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sábado, 25 de abril de 2026

Formar para la escucha del corazón

El discurso de León XIV a los profesores de religión católica de Italia (25-IV-2026) ofrece orientaciones que son válidas también para otros lugares y culturas. En él se traza el marco global de esta importante actividad educativa y se indican luego algunos puntos concretos para hacer frente a los desafíos actuales. Un texto que puede ayudar al discernimiento educativo.

La exposición del Papa puede abordarse en dos partes. En una primera parte se traza el marco de la enseñanza de la religión católica, como podemos ver en los puntos siguientes (numeración nuestra).


El marco de la enseñanza escolar de la religión

1. "La dimensión religiosa (...) 'es un elemento constitutivo de la experiencia humana y no puede ser marginada en el proceso formativo de las nuevas generaciones' (CEI, Nota pastoral La enseñanza de la religión católica: laboratorio de cultura y diálogo, 11 de diciembre de 2025). 

2. En su texto bien conocido ("Nos has hecho para ti, y nuestro corazón no descansa hasta que descanse en ti": Confesiones 1, 1), san Agustín "hablaba de una búsqueda interior a la cual siempre han estado ligadas, en el ser humano, las grandes preguntas de la vida: la relación con Dios, con la creación y con los demás; de este modo, la sed de infinito, inherente a cada persona, puede convertirse en energía para promover la paz, para renovar la sociedad y para colmar sus contradicciones".  Aquí se refleja la dimensión plenamente humanizadora de la educación. 

3. En este contexto, el servicio de enseñar religion católica, "expresión del cuidado de la Iglesia por las nuevas generaciones, es como un trampolín desde el cual niños, adolescentes y jóvenes pueden aprender a lanzarse a la fascinante aventura del diálogo interior; y en esto constituye un elemento indispensable de aquella alianza educativa de la que hoy hay tanta necesidad". Lo humanizador se enlaza con lo ético al ir descubriendo la dignidad de la persona y enfrentarse con el sentido de las grandes cuestiones: el sentido de la vida y del amor, del dolor, el más allá. 

4. Además, "la enseñanza de la religión católica es una disciplina de gran valor cultural, útil para comprender las dinámicas históricas y sociales, así como las expresiones del pensamiento, del ingenio y de las artes que han dado forma y siguen modelando el rostro de Italia, de Europa y de tantos países del mundo". Dimensión cultural de la enseñanza escolar de la religión. 

5. En cuanto al modo de realizar esta enseñanza, es "en diálogo con los demás ámbitos del saber y de la investigación religiosa, y sobre todo en el estudio de las páginas inagotables de la Biblia, a través de las cuales conocemos a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, revelación del rostro del Padre y modelo perfecto de humanidad". Dimension de interdisciplinariedad, fundamentación en la Escritura y centralidad de Jesucristo. 

6. De esta forma, "hacéis accesible a las nuevas generaciones, en pleno respeto de la libertad de cada uno, aquello que de otro modo podría permanecer incomprensible y vago". En efecto, no se trata de un adoctrinamiento (en el sentido negativo atribuido hoy con frecuencia a esta palabra), sino de una información reflexiva que fundamenta el crecimiento interior de cada alumno. Se inscribe en el derecho a la libertad religiosa que tienen los padres y madres a la hora de escoger el horizonte religioso para sus hijos, y también a la libertad religiosa de tantos adolescentes, jóvenes y adultos (también no cristianos y no creyentes) que desean conocer la religión católica por diversos motivos. 

7. "La verdadera laicidad no excluye el hecho religioso, sino que sabe valorarlo como un recurso educativo". Esto, apunta el Papa, forma parte de un marco más amplio: "Conocer y amar lo que uno es, para saber encontrarse con el otro con respeto y apertura". De nuevo resalta la dimensión antropológica y social de la educación, y la importancia de una cultura del encuentro. 


Los caminos de una educación del corazón 

En una segunda parte, León XIV comparte algunas reflexiones orientativas para los educadores, reunidos en este encuentro nacional bajo el lema newtoniano "El corazón habla al corazón" (Cor ad cor loquítur). 

1. Esas palabras, dice, contienen la propuesta de un camino en el que "la verdad es la meta y la relación personal el medio para alcanzarla". Esto compromete a los educadores, en su tarea, "para ayudar a los chicos a reconocer una voz que en realidad ya resuena en ellos, a no sepultarla ni confundirla con los ruidos que los rodean".  Se trata por tanto de un servicio muy valioso a la personalización y libertad interior de cada alumno, y una ayuda en el horizonte de la sabiduría a través de la escucha y contemplación de uno mismo, de los demás y del mundo. Máxime "en una época en la que vivimos constantemente asediados por estímulos de todo tipo", por lo que "acallar esa voz es facilísimo". Y por ello, "educar para escucharla o redescubrirla es uno de los dones más grandes que se pueden ofrecer a las nuevas generaciones". 

