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viernes, 8 de mayo de 2026

Primavera que forja unidad

El papa defiende el matrimonio entre hombre y mujer
Al cumplirse el primer año del pontificado de León XIV, elegido el 8 de mayo de 2025, la Iglesia y el mundo contemplan un estilo marcado por la profundidad de la interioridad agustiniana y una decidida urgencia misionera. Este "humilde siervo de Dios y de los hermanos", como describió el oficio papal en su primer encuentro con los cardenales, ha sabido recoger la herencia de su predecesor, Francisco, integrándola en una síntesis teológica donde la unidad y la caridad son los ejes transversales.

Testimonio de unidad para la paz

Su lema episcopal se ha convertido en hoja de ruta: "In Illo uno unum" (En Aquel uno –Cristo–, somos uno). Esta expresión de san Agustín no es solo deseo ecuménico, sino definición de la identidad eclesial: la comunión solo es posible si se converge en el Señor Jesús. En un mundo fragmentado, la Iglesia se ofrece como "puente" y "faro", no por la potencia de sus estructuras, sino por la santidad de sus miembros.

Uno de los acentos más vibrantes ha sido su llamamiento a una "paz desarmada y desarmante". En sus viajes, especialmente a tierras africanas y al Líbano, ha denunciado que la guerra es una "espiral destructiva" alimentada por la especulación de materias primas y la lógica del dominio. La paz no es una simple tregua, sino un cambio definitivo en el corazón de quien la recibe, con la fuerza del grano de trigo que si muere da vida a la espiga dorada. En todo gobierno el "poder es servicio", si antepone el bien común a los intereses particulares.

En la exhortación apostólica Dilexi te, ha recordado con fuerza que los pobres no son meros "objetos" de pastoral, sino "sujetos creativos" que estimulan a vivir el Evangelio con autenticidad. Siguiendo el espíritu de la Rerum novarum de su homónimo León XIII, el Papa ha denunciado la "exclusión" como la nueva cara de la injusticia social, instando a luchar por los derechos sagrados de "tierra, techo y trabajo". Su mensaje es claro: si la Iglesia no tocase la "carne de Cristo" en el necesitado y sufriente, se disolvería en una mundanidad espiritual vacía.


Educación y cultura, ecumenismo y fidelidad

El sucesor de Pedro ha sido especialmente sensible a la educación y la cultura. Con la proclamación de san John Henry Newman como doctor de la Iglesia, el Papa apuesta por una formación que armonice fe y razón, como un “itinerario de la mente hacia Dios”; como una “luz amable” (Lead, kindly light), frente al riesgo del nihilismo que borra la esperanza. Ante la Inteligencia artificial, propone una alfabetización ética y crítica que proteja la dignidad humana y las relaciones interpersonales, que forme “constelaciones” capaces de diseñar la paz, sin anestesiar el “corazón inquieto” en busca de la verdad.

Este primer año ha coincidido con el 1700 aniversario del Concilio de Nicea, evento que el obispo de Roma ha señalado como brújula para la unidad visible de los cristianos. Ha valorado especialmente el "ecumenismo de la sangre", reconociendo que los mártires de todas las tradiciones ya están unidos en la Cruz del Señor. Su mirada hacia las Iglesias orientales como "tesoros inestimables" refleja un deseo de catolicidad que no uniforma, sino que se enriquece con la diversidad. Y así, es capaz de la armonía que componen las cuerdas de una cítara.

León XIV ha invitado a los sacerdotes y seminaristas a vivir una "fidelidad que genera futuro", entendida como un camino constante de conversión y no como inmovilidad. Una propuesta que sirve para todos los cristianos. En este primer año, el pontífice ha proyectado una Iglesia totalmente sinodal y ministerial, que no se contempla a sí misma, sino que sale al encuentro de una humanidad sedienta de sentido.

Con la mirada puesta en el bimilenario de la Resurrección (2033), nos recuerda que, a pesar de las tinieblas de la historia, "el mal no prevalecerá" porque todos estamos en manos de Dios.

Buscador de sabiduría, diseñador de belleza y coreógrafo de esperanza, de una u otra forma el Papa nos dirá del 6 al 12 de junio en España –Madrid, Barcelona, Montserrat y Canarias– que es posible una humanidad verdaderamente nueva (*).
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(*) Artículo publicado en Diario de Navarra, 7-V-2026

 

sábado, 25 de abril de 2026

Formar para la escucha del corazón

El discurso de León XIV a los profesores de religión católica de Italia (25-IV-2026) ofrece orientaciones que son válidas también para otros lugares y culturas. En él se traza el marco global de esta importante actividad educativa y se indican luego algunos puntos concretos para hacer frente a los desafíos actuales. Un texto que puede ayudar al discernimiento educativo.

La exposición del Papa puede abordarse en dos partes. En una primera parte se traza el marco de la enseñanza de la religión católica, como podemos ver en los puntos siguientes (numeración nuestra).


El marco de la enseñanza escolar de la religión

1. "La dimensión religiosa (...) 'es un elemento constitutivo de la experiencia humana y no puede ser marginada en el proceso formativo de las nuevas generaciones' (CEI, Nota pastoral La enseñanza de la religión católica: laboratorio de cultura y diálogo, 11 de diciembre de 2025). 

2. En su texto bien conocido ("Nos has hecho para ti, y nuestro corazón no descansa hasta que descanse en ti": Confesiones 1, 1), san Agustín "hablaba de una búsqueda interior a la cual siempre han estado ligadas, en el ser humano, las grandes preguntas de la vida: la relación con Dios, con la creación y con los demás; de este modo, la sed de infinito, inherente a cada persona, puede convertirse en energía para promover la paz, para renovar la sociedad y para colmar sus contradicciones".  Aquí se refleja la dimensión plenamente humanizadora de la educación. 

3. En este contexto, el servicio de enseñar religion católica, "expresión del cuidado de la Iglesia por las nuevas generaciones, es como un trampolín desde el cual niños, adolescentes y jóvenes pueden aprender a lanzarse a la fascinante aventura del diálogo interior; y en esto constituye un elemento indispensable de aquella alianza educativa de la que hoy hay tanta necesidad". Lo humanizador se enlaza con lo ético al ir descubriendo la dignidad de la persona y enfrentarse con el sentido de las grandes cuestiones: el sentido de la vida y del amor, del dolor, el más allá. 

4. Además, "la enseñanza de la religión católica es una disciplina de gran valor cultural, útil para comprender las dinámicas históricas y sociales, así como las expresiones del pensamiento, del ingenio y de las artes que han dado forma y siguen modelando el rostro de Italia, de Europa y de tantos países del mundo". Dimensión cultural de la enseñanza escolar de la religión. 

5. En cuanto al modo de realizar esta enseñanza, es "en diálogo con los demás ámbitos del saber y de la investigación religiosa, y sobre todo en el estudio de las páginas inagotables de la Biblia, a través de las cuales conocemos a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, revelación del rostro del Padre y modelo perfecto de humanidad". Dimension de interdisciplinariedad, fundamentación en la Escritura y centralidad de Jesucristo. 

6. De esta forma, "hacéis accesible a las nuevas generaciones, en pleno respeto de la libertad de cada uno, aquello que de otro modo podría permanecer incomprensible y vago". En efecto, no se trata de un adoctrinamiento (en el sentido negativo atribuido hoy con frecuencia a esta palabra), sino de una información reflexiva que fundamenta el crecimiento interior de cada alumno. Se inscribe en el derecho a la libertad religiosa que tienen los padres y madres a la hora de escoger el horizonte religioso para sus hijos, y también a la libertad religiosa de tantos adolescentes, jóvenes y adultos (también no cristianos y no creyentes) que desean conocer la religión católica por diversos motivos. 

7. "La verdadera laicidad no excluye el hecho religioso, sino que sabe valorarlo como un recurso educativo". Esto, apunta el Papa, forma parte de un marco más amplio: "Conocer y amar lo que uno es, para saber encontrarse con el otro con respeto y apertura". De nuevo resalta la dimensión antropológica y social de la educación, y la importancia de una cultura del encuentro. 


Los caminos de una educación del corazón 

En una segunda parte, León XIV comparte algunas reflexiones orientativas para los educadores, reunidos en este encuentro nacional bajo el lema newtoniano "El corazón habla al corazón" (Cor ad cor loquítur). 

