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lunes, 14 de diciembre de 2020

San José, el trabajo y la paternidad

¿Qué significado tiene el trabajo y qué significa ser padre? Son dos temas que aborda el Papa Francisco en la parte final de su carta Patris corde (8-XII2020) sobre san José. Continuamos aquí la invitación a la lectura de la carta que iniciamos hace unos días.


Desde León XIII (cf. enc. Rerum novarum, 1891), la Iglesia propone a san José como modelo de trabajador y patrono de los trabajadores. Al contemplar la figura de san José, dice Francisco en su carta, se comprende mejor el significado del trabajo que da dignidad, y el lugar del trabajo en el plan de la salvación. Por otra parte, hoy nos conviene a todos una reflexión sobre la paternidad.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Corazón de padre

En su carta sobre san José, Patris corde (8-XII-2020), con la que convoca un “Año de san José" hasta el 8 de diciembre de 2021, Francisco dice que su objetivo es “que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes”.


Para ello comienza el Papa explicando qué tipo de padre fue san José y la misión que Dios le confió. San José no fue lo que hoy llamaríamos “padre biológico” de Jesús, sino solo su “padre legal”. Sin embargo, él vivió la paternidad sobre Jesús y el ser esposo de María de manera eminente. Así lo han considerado muchos santos desde san Ireneo y san Agustín, pasando por diversos doctores de la Iglesia entre los que destaca el caso de santa Teresa de Ávila, hasta san Josemaría y san Juan Pablo II.

Leyendo y meditando la carta de Francisco, se puede llegar a redescubrir cómo san José es no solo custodio de la Iglesia, sino también de la humanidad, particularmente de su parte más frágil, aquellos miembros más necesitados. En todo caso se trata de un santo importante. Más aún, como escribe Francisco, “después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo”.

¿Por qué ahora esta carta? Francisco señala que, junto con la circunstancia del 150 aniversario de la declaración de san José como patrono de la Iglesia universal, hay una razón “personal”: hablar de aquello que llena su corazón (cf. Mt 12, 34). Además confiesa en la introducción: “Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia”. Así vamos conociendo algunos pensamientos y procesos espirituales que han tenido lugar en el corazón del Papa durante la pandemia (vid. más extensamente el libro Soñemos juntos: el camino a un futuro mejor. Conversaciones con Austen Ivereigh, Plaza & Janés, Madrid 2020).

Concretamente el Papa, como ha hecho en diversas ocasiones, subraya y agradece el testimonio de tantas “personas comunes –corrientemente olvidadas– que (...) están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia”; porque trabajan, infunden esperanza y rezan, casi siempre de modo discreto, pero sujetándonos a todos.

A todos ellos y a nosotros nos propone el ejemplo y la ayuda de san José: “Todos pueden encontrar en san José –el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta– un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en 'segunda línea' tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud”.

En su carta, Francisco le dedica a san José siete epígrafes en forma de “títulos”, que podrían equivaler a siete oraciones de una pequeña “letanía del padre”: Padre amado, en la ternura, en la obediencia, en la acogida, en la valentía creativa, en el trabajo, siempre en la sombra. 

sábado, 7 de diciembre de 2019

Sobre el significado y el valor del belén

En su Carta sobre “el hermoso signo del pesebre” (Admirabile signum, 1-XII-2019) Francisco desea explicar el significado y el valor del belén. Dice el Papa que representar el nacimiento de Jesús equivale a “anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”.

Se trata de un “Evangelio vivo” ­–inspirado en los relatos evangélicos– que nos conduce a la contemplación de la Navidad. Y a la vez, “nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”. Así, “descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él”.

Muchos de nosotros recordamos, en efecto, cuando preparábamos con nuestros padres “el nacimiento”, o “el belén”. Los niños lo preferíamos grande y, como a veces no había una mesa grande, estábamos dispuestos incluso a utilizar una puerta sobre unas banquetas. Era realmente, como dice el Papa, “un ejercicio de fantasía creativa”, lleno de belleza: “Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular”. “Espero –continúa Francisco– que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Cultura de misericordia


Al acercarse la Navidad podemos decir: Dios a las puertas. La salvación de Dios ha sido comparada con una puerta. La puerta tiene un arco y la misericordia puede considerarse como la piedra principal, clave de bovéda, que sujeta el arco. La misericordia como don, signo y cultura es un buen modo de situarse a las puertas de la Navidad.

Lo que ya san Juan XXIII llamaba “la medicina de la misericordia” (cf. Discurso de apertura del Concilio Vaticano II, 11-X-1962) es una de las claves del papa Francisco (que hoy celebra su cumpleaños) para la renovación de la Iglesia.

jueves, 24 de diciembre de 2015

María y el renacer de la Misericordia


B. E. Murillo, Adoración de los pastores (h. 1638), Londres, Wallace col.

Para el cristianismo, la Navidad sobrepasa con creces lo intuido en el mito del ave Fénix, que renace de sus cenizas.