Apelando a una visión transcendente de la persona como base de la educación (no existe ninguna "educación neutra), añade León XIV: "El ser humano no puede vivir sin la verdad ni sin significados auténticos". Y agrega que "los jóvenes, aunque a veces parezcan apáticos o insensibles, tras una fachada de aparente indiferencia, en realidad a menudo esconden la inquietud y el sufrimiento de quien «siente demasiado» y con demasiada intensidad, sin lograr poner nombre a lo que experimenta".

2. Retoma todo lo anterior y llega el Papa al climax de su discurso, señalando, ante todo, el núcleo antropológico de la educación escolar: "Hacer escuela, por tanto, significa formar a las personas en la escucha del corazón y, con ello, en la libertad interior y en la capacidad de pensamiento crítico, según dinámicas en las que fe y razón no se ignoran ni mucho menos se oponen, sino que son compañeras de camino en la búsqueda humilde y sincera de la verdad".  

Tal es, en efecto, el trasfondo de toda educación plenamente humana, y especialmente de la enseñanza escolar de la religión. De ahí se deduce algo que todo educador sabe bien: "Por eso, educar requiere la paciencia de sembrar sin pretender resultados inmediatos, respetando los tiempos de crecimiento de la persona. Y, sobre todo —enseña Newman—, requiere amor". 

3. Una tercera recomendación amplia el papel del educador o del profesor, como guía y acompañante, junto con otras personas (principalmente los padres y madres de familia), como luz y apoyo para el crecimiento de cada persona. "La verdad pasa a través de las personas, y para vuestros alumnos esas personas sois también vosotros". Y aquí enumera los que puedes considerarse elmentos del perfil ideal del educador de la fe. Vosotros, les dice el Papa, "estáis llamados a ser maestros creíbles porque estáis enamorados de Dios y de ellos; a transmitir valores sin protagonismos ni moralismos; a ofrecer miradas que levantan y a ser testigos de esa coherencia humilde y cercana que hace amables y deseables incluso los contenidos más exigentes". 

Insiste León XIV en el estilo de la educación hoy requerida, mirando ahora desde los alumnos: "Vuestros alumnos no necesitan respuestas prefabricadas, sino cercanía y honestidad por parte de adultos que caminen a su lado con autoridad y responsabilidad mientras afrontan las grandes preguntas de la vida". Esto traerá consecuencias en los alumnos: "Recordarán los ojos y las palabras de quienes supieron reconocer en ellos un don único, de quienes los tomaron en serio, de quienes no tuvieron miedo de compartir con ellos un tramo de camino, mostrándose a su vez hombres y mujeres que buscan, piensan, viven y creen".

No traza el sucesor de Pedro un panorama fácil, para estos especialistas en la educación de la fe que hoy necesitamos. Manifiesta querer para ellos y para sus alumnos lo mejor. Y por eso les pone el listón alto, confiado en que no les falta la ayuda divina y el aprecio y cariño de todos para esta fascinante aventura: colaborar a que los alumnos puedan "descubrir" a Dios y, si lo desean, seguirle en el camino cristiano. León XIV enfrenta a los educadores con "la necesidad de una sólida competencia, animada por la pasión por el estudio, el rigor cultural y la preparación didáctica, porque la enseñanza de la religión católica requiere también actualización, capacidad de proyectos y uso de lenguajes adecuados".

4. Concluye calificando estos desafíos de "dramáticos y al mismo tiempo apasionantes". Una tarea, en suma, de servicio a las personas y a la Iglesia. Retoma unas palabras suyas que, si bien sirven para todos los educadores, retratan el papel de los profesores de religión católica: "Servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, incansables buscadores de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza" (Carta apostólica Dibujar nuevos mapas de esperanza, 11.3).

domingo, 7 de septiembre de 2025

Los fundamentos de la formación

Romano Guardini fue un gran pensador y educador. En su obra se esfuerza por señalar los fundamentos antropológicos y éticos de la formación en general, y también de la formación cristiana (*).

Entiende que lo propio de la tarea educativa, y por tanto de la ciencia pedagógica es ayudar en la dinámica humana del llegar a ser (o devenir). Y hacerlo desde la propia identidad y en relación con lo que no soy (todo lo que hay frente a mí: las personas, el mundo y sobre todo Dios), para convertirlo, poniendo en juego mi libertad, en contenido de mi vida. 

