Punto de encuentro para educadores, catequistas y personas interesadas en la formación cristiana
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sábado, 24 de octubre de 2020
La fraternidad, don y tarea
El objetivo es sugerir algunas pistas para la lectura o relectura de la encíclica Fratelli tutti, sobre su trasfondo, unidad y trazos principales. Después de una introducción, pasamos a cuestiones de método y perspectiva, para terminar subrayando algunos aspectos de los contenidos (*).
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lunes, 19 de agosto de 2019
Sobre los fundamentos antropológicos y la educación de la moral
M. Chagall, Adán.
Vidriera en St Esteban de Maguncia (Mainz)
En 1984 señalaba el cardenal Ratzinger: “Cada vez es más evidente que la auténtica enfermedad del mundo moderno es su déficit moral”[1]. Vidriera en St Esteban de Maguncia (Mainz)
Refiere el caso de un pensador ruso que, en una visita a Ratisbona comparó la humanidad de hoy, con su miedo a los misiles, a un hombre que vive continuamente con el pánico de que su casa sea consumida por el fuego y ya no puede pensar ni hacer otra cosa que prevenir el incendio. “Pero no se da cuenta de que tiene cáncer y que no va a morir en el incendio sino por la descomposición de su organismo a causa de las células cancerígenas”[2].
Pues bien –observaba ese autor–, la humanidad de hoy está en una situación parecida por una descomposición moral que la arruina desde dentro. Y por tanto la correcta preocupación por la supervivencia debe dirigirse ante todo a la terapia de esta enfermedad mortal que es el origen de todos los demás problemas.
El entonces cardenal Ratzinger considera válido este análisis, y plantea, en una reunión de médicos, cómo podemos conocer lo que es bueno para el hombre, y desde ahí cómo podemos diagnosticar y curar lo que no es tan bueno.
lunes, 22 de julio de 2019
Fe y educación de los sentimientos
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En efecto, los
sentimientos son importantes y mueven mucho a las personas, aunque no siempre de modo adecuado,
cuando no están integrados en el conjunto de la persona. Así se ve, por ejemplo en el cine, cómo los sentimientos hacen que unos acierten al
encaminar su vida (cf. Brooklyn, J. Crowley, 2015) y otros comentan serios errores e incluso delitos (cf. Mula, C. Eastwood, 2018).
miércoles, 27 de febrero de 2019
Para comprender a Cristo
En uno de sus textos de los años ochenta, Joseph Ratzinger, ahora papa emérito Benedicto XVI, ofrece siete claves para comprender quién es Cristo, según el testimonio de la Sagrada Escritura[1]. Analizamos aquí esas claves, con sus implicaciones principales para la oración y la vida cristiana.
(El retrato que figura a la izquierda es de Laur Iduc)
El centro de la vida de Cristo es su oración
1. “Según el testimonio de la Sagrada Escritura, el centro de la vida y de la persona de Jesús es su permanente comunicación con el Padre”[2], sobre todo en su oración.
(El retrato que figura a la izquierda es de Laur Iduc)
El centro de la vida de Cristo es su oración
1. “Según el testimonio de la Sagrada Escritura, el centro de la vida y de la persona de Jesús es su permanente comunicación con el Padre”[2], sobre todo en su oración.
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lunes, 18 de febrero de 2019
El humanismo de la vida: hacia una bioética global
(A propósito de la Carta “Humana communitas” del papa Francisco, con motivo del XXV aniversario de la Pontificia Academia para la Vida, 6-I-2019) (1)
Esta reflexión tiene dos partes. En primer lugar, presentamos el valor de la vida, especialmente de la vida humana, en la perspectiva de las Sagradas Escrituras. Desde ahí ofrecemos a continuacion algunas orientaciones operativas sobre todo para quienes se dedican a las ciencias de la vida.
Esta reflexión tiene dos partes. En primer lugar, presentamos el valor de la vida, especialmente de la vida humana, en la perspectiva de las Sagradas Escrituras. Desde ahí ofrecemos a continuacion algunas orientaciones operativas sobre todo para quienes se dedican a las ciencias de la vida.
martes, 20 de noviembre de 2018
La enseñanza de la Teología como tarea evangelizadora
La teología es fruto de la “fe que busca entender” (fides quaerens intellectum). Esa fe que sostiene la teología es la fe viva: por eso, la teología es también e inseparablemente esperanza y caridad “que buscan entender” (cf. Comisión Teológica Internacional, Teología hoy: perspectivas, principios y criterios, 2011). Esto es lo que tendríamos que hacer posible para nuestros alumnos: que la fe ilumine su inteligencia, e ilumine igualmente su sentir y actuar, esperanzado y con amor. Proponemos primero algunas consideraciones en relación con las distintas vertientes de la teología (científica, eclesial y social). A continuación se ofrecen algunas orientaciones prácticas para la enseñanza de la teología y de la religión en el contexto actual. Finalmente se señala en qué consiste la sabiduría práctica del cristiano.
