propio humano sería simplemente enfrentarse sucesivamente con las acciones aisladas) o existencialista; pues esto no tiene en cuenta que la persona pide una continuidad en el ser y en el hacer; y también esto puede llevar a un sentido trágico de la existencia.

Precisamente lo propio de la pedagogía es comprender y trabajar ayudando a la persona a situarse en la intersección entre esos dos polos: forma y movimiento, identidad (abierta a la libertad) y desarrollo (siempre desde la posesión de sí misma, mediante el encuentro, el diálogo, la amistad, el trabajo, etc). Subraya Guardini que la formación (la ayuda para lograr a llegar a la plenitud de la forma) no debe dirigirse a configurar la persona según una forma subjetivista o egocéntrica, sino abierta a lo “objetivo”, es decir,  a la relación y comunión con los demás, con Dios y con el mundo. Y con ello tenemos el elemento trascendente de la pedagogía.

Por eso la “pedagogía de la identidad” debe ir unida a una "pedaogía del servicio" que comienza por la aceptación de sí mismo, de las personas y de las cosas no como uno las considere o valore subjetivamente, sino en sí mismas (según sus leyes y valores reales y objetivos); y continúa por el servicio a las necesidades, peticiones y valores del “objeto”, constituido por la realidad que no es ella misma.


Riesgos o límites de estas “pedagogías”

Tambien cada una de esas “pedagogías” tiene sus riesgos o límites. La pedagogía de la inmanencia o de la identidad “tiene el peligro de empobrecer a la persona, encerrarla en sí misma. Por eso necesita como contrapartida la otra pedagogía de la aceptación y del servicio . Y así podrá desarrollar las “virtudes del carácter”: disciplina, diligencia, fidelidad, responsabilidad, fiabilidad, justicia, sensatez y mesura; y más de fondo, el auténtico hacerse a sí mismo, que solo puede realizarse por la auténtica entrega al "tú".

En cuanto a la pedagogía de la trascendencia o del servicio, tiene el límite relacionado con el orden que me impida caer en el caos, al relacionarme con las cosas, perjudicando mi identidad. Esto se puede resolver teniendo en cuenta el contrapunto de la otra dimensión: la pedagogía de la identidad constituida por el juego entre forma y movimiento o plenitud.


Orden, decisiones, discernimiento

En definitiva, para Guardini, los tres puntos de vista descritos (la forma, el movimiento y el servicio) expresan tres estructuras y posibilidades de la pedagogía que no pueden separarse porque se complementan necesariamente. La elección del orden que deben guardar en el acto pedagógico concreto puede variar, y depende de las decisiones del sujeto (de la persona o del educador) en las situaciones particulares, en determinadas temporadas, o en la relación con la vida en su conjunto. (De ahí la importancia, podríamos decir por nuestra parte, del discernimiento educativo en el educador y de que este enseñe a la persona a discernir a la hora de su actuar).

-----
(*) Hay sustancial acuerdo en que el ensayo del autor más acabado sobre este tema es “Fundamentación de la teoría de la formación”. Ver la traducción al castellano de Sergio Sánchez Migallón con el estudio introductorio de Rafael Fayos Febrer, Romano Guardini, Fundamentación de la teoría de la formación, Eunsa, Pamplona 2020.
         Entre la abundante bibliografía sobre su pensamiento y su actualidad, cabe citar la breve introducción de A. López Quintás, “La revitalización de un gran maestro”, en Humanitas 9 (2004) n. 34, 278-285.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Mensaje cristiano y catequesis (nuevo libro)




El autor de este blog ha publicado un libro de Alfredo García Suárez, Mensaje cristiano y catequesis. Textos escogidos (Edición y estudio introductorio a cargo de Ramiro Pellitero), Eunsa, Pamplona 2024.

Contenido (párrafos tomados de la contracubierta) 

Se recogen aquí algunos escritos de un teólogo de raza, el profesor Alfredo García Suárez. Entre los temas de fondo destacan tres: el laicado, la educación de la fe y la renovación de la Iglesia.  

