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miércoles, 1 de octubre de 2025

La Pascua de Jesús, fuente viva de esperanza

Icono de la Anástasis (Resurrección)

Dentro de la catequesis del Año Jubilar 2025, cuyo título es Jesucristo nuestra esperanza, León XIV ha dedicado las últimas semanas a la Pascua de Jesús. Es decir, a los acontecimientos que tuvieron lugar en torno a su pasión, muerte y resurrección.

¿Qué lugar ocupa en nuestra vida la entrega de Jesús por nosotros? ¿La consideramos como un hecho del pasado, sin conexión con nuestro presente y nuestro futuro? La fe cristiana nos asegura que se trata de algo central, lleno de implicaciones para nuestra vida personal, social y eclesial. 


Preparar el encuentro con Dios y con los demás

El primero de estos miércoles (cfr. Audiencia general, 6-VIII-2025)el Papa se centró en la palabra preparar. “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?” (Mc 14, 12). En realidad, todo estaba preparado de antemano por Jesús: “La Pascua, que los discípulos deben preparar, está en realidad ya preparada en el corazón de Jesús”.

Al mismo tiempo, él pide a sus amigos que hagan su parte: “La gracia no elimina nuestra libertad, sino que la despierta. El don de Dios no anula nuestra responsabilidad, sino que la hace fecunda”.

Por tanto, tenemos, también nosotros, que preparar esa cena. No se trata solamente, advierte el sucesor de Pedro, de la liturgia o de la Eucaristía (que significa “acción de gracias”), sino de“nuestra disponibilidad para entrar en un gesto que nos supera”.

“La Eucaristía –observa León XIV– no se celebra solo en el altar, sino también en la vida cotidiana, donde es posible vivir todo como ofrenda y acción de gracias”.

De ahí la interpelación: “Podemos entonces preguntarnos: ¿qué espacios de mi vida necesito reordenar para que estén listos para acoger al Señor? ¿Qué significa para mí hoy ‘preparar’?”.

Algunas sugerencias: “Quizás renunciar a una pretensión, dejar de esperar que el otro cambie, dar el primer paso. Quizás escuchar más, obrar menos o aprender a confiar en lo que ya está dispuesto”.

Leer el texto completo (enlace a la web de "Omnes")


domingo, 3 de marzo de 2024

Sobre el culto espiritual y "el altar del corazón"

[Imagen: Fra Angelico, La Crucifixión (h. 1420-1423), Metropolitan Museum of Art, New York]

En una de sus audiencias generales de los miércoles, Benedicto XVI explicó el "culto espiritual" (*), que se puede considerar como el “contenido” del sacerdocio común de los bautizados: la capacidad que se nos otorga, con el bautismo, de convertir nuestra vida en ofrenda a Dios y servicio a los demás, también en la vida ordinaria, centrada en la Eucaristía.

El tema se inscribía dentro del año dedicado a san Pablo. El Papa Ratzinger se apoyó en tres textos de la carta a los Romanos, para mostrar que “san Pablo ve en la cruz de Cristo un viraje histórico, que transforma y renueva radicalmente la realidad del culto”.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

El misterio del templo en el Apocalipsis

(Imagen: belén en la catedral de León, España)

¿Qué es un templo y qué significa? ¿Es lo mismo el templo cristiano que otros templos? ¿Qué tiene que ver el templo con la vida corriente de un cristiano en el día a día? ¿Qué sentido tienen los ritos, los sacrificios, los sacramentos y el sacerdocio en la Iglesia católica? 

Son algunas de las preguntas que se planteaba Yves Congar, cuando escribió, en 1958 un libro que se tituló “El misterio del templo”. En él explica que el plan salvífico de Dios incluye su progresivo hacerse presente en sus criaturas. Y los templos son medios para eso.  

La fase final de ese proceso está expresada en el libro del Apocalipsis. Ahí se describe, de forma bella y dinámica, fuertemente simbólica y a la vez paradójica, que el templo o mejor el “no-templo” (porque se dice que allí no hay templo, o por lo menos no existirá ningún templo como los que históricamente se hayan podido conocer) será entonces la Iglesia.

A la vez, se la describe como una ciudad (la “nueva Jerusalén”) y una esposa…e incluso una familia, formada por una muchedumbre de todas las razas, pueblos y lenguas. 

Sobre todo, el “nuevo templo” es una Persona (Cristo), y lo demás gira en torno a Él, pero no sin nosotros (1). Veamos cómo lo explica el ilustre teólogo francés.