1. Esas palabras, dice, contienen la propuesta de un camino en el que "la verdad es la meta y la relación personal el medio para alcanzarla". Esto compromete a los educadores, en su tarea, "para ayudar a los chicos a reconocer una voz que en realidad ya resuena en ellos, a no sepultarla ni confundirla con los ruidos que los rodean".  Se trata por tanto de un servicio muy valioso a la personalización y libertad interior de cada alumno, y una ayuda en el horizonte de la sabiduría a través de la escucha y contemplación de uno mismo, de los demás y del mundo. Máxime "en una época en la que vivimos constantemente asediados por estímulos de todo tipo", por lo que "acallar esa voz es facilísimo". Y por ello, "educar para escucharla o redescubrirla es uno de los dones más grandes que se pueden ofrecer a las nuevas generaciones". 

Apelando a una visión transcendente de la persona como base de la educación (no existe ninguna "educación neutra), añade León XIV: "El ser humano no puede vivir sin la verdad ni sin significados auténticos". Y agrega que "los jóvenes, aunque a veces parezcan apáticos o insensibles, tras una fachada de aparente indiferencia, en realidad a menudo esconden la inquietud y el sufrimiento de quien «siente demasiado» y con demasiada intensidad, sin lograr poner nombre a lo que experimenta".

2. Retoma todo lo anterior y llega el Papa al climax de su discurso, señalando, ante todo, el núcleo antropológico de la educación escolar: "Hacer escuela, por tanto, significa formar a las personas en la escucha del corazón y, con ello, en la libertad interior y en la capacidad de pensamiento crítico, según dinámicas en las que fe y razón no se ignoran ni mucho menos se oponen, sino que son compañeras de camino en la búsqueda humilde y sincera de la verdad".  

Tal es, en efecto, el trasfondo de toda educación plenamente humana, y especialmente de la enseñanza escolar de la religión. De ahí se deduce algo que todo educador sabe bien: "Por eso, educar requiere la paciencia de sembrar sin pretender resultados inmediatos, respetando los tiempos de crecimiento de la persona. Y, sobre todo —enseña Newman—, requiere amor". 

3. Una tercera recomendación amplia el papel del educador o del profesor, como guía y acompañante, junto con otras personas (principalmente los padres y madres de familia), como luz y apoyo para el crecimiento de cada persona. "La verdad pasa a través de las personas, y para vuestros alumnos esas personas sois también vosotros". Y aquí enumera los que puedes considerarse elmentos del perfil ideal del educador de la fe. Vosotros, les dice el Papa, "estáis llamados a ser maestros creíbles porque estáis enamorados de Dios y de ellos; a transmitir valores sin protagonismos ni moralismos; a ofrecer miradas que levantan y a ser testigos de esa coherencia humilde y cercana que hace amables y deseables incluso los contenidos más exigentes". 

Insiste León XIV en el estilo de la educación hoy requerida, mirando ahora desde los alumnos: "Vuestros alumnos no necesitan respuestas prefabricadas, sino cercanía y honestidad por parte de adultos que caminen a su lado con autoridad y responsabilidad mientras afrontan las grandes preguntas de la vida". Esto traerá consecuencias en los alumnos: "Recordarán los ojos y las palabras de quienes supieron reconocer en ellos un don único, de quienes los tomaron en serio, de quienes no tuvieron miedo de compartir con ellos un tramo de camino, mostrándose a su vez hombres y mujeres que buscan, piensan, viven y creen".

No traza el sucesor de Pedro un panorama fácil, para estos especialistas en la educación de la fe que hoy necesitamos. Manifiesta querer para ellos y para sus alumnos lo mejor. Y por eso les pone el listón alto, confiado en que no les falta la ayuda divina y el aprecio y cariño de todos para esta fascinante aventura: colaborar a que los alumnos puedan "descubrir" a Dios y, si lo desean, seguirle en el camino cristiano. León XIV enfrenta a los educadores con "la necesidad de una sólida competencia, animada por la pasión por el estudio, el rigor cultural y la preparación didáctica, porque la enseñanza de la religión católica requiere también actualización, capacidad de proyectos y uso de lenguajes adecuados".

4. Concluye calificando estos desafíos de "dramáticos y al mismo tiempo apasionantes". Una tarea, en suma, de servicio a las personas y a la Iglesia. Retoma unas palabras suyas que, si bien sirven para todos los educadores, retratan el papel de los profesores de religión católica: "Servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, incansables buscadores de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza" (Carta apostólica Dibujar nuevos mapas de esperanza, 11.3).

martes, 21 de abril de 2026

Redescubrir "la alegría de evangelizar"

Se cumple un año del fallecimiento del Papa Francisco. Tras el primer consistorio con los cardenales (celebrado el 7 y 8 de enero pasados), donde se marcó el rumbo del pontificado, León XIV ha escrito una carta a los cardenales (12-IV-2026). En ella los anima a relanzar la propuesta de Evangelii gaudium (La alegría de evangelizar, documento programático del pontificado del Papa Bergoglio): una Iglesia que no se mira a sí misma, sino que se sitúa de modo renovado “en salida”. 

“Dicha Exhortación –les señala, declarando la clave de su carta– sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el ‘kerigma’ como corazón de la identidad cristiana y eclesial”.

Y añade un argumento que se manifestó especialmente en ese consistorio respecto a la propuesta del Papa Francisco: “Se ha reconocido como un verdadero ‘soplo nuevo’, capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia”. En otros términos, cabría decir, se reconoce que el impulso a la evangelización es una orientación incisiva en la hoja de ruta del presente pontificado.


Interpelación para cada cristiano e impulso a la misión eclesial

León XIV concreta cómo “esta perspectiva interpela a la Iglesia en todos los niveles”. Primero, a nivel personal: “llama a cada bautizado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada” Y observa que “en este camino se ve afectada también la calidad misma de la vida espiritual, en el primado de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida”.

En segundo lugar, a nivel comunitario, impulsa a pasar “de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio”. Es decir, “comunidades acogedoras, capaces de utilizar un lenguaje comprensible, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, de acompañamiento y de sanación”.

Concreta, a nivel diocesano, subrayando “la responsabilidad de los pastores para apoyar con firmeza la audacia misionera, velando por que no se vea pesada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo esencial”.

En suma: a nivel de cada uno, fe personal vivida, primacía de la oración, testimonio desde la coherencia con la vida; y a nivel eclesial, acogida, escucha y acompañamiento, impulso a la misión desde el discernimiento.


El centro: anunciar a Cristo


De todo ello, dice el Papa, surge “una comprensión de la misión profundamente unitaria” a partir del encuentro personal con Cristo: “una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que aúna el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo”.

Se trata de superar una perspectiva de mero aumento en número de seguidores, de mera conservación o de expansión institucional.

Lo expresa incisivamente León XIV, aludiendo a la “Iglesia en salida” que quiso Francisco: un impulso evangelizador capaz de señalar el horizonte de esperanza en un mundo que lo necesita: “Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia está llamada a vivir sin complejos, como un pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo”.

Entre las indicaciones específicas que surgieron en el consistorio, concluye señalando cuatro, que, dice, merecen ser acogidas y meditadas más a fondo:

1) “la necesidad de relanzar Evangelii gaudium para verificar con honestidad qué es lo que, tras el paso de los años, se ha asimilado realmente y qué es lo que, por el contrario, sigue siendo desconocido y sin poner en práctica” (lo que manifiesta, entre otras cosas, el valor creciente que se reconoce a este documento en el impulso a la nueva evangelización);

2) de modo especial, “se debe prestar atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana” (lo que pone de relieve la importancia que se concede al anuncio y transmisión de la fe y, por tanto, a la catequesis);

3) “la atención a valorar también las visitas apostólicas y pastorales (*) como auténticas ocasiones ‘kerigmáticas’ y de crecimiento en la calidad de las relaciones” (todo ello como un instrumento del ministerio de los pastores al servicio de los fieles);

4) “la exigencia de reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, incluso a nivel de la Santa Sede, en una perspectiva más claramente misionera” (lo que plantea la necesidad de articular esta comunicación, en sus diversas formas y medios, con el anuncio de la fe).

Como puede verse, la publicación de esta carta puede ser una ocasión y una invitación, para cada uno y para cada comunidad cristiana e institución eclesial, a un discernimiento sobre el camino recorrido desde la participación en la vida de Cristo, el compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.