En primer lugar, el compromiso cristiano en el mundo. “Por medio de sus miembros laicos –entiende el autor–, la Iglesia informa la integridad del orden temporal, lo fermenta con la levadura evangélica, configurándolo en sus perfiles humanos y en sus líneas cristianas”. 

En segundo lugar, siempre en el marco teológico del mensaje cristiano, propone una comprensión profunda e incisiva de la tarea educativa de la fe que puede contribuir a mejorarla, también en las circunstancias actuales de globalización y cultura tecnológica.

Finalmente, aporta criterios decisivos para participar en la renovación de la Iglesia y en su misión evangelizadora.

domingo, 22 de septiembre de 2024

El diálogo y la colaboración entre los creyentes


(Imagen: personas de diversas religiones trabajando en un proyecto común) 

Durante su visita apostólica en Asia y Oceanía, el Papa Francisco mantuvo un encuentro de carácter interreligioso en Yacarta, Indonesia (un país de gran mayoría musulmana, donde solamente hay un 10% de cristianos y un 3% de católicos), en la mezquita “Istiqlal” (cf. Discurso 5-IX-2024). Fue diseñada por un arquitecto cristiano y está unida a la catedral católica de Santa María de la Asunción por el “túnel (subterráneo) de la amistad”. Allí Francisco alabó la nobleza y la armonía en la diversidad, de modo que los cristianos pueden testimoniar su fe en diálogo con grandes tradiciones religiosas y culturales. El lema de su visita fue “fe, fraternidad, comprensión”.


Amistad y trabajo conjunto

Animó el Papa a los creyentes a proseguir con la comunicación –simbolizada en ese túnel de la amistad– en la vida del país:

“Los animo a continuar por este camino: que todos, todos juntos, cultivando cada uno la propia espiritualidad y practicando la propia religión, podamos caminar en la búsqueda de Dios y contribuir a construir sociedades abiertas, cimentadas en el respeto recíproco y en el amor mutuo, capaces de aislar las rigideces, los fundamentalismos y los extremismos, que son siempre peligrosos y nunca justificables”.

En esta perspectiva, quiso dejarles dos orientaciones. En primer lugar, ver siempre en profundidad. Porque más allá de las diferencias entre las religiones –diferencias en las doctrinas, ritos y prácticas–, “podríamos decir la raíz común de todas las sensibilidades religiosas es una sola: la búsqueda del encuentro con lo divino, la sed de infinito que el Altísimo ha puesto en nuestro corazón, la búsqueda de una alegría más grande y de una vida más fuerte que la muerte, que anima el viaje de nuestras vidas y nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios”.

E insistió en lo fundamental: “Mirando en profundidad, percibiendo lo que fluye en lo más íntimo de nuestra vida, el deseo de plenitud que vive en lo más profundo de nuestro corazón, descubrimos que todos somos hermanos, todos peregrinos, todos en camino hacia Dios, más allá de lo que nos diferencia”.

Con ello aludía a una de las claves de estos días: el significado de las religiones y el diálogo y la colaboración entre creyentes (1).

Pocos días después diría a los jóvenes en Singapur: “todas las religiones son un camino hacia Dios” (Encuentro, 13-IX-2024). Así es y se cumple en las religiones propiamente dichas y en la medida en que respeten la dignidad humana y no se opongan a la fe cristiana. No se dice esto, por tanto, en referencia a las deformaciones de la religión como la violencia, el terrorismo, el satanismo, etc.

Por otra parte, el Papa tampoco afirmó que las religiones fueran entre sí equivalentes, o que tuvieran el mismo valor en la perspectiva cristiana (cf. Decl. Nostra Aetate del Concilio Vaticano II y el magisterio posterior, cf. Decl. Dominus Iesus, de 2000). De hecho, la doctrina católica enseña que las religiones, junto con elementos de verdad y de bien, tienen elementos que es necesario purificar (vid. también el documento de la Comisión Teológica Internacional, El cristiano y las religiones, 1996). (2)