La nueva Jerusalén

“El Apocalipsis, para hablar del templo (…) lo describe con términos e imágenes que se refieren al Templo de Jerusalén. (…)

El Apocalipsis habla de dos templos, uno celeste y otro terrestre. Durante toda una serie de visiones, hay un templo en el cielo en el que algo ocurre, mientras dura todavía la historia terrena y existe incluso un templo sobre la tierra, en el que también ocurren otras cosas. En un momento dado, se nos anuncia el fin de la historia (…); Juan ve producirse el juicio de las Naciones (20, 11-15) y la aparición después de un nuevo cielo y de una nueva tierra (21, 1); la Jerusalén nueva desciende del cielo (21, 2) y queda instaurada entonces una situación nueva por lo que respecta al templo o a la inhabitación de Dios: hay ciertamente una ciudad, Jerusalén, ‘pero templo no vi en ella, pues el Señor, Dios Todopoderoso, con el Cordero, era su templo’ (21,22) (…).

Notemos en esta Jerusalén nueva del Apocalipsis el cumplimiento de los temas mayores del Antiguo y del Nuevo Testamento. Todo halla su recapitulación: ‘La aplicación de Jerusalén como tipo [imagen o símbolo] al estadio final de la obra de Dios entraña la alianza, la elección, el pueblo, la herencia, las doce tribus, los esponsales divinos, la inhabitación divina. Todo está renovado’ (J. Comblin). (…)

martes, 10 de noviembre de 2020

Fraternidad, discernimiento, comunicación

 

Trinidad (versión moderna del cuadro de Rublev),
tomada del blog de Diego Fares (diegojavierfares.com)
 
 
¿Cómo relacionar la fraternidad universal con el anuncio y la comunicación de la fe por parte de los cristianos?

1. En un libro publicado poco antes del Concilio Vaticano II, el joven teólogo Joseph Ratzinger se ocupó de La fraternidad de los cristianos (Salamanca 2004, original alemán de 1960). Es provechosa también ahora su lectura, a la luz de la encíclica Fratelli tutti. En el último capítulo de su libro, Ratzinger se pregunta cómo anunciar la fraternidad cristiana y promover la fraternidad universal. Y propone tres formas concretas del servicio cristiano a los “demás”: la misión, la caridad y el sufrimiento. 

lunes, 14 de septiembre de 2020

La cruz, el Espíritu Santo y la Iglesia

 

P. Sciancalepore (†), Cristo (detalle) en el Santuario de Torreciudad, Huesca, España


La cruz de Cristo fue humanamente una derrota y un fracaso. Pero para los cristianos la cruz de Cristo es sobre todo el signo de la victoria de Dios sobre el mal y el trono de su realeza, que es realeza de amor. Por eso la Iglesia exalta la cruz y la pone en su corazón, invitándonos a contemplarla sin miedo. Al mismo tiempo, para entender mejor el misterio de la cruz –y con ello el modo en que la fe cristiana ilumina el sentido del sufrimiento-, conviene considerar que "hemos nacido ahí" y ahí sigue estando nuestra fuerza: en el amor de Dios Padre, en la gracia que Jesús nos ganó con su entrega y en la comunión del Espíritu Santo (cf. 2 Co 13, 14).


La vida interior del cristiano se identifica con su relación con Cristo. Pues bien, esta vida pasa a través de la Iglesia, y viceversa: nuestra relación con la Iglesia pasa necesariamente por nuestra relación personal con Cristo. En este cuerpo de Cristo todos los miembros deben asemejarse a Cristo «hasta que Cristo esté formado en ellos» (Ga 4, 9).

«Por eso –dice el Vaticano II y recoge el Catecismo de la Iglesia Católica– somos integrados en los misterios de su vida (...), nos unimos a sus sufrimientos como el cuerpo a su cabeza. Sufrimos con él para ser glorificados con él» (Lumen gentium, 7; CEC 793). 

jueves, 7 de mayo de 2020

Un sueño revelador


En su cuento “El sueño de un hombre ridículo” (*), Dostoiewsky relata el caso de un hombre escéptico y desesperado, hasta el punto de que había decidido suicidarse.

Una noche lóbrega, cuando caminaba hacia su casa, una niña le salió al encuentro, llorando y gritando, pidiéndole ayuda.