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(*) Las visitas apostólicas son inspecciones o evaluaciones oficiales ordenadas por la Santa Sede a una institución eclesiástica —como una diócesis, seminario o instituto religioso— para examinar su estado, corregir abusos o deficiencias y fomentar la disciplina y la fe (se fundamentan en el ministerio y la potestad del Papa, cf. can. 331). Las visitas pastorales son las que realiza el obispo a las parroquias y comunidades de su diócesis para fortalecer la fe, animar a los fieles y examinar la vida pastoral (cf. cans. 396-398). Ambas pueden considerarse como un tiempo de gracia, una manifestación de la cercanía de los pastores a los fieles, y una ocasión para la renovación de la vida cristiana y el fomento de la unidad.

miércoles, 8 de abril de 2026

Sobre los Ordinariatos anglicanos de la Iglesia Católica y su aportación a la educación de la fe



(Imagen: Nuestra Señora de Walsingham, patrona de Inglaterra)

En el documento por el que se crearon los ordinariatos personales para anglicanos que deseaban entrar en plena comunión con la Iglesia católica (cf. Benedicto XVI, Const. Ap. Anglicanorum coetibus, 2009), se dice que tienen la facultad de “mantener vivas en el seno de la Iglesia católica las tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales de la Comunión anglicana, como don precioso para alimentar la fe de sus miembros y riqueza para compartir” (cf. apartado III).

            Hace ahora poco más de un mes, el Dicasterio para la Doctrina de la fe invitó a los obispos responsables de esos ordinariatos a poner por escrito su experiencia sobre cómo han recibido e integrado esos elementos, a la vez culturales y religiosos, que vienen de la tradicion anglicana. Ahora se ha publicado su respuesta (Characteristics of the Anglican Heritage as Lived in the Ordinariates Established Under the Apostolic Constitution “Anglicanorum Coetibus”, 24-III-2016).

Ellos han afirmado que, a pesar de las distancias y los diversos lugares donde están asentados (como Inglaterra y Escocia, Orlando, Australia y Micronesia), tienen conciencia de compartir una identidad esencial (a core share identity). “Esta identidad compartida tiene su origen en un camino común de seguimiento de Cristo que los ha llevado a la plena comunión con la Iglesia católica”. Por eso entienden que, al entrar en la Iglesia católica, han traído con ellos lo que ya san Pablo VI denominó en 1970 un “patrimonio valioso de piedad y costumbres” que la Iglesia reconoce, como hemos visto, como un don precioso no solo para ellos sino también para compartir con los demás católicos.


La inculturación del Evangelio pasa por Inglaterra

Ya en junio de 2024 el cardenal Víctor Fernández, desde la catedral de Westminster (templo católico principal de Inglaterra y Gales), llamó la atención sobre el valor de estos ordinariatos en la perspectiva de la inculturación:
“La existencia del Ordinariato […] refleja una realidad profunda y hermosa sobre la naturaleza de la Iglesia y la inculturación del Evangelio, como un rico patrimonio inglés. Porque la Iglesia es una, y el Evangelio es uno, pero en el proceso de inculturación, el Evangelio se expresa en una variedad de culturas. De este modo, la Iglesia adquiere un nuevo rostro […] En este proceso, la Iglesia no solo da, sino que también se enriquece. Porque, como enseñó San Juan Pablo II, ‘cada cultura ofrece valores y formas positivas que pueden enriquecer la manera en que se predica, se comprende y se vive el Evangelio’ (Exh. ap. Ecclesia in Oceania, 2001, 16).

El Ordinariato, afirmó además el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la fe, representa una expresión concreta de esa realidad: “En el caso del Ordinariato, la fe católica se incultura entre personas que han vivido el Evangelio en el contexto de la Comunión Anglicana. Al entrar en plena comunión con la Iglesia católica, esta se ha enriquecido. Podemos decir, por tanto, que cada Ordinariato representa uno de los rostros de la Iglesia, que, en este caso, acoge ciertos elementos de la rica historia de la tradición anglicana: elementos que ahora se viven en la plenitud de la comunión católica”.

Como decíamos, el más reciente capítulo de esta historia es la lista que los obispos de los ordinariatos anglicanos han elaborado, enumerando los rasgos que consideran característicos de su herencia espiritual y pastoral. Identifican en 7 párrafos esos rasgos que, como se puede ver, constituyen interesantes sugerencias para la educación de la fe en el conjunto de la Iglesia Católica (cf. Characteristics…, documento citado). Estas caracteristicas, como veremos, tienen mucho que ver con san John Henry Newman. Con su figura y con su camino hacia la Iglesia Católica.

sábado, 4 de abril de 2026

Los cristianos en el encuentro de la fe con las culturas


León XIV, inspirado en la Virgen de Guadalupe, explica cómo la Iglesia propone una inculturación de la fe que no colonice las culturas, sino que las habite con amor para elevar sus valores y sanarlas desde su propia raíz.

¿Qué tiene que ver el mensaje del Evangelio con las culturas? ¿Qué luz nos ofrece sobre esto la vida de Cristo? ¿Qué criterios se deducen de ello para la misión de la Iglesia y el apostolado de los cristianos?

Nos situamos en medio de un profundo y vertiginoso cambio cultural, acompañado de un gran desarrollo tecnológico, y de no menores conflictos por motivaciones políticas, económicas e ideológicas. Esto nos interpela como cristianos, llamados a participar en la configuración del mundo, a la vez que anunciamos el mensaje del Evangelio como semilla de luz y de vida definitiva.

En este contexto, nos detenemos en un importante mensaje de León XIV sobre el acontecimiento de Guadalupe (en 2031 celebraremos los 500 años), así como en las enseñanzas del Papa durante algunas visitas pastorales a parroquias romanas. 


El Evangelio y las culturas

León XIV califica el acontecimiento guadalupano como “signo de perfecta inculturación” del Evangelio (cfr. Mensaje a un congreso sobre el acontecimiento guadalupano, 5-II-2026). Y se detiene a explicar en qué consiste esta inculturación.

Se trata del modo como ha sucedido la historia de la salvación, a través de las culturas, tal como se recoge en las Sagradas Escrituras, comenzando por el Antiguo Testamento: la Alianza con el pueblo elegido. Poco a poco, Dios se fue manifestando mientras acompañaba las vicisitudes del Pueblo de Israel. Luego, “Dios se reveló plenamente en Jesucristo, en quien no sólo comunica un mensaje, sino que se comunica Él mismo”. Y, por eso, enseña san Juan de la Cruz que después de Cristo no queda otra palabra por esperar, no hay nada más que decir, pues todo ha sido dicho en Él (cfr. Subida al Monte Carmelo, II, 22, 3-5).

Está claro que evangelizar, como expresa el mismo término, es llevar la “buena noticia” (Evangelio) de la salvación por Jesús. Ahora bien, el anuncio del mensaje evangélico acontece siempre dentro de una historia y de una experiencia concreta. Esto comenzó con Jesús de Nazaret, en el que el Hijo de Dios asumió nuestra carne (hablamos de su “encarnación”): asumió nuestra condición humana con todo lo que comporta, también a través de una cultura concreta.

Lo mismo debe seguir haciendo la evangelización: “Se sigue entonces que no puede ignorarse la realidad cultural de quienes reciben el anuncio y se comprende que la inculturación no es una concesión secundaria ni una mera estrategia pastoral, sino una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia”. Si bien es cierto que el Evangelio no se identifica con ninguna cultura particular, es capaz de impregnarlas (iluminarlas y purificarlas) con la verdad y la vida que proceden de Dios.

“Inculturar el Evangelio –explica León XIV– es, desde esta convicción, seguir el mismo camino que Dios ha recorrido: entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su propia vivencia humana y cultural”. Y observa: “Esto implica asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar”.

Dicho esto, añade lo que “no es” la inculturación: no es una “sacralización de las culturas ni su adopción como marco interpretativo decisivo del mensaje evangélico”; ni una “acomodación relativista o una adaptación superficial del mensaje cristiano”. No se trata, pues de “legitimar todo lo culturalmente dado o justificar prácticas, visiones del mundo o estructuras que contradicen el Evangelio y la dignidad de la persona”. Eso equivaldría a “desconocer que toda cultura —como toda realidad humana— debe ser iluminada y transformada por la gracia que brota del misterio pascual de Cristo”.

Por tanto y en síntesis condensada: “La inculturación es, más bien, un proceso exigente y purificador, mediante el cual el Evangelio, permaneciendo íntegro en su verdad, reconoce, discierne y asume las semina Verbi presentes en las culturas, y al mismo tiempo purifica y eleva sus valores auténticos, liberándolos de aquello que los oscurece o los desfigura. Estas semillas del Verbo, como huellas de la acción previa del Espíritu, encuentran en Jesucristo su criterio de autenticidad y su plenitud”.