En segundo lugar, Francisco invitó a cuidar las relaciones entre los creyentes. Así como un pasaje subterráneo conecta, crea un enlace, “lo que realmente nos acerca es crear una conexión entre nuestras diferencias, ocuparnos de cultivar lazos de amistad, de atención, de reciprocidad”. 

martes, 27 de septiembre de 2022

Religiones y cristianismo en un ambiente multicultural

 

El viaje del Papa a Kazajistán con motivo del VII Congreso de los líderes de las religiones mundiales y tradicionales (13-15/IX/2022) ha puesto de relieve algunos criterios teológico-pastorales, vigentes y útiles para el diálogo entre las religiones (y el papel de los cristianos), en el ambiente actual, multicultural y multirreligioso.

Estos criterios se desarrollan en conjunción con otros, procedentes todos ellos de la antropología cristiana, de la ética y de la Doctrina social de la Iglesia (como los desarrollados en las encíclicas Laudato sí’ y Fratelli tutti); y, siempre, en el contexto de la misión evangelizadora.

Todo ello se sitúa en la estela del Concilio Vaticano II (cf. Decl. Nostra aetate sobre las relaciones con las religiones no cristianas). Las enseñanzas de Francisco sobre esta cuestión pueden presentarse en cinco puntos (*). 

domingo, 19 de septiembre de 2021

Catequistas: testigos de la fe en la vida ordinaria

 

Como aquellos discípulos que Jesús envía para preparar la primera eucaristía (cf. Mt 26, 17 ss.), los catequistas son invitados a ir “primero a la ciudad, al encuentro de las personas ocupadas en sus quehaceres diarios”. Así lo ha dicho el Papa Francisco en un encuentro con responsables de la catequesis en las Iglesias particulares de Europa, sobre “catequesis y catequistas para la nueva evangelización” (17-IX-2021).


Citando el nuevo Directorio para la catequesis, el sucesor de Pedro ha señalado que “la catequesis no es una comunicación abstracta de conocimientos teóricos que hay que memorizar como si fueran fórmulas matemáticas o químicas. Es más bien la experiencia mistagógica de quienes aprenden a encontrar a sus hermanos allí donde viven y trabajan, porque ellos mismos han encontrado a Cristo, que les ha llamado a ser discípulos misioneros”.

El núcleo de la catequesis es, pues, el testimonio del encuentro con Cristo, hecho anuncio y transmitido por los catequistas en el conjunto de su tarea educativa: ¡Jesucristo resucitado te ama y nunca te abandona! Tal es el primer anuncio que, subraya Francisco, nunca puede encontrarnos cansados o repetitivos en las distintas etapas del camino catequético. 

viernes, 23 de abril de 2021

El reto de renovar la enseñanza de la religión

 

La Conferencia episcopal española, a través de su Comisión para la educación y cultura, ha hecho público un “documento de síntesis” (*) en relación con el trabajo que se está llevando a cabo para la renovación de la enseñanza de la religión católica.

Este documento sintetiza las presentaciones y diálogos de un grupo de expertos sobre el tema, así como las contribuciones y sugerencias que han enviado muchos profesores de religión, la mayor parte españoles, pero no todos, en un foro virtual celebrado con este fin en los últimos meses.

En el marco de la nueva ley educativa, la LOMLOE, se sigue trabajando para renovar el currículo de religión.

Resumimos aquí los 10 puntos de las conclusiones de ese documento.


1. La centralidad de la persona

Como subrayó el cardenal Angelo Bagnasco, presidente del Consejo de las conferencias episcopales europeas, en su conferencia de inauguración del foro, la enseñanza de la religión se sitúa al servicio del bien común y de la humanización. Esto implica poner a la persona en el centro de los procesos educativos, en la línea que el papa Francisco está señalando a propósito del “Pacto Educativo Global” y de sus encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti.

 

viernes, 26 de febrero de 2021

La Iglesia, en el corazón de los cristianos

 

Un nuevo libro 

 
Sentir con la Iglesia 

 
Si para toda persona su «yo» está llamado a realizarse en su apertura a los demás (cf. GS 24), esto acontece con mayor plenitud en el cristiano que se deja plasmar enteramente por Dios, de modo que su «ser Iglesia» se va convirtiendo en «imagen viva de la Iglesia».