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viernes, 7 de septiembre de 2018
Fe y razón, fe y cultura: la interdisciplinariedad en la educación de la fe
La fe y la razón de por sí no se oponen porque tienen ambas como origen a Dios. Tal es la perspectiva cristiana. Desde ahí cabe perfilar la relación entre fe y cultura, y el papel de la interdisciplinariedad en la educación de la fe.
1. Por fe entendemos no una mera teoría intelectual o un mero conjunto de creencias, ritos y reglas morales, sino ante todo una vida que, en el cristianismo, procede del encuentro y la relación con Cristo.
Por razón entendemos, como lo hace el lenguaje común, la facultad humana de discurrir, propia de la inteligencia. Cabe advertir que la razón humana, para poder ser considerada como tal, debe estar abierta a toda la realidad que nos constituye y nos rodea, y ser capaz de valorarla en relación con la totalidad de la persona: no solo su inteligencia, sino también sus afectos, su dimensión social y su apertura a la transcendencia.
1. Por fe entendemos no una mera teoría intelectual o un mero conjunto de creencias, ritos y reglas morales, sino ante todo una vida que, en el cristianismo, procede del encuentro y la relación con Cristo.
Por razón entendemos, como lo hace el lenguaje común, la facultad humana de discurrir, propia de la inteligencia. Cabe advertir que la razón humana, para poder ser considerada como tal, debe estar abierta a toda la realidad que nos constituye y nos rodea, y ser capaz de valorarla en relación con la totalidad de la persona: no solo su inteligencia, sino también sus afectos, su dimensión social y su apertura a la transcendencia.
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domingo, 4 de marzo de 2018
Felicidad y salvación
M. Chagall, de la colección Fábulas de La Fontaine (1927-1930)
¿Quién diría que no le interesa la felicidad? La religión afronta la cuestión de la felicidad al hablar de la salvación. Un nuevo documento de la Congregación para la doctrina de la fe (Carta Placuit Deo, fechada el 22-II-2018) toca algunos aspectos del mensaje cristiano sobre la salvación en referencia a las enseñanzas del Papa Francisco. Si bien es un documento de tipo doctrinal, manifiesta una notable sensibilidad evangelizadora y pastoral. Sus observaciones tienen especial interés en el campo de la educación cristiana.
Comienza por una mirada a la situación de nuestra cultura: ¿dónde pone la felicidad? ¿Siente la necesidad de “salvación”?
martes, 25 de noviembre de 2014
De máquinas, de personas y de sueños
Hace pocos días me he encontrado con una de esas películas no tan recientes, que muchos no conocen. Como escribió el crítico de cine Rogert Ebert sobre “La invención de Hugo” (Hugo, M. Scorsese, 2011), es un film en 3D, fruto de que un gran artista –su director– haya podido disponer de todos los instrumentos y recursos necesarios para hacer una película acerca de las películas. Y a la vez, una fábula fascinante para (algunos, no todos) niños, como prueba del corazón que el artista ha puesto en su obra.
(Ver tráiler).
En efecto, se trata de un relato amable y sugerente, en parte histórico y en parte autobiográfico, casi como un cuento que puede hacer las delicias de muchos niños y de muchos otros que sean capaces de mirar como ellos; especialmente si son amantes del arte y del cine, de la música y de la fotografía, de los libros y de las historias.
(Ver tráiler).
En efecto, se trata de un relato amable y sugerente, en parte histórico y en parte autobiográfico, casi como un cuento que puede hacer las delicias de muchos niños y de muchos otros que sean capaces de mirar como ellos; especialmente si son amantes del arte y del cine, de la música y de la fotografía, de los libros y de las historias.
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miércoles, 5 de febrero de 2014
La teología, ciencia de la fe vivida
¿Qué es propiamente la verdad cristiana? ¿Qué nos aporta para la vida? ¿Qué consecuencias tiene esto en la educación cristiana y en la tarea teológica?