Aunque él la despreció, más tarde, ya en su casa, le vino el remordimiento:

“Podía haber ayudado a la niña. ¿Y por qué no la ayudé? Pues por una idea que me asaltó: cuando ella me estaba tirando del brazo y me llamaba, se me planteó una cuestión que no pude resolver. (...) ¿Por qué razón sentí de pronto que no todo me resultaba indiferente, y que sentía compasión hacia aquella niña?”

miércoles, 8 de abril de 2020

El Crucifijo y el Evangelio


Viernes, 27 de marzo. El Papa reza en la plaza de San Pedro,
presidida por el Crucifijo de San Marcello al Corso

En medio de la pandemia que nos toca vivir, irrumpe la Semana Santa y, tras ella, el tiempo de Pascua. En su audiencia general del miércoles 8 de abril, el Papa nos acompaña, prepara y aconseja, a la vez que anuncia y confirma la fe. Para ayudarnos, se plantea preguntas que quizá nos hagamos en tiempos de crisis: ¿Donde está Dios ahora? ¿Por qué permite el sufrimiento? ¿Por qué no resuelve rápidamente nuestros problemas?

También la gente que acogió a Jesús triunfalmente a su entrada en Jerusalén –observa Francisco- se preguntaba si libraría al pueblo de sus enermigos (cf.Lc 24, 21). Esperaban un Mesías poderoso y triunfante con la espada. En cambio les llega uno manso y humilde que llama a la conversión y a la misericordia. Y, curiosamente, la misma gente que lo había aclamado luego pedirá que le crucifiquen (cf. Mt 27, 23), mientras que los que le seguían lo abandonan confusos y asustados.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Reavivar el fuego de la misión


En su homilía durante la Misa de apertura del Sínodo sobre la Amazonia (6-X-2019) el papa ha dicho a los presentes ­–muchos de ellos obispos, pero las palabras de Francisco se pueden aplicar a todos los cristianos– que “hemos recibido un don (cf. 2 Tm 1, 6) para ser dones”. Así es, y se trata ante todo del don de la fe, segundo más importante después del don de la vida.

Luego, dentro y en el desarrollo de la fe vamos recibiendo otros dones –vocaciones, ministerios, carismas, etc.– que son siempre para traducirlos en servicio de la Iglesia y del mundo.

En conjunto, como dice Francisco, “nuestra vida, por el don recibido, es para servir”. El evangelio del día pone en boca del Señor el consejo de que nos consideremos como “siervos inútiles”. Traduce el papa: siervos sin fines de lucro, que no buscan ganancia, sino que dan gratuitamente lo que gratuitamente han recibido. ¿Cómo hacerlo fielmente? Francisco lo explica mediante cuatro pasos

lunes, 30 de septiembre de 2019

Prosperidad y fe cristiana

En diversas ocasiones el Papa Francisco se ha referido a una corriente actual de pensamiento, surgida en ambientes cristianos fundamentalistas y muy extendida hoy por el apoyo mediático. Es la denominada “Teología de la prosperidad” (cf. Evangelii gaudium, n. 90). Mantiene la convicción de que Dios quiere que los cristianos tengan por encima de todo una vida próspera, que sean ricos, sanos y felices. Según esto, el bienestar debe estar en el centro de una oración que se dirige a Dios como quien hace realidad los pensamientos y deseos del orante. Esto es muy distinto del sentido cristiano de la prosperidad.

martes, 10 de septiembre de 2019

Paradoja de la belleza cristiana

Icono ortodoxo de la crucifixión (1499-1500)

Según el diccionario del español, paradoja es un hecho o una expresión aparentemente contrario o contradictorio respecto de la lógica. Por ejemplo: “Mira al avaro, en sus riquezas, pobre”.

La realidad está llena de paradojas y la sabiduría cristiana proporciona orientación para situarse ante esa realidad, de modo que la vida sea lo más plena posible. Especialmente los valores, como muestra el cristianismo, presentan una apariencia paradójica que conviene descubrir; también la belleza, que es un camino educativo de primera calidad, especialmente en relación con la vida cristiana. Ese ha sido el tema de un seminario celebrado recientemente en la Universidad Panamericana de Guadalajara-México (29-31/VIII/2019).

1. Cuenta el evangelio de San Lucas que cuando un paralítico fue curado por Jesús, “al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa”. Como consecuencia “el asombro se apoderó de todos”, de modo que decían: “Hoy hemos visto cosas increíbles” (Lc 5, 25-26). El texto original utiliza la palabra griega paradoxa (literalmente, algo contrario a la opinión extraída de la experiencia).

jueves, 7 de marzo de 2019

Jesucristo, vida verdadera y eterna

A propósito de “la protección de los menores en la Iglesia” (Francisco, Discurso, 24-II-2019) y para contribuir a esta tarea en el conjunto de la sociedad, los educadores de la fe deberíamos hacernos algunas preguntas: ¿cómo se explican las incongruencias, y a veces los delitos, de personas que dicen tener fe y que incluso tienen como misión la de educar a otros? ¿Qué tipo de educación hay que dar a los cristianos, comenzando por los educadores? ¿Podría bastar una educación suficientemente ética, como señalan algunos?