Hay por tanto "dos dialécticas" o dos tensiones en el hacerse vivo del hombre. Una primera, que tira desde la persona, y que consiste en que "la mismidad del individuo que se hace está tensada desde la propia posibilidad hacia la propia realidad". Es decir, un llegar a ser a partir de sí mismo. Y una segunda que tira desde la vida exterior, de modo que arrastra al individuo hacia la realidad que está frente a él: "Solo puedo realizarme vivamente a mi mismo si voy más allá de mí mismo hacia lo que no soy, hacia el ser frente a mí: hacia las cosas, hacia las personas, hacia las ideas, hacia las obras y tareas". 

Pues bien, afirma Guardini: “En esta doble dialéctica y en sus direcciones de movimiento, se basa todo el impulso formativo”. Se trata de fomentar el “tránsito de lo viviente posible a lo viviente real”. La formación debe ayudar a que la persona se sitúe de modo dinámico y realista, y vaya madurando entre esas dos tensiones.

Crítica este autor tres concepciones insuficientes de la formación, que han atravesado la historia humana, pero son insuficientes de por sí: 1) el centrarse en el puro conocimiento (pues este no garantiza la sabiduría, y tiende a abandonar la vida real); 2) el buscar la pura ética o el valor moral (lo que es empobrecedor porque inhibe la plenitud humana y cultural); 3) el fomentar solo la plenitud natural, biológica y estética (lo que pude caer en lo infrahumano). 

A estas concepciones y a otras de tipo social, económico o político les falta, según Guardini, lo específicamente pedagógico. Pues, como en otros seres, lo propio del hombre es la configuración de su propio ser, la forma que le corresponde. Y lo demás está incluido en esto.


Dos dimensiones y dos “pedagogías”: identidad y servicio

En esta estructura propia de la persona humana, destaca Guardini dos dimensiones o componentes, que se corresponden respectivamente con las dos dialécticas señaladas más arriba: el elemento inmanente (que le lleva a perfeccionarse a sí misma desde sus propias estructuras) y el elemento trascendente (que le lleva a perfeccionarse saliendo de sí misma hacia el mundo exterior y hacia Dios).

El elemento imanente, a su vez, está constituido por la tensión entre dos polos: la forma humana esencial y la plenitud o movimiento existencial.

La forma humana contiene tanto lo biológico y lo psíquico como lo espiritual: la conciencia, la libertad, la iniciativa, la decisión y la acción; y está abierta a los demás, al mundo y a Dios. La plenitud de esta forma está en la vida de la gracia, que le otorga una semejanza con el ser divino. Para Guardini la forma del hombre constituye el primer fundamento de lo pedagógico.

Pero no debe entenderse esta “forma” según un canon abstracto, una norma universal establecida a priori, y en todo caso separada de las situaciones concretas en que se encuentra la persona. Si se entendiera así, una pedagogía centrada en la forma humana destruiría la auténticamente humano, e incluso podría hacer de esa idea o valor abstracto algo así como un dios.

Tampoco cabe suprimir la forma y quedarse solo con las situaciones concretas, en una perspectiva “actualista” (lo propio humano sería simplemente enfrentarse sucesivamente con las acciones aisladas) o existencialista; pues esto no tiene en cuenta que la persona pide una continuidad en el ser y en el hacer; y también esto puede llevar a un sentido trágico de la existencia.

Precisamente lo propio de la pedagogía es comprender y trabajar ayudando a la persona a situarse en la intersección entre esos dos polos: forma y movimiento, identidad (abierta a la libertad) y desarrollo (siempre desde la posesión de sí misma, mediante el encuentro, el diálogo, la amistad, el trabajo, etc). Subraya Guardini que la formación (la ayuda para lograr a llegar a la plenitud de la forma) no debe dirigirse a configurar la persona según una forma subjetivista o egocéntrica, sino abierta a lo “objetivo”, es decir,  a la relación y comunión con los demás, con Dios y con el mundo. Y con ello tenemos el elemento trascendente de la pedagogía.

Por eso la “pedagogía de la identidad” debe ir unida a una "pedaogía del servicio" que comienza por la aceptación de sí mismo, de las personas y de las cosas no como uno las considere o valore subjetivamente, sino en sí mismas (según sus leyes y valores reales y objetivos); y continúa por el servicio a las necesidades, peticiones y valores del “objeto”, constituido por la realidad que no es ella misma.