En su mensaje a las Academias Pontificias, el 28 de enero, el Papa Francisco, ha querido señalar el hilo que une la encíclica sobre la Fe (Lumen fidei, 29-VI-2013) y la exhortación “La alegría del Evengelio” (Evangelii gaudium, 24-XI-2013). Ese hilo es la relación entre la fe, la verdad y el amor.
El Papa comienza evocando el núcleo mismo, lo más importante de lo que dice la encíclica sobre la fe. La fe no son meras creencias, sino verdadero conocimiento, que aporta fuerza de convicción y luz para iluminar la vida. Ahora bien, el conocimiento, la convicción y la luz propios de la fe provienen de su vinculación con el amor: “La fe conoce en cuanto está vinculada al amor, en cuanto el amor mismo lleva una luz. La comprensión de la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos trasforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad” (Lumen fidei, 26).
En su mensaje a las Academias Pontificias, el 28 de enero, el Papa Francisco, ha querido señalar el hilo que une la encíclica sobre la Fe (Lumen fidei, 29-VI-2013) y la exhortación “La alegría del Evengelio” (Evangelii gaudium, 24-XI-2013). Ese hilo es la relación entre la fe, la verdad y el amor.
El Papa comienza evocando el núcleo mismo, lo más importante de lo que dice la encíclica sobre la fe. La fe no son meras creencias, sino verdadero conocimiento, que aporta fuerza de convicción y luz para iluminar la vida. Ahora bien, el conocimiento, la convicción y la luz propios de la fe provienen de su vinculación con el amor: “La fe conoce en cuanto está vinculada al amor, en cuanto el amor mismo lleva una luz. La comprensión de la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos trasforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad” (Lumen fidei, 26).
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viernes, 28 de junio de 2013
Vida humana y apertura a Dios
Portico de la Gloria (Catedral de Santiago de Compostela), detalle.
A la izquierda de Jesús coronado como rey, San Juan escribe sobre un águila
(foto: J. Sarrà)
El Pórtico de la Gloria recibe a los peregrinos del Camino de Santiago.La naturaleza humana no es algo cerrado en sí mismo. Se ha subrayado (Spaemann) que el hombre está naturalmente abierto a la relación (a la comunicación y al lenguaje, a la amistad, etc.). Por tanto, nadie es autosuficiente, y un error que oscurece la comprensión de cómo somos y lo que estamos llamados a ser es precisamente el individualismo.
martes, 12 de febrero de 2013
Creador del mundo y del hombre
M. Chagall, vidriera (1962), Hebrew Medical Center (Jerusalén)
“Creo en Dios: el creador del cielo y de la tierra, el creador del ser humano”, es el tema que ha centrado la audiencia general de Benedicto XVI, el 6 de febrero. En esa declaración, el Credo recoge el comienzo de la Biblia: “Al principio, creó Dios el cielo y la tierra (Gn, 1, 1). En palabras del Papa: “Es Dios el origen de todas las cosas y en la belleza de la creación se despliega su omnipotencia de Padre que ama”.
Creación, razón y fe
A partir de la Escritura subraya Benedicto XVI dos aspectos sucesivos: la razón puede llegar a descubrir, a través del mundo creado, la existencia de un Dios omnipotente y bueno que ha dejado ahí sus huellas; la fe puede desentrañar el lenguaje del “gran libro de la naturaleza”. Y por tanto, “la inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave de interpretación para comprender el mundo”.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Fe y razón: armonía y camino
Puente del Golden Gate (1937), bahía de San Francisco
que toma ese nombre del estrecho del Bósforo (Constantinopla),
que une Europa con Asia
En su audiencia del miércoles, 21 de Noviembre, Benedicto XVI se ha centrado en la racionabilidad de la fe. Ha explicado que la fe es a la vez conocimiento y amor; que el “misterio” de Dios no es irracional; y que la armonía entre fe y razón, fe y ciencia, es el camino para llegar a la verdad sobre Dios y el hombre.
La fe es a la vez conocimiento y amor
1. La fe es conocimiento y amor, como se comprueba al conocer las verdades de la fe (recogidas sobre todo en el Credo): “Estas verdades no son un simple mensaje sobre Dios, una información particular acerca de Él. Sino que expresan el acontecimiento del encuentro de Dios con los hombres, encuentro salvífico y liberador, que cumple con las aspiraciones más profundas del hombre, su anhelo de paz, de fraternidad, de amor”. Dicho brevemente, la fe permite conocer a Dios y saborear la vida en el mundo, y se expresa en la atención y el servicio a los demás.
jueves, 17 de mayo de 2012
Buscar a Dios con la fe y la ciencia
¿Cuáles son las condiciones para un diálogo fecundo entre la fe y la ciencia? Podría adelantarse que ante todo las dos partes de esa relación deben ser auténticas: una fe “vivida” y una ciencia que lo sea también verdaderamente.