En la película del mismo título (Phoenix, Ch. Petzold, 2014: ver trailer), tras la Segunda Guerra Mundial, una mujer se ve obligada a reconstruir no solo su cara sino la propia identidad, incluso ante la persona que ella pensaba que más le quería. Puede verse como una metáfora de la existencia humana. Todos hemos de aprender a renacer para vivir. Y el cristianismo ilumina en profundidad qué puede significar eso.

Según la fe cristiana, la venida de Dios al mundo en Jesucristo fue preparada por un largo camino de siglos. Dios fue “educando” al pueblo elegido de donde saldría el Mesías, para que pudiera reconocer en él la oferta de la salvación, y ser fiel a su vocación inicial de ser mediador para todos los pueblos.

Dios ha querido que la Navidad necesite una madre. Por eso el largo camino que recorrió la “educación” del pueblo de Israel por parte de Dios, en el Antiguo Testamento, se concentra en el alma de María (cf. J. Daniélou, El misterio del Adviento, Madrid 2006, original de 1948, pp. 109 ss.).

Pero esto debe suceder también en nosotros y en las culturas del mundo, incluida nuestra cultura de la imagen y de la tecnología. ¿Cómo podemos pensar el papel de María en todo ello?

lunes, 21 de diciembre de 2015

Recibir a Dios

F. de Zurbarán, La Virgen niña dormida (h. 1630-1635), col. B. de Santander.

Duerme en una pausa de la oración en que estaba usando el libro (¿la Biblia?), 
soñando quizá en la venida del Mesías. 
A la derecha, un cuenco de porcelana con tres flores: 
la rosa (el amor), la azucena (la pureza) y el clavel (la fidelidad). 
Sobre su cabeza (hacer click para agrandar la imagen),
una luminosa aureola de cabecitas angélicas 
(Cf. comentario de Alfonso E. Pérez Sánchez).

El papel de María en la salvación y para cada cristiano se ha ido iluminando dentro del catolicismo, con más intensidad en los últimos siglos. Esto, decía Jean Daniélou, no es un añadido a la Sagrada Escritura ni es un residuo del paganismo, sino que proviene de haber entendido mejor la Biblia. Implica dos aspectos: entender mejor el misterio de su elección para ser madre de Dios; entender también por qué y cómo es madre nuestra, en cuanto que mantiene hacia nosotros la misma relación que tiene con Cristo. De todo ello se ocupa el gran teólogo francés en un capítulo de su libro “El misterio del Adviento” (Madrid 2006, original de 1948, pp. 109-128).

Su reflexión nos puede servir para terminar con intensidad la espera del Adviento, y vivir con intensidad la Navidad cristiana, especialmente este Año de la Misericordia, concentrándonos en la petición de la comunión espiritual que san Josemaría aprendió de un religioso escolapio: “Yo quisiera, Señor, recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”. Una oración que sirve a la vez para preparar la comunión eucarística siempre que podamos recibirla.

martes, 16 de diciembre de 2014

Alegría, don del adviento

Aunque algunos indicadores anuncian que comenzamos a salir de una crisis, sin embargo hay muchos que todavía la padecen en el día a día de sus vidas, sin trabajo, y sin horizontes para sacar adelante sus familias. En tantos lugares del planeta se vive el drama de las guerras y persecuciones, precisamente en este tiempo del Adviento que prepara para la buena noticia, la alegría de la Navidad. Ante los sufrimientos físicos y espirituales de tantas personas, heridas por la vida y huérfanos de alegría, ¿será bueno manifestar nuestra alegría, esa alegría del Adviento por la venida del Señor, y ofrecernos a compartirla con los demás?

     Se lo preguntaba Benedicto XVI hace ocho años ante la inminencia de la Navidad ¿”Cómo compartir con ellos la alegría sin faltarles al respeto por su sufrimiento?”. Y respondía: “La invitación a la alegría no es un mensaje alienante, ni un paliativo estéril, sino más bien una profecía de salvación, un llamamiento a un rescate que parte de la renovación interior” (Angelus, 17-XII-2006).

domingo, 23 de diciembre de 2012

Memoria y camino


M. Chagall, La ventana en la isla de Brehat (1924)

¿Se puede vivir sin un sentido, y sin que ese sentido tenga que ver con el amor? ¿Y qué mejor que “hacer memoria” de los dones de Dios, recorriendo el camino de la propia historia, para descubrir que ese camino sigue ahora hacia adelante, y es también para muchos?