Ahora bien, este paso del ser al manifestarse, este enlace de la vocación con la misión, requiere que la realidad de su vida «en» la Iglesia impregne existencialmente la interioridad del cristiano: que ilumine su inteligencia, fortalezca su voluntad, inflame su corazón y vivifique todo su actuar en el mundo, dotándole de la libertad misma de los hijos de Dios.

Todo ello puede sintetizarse diciendo que el cristiano está también llamado a sentir con la Iglesia. Es decir, a amar a la Iglesia verdaderamente y con todas las consecuencias.

Con esta frase –que figura en el título de nuestro libro– no se quiere indicar, por tanto, solamente una opinión favorable a las doctrinas de la Iglesia o una mera disposición a participar de sus ritos o a cumplir sus normas morales, ni una adhesión más o menos pasajera a las personas que la representan oficialmente (principalmente el papa y los obispos); sino un vivir, conocer y comprender la Iglesia que sea fruto de la oración y de la reflexión, del diálogo y de la correspondencia diaria a la gracia que nos ha hecho cristianos por el bautismo. 

domingo, 4 de octubre de 2020

"Fratelli tutti": Amistad y fraternidad, diálogo y encuentro

 

La tercera encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti, sobre la fraternidad y la amistad social (3-X-2020) es una encíclica social, escrita desde las “convicciones cristianas” y ofrecida en diálogo a todas las personas de buena voluntad. 

Esas convicciones cristianas están recogidas en la referencia al concilio Vaticano II: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (Gaudium et spes, 1).

Por tanto, arranca desde una mirada al mundo que “es más que una aséptica descripción de la realidad”. Supone un “intento de buscar una luz en medio de lo que estamos viviendo”, una búsqueda abierta al diálogo y con el fin de “plantear unas líneas de acción” (56). El método es el propio del discernimiento ético y pastoral, que trata, como indica la palabra, de distinguir el camino del bien para encauzar, superando los riesgos de las polarizaciones unilaterales, el obrar personal en el contexto de la sociedad y de las culturas.

Al tratar de la fraternidad y la amistad social, el Papa declara que se detiene en la dimensión universal de la fraternidad. No en vano una de las claves del documento es el rechazo del individualismo. “Todos somos hermanos”, miembros de la misma familia humana, que procede de un solo Creador, y que navega en la misma barca. La globalización nos manifiesta la necesidad que tenemos de colaborar para promover juntos el bien común y el cuidado de la vida, el diálogo y la paz. 

jueves, 2 de julio de 2020

La catequesis, educación en la fe

La catequesis es un elemento central de la “educación en la fe” de todos los fieles católicos. No solo, por tanto, de los niños y jóvenes. Todos necesitamos una formación permanente y la Iglesia entera se puede considerar, en su tarea autoevangelizadora, como una “gran catequesis”.

La catequesis promueve la adhesión personal a Cristo y la madurez de la vida cristiana. Se distingue de la enseñanza religiosa escolar, que tiene como fin transmitir los conocimientos sobre el cristianismo y la vida cristiana en el contexto de la asimilación, sistemática y crítica, de la cultura.

Como fruto del impulso catequético del Concilio Vaticano II, se han venido recogiendo las experiencias de los educadores (catequistas, misioneros, etc.) de todo el mundo y estudiando cómo desarrollar la catequesis en el contexto cultural de nuestro tiempo.

El pasado 23 de marzo el papa Francisco aprobó la publicación del nuevo “Directorio para la Catequesis” elaborado por el Pontificio Consejo para la nueva evangelización, tras doce borradores y seis años de trabajo. Se trata de un amplio e importante documento que alcanza su tercera edición después de una primera en 1971, bajo el pontificado de san Pablo VI, y una segunda en 1997 aprobada por san Juan Pablo II. Se dirige ante todo a los obispos y, a través de ellos, a los que participan en la educación de la fe en los ámbitos pastorales y académicos, particularmente a los millones de catequistas comprometidos en la transmisión de la fe.