Toda universidad, que por definición debe preparar a la persona para afrontar la vida y construir el futuro de la sociedad, requiere esta reflexión. Y dentro de la universidad parece más apremiante aún en una facultad de medicina, que forma al futuro científico para atender al enfermo que sufre; y ha de hacerlo con esmero del que trata a una persona, dotada de la plena dignidad humana, y que se encuentra necesitada de su ayuda. Por ello la esmerada atención al enfermo es signo visible de la calidad educadora de la institución que gradúa al médico. Y, por el contrario, su carencia sería luz roja intermitente que señala la urgencia de revisar los planes de estudio y el modo de impartir la ciencia y seguir las prácticas de los alumnos que en ella se forman.
Sobre estos temas ha reflexionado Benedicto XVI con motivo de los 50 años de la Facultad de Medicina del Policlínico Gemelli, perteneciente a la Universidad Católica del Sacro Cuore (Roma).
También el científico busca el sentido de la vida
El Papa ha señalado en primer lugar que en nuestro tiempo “las ciencias experimentales han transformado la visión del mundo e incluso la autocomprensión del hombre”. Pero al mismo tiempo las tecnologías innovadoras “a menudo no carecen de aspectos inquietantes”. Concretamente, “un reduccionismo y un relativismo que llevan a perder el significado de las cosas”. Como resultado, no se responde a la demanda de sentido, se margina la dimensión trascendente de la persona y se empobrece la ética.
Con ello se olvidan las raíces culturales de Europa, según las cuales el cultivo de las ciencias profanas es simultáneo a la búsqueda de Dios. En efecto, “la investigación científica y la demanda de sentido, aun en la específica fisonomía epistemológica y metodológica, brotan de un único manantial, el Logos que preside la obra de la creación y guía la inteligencia de la historia”. En cambio actualmente “una mentalidad fundamentalmente tecno-práctica genera un peligroso desequilibrio entre lo que es técnicamente posible y lo que es moralmente bueno, con consecuencias imprevisibles”.
“En el fondo –explica el Papa– el hombre de ciencia tiende, también de modo inconsciente, a alcanzar aquella verdad que puede dar sentido a la vida”. Pero esto no le es posible con sus solas fuerzas, al margen de la fe. Por eso la búsqueda de Dios por parte del hombre debe reconocer la iniciativa de Dios que busca con amor al hombre en Cristo (cf. Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, 7).
Cristo, horizonte para la fe y la ciencia
Con esta argumentación alcanza Benedicto XVI una primera conclusión de su discurso: Cristo como horizonte no sólo para la fe sino también, a través de la fe, para la razón y la ciencia humana. Cristo, camino, verdad y vida para el hombre (cf. Jn 14, 6). Camino, porque manifiesta el amor a Dios e invita a buscarlo. Verdad, porque en Él se conoce y se alcanza el proyecto más pleno del hombre. Vida porque es imagen de la Vida plena, es decir, de Dios.
La segunda parte del discurso comienza refiriéndose al sufrimiento (recordemos el contexto: la celebración de los 50 años de la Facultad de Medicina).
En unión con Cristo por la fe, entiende el Papa, se puede lograr el bien y la vida incluso en las realidades del sufrimiento y de la muerte: “En la cruz de Cristo (el hombre) reconoce el Árbol de la vida, revelación del amor apasionado de Dios por el hombre”.
La fe y el amor impulsan la investigación propiamente humana
Por eso encontrarse con los enfermos y servirles es encontrarse con Cristo, ser instrumentos de su misericordia y manifestar su victoria: “La atención hacia quienes sufren es, por tanto, un encuentro diario con el rostro de Cristo, y la dedicación de la inteligencia y del corazón se convierte en signo de la misericordia de Dios y de su victoria sobre la muerte”.
De esta manera –retoma Benedicto XVI el hilo de su argumento–, la búsqueda de Dios, con las dos alas de la ciencia y de la fe, “resulta fecunda para la inteligencia, fermento de cultura, promotora de auténtico humanismo, búsqueda que no se queda en la superficie”.