Guadalupe, lección de pedagogía divina

En esta perspectiva, señala el Papa, “Santa María de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica”. No canoniza una cultura, pero tampoco la ignora, sino que la asume, purifica y transfigura convirtiéndola en “lugar” de encuentro con Cristo.

“La ‘Morenita’ manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre”.

Lo sucedido en el Tepeyac, asegura León XIV, no es una teoría ni una táctica; sino que “se presenta como un criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su presencia salvadora”.

Pasando a la situación actual, observa el Papa que hoy la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta. Vivimos en sociedades plurales con visiones del hombre y de la vida que tienden a prescindir de Dios. En este contexto, es necesaria “una inculturación capaz de dialogar con estas realidades culturales y antropológicas complejas, sin asumirlas acríticamente, de modo que suscite una fe adulta y madura, sostenida en contextos exigentes y a menudo adverso”.

Esto implica que no cabe transmitir la fe “como una repetición fragmentaria de contenidos ni como una preparación meramente funcional para los sacramentos, sino como un verdadero camino de discipulado”; de modo que“la relación viva con Cristo forme creyentes capaces de discernir, de dar razón de su esperanza y de vivir el Evangelio con libertad y coherencia”.

Concluye León XIV replanteando la prioridad de la catequesis para todas las edades y en todos los lugares: “la catequesis se vuelve una prioridad irrenunciable para todos los pastores (cfr. CELAM, Documento de Aparecida, 295-300)”. La catequesis –insiste– “está llamada a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia, a acompañar de forma continua y profunda el proceso de maduración que conduce a una fe realmente comprendida, asumida y vivida de manera personal y consciente, incluso cuando ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes”.

(Este texto corresponde a una parte de un artículo más extenso.

Leer más en "Omnes" abril de 2026)

martes, 3 de marzo de 2026

El diálogo De Dios: oferta de amistad

Hoy se nos habla frecuentemente de la acogida, la escucha y el diálogo. En este contexto, ¿qué significado puede tener el que León XIV nos invite, tras el Año jubilar, a “redescubrir el Vaticano II” en sus documentos?

Juan Pablo II afirmó que este Concilio es “la gran gracia de la que Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX”. En continuidad con sus predecesores cercanos, León XIV ha dicho que el Vaticano II sigue siendo “la estrella polar” del camino de la Iglesia.

¿No será, entonces, que el Concilio nos ilumina acerca de cómo ha sido la acogida, la escucha y el diálogo por parte de Dios con nosotros? ¿No será que nos guía para acoger lo que el Señor nos quiere revelar, de modo que podamos acertar en nuestro camino, siendo sal y luz para la humanidad?


El Concilio Vaticano II, una nueva aurora

En su catequesis introductoria (cf. Audiencia general 7-I-2026), el Papa Prevost ha señalado cómo, apoyado en la rica reflexión bíblica, teológica y litúrgica que había atravesado el siglo XX, “el Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios como Padre que, en Cristo, nos llama a ser sus hijos” (cf. const. Dei Verbum).

Así mismo, “ha mirado a la Iglesia a la luz del Cristo, luz de las gentes, c
omo misterio de comunión y sacramento de unidad entre Dios y su pueblo” (cf. const. Lumen gentium); “ha iniciado una importante reforma litúrgica poniendo en el centro el misterio de la salvación y la participación activa y consciente de todo el Pueblo de Dios (const. Sacrosanctum concilium). A la vez, el Vaticano II, que Juan XXIII consideró como una nueva aurora para la Iglesia, nos ha impulsado a “abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la época moderna en el diálogo y en la corresponsabilidad” (cf. Const. pastoral Gaudium et spes).

León XIV ha subrayado que gracias al Concilio Vaticano II y siguiendo las orientaciones de san Pablo VI, “la Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio” (enc. Ecclesiam suam, 34). Un diálogo que se extiende por medio del ecumenismo, del diálogo interreligioso y con las personas de buena voluntad.

Para leer más: enlace a "Omnes", marzo de 2026.

domingo, 1 de marzo de 2026

Anuncio de la fe y experiencia (humana y cristiana)

Duccio di Buoninsegna, La transfiguración (1308-1311)
National Gallery, Londres. Fotografía en Wikipedia Commons

La escena de la transfiguración del Señor es la primera que debe reproducir todo aspirante a pintar iconos. Ahí Jesús muestra su gloria como meta y modelo, que permanece en medio de nuestra historia y cumpliendo las promesas divinas anunciadas por los profetas. Pedro hubiera querido quedarse en ese momento glorioso: “hagamos tres tiendas”; pero, para llegar a la gloria definitiva, aún debe recorrer y experimentar el camino que también pasa por la cruz.

En la educación de la fe, la relación entre el anuncio y la experiencia no debe plantearse como una oposición, sino como una correlación necesaria para el encuentro vivo con Cristo. En esta relación se pueden destacar algunos aspectos fundamentales.


Superación de la dicotomía entre “contenido” y experiencia

Una educación cristiana que separe el mensaje doctrinal de la vivencia personal está destinada al fracaso. Por una parte, sin la experiencia de la fe, el anuncio se queda en un mero enunciado de conceptos que no permite un verdadero encuentro con Dios ni con los hermanos. Por otro lado, sin el “contenido” (o más bien el anuncio de la fe), la experiencia carece de la luz necesaria para madurar y para insertarse en el sentido de la vida cristiana y de la Iglesia.

La experiencia (la existencia y la vida humana) no es solo el destino de la propuesta de fe, sino el "lugar" donde Dios habla. Es, por tanto, un espacio constitutivo de la educación de la fe, sea en la modalidad de Enseñanza escolar de la religión, sea en la catequesis de la comunidad cristiana. La vida cotidiana es el lugar donde la Palabra de Dios resuena y donde Dios mismo continúa hablando hoy, para hacer que la experiencia humana adquiera una plenitud en la experiencia cristiana. Por tanto, el educador de la fe debe acercarse a la experiencia de las personas con actitud de escucha, reconociendo que el Espíritu Santo ya está actuando en ellas antes del anuncio explícito.


Pedagogía, discernimiento e inculturación

La pedagogía de la fe se realiza mostrando la relación entre el anuncio y la experiencia, entre la fe y la vida. Para ello, debe emplear el método del discernimiento (un proceso de interpretación o un “proceso hermenéutico” de cómo ha de llevarse esa acción educativa concreta), que tiene como dos direcciones complementarias: a) De la vida a la fe: los acontecimientos personales y sociales encuentran en el anuncio cristiano una luz que los interpreta en su verdad más profunda; b) De la fe a la vida: el mensaje del Evangelio debe presentarse mostrando siempre sus implicaciones vitales y su capacidad de dar plenitud a la existencia.

Esto tiene también que ver con la inculturación, que es “método” de la pedagogía de Jesús. “Él ha querido revelarse no como un ente abstracto ni como una verdad impuesta desde fuera, sino entrando progresivamente en la historia y dialogando con la libertad del hombre” (León XIV, Mensaje al congreso teológico-pastoral sobre el acontecimiento guadalupano, en México, 25-II-2026). Esa es la lógica del misterio de la Encarnación. Por eso la inculturación del mensaje cristiano no es una concesión ni una mera estrategia sino una exigencia de la misión evangelizadora. Y por tanto, también una necesidad de la educación de la fe, para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de la propia vivencia humana y cultural, "informando" la madurez humana y cristiana

Y esto requiere asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo (cf. Ibid.). Por eso el educador de la fe ha de plantearse, en toda acción educativa, quiénes son las personas que se le confían, qué piensan, cuál es su trasfondo cultural, qué formación han recibido, qué necesitan, cuáles son sus gozos y sus esperanzas (cf. Gaudium et spes, 1). E indudablemente eso pide observar y escuchar sus vidas, sus preguntas, sus anhelos y sus inquietudes. Solo así se puede iluminar la existencia y liberarla de aquello que la oscurece y desfigura, para que pueda ser “trasfigurada” a imagen de Cristo.

Jesús es el modelo pedagógico de la unión entre fe y vida, anuncio y experiencia. Él no partía de abstracciones, sino de la observación de la vida cotidiana (la semilla, el sembrador, el banquete) para invitar a un proceso interior de reflexión. La pedagogía de la fe debe imitar este estilo, ayudando a las personas a leer los momentos de su vida, tanto las realidades ordinarias de cada día como los acontecimientos más extraordinarios, como "pasajes pascuales" de encuentro con el Resucitado, al modo de los discípulos de Emaús.