Esto no significa echar las culpas de todo a una mala educación recibida por quienes cometen abusos, ni tampoco lo contrario: afirmar que la única causa y por tanto el único remedio para evitar los problemas sea una buena educación o formación. Pero es nuestra responsabilidad preguntarnos cómo puede contribuir la educación de la fe en estas cuestiones.

Conviene preguntarse antes: ¿qué es la fe?, ¿qué implica la fe para la vida?, ¿cómo educar la coherencia de los cristianos en su colaboración con todos para la búsqueda del bien común?

miércoles, 27 de febrero de 2019

Para comprender a Cristo

En uno de sus textos de los años ochenta, Joseph Ratzinger, ahora papa emérito Benedicto XVI, ofrece siete claves para comprender quién es Cristo, según el testimonio de la Sagrada Escritura[1]. Analizamos aquí esas claves, con sus implicaciones principales para la oración y la vida cristiana.

(El retrato que figura a la izquierda es de Laur Iduc)


El centro de la vida de Cristo es su oración

1. “Según el testimonio de la Sagrada Escritura, el centro de la vida y de la persona de Jesús es su permanente comunicación con el Padre”[2], sobre todo en su oración.

domingo, 10 de febrero de 2019

Sentir la Iglesia


Tiziano, Pentecostés (h. 1545),
                                                                 iglesia de Santa Maria della Salute (Venecia)

En su viaje a Panamá el papa Francisco tuvo un encuentro con los obispos centroamericanos (24-I-2019), que se celebró bajo el lema episcopal de san Oscar Romero: “Sentir con la Iglesia”. Se trata de un aspecto importante para todos los cristianos. Pues sentir con la Iglesia implica tener el “sentido de la Iglesia”, también como parte esencial de la vida espiritual.

¿Qué lugar ocupa la Iglesia en nuestras inquietudes e incluso en nuestra oración? Para tratar de responder a esta preguntas, quizá convenga plantearse antes otra: ¿Pero qué es la Iglesia?

Para muchos la Iglesia es una institución humana más. En la perspectiva cristiana la Iglesia es una realidad profunda que pertenece a la fe: “Creo en la Santa Iglesia Católica”. Esto se recoge en el llamado Credo o Símbolo de los apóstoles, profesión de fe que procede de la primitiva Iglesia de Roma, presidida por el apóstol Pedro.

En 1963, mientras se celebraba el Concilio Vaticano II, un perito teólogo llamado Joseph Ratzinger señalaba que interpretar bien el misterio de la Iglesia no era cosa solo de los padres conciliares, sino de todos los fieles cristianos. Primero, porque la Iglesia, como decía Guardini al principio del siglo, había “despertado en las almas” (esto es, los cristianos percibían, movidos por la gracia de Dios, la realidad eclesial en la que vivían y de la que formaban parte). Además, porque —de acuerdo con ese despertarse del sentido de la Iglesia en los cristianos— una declaración doctrinal sobre la Iglesia solo lograría tener un pleno significado “si se traduce en una realidad espiritual en la vida de fe de los individuos” (1).

viernes, 1 de junio de 2018

Combate espiritual y discernimiento

En una ocasión visité la abadía de Melk, en Austria. Me llamó la atención, en el retablo de la iglesia, una enorme corona dorada sostenida por ángeles con esta inscripción: “Nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones” (San Agustín, Comentario sobre el salmo 60).

A la vez, los cristianos, para calibrar la realidad de su situación ante Dios y en cada momento de la vida, necesitamos del discernimiento, tanto desde el punto de vista personal como familiar, social y eclesial

El último capítulo de la exhortación Gaudete et exsultate plantea estos dos medios imprescindibles para todo cristiano que desea seguir seriamente la llamada a la santidad: el combate espiritual y el discernimiento.

sábado, 24 de marzo de 2018

El compadecer de Dios



M. Caravaggio, El sacrificio de Isaac (1603)
Galeria Uffici, Florencia


Probablemente recordando el suceso del sacrificio de Isaac (cf. Gn 22), que finalmente no tuvo que morir a manos de Abrahán, dice San Pablo que “Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Rm 8, 32).