Riesgos o límites de estas “pedagogías”

Tambien cada una de esas “pedagogías” tiene sus riesgos o límites. La pedagogía de la inmanencia o de la identidad “tiene el peligro de empobrecer a la persona, encerrarla en sí misma. Por eso necesita como contrapartida la otra pedagogía de la aceptación y del servicio . Y así podrá desarrollar las “virtudes del carácter”: disciplina, diligencia, fidelidad, responsabilidad, fiabilidad, justicia, sensatez y mesura; y más de fondo, el auténtico hacerse a sí mismo, que solo puede realizarse por la auténtica entrega al "tú".

En cuanto a la pedagogía de la trascendencia o del servicio, tiene el límite relacionado con el orden que me impida caer en el caos, al relacionarme con las cosas, perjudicando mi identidad. Esto se puede resolver teniendo en cuenta el contrapunto de la otra dimensión: la pedagogía de la identidad constituida por el juego entre forma y movimiento o plenitud.


Orden, decisiones, discernimiento

En definitiva, para Guardini, los tres puntos de vista descritos (la forma, el movimiento y el servicio) expresan tres estructuras y posibilidades de la pedagogía que no pueden separarse porque se complementan necesariamente. La elección del orden que deben guardar en el acto pedagógico concreto puede variar, y depende de las decisiones del sujeto (de la persona o del educador) en las situaciones particulares, en determinadas temporadas, o en la relación con la vida en su conjunto. (De ahí la importancia, podríamos decir por nuestra parte, del discernimiento educativo en el educador y de que este enseñe a la persona a discernir a la hora de su actuar).

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(*) Hay sustancial acuerdo en que el ensayo del autor más acabado sobre este tema es “Fundamentación de la teoría de la formación”. Ver la traducción al castellano de Sergio Sánchez Migallón con el estudio introductorio de Rafael Fayos Febrer, Romano Guardini, Fundamentación de la teoría de la formación, Eunsa, Pamplona 2020.
         Entre la abundante bibliografía sobre su pensamiento y su actualidad, cabe citar la breve introducción de A. López Quintás, “La revitalización de un gran maestro”, en Humanitas 9 (2004) n. 34, 278-285.

domingo, 1 de septiembre de 2024

El encuentro y su papel en la pedagogía


M. Chagall, Lucha de Jacob con el ángel (1967) 
Musée National Marc Chagall, Niza (Francia)

Educar es educar desde y para el encuentro. Se reconoce que uno de los textos pedagógicos más importantes de Romano Guardini, que conservan hoy toda su vigencia, es el que dedica al encuentro (*).

Dejemos a un lado, aunque el autor lo considera brevemente, el encuentro entre dos objetos materiales, entre dos plantas, entre dos animales, que en cada caso sigue unas leyes diversas según sus respectivos modos de ser.


Condiciones para que se dé el encuentro personal


Hablamos de encuentro, se nos dice, propiamente cuando un hombre contacta con la realidad. No es todavía un encuentro si solo busca, por ejemplo satisfacer su hambre, aunque puede ir más allá del instinto. Como todavía no lo es tampoco un simple choque entre dos personas.

Dos condiciones iniciales para que se dé un encuentro (personal), según Guardini, serían: 1) el toparse con la realidad más allá de una interacción simplemente mecánica, biológica o psicoógica; 2) establecer una distancia respecto a esa realidad, fijarse en su singularidad, tomar postura ante ella y adoptar una conducta práctica respecto a ella.

Para todo ello se requiere la libertad. En la libertad se pueden ver dos lados: una libertad material, por la que podamos entrar en relación con todo lo que nos rodea; una libertad formal, como facultad de actuar (o no) desde la energía inicial propia de la persona. A veces la persona puede llegar a la convicción de que no se debe confiar en todo lo que sale al encuentro: “Puede cerrar las puertas de su corazón, y dejar fuera el mundo. La antigua Stoa [escuela del estoicismo] lo hizo así, y así se comporta la ascesis religiosa, para dirigir el amor solo a Dios”[1].

El encuentro puede partir solamente de parte de la persona, por ejemplo, frente a una cosa que despierta nuestro interés, como una fuente, un árbol o un pájaro y se puede convertir en una imagen de algo más profundo o incluso puede ayudar a comprender radicalmente la existencia. Esto, siempre que se venza la costumbre, la indiferencia o el esnobismo, la presunción engreída y llena de sí mismo[2]. Tales son los enemigos principales del encuentro.

Pero el encuentro puede ser también bilateral, y entonces surge una relación especial, en la que dos personas se valoran más profundamente, más allá de su mera presencia o sus funciones sociales: se convierten en un “tú”.