     Benedicto XVI ha dedicado la audiencia general del 12 de diciembre a explicar “las etapas de la revelación”; es decir, la historia de la autocomunicación de Dios a la humanidad, para ofrecer su amor a todos y cada uno.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Dios que viene

Karen Blixen cuenta, en sus "Memorias de África" (Out of Africa, 1937), que una noche la despertó repentinamente un niño nativo. Se presentó silencioso en su habitación, con una lámpara en la mano, como si estuviera de guardia, “como un oscuro murciélago extraviado, con sus grandes orejas desplegadas”. Y le dijo muy solemnemente:

     “–Msabu, creo que debes levantarte”. Ella intentó que se marchara, pero él insistió y argumentó: “Creo que viene Dios”.

     Por la ventana contemplaron un extraño fenómeno: “Un gran incendio en las praderas y en las colinas, y la hierba ardía desde la cima hasta la llanura; desde la casa era casi como una línea vertical. Parecía como si una figura gigantesca se moviera y viniera hacia nosotros”. Tras un rato en silencio, ella intentó tranquilizarlo, pensando que se habría asustado. Pero su explicación no le impresionó demasiado: estaba convencido de que había cumplido con su deber al despertarla.

     “–Bueno –dijo–, puede que sea así. Pero pensé que era mejor que te levantaras en el caso de que viniera Dios”.

     Muchas culturas y religiones primitivas son capaces de captar, como un oscuro presentimiento más allá de los fenómenos naturales, el misterio de lo divino, porque todavía no les han “desencantado” el mundo, como nos pasa a los occidentales.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Acoger el proyecto de Dios


Joseph F. Brickey (1973-), Journey to Bethlehem

¿Cómo sería nuestro proyecto de vida si hubiéramos podido trazarlo personalmente? Con seguridad, no dejaríamos fuera a tantas personas que amamos; pero ¿dejaríamos fuera a las demás, nos serían indiferentes?

      La fe cristiana nos dice que Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros, que es, a la vez, una propuesta y una llamada para todos. Es un proyecto de amor y el amor es “benevolencia”, querer el bien para el otro. Nuestra respuesta debería ser una respuesta de amor a Dios, y, en consecuencia, a los demás. Lo ha dicho Benedicto XVI en su audiencia general del 5 de diciembre al explicar cómo “Dios revela su benévolo designio”.


martes, 11 de diciembre de 2012

El amor fiel de Dios, garantía de renovación

M. Chagall, Cristo en la noche


Renovarse o morir, se dice con raíces en los clásicos. Parece que a mitad de su vida las águilas deben enfrentarse con este proceso. Un salmo dice que Dios puede rejuvenecer el alma como el águila (103, 5).

      En la celebración de las primeras vísperas del Adviento (1-XII-2012), Benedicto XVI ha explicado, para los jóvenes universitarios de los ateneos romanos, que el amor fiel de Dios es la garantía para la auténtica renovación personal y para la renovación del mundo. Y lo ha hecho glosando las palabras de San Pablo: “El que os llama es fiel” (1 Ts 5, 24).

viernes, 7 de diciembre de 2012

Adviento: esperanza, oración, alegría



Un cuento de Adviento

El comienzo del adviento me ha traído a la memoria, una vez más, este cuento bien conocido.

     "Martín era un humilde zapatero de un pequeño pueblo de montaña. Vivía solo. Hacía años que había enviudado y sus hijos habían marchado a la ciudad en busca de trabajo.

     Martín, cada noche, antes de ir a dormir leía un trozo de los evangelios frente al fuego del hogar. Aquella noche se despertó sobresaltado. Había oído claramente una voz que le decía. ‘Martín, mañana Dios vendrá a verte’. Se levantó, pero no había nadie en la casa, ni fuera, claro está, a esas horas de la fría noche...

domingo, 2 de diciembre de 2012

Despertar en Adviento, y quitarse los miedos


Caravaggio, La anunciación (h. 1608-1610), 
Museo de bellas artes de Nancy (Francia)


Los cristianos comienzan el año antes que los demás, como si quisieran adelantarse para anunciar algo grande; aunque en realidad es Dios, el creador del tiempo, quien señala sus etapas.