Ya en 1977 se celebró un sínodo universal sobre la catequesis que dio como fruto la exhortación Catechesi tradendae (1979), carta magna de la educación en la fe para nuestros días. El Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio han venido completando las referencias que el magisterio de la Iglesia ofrece a los educadores católicos para su tarea.

Con este documento se proporcionan los principios teológico-pastorales de la catequesis, dejando las orientaciones más concretas a las Conferencias episcopales y las Iglesias locales y particulares.


lunes, 19 de agosto de 2019

Sobre los fundamentos antropológicos y la educación de la moral

M. Chagall, Adán.
Vidriera en St Esteban de Maguncia (Mainz)


En 1984 señalaba el cardenal Ratzinger: “Cada vez es más evidente que la auténtica enfermedad del mundo moderno es su déficit moral”[1].

Refiere el caso de un pensador ruso que, en una visita a Ratisbona comparó la humanidad de hoy, con su miedo a los misiles, a un hombre que vive continuamente con el pánico de que su casa sea consumida por el fuego y ya no puede pensar ni hacer otra cosa que prevenir el incendio. “Pero no se da cuenta de que tiene cáncer y que no va a morir en el incendio sino por la descomposición de su organismo a causa de las células cancerígenas”[2].

Pues bien –observaba ese autor–, la humanidad de hoy está en una situación parecida por una descomposición moral que la arruina desde dentro. Y por tanto la correcta preocupación por la supervivencia debe dirigirse ante todo a la terapia de esta enfermedad mortal que es el origen de todos los demás problemas.

El entonces cardenal Ratzinger considera válido este análisis, y plantea, en una reunión de médicos, cómo podemos conocer lo que es bueno para el hombre, y desde ahí cómo podemos diagnosticar y curar lo que no es tan bueno.

lunes, 8 de julio de 2019

Valentía y otras condiciones para el discernimiento


Icono de la Sabiduría, Escuela de Yaroslav (s. XVI)
        Galería Tretiakov (Moscú)

(Ver la explicación del icono al final del texto)



La Carta que el papa Francisco ha enviado al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (29-VI-2019) es un testimonio del ministerio petrino y –lejos de un recetario– una orientación muy útil no solo para los católicos alemanes, sino para todos los cristianos.


Una carta animante y realista

1. Ante todo, en circunstancias de graves dificultades –incertidumbre ante el futuro, cambios profundos y rápidos, etc.–, como eran las de los discípulos cuando murió el Señor, hoy contamos “con la convicción de que el Señor «siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad» (Exhort. Evangelii gaudium, 11). Francisco desea brindar su apoyo, acompañar en el camino y “fomentar la búsqueda para responder con parresía –valentía– a la situación presente”. Quizá sea esta última frase un buen resumen de las actitudes que su carta desea promover. 

miércoles, 3 de julio de 2019

Teología centrada en la evangelización


En su visita a la Facultad de Teología de Nápoles (21-VI-2019), el papa Francisco ha querido destacar la dimensión evangelizadora de la teología como necesidad en el momento actual, para la teología misma y para el servicio que presta a la Iglesia y a la sociedad.

jueves, 7 de marzo de 2019

Jesucristo, vida verdadera y eterna

A propósito de “la protección de los menores en la Iglesia” (Francisco, Discurso, 24-II-2019) y para contribuir a esta tarea en el conjunto de la sociedad, los educadores de la fe deberíamos hacernos algunas preguntas: ¿cómo se explican las incongruencias, y a veces los delitos, de personas que dicen tener fe y que incluso tienen como misión la de educar a otros? ¿Qué tipo de educación hay que dar a los cristianos, comenzando por los educadores? ¿Podría bastar una educación suficientemente ética, como señalan algunos?

Esto no significa echar las culpas de todo a una mala educación recibida por quienes cometen abusos, ni tampoco lo contrario: afirmar que la única causa y por tanto el único remedio para evitar los problemas sea una buena educación o formación. Pero es nuestra responsabilidad preguntarnos cómo puede contribuir la educación de la fe en estas cuestiones.