Como contenidos del encuentro Guardini enumera: 1) el conocimiento de la persona y de su conducta que de ahí se deriva; 2) una “vivencia peculiar de la familiaridad y de la extrañeza”: familiaridad que puede crecer y convertirse en confianza en unión; y aquí, la relación con el carácter y la actividad, el pueblo y el grupo social, las ideas, la relación con el mundo, etc; pero también con las diferencias, la extrañeza y la irritación, la antipatía y la enemistad; 3) Siempre, incluso entre las personas más íntimas, está ese elemento de extrañeza, por el carácter irreductible de la individualidad. Esto marca necesariamente la distancia de la persona.

Además, el encuentro requiere que se dé “un buen momento”, un momento propicio, que se constituye a partir de miles de elementos más o menos conscientes o inconscientes: vivencias del pasado e imágenes, energías y tensiones, necesidades, ambiente, estado de ánimo, elementos creativos y afectivos, etc. De ahí la dificultad o la imposibilidad de “confeccionar” un encuentro, y la apertura del encuentro hasta acercarse a la Providencia y a la suerte.

El encuentro requiere, pues, a la vez, la libertad y la espontaneidad, en el sentido de que solo acontece si no se busca, como sería el encuentro con una flor azul que abre el camino hacia el tesoro.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Iglesia, libertad y amor


(Imagen: Anónimo, Pentecostés (h. 1776) Veneranda Tertulia-Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. Wikimedia Commons]


En su libro de 1965 La Iglesia del Señor (*), se pregunta Guardini cómo expresar lo que ocurrió en Pentecostés. Y responde que lo obvio sería decir: se funda la Iglesia…Pero, replica, esto no nos da una idea acabada de lo que pasó, porque “allí se ha anticipado algo”…A partir de ahí argumenta Guardini.


La Iglesia surge en Pentecostés…

“Jesús ha elegido a los Doce y les ha confiado su misión; ha aplicado a Pedro la frase que habla de la piedra fundamental sobre la cual Él quiere edificar su Iglesia; ha dispuesto, para el futuro, que la Eucaristía sea el centro y el misterio cordial… para no hablar de todo el tiempo que él ha vivido con ellos, les ha hablado y, en sentido espiritual, ha entretejido con ellos su sagrada figura. Pero todo esto no fue realización histórica, sino solo preparación, fundamento y germen, ya que luego, en Pentecostés, ‘nacerá’ la Iglesia.

Esta no es una institución inventada y construida, y como tal tampoco es tan sabia y poderosa, sino un ser vivo; surgida de un acontecimiento –Pentecostés– que es, a la vez, divino y humano. Ella vive a través del tiempo; floreciente como todo lo viviente; transformándose, como se transforma todo lo histórico en tiempo y destino, y, sin embargo, en esencia, sigue siendo siempre la misma, cuyo centro más profundo es Cristo.

(…) Por cuanto ella es un ser vivo, nuestra relación con ella debe ser también vida. (…) Las fuerzas vitales de esta esencia de la Iglesia son inmensas. (…) Cada uno es ‘célula’ en este gran organismo vital, ordenado mediante la fuerza configuradora que proviene de la Cabeza santa. Por eso surge la pregunta: ¿de qué modo la vida propia y la dignidad personal del individuo se relaciona con este poder integral? (…)”

[Lo que le interesa a Guardini aquí es, pues, en qué sentido y cómo la vida de cada cristiano se articula con la vida de la Iglesia, manteniendo el cristiano su personalidad y la Iglesia esa energía o “poder”, capaz de configurar una vida semejante constituida por todos los cristianos de todos los tiempos…]

miércoles, 11 de enero de 2023

El amor, clave de la vida interior del cristiano

La carta apostólica del Papa Francisco, Totum amoris est ("Todo pertenece al amor", 28-XII-2022) , en el cuarto centenario de la muerte de san Francisco de Sales, sitúa el amor como origen, manifestación y meta de la vida espiritual del cristiano.

Cabe describir el contenido de la carta esquemáticamente con nueve palabras. Cuatro para describir el contexto de san Franciso de Sales; y cinco que señalan sus “decisiones”. Las cuatro palabras del contexto pueden ser: afectividad, encarnación, renovación y discernimiento. Las cinco palabras en relación con sus “decisiones”: libertad, santidad, alegría, caridad y Jesucristo.


El contexto

1. Afectividad. “Dios es Dios del corazón humano” (síntesis de su pensamiento). Importancia de integrar la afectividad en el conjunto del hombre y por tanto de la vida espiritiual. “La fe es sobre todo una disposición del corazón”. En efecto. Y en el sentido cristiano (ya en su raíz bíblica) se entiende por corazón no primeramente un sentimiento –la fe no es algo puramente emocional–, pero tampoco ante todo ni meramente un asentimiento de tipo intelectual –que es una dimensión de la fe– sino el todo de la persona, que abarca por tanto sus afectos.