Esta tarea de profundización en lo propiamente humano es muy específica de una universidad católica, “que no limita el aprendizaje a la funcionalidad de un éxito económico, sino que amplía la dimensión de su proyección, en la que el don de la inteligencia investiga y desarrolla los dones del mundo creado, superando una visión sólo productivista y utilitarista de la existencia, porque el ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente’ (enc. Caritas in veritate, 34)”.
Se puede conseguir esta meta, observa el Papa llegando a la cima de su discurso, porque “la perspectiva de la fe es interior —no superpuesta ni yuxtapuesta— a la investigación aguda y tenaz del saber”. Y porque “es precisamente el amor de Dios, que resplandece en Cristo, el que hace aguda y penetrante la mirada de la investigación y ayuda a descubrir lo que ninguna otra investigación es capaz de captar. (…) Sin amor, también la ciencia pierde su nobleza. Sólo el amor garantiza la humanidad de la investigación”.
* * *
Se trata, en síntesis, de una propuesta nada pequeña. En el creyente, la fe ha de iluminar y fecundar desde dentro la investigación y la ciencia. El científico, también el no creyente, busca la verdad y cuenta con la razón. Si no se deja reducir, en su horizonte, por la mentalidad utilitarista y relativista, puede reconocer la racionalidad de lo creado, y, por tanto, su creador.
Dios: la gran cuestión de la fe y también de la ciencia
La cuestión de Dios, por utilizar el lenguaje de Joseph Ratzinger, resulta así no sólo una cuestión “de religión”, sino también de razón y de ciencia. Primero, porque la sola razón puede llegar –muchos han llegado- a la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y el juicio final. Por tanto el argumento de Dios no es simplemente “un argumento de religión”, ni se puede descartar como no científico. Si alguien lo piensa así, se le podría animar a preguntarse si no tiene una visión reducida de la ciencia. Segundo, porque la fe cristiana no camina “en paralelo” con la razón y la ciencia, ni tampoco las detiene o las desvía; más bien al contrario, las purifica e impulsa.
Así, para una colaboración que sea fecunda al servicio de la humanidad, entre la fe y la ciencia, es condición, en el creyente, la valentía de la fe que le lleve a comprometerse por Dios al servicio “real” de los hombres. Y también es condición, en todos, la apertura de la razón hacia la profundidad y la altura de lo propiamente humano; la valentía de la razón y de la ciencia que permite contribuir a iluminar y aliviar el sufrimiento, bajo el impulso del amor.
(publicado en www.religionconfidencial.com, 17-V-2012)
viernes, 8 de julio de 2011
Fe y razón, Teología y Ciencia
L. Seitz (1844-1908), La fe y la razón,
Galleria dei Candelabri, Ciudad del Vaticano
(fotografía de Marie-Lan Nguyen, 2009, Wikimedia Commons)
“La teología es ciencia de la fe”, dice la tradición. Pero aquí surgen diversas preguntas. Ante todo, ¿no son distintas la ciencia y la fe hasta el punto de que no pueden entrar en relación? Es la cuestión que aborda el discurso de Benedicto XVI en la entrega del premio Ratzinger de teología (30-VI-2011).
Teología e historia, Teología y praxis
Esta dificultad –explicaba– se plantea ya en la época medieval, pero con el concepto moderno de ciencia (identificada por el método experimental), el problema se agudiza. Para discernir la relación entre teología y ciencia, durante la Edad Moderna la teología se limitará a defender su validez científica, primero en el campo de la historia y después en el campo de la praxis humana, estudiada por ciencias como la psicología y la sociología. En cada uno de estos dos campos, historia y praxis, se ha conseguido enriquecer la teología y mostrar su utilidad para la vida.
“Ahora bien –objeta el Papa respecto a la vinculación teología e historia–, si la teología se repliega totalmente en el pasado, deja hoy la fe a oscuras”. Por otra parte, “si la praxis sólo se refiere a sí misma o vive únicamente de los préstamos de las ciencias humanas, entonces queda vacía y sin fundamento” (porque, en efecto, la praxis no se explica por sí misma: necesita preguntarse por su raíz y su finalidad).
En consecuencia, deduce Benedicto XVI, siempre en referencia a la teología: “Estas vías, por lo tanto, no son suficientes. Por útiles e importantes que sean, se convertirían en subterfugios si la pregunta verdadera quedara sin respuesta”. Y la pregunta es: “¿Es verdad lo que creemos o no?”; de modo que “en la teología está en juego la cuestión sobre la verdad, que es su fundamento último y esencial”.