¿Cómo debe entenderse que Dios “no perdonó” a su propio hijo?

Como ha explicado Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, esto no debe entenderse como si los pecados cometidos por los hombres a lo largo de los siglos acumularan una inmensa deuda ante Dios, y Dios solo se sintiera satisfecho o aplacado mandando a su Hijo a la Cruz, quedándose Dios Padre tranquilo en su trono celeste, mientras Jesús sufría en su naturaleza humana.

No. Jesús en su pasión y muerte estaba acompañado siempre por su Padre, como había dicho: “Me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre” (Jn 16, 32).

jueves, 20 de abril de 2017

La Cruz ante la banalidad del mal

Anne-Marie Pelletier —autora de los textos del Via crucis que se han leido en 2017 en presencia del Papa— ha señalado en diversas entrevistas que la Cruz no puede ser un objeto decorativo a la moda. Ni menos puede ser, como por desgracia ha sucedido algunas veces durante la historia, un estandarte levantado para la exclusión o la persecución.

La Cruz, prosigue explicando A.-M. Pelletier, no es tampoco un reflejo –con expresión de Hanna Arendt— de la “banalidad del mal”, ante la que parece que estamos acostumbrados.

Estas palabras manifiestan bastante bien la situación de nuestra cultura occidental: junto a indudables logros en lo científico y tecnológico, estamos sumergidos en una especie de ceguera moral, producida por un sol de tinieblas (Bernanos) que hace que nos parezcan casi normales las innumerables víctimas de la historia y el abismo sin fondo de la crueldad humana, y que miremos todo eso con indiferencia.

sábado, 30 de julio de 2016

Nosotros y las respuestas de Dios



En el Via Crucis con los jóvenes ha dicho Francisco que las palabras de Jesús en la parábola del Juicio final (“Tuve hambre y me disteis de comer…”: Mt 25, 35-36) tienen que ver con muchas preguntas, que con frecuencia resuenan en nuestra mente y en nuestro corazón, para las que no hay respuesta humana (Via Crucis con los jóvenes, Parque Blonia, Cracovia, 29-VII-2016).

domingo, 17 de julio de 2016

Esperanza para mí y para los otros

En nuestra vida siempre hay incertidumbres. No solamente en el ámbito social y político, nacional e internacional; también en lo personal: ¿adónde vamos? ¿Qué hay más allá? ¿Qué podemos esperar? ¿En qué consiste propiamente la vida eterna y qué tiene que ver con nuestra vida normal, de todos los días?

Ante estas y otras preguntas parecidas, siempre puede ser un buen momento para releer la encíclica del ahora Papa emérito, Benedicto XVI, Spe salvi, de 2007, sobre la esperanza cristiana.

Ante la pregunta ¿qué podemos esperar? Joseph Ratzinger se plantea básicamente dos cuestiones: una autocrítica de la edad moderna y un nuevo aprendizaje del sentido cristiano de la esperanza.


jueves, 24 de marzo de 2016

Dios que sufre

S. Boticelli, Trinidad, 1465-1467

Ante la brutal violencia terrorista, habrá quien se pregunte dónde está Dios. Y los cristianos decimos: aquí, Dios está aquí, sufriendo con nosotros y con todos los que sufren, ahora y hasta el fin del mundo. No otra cosa revivimos en la Semana Santa. En una entrevista al papa emérito Benedicto XVI, publicada en un libro reciente y recogida en el “Osservatore Romano” (*), sale a relucir el sentido del sufrimiento en Dios.

El hombre moderno parece no tener necesidad de justificarse ante Dios, e incluso a veces se atreve a pedir a Dios que se justifique ante los males del mundo. El hombre ha perdido la sensibilidad de los propios pecados, se cree justo, y no siente necesidad de ninguna salvación. O por lo menos tiene la sensación de que Dios no puede dejar que se pierda la mayor parte de la humanidad.

miércoles, 15 de abril de 2015

Jesús, rostro de la misericordia

M. Chagall, Crucifixión blanca (1938), Instituto de arte de Chicago

Con la bula de convocación para el Jubileo extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus (11-IV-2015) se abre un periodo preparatorio de oración y estudio, diálogo y acción. Es un camino, el de la misericordia, que la Iglesia viene recorriendo desde su comienzo, más intensamente desde mediados del siglo pasado; y que ahora Francisco propone como catalizador de un impulso nuevo.

Para facilitar la lectura del texto del Papa y su asimilación, cabe estudiarlo distinguiendo algunas partes (distinción que es nuestra, no del documento).