Conviene preguntarse antes: ¿qué es la fe?, ¿qué implica la fe para la vida?, ¿cómo educar la coherencia de los cristianos en su colaboración con todos para la búsqueda del bien común?

martes, 20 de noviembre de 2018

La enseñanza de la Teología como tarea evangelizadora


La teología es fruto de la “fe que busca entender” (fides quaerens intellectum). Esa fe que sostiene la teología es la fe viva: por eso, la teología es también e inseparablemente esperanza y caridad “que buscan entender” (cf. Comisión Teológica Internacional, Teología hoy: perspectivas, principios y criterios, 2011). Esto es lo que tendríamos que hacer posible para nuestros alumnos: que la fe ilumine su inteligencia, e ilumine igualmente su sentir y actuar, esperanzado y con amor.

Proponemos primero algunas consideraciones en relación con las distintas vertientes de la teología (científica, eclesial y social). A continuación se ofrecen algunas orientaciones prácticas para la enseñanza de la teología y de la religión en el contexto actual. Finalmente se señala en qué consiste la sabiduría práctica del cristiano.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Fe y razón, fe y cultura: la interdisciplinariedad en la educación de la fe

La fe y la razón de por sí no se oponen porque tienen ambas como origen a Dios. Tal es la perspectiva cristiana. Desde ahí cabe perfilar la relación entre fe y cultura, y el papel de la interdisciplinariedad en la educación de la fe.

1. Por fe entendemos no una mera teoría intelectual o un mero conjunto de creencias, ritos y reglas morales, sino ante todo una vida que, en el cristianismo, procede del encuentro y la relación con Cristo.

Por razón entendemos, como lo hace el lenguaje común, la facultad humana de discurrir, propia de la inteligencia. Cabe advertir que la razón humana, para poder ser considerada como tal, debe estar abierta a toda la realidad que nos constituye y nos rodea, y ser capaz de valorarla en relación con la totalidad de la persona: no solo su inteligencia, sino también sus afectos, su dimensión social y su apertura a la transcendencia.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Sobre la tarea de las universidades y escuelas de inspiración católica

En su discurso a la plenaria de la Congregación para la Educación Católica (9-II-2017), el Papa Francisco se ha referido al importante papel de las universidades católicas y de las escuelas católicas. A este propósito cabe subrayar, entre otras cosas, el creciente interés que tiene el trabajo conjunto de estos dos tipos de instituciones educativas.

Como ha recordado el Papa en la exhortación Evangelii gaudium, “las Universidades son un ámbito privilegiado para pensar y desarrollar el compromiso de evangelización”; y “las escuelas católicas (…) constituyen una contribución muy válida a la evangelización de la cultura, también en países y ciudades donde una situación adversa nos estimula a usar la creatividad para hallar los caminos adecuados» (n. 134).

Francisco ha subrayado tres aspectos, necesidades o, como les ha llamado, expectativas en esta tarea: humanizar la educación, promover la cultura del diálogo y sembrar esperanza.

lunes, 18 de julio de 2016

El sentido de la Eucaristía y de los sacramentos

J. Van Wassenhove (s. XVI), Jesús da la comunión a los apóstoles
Galería Nacional de las Marcas, Urbino (Italia)

Imagen que, en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 
introduce la segunda parte: "La celebración del Misterio cristiano"


¿Por qué ir a misa? ¿No está Dios en todas partes? ¿Qué sentido tienen la misa y los sacramentos? En uno de sus textos escrito en vísperas del Concilio Vaticano II, y que ahora se publica revisado, Joseph Ratzinger profundiza y esclarece estas y otras cuestiones de modo instructivo (cf. Obras completas, VII/1, Sobre la enseñanza del Concilio Vaticano II, pp. 3-13).

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Justicia y solidaridad, caridad y misericordia

C. Schut (1597-1655), Las obras de misericordia


La proximidad de un Año de la misericordia es una buena ocasión para reflexionar sobre algunas virtudes morales y el modo en que las enfoca el cristianismo.