Testimonio, narración y símbolo

Además, el anuncio de la fe no es solo un discurso, sino el testimonio de un encuentro. En el anuncio del kerigma (Cristo ha muerto y resucitado por nuestra salvación), la vida del testigo que ha experimentado la salvación es lo que realmente conmueve al interlocutor. La relación entre anuncio y experiencia se hace visible cuando el educador se muestra como un acompañante y experto en humanidad, que sabe relacionar los gozos y angustias del hombre con el Evangelio.

En la era digital, la educación de la fe debe articular la "in-formación religiosa" con la “experiencia de Dios”. Dos modalidades se presentan para esto. En la Enseñanza escolar de la religión la base es la información reflexiva, respetuosa con la libertad e interpeladora sobre todo con la belleza de la fe vivida, de modo que la experiencia debe entretejerse con esa información. Mientras que en la catequesis de la comunidad cristiana el orden es el inverso: la experiencia cristiana en su conjunto es lo que se muestra y se busca crecer en madurez, si bien esto requiere continuamente crecer en formación.

En todo ello ayudan dos lenguajes. De un lado el lenguaje narrativo, que ayuda a entrelazar la historia de Jesús con la biografía personal, haciendo que la fe "se haga carne" (1) . De otro lado, el lenguaje simbólico y litúrgico, que permite que la persona se involucre con todos sus sentidos, pasando de ser un espectador a vivir una experiencia transformadora (2)

En resumen, la relación entre anuncio de la fe y experiencia (humana y cristiana) se muestra cuando la educación cristiana ayuda a la persona a descubrir que vale la pena creer y vivir la fe, como luz e impulso trasformador de la existencia cotidiana, porque el mensaje que recibe responde al anhelo de infinito de su propio corazón.

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(1) Sobre las ventajas y algunos inconvenientes de este lenguaje cf. Directorio de la catequesis, particularmente los nn. 207-208, 363-364. Ver también https://iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com/2020/01/nuestras-historias-y-sus-nudos.html#more

(2) A este propósito es aconsejable releer y trabajar la Carta apostólica del Papa Francisco Desiderio desideravi (2022) sobre la formación litúrgica. Para una introducción, https://iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com/2022/06/necesidad-de-la-formacion-liturgica.html

jueves, 29 de enero de 2026

Formar "constelaciones educativas"

 (Imagen: V. Van Goh, Noche estrellada sobre el Ródano, 1888, Museo de Orsay, Francia)

Durante el Jubileo de la esperanza, León XIV dirigió dos discursos a estudiantes y educadores, tuvo otro encuentro con miembros de universidades católicas y celebró la misa en la que proclamó a san John Henry Newman doctor de la Iglesia y copatrono (con santo Tomás de Aquino) de los educadores católicos. Finalmente, por lo que respecta a la educación, dirigido un videomensaje a los participantes en el congreso "Sin identidad no hay educación" (Madrid, noviembre de 2025).

En sus intervenciones el Papa se refirió a la educación (especialmente la de inspiración católica) hablando de "la ruta de las estrellas", y propuso formar "constelaciones educativas".


La fe es vivir en plenitud, no "ir tirando"

En el encuentro con los estudiantes (30-X-2025), con palabras de Pier Giorgio Frassati, les animó a una vida en plenitud: “Vivir sin fe no es vivir, sino ir tirando”. Hay que vivir además “Hacia lo alto”.

Les invitó a configurar su vida en analogía con las estrellas: “La verdadera paz nace cuando muchas vidas, como estrellas, se unen y forman un diseño. Juntos podemos formar constelaciones educativas que orienten el camino futuro”.

Apuntó: “Desde siempre, los viajeros han encontrado su rumbo en las estrellas”. También los estudiantes tienen estrellas o brújulas que les guían (padres, maestros, sacerdotes, buenos amigos, etc.). A la vez, están llamados, formando constelaciones de sentido con otros, a convertirse en “testigos luminosos para quienes les rodean”.

Galileo descubrió muchas cosas mirando a lo alto. La educación, dice León XIV, es como “un telescopio que les permite (a los estudiantes) mirar más allá, descubrir lo que por sí solos no verían. No se detengan, pues, a mirar el teléfono y sus rápidos fragmentos de imágenes: miren al cielo, miren hacia lo alto”.

El Papa se detuvo en los tres nuevos objetivos que ha añadido para el Pacto Educativo Global, en parte por petición de los jóvenes mismos: la vida interior, la educación digital y la educación para la paz. Vida interior: “No basta con tener un gran conocimiento científico, si luego no sabemos quiénes somos y cuál es el sentido de la vida. Sin silencio, sin escucha, sin oración, incluso las estrellas se apagan. Podemos saber mucho del mundo e ignorar nuestro corazón”. Como enseña san Agustín, educar para la vida interior significa “escuchar nuestra inquietud, no huir de ella ni atiborrarla con lo que no sacia”. “Nuestro deseo de infinito es la brújula que nos dice: ‘No te conformes, estás hecho para algo más grande’, ‘no te conformes con ir tirando, ¡vive!’”

Respecto a la tecnología, les exhortó a saber usar la tecnología con sabiduría sin dejar que la tecnología les utilice; cultivar la inteligencia emotiva, espiritual, social y ecológica; y construir espacios de fraternidad y creatividad. Y la educación de la paz se logra rechazando la violencia y la vulgaridad, y promoviendo la dignidad de todos.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Educación de miras altas

Acaba de ser publicada (con una traducción de trabajo en castellano) la Carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, de León XIV (27-X-2025), con ocasión del LX aniversario de la Declaración conciliar Gravissimum educationis. 

Como invitación a la lectura del documento, señalamos sus claves.

La educación es el “tejido mismo” de la evangelización. Es una “obra coral” de la entera comunidad educativa. En nuestro mundo complejo, la educación de inspiración cristiana, con su propia identidad, es tanto o más necesaria que en la época del Vaticano II, como brújula (en la estela de la declaración Gravissimum educationis) para navegar en la nueva urgencia educativa (causada por las guerras, las migraciones, las desigualdades y las diversas formas de pobreza), como una de las expresiones más altas de la caridad cristiana y una forma de esperanza: tarea de amor y de reconstruir la confianza.


La tradición educativa de los cristianos

La tradición educativa de los cristianos tiene una historia larga, dinámica y viva. Hoy también debe renovarse (innovación) sobre el centro de la persona, y con el presupuesto de la relación entre fe y razón, sin olvidar los aspectos afectivos y sociales, pues la verdad se busca en comunidad. Es fundamental la escucha de las preguntas y el diálogo.

La pedagogía católica presupone una visión antropológica integral con visión cristiana (antropología cristiana: un humanismo integral que incluye la responsabilidad social, la contemplación espiritual y también de la belleza creada, promoviendo estilos de vida sostenibles); supera, por tanto, visiones funcionalistas y utilitaristas, excesivamente dependientes del mercado laboral y de las finanzas; pide el discernimiento de las situaciones de las personas y sus circunstancias y promueve la fraternidad entre los pueblos

Para educar en la relación entre fe, cultura y vida, en colaboración con las familias (los padres y madres son los primeros educadores, y el Estado debe respetar el principio de subsidiaridad), es necesario el testimonio cristiano de los profesores, así como su formación permanente en sus distintos aspectos (científico, pedagógico, cultural y espiritual).

Desde el punto de vista de las instituciones educativas (hoy se requiere una mayor generosidad y altura de miras, al servicio de la sociedad y de la misión cristiana), se pide crecer en colaboración entre los distintos carismas educativos, con creatividad y espíritu de servicio, incluyendo el discernimiento de la tecnología, y dando la primacía a la maduración de la persona. En síntesis: calidad (en la planificación pedagógica, en la formación de los docentes y en la gobernanza) y valentía (para garantizar el acceso a los más pobres y apoyar a las familias frágiles).

Propone retomar (y ampliar) las prioridades del “Pacto Educativo Global” que lanzó el Papa Francisco, ampliando los 7 objetivos con otros tres, referentes a la vida interior, la digitalidad humana y la educación para la paz.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Los fundamentos de la formación

Romano Guardini fue un gran pensador y educador. En su obra se esfuerza por señalar los fundamentos antropológicos y éticos de la formación en general, y también de la formación cristiana (*).