2. Encarnación. “En la escuela de la Encarnación aprende a leer la historia y habitarla con confianza”. Una de sus lecciones primeras es que “el amor es lo que da valor a nuestras obras”. “Todo en la Iglesia es para el amor, en el amor, por el amor y del amor”. Juan Pablo II le llamó “Doctor del amor divino”.

martes, 27 de septiembre de 2022

Religiones y cristianismo en un ambiente multicultural

 

El viaje del Papa a Kazajistán con motivo del VII Congreso de los líderes de las religiones mundiales y tradicionales (13-15/IX/2022) ha puesto de relieve algunos criterios teológico-pastorales, vigentes y útiles para el diálogo entre las religiones (y el papel de los cristianos), en el ambiente actual, multicultural y multirreligioso.

Estos criterios se desarrollan en conjunción con otros, procedentes todos ellos de la antropología cristiana, de la ética y de la Doctrina social de la Iglesia (como los desarrollados en las encíclicas Laudato sí’ y Fratelli tutti); y, siempre, en el contexto de la misión evangelizadora.

Todo ello se sitúa en la estela del Concilio Vaticano II (cf. Decl. Nostra aetate sobre las relaciones con las religiones no cristianas). Las enseñanzas de Francisco sobre esta cuestión pueden presentarse en cinco puntos (*). 

lunes, 14 de diciembre de 2020

San José, el trabajo y la paternidad

¿Qué significado tiene el trabajo y qué significa ser padre? Son dos temas que aborda el Papa Francisco en la parte final de su carta Patris corde (8-XII2020) sobre san José. Continuamos aquí la invitación a la lectura de la carta que iniciamos hace unos días.


Desde León XIII (cf. enc. Rerum novarum, 1891), la Iglesia propone a san José como modelo de trabajador y patrono de los trabajadores. Al contemplar la figura de san José, dice Francisco en su carta, se comprende mejor el significado del trabajo que da dignidad, y el lugar del trabajo en el plan de la salvación. Por otra parte, hoy nos conviene a todos una reflexión sobre la paternidad.

miércoles, 26 de febrero de 2020

De héroes, reyes y gente corriente


Tatyana Kasatkina (1), experta en Dostoyevsky, dice que los jóvenes actuales están redescubriendo a este grande de la literatura universal. ¿Y por qué? Porque Dostoyevsky les ofrece “modelos de comportamiento orientados a hacer que el hombre piense, exista y se relacione con el mundo de un modo nuevo”.

Los jóvenes –continúa explicando– se hacen, hoy como siempre, preguntas fundamentales, de este tipo: "¿Qué relación se da entre el hombre y el mundo, y cómo se construye esa relación? (...) ¿Qué produce en el mundo la aparición de un nuevo ser humano? (...) ¿Cómo cambiar el mundo? (...) ¿Qué significa 'cambiar el mundo cambiando uno mismo'? ¿Y por qué debo ser yo mismo el instrumento de apoyo para producir un cambio y obtener un resultado que vaya mucho más allá de mi mero cambio personal? ¿Por qué el sacrificio de sí, el donarse totalmente (es decir, salir de los confines de uno mismo), no lleva a una reducción sino al contrario, a un incremento de mí mismo que coincide con mi realización? ¿Cómo puede el don de sí crear vínculos con los demás e influir en el mundo? (...) ¿Cómo poder darlo ‘todo’ cuando no se tiene ‘nada’?"

miércoles, 3 de julio de 2019

Teología centrada en la evangelización


En su visita a la Facultad de Teología de Nápoles (21-VI-2019), el papa Francisco ha querido destacar la dimensión evangelizadora de la teología como necesidad en el momento actual, para la teología misma y para el servicio que presta a la Iglesia y a la sociedad.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Para comprender a Cristo

En uno de sus textos de los años ochenta, Joseph Ratzinger, ahora papa emérito Benedicto XVI, ofrece siete claves para comprender quién es Cristo, según el testimonio de la Sagrada Escritura[1]. Analizamos aquí esas claves, con sus implicaciones principales para la oración y la vida cristiana.

(El retrato que figura a la izquierda es de Laur Iduc)


El centro de la vida de Cristo es su oración

1. “Según el testimonio de la Sagrada Escritura, el centro de la vida y de la persona de Jesús es su permanente comunicación con el Padre”[2], sobre todo en su oración.

sábado, 5 de enero de 2019

Estrella de libertad

Cuadro de Giovani da Modena (1410),
iglesia de San Petronio, Bolonia

La estrella de los Magos nos trae esa libertad que Cristo nos ha ganado, la libertad de los hijos de Dios.