Cristo y la verdad
Dando un paso más, el Papa recuerda la afirmación de Tertuliano, cuando escribe que Cristo no dijo “Yo soy la costumbre”, sino “Yo soy la verdad” (cf. Virg. 1, 1). La costumbre puede relacionarse con las religiones paganas, según las cuales “se hace lo que se ha hecho siempre; se observan las formas cultuales tradicionales, esperando mantenerse así en la justa relación con el ámbito misterioso de lo divino”. Y añade que la revolución cristiana consistió precisamente en “su ruptura con la ‘costumbre’ por amor a la verdad”.
El Evangelio de San Juan enseña que la verdad es Cristo, el Logos, la razón. Ahora bien: “Si Cristo es el Logos, la verdad, el hombre debe corresponderle con su propio logos, con su razón. Para llegar hasta Cristo, debe seguir el camino de la verdad. Debe abrirse al Logos, a la Razón creadora, de la que se deriva su propia razón y a la que ésta lo remite”. Y así se comprende que la fe cristiana tenía que replantear la relación entre la fe y la razón, y por tanto entre la teología y la ciencia.
Dos usos de la razón: experimental y "personal"
En esta reflexión sobre las relaciones entre fe y razón, Benedicto XVI da un tercer paso, recurriendo a San Buenaventura, que contempla un doble uso de la razón; por una parte un uso inconciliable con la naturaleza de la fe; de otra parte, el uso propio de la naturaleza de la fe (cf. Comentario a las Sentencias).
En primer lugar habla de la violencia o el despotismo de la razón, que se convierte en juez supremo y último de todo; incluso quiere poner a Dios “a prueba” (cf. Salmo 95, 9), someterlo a experimentación. Esto es, según el Papa, lo que ha sucedido en la Edad Moderna en el ámbito de las ciencias naturales. “La razón experimental se presenta hoy ampliamente como la única forma de racionalidad declarada científica. Lo que no pueda verificarse o falsificarse científicamente cae fuera del ámbito científico”. Hay que reconocer, señala, que este método es legítimo en su ámbito, y con él se han logrado obras grandiosas. “Pero semejante uso de la razón tiene un límite: Dios no es un objeto de la experimentación humana. Él es Sujeto y se manifiesta tan sólo en la relación de persona a persona, lo que forma parte de la esencia de la persona”. En suma, el uso experimental de la razón es insuficiente para tratar con Dios.
Después Buenaventura alude a otro uso de la razón: un uso “personal”, pues entre personas el conocimiento es movido por el amor. En palabras de Benedicto XVI, “el amor quiere conocer mejor a aquél que ama. El amor, el amor verdadero, no hace ciegos, sino videntes”. Y por eso, deduce, los Padres de la Iglesia consideraron precursores del cristianismo, fuera de Israel, a aquéllos que estaban sedientos de la verdad, y por tanto estaban en camino hacia Dios: los “filósofos”.
Observa el Papa: si falta este segundo uso de la razón, esta dimensión “personal”, entonces las grandes cuestiones de la humanidad se abandonan a la irracionalidad. Y aquí se encuentra la importancia de una teología auténtica, al poner en conexión fe y razón: “La fe recta orienta a la razón hacia su apertura a lo divino, para que ésta, guiada por el amor a la verdad, pueda conocer a Dios más de cerca”. Hay que tener en cuenta que “la iniciativa de este camino la tiene Dios, que ha puesto en el corazón del hombre la búsqueda de su rostro”.
Humildad, grandeza y reto de la Teología
Por lo tanto -deduce Benedicto XVI- forman parte de la teología, de un lado, la humildad que se deja “tocar” por Dios, y, de otro, la vinculación al orden de la razón. Tal es la grandeza y el reto de la auténtica teología, “que preserva al amor de la ceguera y le ayuda a desarrollar su fuerza visual”. Y así “la razón, cuando recorre el camino trazado por la fe, no es una razón alienada, sino razón que responde a su altísima vocación”.
Podemos concluir: la razón humana tiene dos usos, un uso experimental y otro uso “personal”. El primero es legítimo con tal que no estorbe al segundo, necesario para abordar las cuestiones más importantes. Entre ellas está la fe, como respuesta a Dios. De esta manera, cada una desde su ámbito, “la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad” (Juan Pablo II, enc. Fides et ratio, n. 1).
(publicado en www.analisisdigital.com, 8-VII-2011)
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