Entiende que lo propio de la tarea educativa, y por tanto de la ciencia pedagógica es ayudar en la dinámica humana del llegar a ser (o devenir). Y hacerlo desde la propia identidad y en relación con lo que no soy (todo lo que hay frente a mí: las personas, el mundo y sobre todo Dios), para convertirlo, poniendo en juego mi libertad, en contenido de mi vida. 

Hay por tanto "dos dialécticas" o dos tensiones en el hacerse vivo del hombre. Una primera, que tira desde la persona, y que consiste en que "la mismidad del individuo que se hace está tensada desde la propia posibilidad hacia la propia realidad". Es decir, un llegar a ser a partir de sí mismo. Y una segunda que tira desde la vida exterior, de modo que arrastra al individuo hacia la realidad que está frente a él: "Solo puedo realizarme vivamente a mi mismo si voy más allá de mí mismo hacia lo que no soy, hacia el ser frente a mí: hacia las cosas, hacia las personas, hacia las ideas, hacia las obras y tareas". 

Pues bien, afirma Guardini: “En esta doble dialéctica y en sus direcciones de movimiento, se basa todo el impulso formativo”. Se trata de fomentar el “tránsito de lo viviente posible a lo viviente real”. La formación debe ayudar a que la persona se sitúe de modo dinámico y realista, y vaya madurando entre esas dos tensiones.

Crítica este autor tres concepciones insuficientes de la formación, que han atravesado la historia humana, pero son insuficientes de por sí: 1) el centrarse en el puro conocimiento (pues este no garantiza la sabiduría, y tiende a abandonar la vida real); 2) el buscar la pura ética o el valor moral (lo que es empobrecedor porque inhibe la plenitud humana y cultural); 3) el fomentar solo la plenitud natural, biológica y estética (lo que pude caer en lo infrahumano). 

A estas concepciones y a otras de tipo social, económico o político les falta, según Guardini, lo específicamente pedagógico. Pues, como en otros seres, lo propio del hombre es la configuración de su propio ser, la forma que le corresponde. Y lo demás está incluido en esto.


Dos dimensiones y dos “pedagogías”: identidad y servicio

En esta estructura propia de la persona humana, destaca Guardini dos dimensiones o componentes, que se corresponden respectivamente con las dos dialécticas señaladas más arriba: el elemento inmanente (que le lleva a perfeccionarse a sí misma desde sus propias estructuras) y el elemento trascendente (que le lleva a perfeccionarse saliendo de sí misma hacia el mundo exterior y hacia Dios).

El elemento imanente, a su vez, está constituido por la tensión entre dos polos: la forma humana esencial y la plenitud o movimiento existencial.

La forma humana contiene tanto lo biológico y lo psíquico como lo espiritual: la conciencia, la libertad, la iniciativa, la decisión y la acción; y está abierta a los demás, al mundo y a Dios. La plenitud de esta forma está en la vida de la gracia, que le otorga una semejanza con el ser divino. Para Guardini la forma del hombre constituye el primer fundamento de lo pedagógico.

Pero no debe entenderse esta “forma” según un canon abstracto, una norma universal establecida a priori, y en todo caso separada de las situaciones concretas en que se encuentra la persona. Si se entendiera así, una pedagogía centrada en la forma humana destruiría la auténticamente humano, e incluso podría hacer de esa idea o valor abstracto algo así como un dios.

Tampoco cabe suprimir la forma y quedarse solo con las situaciones concretas, en una perspectiva “actualista” (lo propio humano sería simplemente enfrentarse sucesivamente con las acciones aisladas) o existencialista; pues esto no tiene en cuenta que la persona pide una continuidad en el ser y en el hacer; y también esto puede llevar a un sentido trágico de la existencia.

Precisamente lo propio de la pedagogía es comprender y trabajar ayudando a la persona a situarse en la intersección entre esos dos polos: forma y movimiento, identidad (abierta a la libertad) y desarrollo (siempre desde la posesión de sí misma, mediante el encuentro, el diálogo, la amistad, el trabajo, etc). Subraya Guardini que la formación (la ayuda para lograr a llegar a la plenitud de la forma) no debe dirigirse a configurar la persona según una forma subjetivista o egocéntrica, sino abierta a lo “objetivo”, es decir,  a la relación y comunión con los demás, con Dios y con el mundo. Y con ello tenemos el elemento trascendente de la pedagogía.

Por eso la “pedagogía de la identidad” debe ir unida a una "pedaogía del servicio" que comienza por la aceptación de sí mismo, de las personas y de las cosas no como uno las considere o valore subjetivamente, sino en sí mismas (según sus leyes y valores reales y objetivos); y continúa por el servicio a las necesidades, peticiones y valores del “objeto”, constituido por la realidad que no es ella misma.


Riesgos o límites de estas “pedagogías”

Tambien cada una de esas “pedagogías” tiene sus riesgos o límites. La pedagogía de la inmanencia o de la identidad “tiene el peligro de empobrecer a la persona, encerrarla en sí misma. Por eso necesita como contrapartida la otra pedagogía de la aceptación y del servicio . Y así podrá desarrollar las “virtudes del carácter”: disciplina, diligencia, fidelidad, responsabilidad, fiabilidad, justicia, sensatez y mesura; y más de fondo, el auténtico hacerse a sí mismo, que solo puede realizarse por la auténtica entrega al "tú".

En cuanto a la pedagogía de la trascendencia o del servicio, tiene el límite relacionado con el orden que me impida caer en el caos, al relacionarme con las cosas, perjudicando mi identidad. Esto se puede resolver teniendo en cuenta el contrapunto de la otra dimensión: la pedagogía de la identidad constituida por el juego entre forma y movimiento o plenitud.


Orden, decisiones, discernimiento

En definitiva, para Guardini, los tres puntos de vista descritos (la forma, el movimiento y el servicio) expresan tres estructuras y posibilidades de la pedagogía que no pueden separarse porque se complementan necesariamente. La elección del orden que deben guardar en el acto pedagógico concreto puede variar, y depende de las decisiones del sujeto (de la persona o del educador) en las situaciones particulares, en determinadas temporadas, o en la relación con la vida en su conjunto. (De ahí la importancia, podríamos decir por nuestra parte, del discernimiento educativo en el educador y de que este enseñe a la persona a discernir a la hora de su actuar).

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(*) Hay sustancial acuerdo en que el ensayo del autor más acabado sobre este tema es “Fundamentación de la teoría de la formación”. Ver la traducción al castellano de Sergio Sánchez Migallón con el estudio introductorio de Rafael Fayos Febrer, Romano Guardini, Fundamentación de la teoría de la formación, Eunsa, Pamplona 2020.
         Entre la abundante bibliografía sobre su pensamiento y su actualidad, cabe citar la breve introducción de A. López Quintás, “La revitalización de un gran maestro”, en Humanitas 9 (2004) n. 34, 278-285.

jueves, 3 de abril de 2025

Artistas, voluntarios y vocaciones



¿Qué tienen en común los artistas, los voluntarios y las vocaciones eclesiales? Que buscan sin conformarse, que caminan sin cansarse, que son llamados a responder con algo o mucho de la propia vida.

Entre las enseñanzas que Francisco ha seguido proponiendo las pasadas semanas desde el hospital Gemelli, hemos seleccionado tres apelaciones a grupos de personas especialmente queridas por el Papa: los artistas, el voluntariado y las vocaciones.


Para leer más... Enlace a la web de Omnes.

jueves, 13 de marzo de 2025

Comunicar y compartir la esperanza


¿Cuáles han sido el primer mensaje y el primer gran acontecimiento del Año Santo? El Papa los dedicó al mundo de la comunicación. Sucedió poco antes de su ingreso en el hospital...

Con motivo de este Jubileo, exhorta el sucesor de Pedro a los comunicadores:

“Cuenten también historias de esperanza, historias que alimenten la vida. Que su arte de contar historias (storytellling) sea también arte de contar historias de esperanza (hopetelling). Cuando cuenten el mal, dejen espacio para la posibilidad de remendar lo que está desgarrado, para que el dinamismo del bien pueda reparar lo que está roto. Siembren interrogantes”.