En la época en que Daniélou publicó su libro “Los símbolos cristianos primitivos” (1951: en castellano, eds. Ega, Bilbao 1993), había ya suficiente investigación acerca de la estrella de los Magos (Mt 2, 2) en el marco de la cultura bíblica.

La estrella tiene una larga historia que la precede en los textos del Antiguo Testamento (cf. la “estrella de Jacob” de Num 24, 17), del cristianismo primitivo y en relación con las culturas circundantes. Esa estrella es anunciadora de la salvación que trae el Mesías y que llega a todas las gentes.

San Justino ( s. II) dice que la estrella es uno de los nombres de Cristo, y la pone en relación con la estrella que vieron los Magos en Oriente. Para nosotros, es también una estrella de esperanza.


sábado, 5 de mayo de 2018

Primero Dios

Entre nosotros solemos decir “Dios mediante” y también “gracias a Dios”. Un modo de hablar que manifiesta nuestras raíces cristianas. En otros lugares como México y países centroamericanos se dice: haré esto o lo otro “primero Dios”; o logré esto “Dios primero”. Esto me ha dado que pensar mientras repasaba el capítulo segundo de la exhortación Gaudete et exsultate, de Francisco, sobre la santidad.

Señala ahí el Papa “dos sutiles enemigos de la santidad” (apoyándose en su predicación anterior y en la carta Placuit Deo, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 22-II-2018): el gnosticismo y el pelagianismo actuales. Son –afirma Francisco– dos formas de antropocentrismo, disfrazado de verdad católica.

No es un tema nuevo en el pontificado de Francisco. Refleja también las enseñanzas de su predecesor. Ya en unos ejercicios espirituales que Joseph Ratzinger predicó en 1986 (y que más tarde se publicaron como libro con el título “Mirar a Cristo”) se refería al pelagianismo en una doble modalidad: “pelagianismo burgués” de los que pretenden no necesitar de Dios, y “pelagianismo de los piadosos” que cultivan una falsa oración carente de humildad y que estarían, estos últimos, representados por los fariseos del Evangelio. Tres años después, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la carta Orationis formas, donde advertía del riesgo de confundir la oración cristiana con algunos métodos de meditación transcendental, y aludía a los gnósticos de los primeros siglos.

viernes, 24 de marzo de 2017

Realismo y coherencia de la caridad

Una vez leí en Internet una descripción de la caridad que me pareció básicamente equivocada, pero con un punto de realidad. Venía a decir que la caridad es algo que hace que alguien mire a los demás por encima del hombro como diciéndole: yo soy bueno y tú no… Ciertamente eso no es la caridad, sino una deformación de la caridad que la destruye, lo que podríamos llamar la enfermedad de “la hipocresía de la caridad” o de “el amor fingido”. El punto de realidad, lamentablemente, es la existencia de esa enfermedad. Por eso es bueno reconocerla, preguntarse por sus causas y su tratamiento.

De esto se ha ocupado el Papa Francisco en su audiencia general del 15 de marzo. Se ha referido una vez más a la autenticidad del amor cristiano, de la caridad. Esa es, dice, nuestra vocación más alta, a la que está unida la alegría de la esperanza.

lunes, 6 de febrero de 2017

Vocación cristiana y promoción humana

Cuando se emplea la palabra “vocación” (llamada), ha sido frecuente durante siglos pensar sólo en los candidatos para el seminario o para la vida religiosa. El Concilio Vaticano II habló de “vocación cristiana” y aún más: esa vocación cristiana es “vocación universal a la santidad”. En un sentido más amplio todavía, el Concilio habló de “vocación humana”, porque toda vida humana es una llamada a la plenitud de la belleza, del bien y la verdad que se abren en Dios.

Pues bien, la promoción humana –el desarrollo humano integral– es parte, y parte esencial, de la vocación cristiana; y más aún, de toda existencia humana. Así se dice en la encíclica Caritas in veritate, donde el término “vocación” aparece en 25 ocasiones:

“Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano”. Esa vocación universal al amor y a la verdad es manifestada por Jesucristo, que la libera de las limitaciones humanas y la hace plenamente posible.

martes, 31 de mayo de 2016

Del pecado, y de rebeldes y divergentes



La película “Los juegos del hambre” (The Hunger Games, G. Ross, 2012) se sitúa en una sociedad futura. Siendo aparentemente un film sin religión ni Dios, muestra adónde puede ir a parar una sociedad sin el Dios verdadero: a sacrificar vidas humanas para quitarse de encima las propias culpas o pecados, y así tranquilizar la conciencia.