      Litúrgicamente, el año cristiano se inicia en el Adviento. Empezamos a prepararnos siempre de nuevo, como si fuera la primera vez y al mismo tiempo la última vez que viene el Hijo de Dios al mundo. Y no es “como si fuera”, sino que así “es”. Porque Dios sigue llegando como el amor-nuevo por vez primera. Llega en el “hoy” de su eternidad, que se entrecruza con nuestro “hoy”, cada vez que recomenzamos a estar más cerca de él. Esto sucede en una conversión, en una confesión, en un “quitarse los miedos, dejarlos afuera”, como dice la canción. Esto acontece sobre todo en la Eucaristía. Dios sigue llegando como el amor-juez al final de la vida de cada persona; y también, para todos los pueblos, al final de la historia.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Adviento: puerta de la esperanza


Un hombre había perdido la “memoria del corazón”. Aquél hombre “había perdido toda la cadena de sentimientos y pensamientos que había atesorado en el encuentro con el dolor humano”. ¿Por qué sucedió esto y qué consecuencias tuvo? “Tal desaparición de la memoria del amor le había sido ofrecida como una liberación de la carga del pasado. Pero pronto se hizo patente que, con ello, el hombre había cambiado: el encuentro con el dolor ya no despertaba en él más recuerdos de bondad. Con la pérdida de la memoria había desaparecido también la fuente de la bondad en su interior. Se había vuelto frío y emanaba frialdad a su alrededor”.

      Es ésta una historia de Navidad de Charles Dickens, resumida por Joseph Ratzinger en una de sus meditaciones de los años 80 (publicadas en castellano con el título “El resplandor de Dios en nuestro tiempo”, Herder 2008).


La experiencia de la bondad


      Resulta interesante que lo que aquí se llama “memoria del corazón” o “memoria del amor” surja de los encuentros con el dolor. Esto ilumina una profunda verdad: normalmente percibimos que cualquier persona es digna de ser ayudada en su necesidad, porque pertenecemos todos a una sola familia humana. Los cristianos sabemos que somos imagen de Dios y estamos llamados a ser hijos de Dios. La conciencia de esa necesidad suscita en nosotros el deseo de hacer el bien. Y todo eso queda en la memoria como un tesoro, que nos permite seguir creyendo en el bien y la capacidad de hacer el bien, y seguir haciéndolo, amando. Sabemos, por experiencia, que necesitamos de los demás y que ayudándoles nos hacemos nosotros mismos mejores y contribuimos al progreso del mundo. Por eso quien no ha tenido la experiencia de la bondad, o ha perdido la memoria de la bondad, es difícil que tenga esperanza. 




      A los replicantes de la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982) –robots de aspecto humano– les habían implantado recuerdos y sentimientos artificiales; pero ellos habían llegado a sospecharlo, y, como sabían su fecha de caducidad, se rebelaron contra su “creador” y contra la autoridad establecida, porque querían seguir viviendo.

      Como cristianos, es el Espíritu Santo el que nos une y nos vivifica en la familia de Dios. Nos hace progresar por medio de la fe, de la esperanza y del amor. Uno de los modos principales en que lo hace es a través de la liturgia de la Iglesia, como sucede en el Adviento.


Despertar la esperanza


      “El Adviento –decía Joseph Ratzinger en su meditación– quiere despertar en nosotros el recuerdo propio y el más hondo del corazón: el recuerdo del Dios que se hizo niño. Ese recuerdo sana, ese recuerdo es esperanza”. El Adviento, puerta del año litúrgico, nos introduce en esa “historia de los recuerdos” más valiosos (la historia de nuestra salvación). Nos ayuda a “despertar la memoria del corazón y, de ese modo, aprender a ver la estrella de la esperanza”.


      En el Adviento podemos hacer que esos grandes recuerdos de la humanidad, que guarda la tradición cristiana, se vayan integrando en nuestros recuerdos personales y los vayan alimentando. Y observaba el cardenal Ratzinger: “Seguramente cada uno de nosotros puede contar en ese sentido su propia historia de lo que significan para su vida los recuerdos festivos de Navidad, de Pascua o de otras celebraciones”.

      Hoy parece amenazada, en muchos cristianos, esta “memoria del corazón” que es el año litúrgico, por falta de experiencia y de conocimiento. Por eso es importante reestrenar el Adviento. De la mano del Espíritu Santo y de María, especialmente en las semanas previas a la Navidad hay que desempolvar los recuerdos del bien y enriquecerlos viviendo con intensidad la liturgia y sirviendo a los demás, para mantener abierta la puerta de la esperanza.

      En el Adviento de 2010, Benedicto XVI señalaba: “El hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza. Y al hombre se le reconoce por sus esperas: nuestra ‘estatura’ moral y espiritual se puede medir por lo que esperamos”. Y exhortaba a preguntarse, durante la preparación de la Navidad: “Yo, ¿qué espero? ¿A qué, en este momento de mi vida, está dirigido mi corazón?”. Y también, en el plano de la familia, de la comunidad o de la nación: “¿Qué es lo que esperamos juntos? ¿Qué es lo que une nuestras aspiraciones?”




(publicado en  www.cope.es, 29-XI-2010)