Enlace al artículo publicado en "Omnes", número de marzo n. 740, pp. 24-27. 



miércoles, 22 de enero de 2025

La esperanza, motor de la educación



¿Cuál es –se preguntaba Francisco– el método educativo de Dios?” Y se respondía: “Es el de la proximidad y cercanía”. Así comenzó Francisco su discurso para un grupo de educadores católicos italianos, el pasado 4 de enero de 2025


La pedagogia de Dios

Sobre el telón de fondo de la cercanía, compasión y ternura, características del “estilo” Dios, se perfila la pedagogía divina: “Como un maestro que entra en el mundo de sus alumnos, Dios elige vivir entre los hombres para enseñar a través del lenguaje de la vida y del amor. Jesús nació en una condición de pobreza y sencillez: esto nos llama a una pedagogía que valora lo esencial y pone en el centro la humildad, la gratuidad y la acogida”. 

“La de Dios –señala Francisco– es una pedagogía del don, una llamada a vivir en comunión con Él y con los demás, como parte de un proyecto de fraternidad universal, un proyecto en el que la familia ocupa un lugar central e insustituible”. Es una síntesis, en clave educativa, de las líneas principales de su pontificado.

La pedagogía de Dios, prosigue, es “una invitación a reconocer la dignidad de cada persona, empezando por los descartados y marginados, como se trataba a los pastores hace dos mil años, y a apreciar el valor de cada etapa de la vida, incluida la infancia. La familia es el centro, ¡no lo olvidemos!” (cf. Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Dignitas infinita, 8-IV-2024) 

lunes, 4 de noviembre de 2024

Volver al corazón

Una mirada a la realidad con ojos y corazón cristianos


¿Cómo surge la cuarta encíclica del Papa y cuál es su finalidad?

La encíclica Dilexit nos, sobre al amor humano y divino de Jesucristo (24-X-2024), nace de la experiencia espiritual del Papa Francisco y se puede ver como clave de lectura del pontificado. También, por tanto, de las anteriores encíclicas de Francisco en su conjunto. 


Plantea lo que se puede colegir de la nota 1 en el primer capítulo, donde se remite al padre Diego Fares, que calificó el pontificado de Francisco en la línea de una “reforma desde el corazón” y una “educación del corazón”.

Se nos propone “volver al corazón” (cf. nn. 9 ss) en un mundo tentado por el consumismo, donde corremos el riesgo de perder personalmente nuestro centro, la fuente de nuestras verdaderas intenciones, preguntas y respuestas, donde se juega realmente nuestra vida. Pues el corazón es lo que nos unifica personalmente (armonizando la inteligencia y la voluntad, los sentidos, los afectos y los deseos). Y sin el corazón nos quedamos como fragmentados y descoyuntados por dentro. Además, el corazón es el que permite los encuentros y los vínculos con los demás y con el mundo. Y cuando falla el corazón “nos volvemos incapaces de acoger a Dios” (n. 17). En efecto, y el lenguaje común sabe algo de lo que significa tener corazón o no tenerlo.

De ahí que, ante los dramas de nuestro mundo, el Concilio Vaticano II invitaba a volver al corazón, ya que el ser humano “por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones (cf. 1 Sal 16,7; Jr 17,10), y donde él personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino “ (Gaudium et spes, 14).

viernes, 1 de noviembre de 2024

Mensaje cristiano y catequesis (nuevo libro)




El autor de este blog ha publicado un libro de Alfredo García Suárez, Mensaje cristiano y catequesis. Textos escogidos (Edición y estudio introductorio a cargo de Ramiro Pellitero), Eunsa, Pamplona 2024.

Contenido (párrafos tomados de la contracubierta) 

Se recogen aquí algunos escritos de un teólogo de raza, el profesor Alfredo García Suárez. Entre los temas de fondo destacan tres: el laicado, la educación de la fe y la renovación de la Iglesia.  

En primer lugar, el compromiso cristiano en el mundo. “Por medio de sus miembros laicos –entiende el autor–, la Iglesia informa la integridad del orden temporal, lo fermenta con la levadura evangélica, configurándolo en sus perfiles humanos y en sus líneas cristianas”. 

En segundo lugar, siempre en el marco teológico del mensaje cristiano, propone una comprensión profunda e incisiva de la tarea educativa de la fe que puede contribuir a mejorarla, también en las circunstancias actuales de globalización y cultura tecnológica.

Finalmente, aporta criterios decisivos para participar en la renovación de la Iglesia y en su misión evangelizadora.

domingo, 22 de septiembre de 2024

El diálogo y la colaboración entre los creyentes


(Imagen: personas de diversas religiones trabajando en un proyecto común) 

Durante su visita apostólica en Asia y Oceanía, el Papa Francisco mantuvo un encuentro de carácter interreligioso en Yacarta, Indonesia (un país de gran mayoría musulmana, donde solamente hay un 10% de cristianos y un 3% de católicos), en la mezquita “Istiqlal” (cf. Discurso 5-IX-2024). Fue diseñada por un arquitecto cristiano y está unida a la catedral católica de Santa María de la Asunción por el “túnel (subterráneo) de la amistad”. Allí Francisco alabó la nobleza y la armonía en la diversidad, de modo que los cristianos pueden testimoniar su fe en diálogo con grandes tradiciones religiosas y culturales. El lema de su visita fue “fe, fraternidad, comprensión”.


Amistad y trabajo conjunto

Animó el Papa a los creyentes a proseguir con la comunicación –simbolizada en ese túnel de la amistad– en la vida del país:

“Los animo a continuar por este camino: que todos, todos juntos, cultivando cada uno la propia espiritualidad y practicando la propia religión, podamos caminar en la búsqueda de Dios y contribuir a construir sociedades abiertas, cimentadas en el respeto recíproco y en el amor mutuo, capaces de aislar las rigideces, los fundamentalismos y los extremismos, que son siempre peligrosos y nunca justificables”.

En esta perspectiva, quiso dejarles dos orientaciones. En primer lugar, ver siempre en profundidad. Porque más allá de las diferencias entre las religiones –diferencias en las doctrinas, ritos y prácticas–, “podríamos decir la raíz común de todas las sensibilidades religiosas es una sola: la búsqueda del encuentro con lo divino, la sed de infinito que el Altísimo ha puesto en nuestro corazón, la búsqueda de una alegría más grande y de una vida más fuerte que la muerte, que anima el viaje de nuestras vidas y nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios”.

E insistió en lo fundamental: “Mirando en profundidad, percibiendo lo que fluye en lo más íntimo de nuestra vida, el deseo de plenitud que vive en lo más profundo de nuestro corazón, descubrimos que todos somos hermanos, todos peregrinos, todos en camino hacia Dios, más allá de lo que nos diferencia”.

Con ello aludía a una de las claves de estos días: el significado de las religiones y el diálogo y la colaboración entre creyentes (1).

Pocos días después diría a los jóvenes en Singapur: “todas las religiones son un camino hacia Dios” (Encuentro, 13-IX-2024). Así es y se cumple en las religiones propiamente dichas y en la medida en que respeten la dignidad humana y no se opongan a la fe cristiana. No se dice esto, por tanto, en referencia a las deformaciones de la religión como la violencia, el terrorismo, el satanismo, etc.

Por otra parte, el Papa tampoco afirmó que las religiones fueran entre sí equivalentes, o que tuvieran el mismo valor en la perspectiva cristiana (cf. Decl. Nostra Aetate del Concilio Vaticano II y el magisterio posterior, cf. Decl. Dominus Iesus, de 2000). De hecho, la doctrina católica enseña que las religiones, junto con elementos de verdad y de bien, tienen elementos que es necesario purificar (vid. también el documento de la Comisión Teológica Internacional, El cristiano y las religiones, 1996). (2)

En segundo lugar, Francisco invitó a cuidar las relaciones entre los creyentes. Así como un pasaje subterráneo conecta, crea un enlace, “lo que realmente nos acerca es crear una conexión entre nuestras diferencias, ocuparnos de cultivar lazos de amistad, de atención, de reciprocidad”. 

domingo, 1 de septiembre de 2024

El encuentro y su papel en la pedagogía


M. Chagall, Lucha de Jacob con el ángel (1967) 
Musée National Marc Chagall, Niza (Francia)

Educar es educar desde y para el encuentro. Se reconoce que uno de los textos pedagógicos más importantes de Romano Guardini, que conservan hoy toda su vigencia, es el que dedica al encuentro (*).

Dejemos a un lado, aunque el autor lo considera brevemente, el encuentro entre dos objetos materiales, entre dos plantas, entre dos animales, que en cada caso sigue unas leyes diversas según sus respectivos modos de ser.


Condiciones para que se dé el encuentro personal


Hablamos de encuentro, se nos dice, propiamente cuando un hombre contacta con la realidad. No es todavía un encuentro si solo busca, por ejemplo satisfacer su hambre, aunque puede ir más allá del instinto. Como todavía no lo es tampoco un simple choque entre dos personas.