Sin embargo, la película también plantea la posibilidad de que haya quienes –casualmente una pareja, chico y chica– se rebelen contra esa situación asumiendo voluntariamente el lugar de las víctimas, como modo de terminar con ese terrible sistema.

En esta clave el secreto del mito que en muchas civilizaciones se concreta en la muerte de un “chivo expiatorio” puede sugerir caminos para profundizar en el sentido del amor verdadero (cf. A. Llano, Deseo, violencia y sacrificio: el secreto del mito según René Girard, Eunsa, Pamplona 2004).

Otra película parecida, también futurista y en principio más bien pesimista es “Divergente” (Divergent, N. Burger 2014). En ella se muestra cómo, a pesar de los esfuerzos de la humanidad, el mal o el pecado está siempre presente. A la vez, también aparece la capacidad de pedir perdón y la capacidad de sacrificio. Con todo, aunque somos capaces de colaborar en nuestra salvación, esa salvación en parte ha de venir “de fuera”.

jueves, 12 de marzo de 2015

Conciencia y mensaje cristiano


No solo la corrupción y el terrorismo, lacras sociales que nos afectan cada día, sino el funcionamiento normal de las instituciones, la comunicación y la educación, la política y la ciencia, el mundo del deporte y del arte, la familia, etc., dependen mucho de cómo se enfoque el papel de la conciencia y de las actitudes personales hacia el mismo. ¿Qué aporta el mensaje cristiano a la conciencia?

En una conferencia que pronunció Joseph Ratzinger en Dallas (Texas) en febrero de 1991 (*) debate precisamente el sentido de la conciencia y la educación de la conciencia, y lo ilumina desde la perspectiva cristiana.

martes, 3 de marzo de 2015

Normas morales y educación

La ética necesita normas. Pero una ética solamente de normas 
puede degenerar en intolerancia, tiranía o intelectualismo.

En un mundo que se ha vuelto bastante complejo, la Ética sirve para navegar en la propia acción. Y ante la demanda de Ética por todas partes, conviene que recordemos que no hay Ética sin normas. La necesidad de normas morales no viene primero de la religión, sino que se deduce ante todo de la razón humana, tal como estudia la Ética. 

Por tanto los agentes educativos (maestros, madres y padres de familia, políticos, científicos, periodistas, artistas, etc.) tienen la responsabilidad de proponer, sobre todo a los jóvenes, modelos de conducta acordes a la razón humana y a la dignidad de las personas.

Siendo las normas morales necesarias, sin embargo no son suficientes, pues necesitan de los valores o bienes y de las virtudes.

jueves, 12 de febrero de 2015

Ética y educación de las virtudes



Hoy se habla mucho de los valores y de educar en los valores. Indudablemente, la Ética debe ayudar a captar e interesarse por los valores de la realidad, es decir, aquellos bienes que nos atraen en nuestro anhelo de felicidad. Pero ni la Ética ni la educación pueden realizarse sólo a base de valores. Necesitan fijarse en las virtudes, y también en las normas. Las virtudes son fundamentales en la Ética y en la educación, aunque tampoco son por sí mismas suficientes.

miércoles, 7 de mayo de 2014

La necesaria renovación de la educación católica


La función de los centros educativos de inspiración católica se inspira en la visión cristiana del hombre y de la sociedad. El derecho de libertad religiosa asiste a las familias para que puedan elegir esta educación (también en otras escuelas). En las circunstancias actuales la escuela católica requiere una profunda renovación. De todo ello se ocupa el Documento de Aparecida (2007) con propuestas que mantienen plena actualidad (cf. los nn. 331-340).

jueves, 14 de noviembre de 2013

La conciencia moral

La ética intenta orientar ante lo que se debe hacer, explicando la naturaleza de lo que llamamos “bien”, de los valores, de la justicia y de las consecuencias de los actos. Pero con frecuencia podemos escuchar algo así: en último término, lo que hay que hacer es seguir la conciencia.
            ¿Hasta qué punto es esto así? Conviene plantearse qué y cómo es la conciencia, y dónde se origina; qué valor tienen los sentimientos de culpabilidad y de arrepentimiento; y, finalmente, tres preguntas: ¿la conciencia siempre lleva la razón? ¿Hay que seguir siempre la conciencia? ¿Hay que respetar siempre la conciencia de los otros?. Es lo que hace Spaemann en el capítulo VI de sus “Cuestiones fundamentales de Ética”.