Dos condiciones iniciales para que se dé un encuentro (personal), según Guardini, serían: 1) el toparse con la realidad más allá de una interacción simplemente mecánica, biológica o psicoógica; 2) establecer una distancia respecto a esa realidad, fijarse en su singularidad, tomar postura ante ella y adoptar una conducta práctica respecto a ella.

Para todo ello se requiere la libertad. En la libertad se pueden ver dos lados: una libertad material, por la que podamos entrar en relación con todo lo que nos rodea; una libertad formal, como facultad de actuar (o no) desde la energía inicial propia de la persona. A veces la persona puede llegar a la convicción de que no se debe confiar en todo lo que sale al encuentro: “Puede cerrar las puertas de su corazón, y dejar fuera el mundo. La antigua Stoa [escuela del estoicismo] lo hizo así, y así se comporta la ascesis religiosa, para dirigir el amor solo a Dios”[1].

El encuentro puede partir solamente de parte de la persona, por ejemplo, frente a una cosa que despierta nuestro interés, como una fuente, un árbol o un pájaro y se puede convertir en una imagen de algo más profundo o incluso puede ayudar a comprender radicalmente la existencia. Esto, siempre que se venza la costumbre, la indiferencia o el esnobismo, la presunción engreída y llena de sí mismo[2]. Tales son los enemigos principales del encuentro.

Pero el encuentro puede ser también bilateral, y entonces surge una relación especial, en la que dos personas se valoran más profundamente, más allá de su mera presencia o sus funciones sociales: se convierten en un “tú”.

Como contenidos del encuentro Guardini enumera: 1) el conocimiento de la persona y de su conducta que de ahí se deriva; 2) una “vivencia peculiar de la familiaridad y de la extrañeza”: familiaridad que puede crecer y convertirse en confianza en unión; y aquí, la relación con el carácter y la actividad, el pueblo y el grupo social, las ideas, la relación con el mundo, etc; pero también con las diferencias, la extrañeza y la irritación, la antipatía y la enemistad; 3) Siempre, incluso entre las personas más íntimas, está ese elemento de extrañeza, por el carácter irreductible de la individualidad. Esto marca necesariamente la distancia de la persona.

Además, el encuentro requiere que se dé “un buen momento”, un momento propicio, que se constituye a partir de miles de elementos más o menos conscientes o inconscientes: vivencias del pasado e imágenes, energías y tensiones, necesidades, ambiente, estado de ánimo, elementos creativos y afectivos, etc. De ahí la dificultad o la imposibilidad de “confeccionar” un encuentro, y la apertura del encuentro hasta acercarse a la Providencia y a la suerte.

El encuentro requiere, pues, a la vez, la libertad y la espontaneidad, en el sentido de que solo acontece si no se busca, como sería el encuentro con una flor azul que abre el camino hacia el tesoro.

lunes, 19 de agosto de 2024

Literatura y evangelización

En su Carta sobre el papel de la literatura en la formación (17-VII-2024), señala el Papa Francisco que la literatura es un camino importante para la madurez personal, en cuanto que permite abrirse al mundo, a la realidad, a las otras personas y culturas, y entablar un diálogo interior enriquecedor, que tiene que ver con los propios deseos y expectativas.


Para abrir el mundo personal

De esta manera sirve al discernimiento espiritual y moral así como a la contemplación. El Papa utiliza diversas metáforas –el telescopio, el gimnasio, el acto de la digestión– para mostrar cómo la literatura es un excelente instrumento para la comprensión personal del mundo, para comprender y experimentar el sentido que los demás dan a sus vidas, para ver la realidad con sus ojos y no solo con los propios (cf. nn. 16-20, 26-40).

La literatura proporciona una escuela de la mirada y del “éxtasis” (salida de uno mismo), de la solidaridad, de la tolerancia y de la comprensión. Esto es así, piensa el sucesor de Pedro, porque “siendo cristianos, nada que sea humano nos es indiferente” (37).

Para los creyentes, la lectura es un camino para conocer las culturas (la propia las otras) y así, poder hablar al corazón de los hombres. Nos facilita reconocer las semillas plantadas por el Espíritu Santo en toda realidad humana y social. Y de este modo podemos responder hoy mejor a la sed de Dios que late en muchs corazones, aunque a veces no lo reconozcan.

Pero hay una condición: el anunciarles a Jesucristo, Palabra de Dios “hecha carne”, no a un Cristo sin carne. “Esa carne hecha de pasiones, emociones, sentimientos, relatos concretos, manos que tocan y sanan, miradas que liberan y animan; de hospitalidad perdón, indignación, valor, arrojo. En una palabra, de amor” (14).

De ahí que, a través de la literatura, los sacerdotes y en general todos los evangelizadores pueden hacerse más sensibles a la plena humanidad de Jesús, de modo que puedan anunciarlo mejor. Pues cuando el Concilio Vaticano II dice que “en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (GS, 22), señala Francisco, “no se trata de una realidad abstracta, sino el misterio de ese ser humano concreto, con todas las heridas, deseos, recuerdos y esperanzas de su vida” (15).

domingo, 18 de agosto de 2024

Sentido de la vida y educación cristiana

Duccio di Buoninsegna, Jesús cura a un ciego de nacimiento (1311),
National Gallery, Londres

Sentido de la vida y educación cristiana


Contemplamos estos días el valor reconocido a los esfuerzos, mantenidos durante largo tiempo, de quienes llegan a obtener medallas en las Olimpiadas. Todos ellos, cuando se les pregunta, vienen a decir: "ha valido la pena el esfuerzo".

Sin duda el esfuerzo tiene que ver con el sentido de la vida, y esto es importante en la educación especialmente de los jóvenes.  ¿Cómo ilumina esto la fe cristiana?


La búsqueda de la felicidad y el valor de la vida

    De un lado, hay en cada persona una búsqueda innata de felicidad, entendida como vida plena. A esto se vincula la pregunta por un bien supremo, que responda al porqué y para qué de la vida, y también la pregunta por el lugar del sufrimiento en la vida humana. De ahí la importancia de la educación del sentido que viene, a confluir con la orientación de los deseos, de las metas y de los fines de cada cual. 
    A la necesidad de una vida con sentido, se opuso el siglo pasado el "absurdismo", propio del existencialismo radical. Esto venía representado por el mito de Sísifo, condenado a subir una gran piedra por una pendiente: al llegar arriba la piedra se resbalaba y caía, y la situación se volvía a repetir indefinidamente,  de modo que la vida humana es un continuo comenzar en una tarea sin sentido. Se proponía aceptar ese sinsentido. 
    Sin embargo, la propuesta no es racional y por ello tampoco sana. 
    ¿Cómo encontrar un sentido verdadero de la vida? Verdadero puede traducirse aquí por válido, acorde con la realidad de las personas y sus esperanzas. Evidentemente, no todos los "sentidos" tienen el mismo valor. Si así fuera la vida de los hitlerianos y la de los santos sería equivalente. Nada sería bueno ni malo. Sin el sentido, como saben bien los psiquiatras, crece el riesgo del nihilismo y de la depresión, quizá compensados transitoriamente por mecanismos exteriores (ruidos, activismo, drogas, etc.) o por el esfuerzo en la lucha contra enemigos más o menos imaginarios. 
    En la práctica uno tiende a llenar de "sentidos" su vida o dejar que se la llenen otros: el ambiente, la mayoría, los medios de comunicación. Pero no todos los sentido, decíamos, valen los mismo. La vida no es un saco que se puede llenar de cualquier cosa. Ya san Agustín decía: "Corres bien, pero fuera del camino". 

jueves, 10 de agosto de 2023

Mancharse las manos, pero no el corazón

El 3 de agosto, a media mañana, el Papa se encontró con los jóvenes de Scholas Occurrentes en Cascais. Le habían preparado un mural de tres kilómetros y medio, recogiendo situaciones y sentimientos, a base de líneas y de brochazos un tanto inconexos, muchos de los cuales los habían plasmado los mismos que los experimentaban…

Al llegar el Papa se lo fueron enseñando. Y luego le dieron un pincel para que diera el último toque a esa “obra de arte”, a esa “capilla sixtina”, como le llamó Francisco medio bromeando.

Y le hicieron al mismo tiempo algunas preguntas. Concretamente tres preguntas. (Hemos dejado nuestros comentarios entre paréntesis).