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domingo, 31 de diciembre de 2023

El fundamental misterio mariano de la Iglesia

(Imagen: Gary Melchers, La Sagrada Familia (1891), Home and Studio. Belmont, Virginia. Descubierta por nosotros en la web del padre Patrick van der Vorst, Christian Art.

Es una de las noches en Belén. María y José están agotados. El Niño es la Luz, no se necesita ninguna otra. Y la puerta está abierta, como invitando a los que quieran bajar los escalones, para descubrir ese misterio de humildad).

En la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, cabe reflexionar sobre su relación con la Iglesia. Para ello es útil la tipología. Es decir, la interpretación bíblica que señala ciertas figuras que anticipan, como modelo, otras realidades posteriores. Esta perspectiva, tan propia de los Padres de la Iglesia, procede del supuesto de que Dios anticipó la presencia de Cristo en los acontecimientos, personajes y leyes del Antiguo Testamento. En este sentido, María es una prefiguración y un modelo de la Iglesia.

[María precede a la Iglesia y la prefigura como fuente y mediadora de vida. De una vida que no es sólo la vida sociológica de un pueblo o como la suma de los individuos que lo componen. Es una vida que no procede de la naturaleza, sino que procede de un modo nuevo de Dios uno y trino. Veamos cómo lo explica el teólogo alemán Johann Auer en 1983 (*)].

"Empecemos por dos observaciones preliminares: 1) En este razonamiento se trata preferentemente de una ‘teología tipológica’: María aparece de diversas formas como modelo de la Iglesia y la Iglesia como su imitación. La importancia de María para la encarnación de Cristo se contempla respecto de la Iglesia como cuerpo de Cristo, que, a su vez, y como sacramento universal de salvación, es fuente y mediadora de nueva vida. 2) A ello hay que añadir que aquí la Iglesia se entiende, incluso en la concepción católica, más que como la vasta realidad sociológica ordenada al pueblo de Dios, pues, como el mismo pueblo de Dios, aparece (sobre todo en la visión evangélica) más que como la suma de los cristianos individuales. 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Tiempos de crisis, tiempos de gracia

 

                                                                              Le Nain (s. XVII), La Natividad

Heidegger dice que el hombre nace para ser arrojado a la muerte. Con ese tipo de barcos no se puede llegar a buen puerto. Pero su discípula Hanna Arendt, sobre las ruinas de los totalitarismos del siglo veinte, subraya lo contrario: los hombres han nacido para comenzar, y por eso el milagro que salva al mundo es “el hecho de la natalidad”, como expresan en pocas palabras los evangelios: “os ha nacido hoy un Salvador” (La condición humana, ed. Paidós, Barcelona 2012, 264). Arendt, que no era cristiana sino judía, indudablemente tiene de la vida una idea más luminosa, profunda y fructuosa.

Con este argumento sorprendente comenzaba el Papa Francisco su discurso a la Curia romana (21-XII-2020) con motivo de la Navidad. Y ese era el primer punto: el contraste, podríamos decir, entre una cultura de la muerte y una cultura de la vida, que encuentra, esta última, su centro y plenitud en la encarnación del Hijo de Dios.

Pero, continuaba, para captar, valorar y sacar fruto de ese acontecimiento hace falta ciertas condiciones. Hay que “situarse” en un lugar adecuado, cosa que sucede “solo si somos inermes, humildes, esenciales”.

Ante esta “Navidad de la pandemia”, Francisco reflexiona una vez más sobre nuestra situación: ha sido, dice, “una prueba importante y, al mismo tiempo, una gran oportunidad para convertirnos y recuperar la autenticidad”.

lunes, 14 de diciembre de 2020

San José, el trabajo y la paternidad

¿Qué significado tiene el trabajo y qué significa ser padre? Son dos temas que aborda el Papa Francisco en la parte final de su carta Patris corde (8-XII2020) sobre san José. Continuamos aquí la invitación a la lectura de la carta que iniciamos hace unos días.


Desde León XIII (cf. enc. Rerum novarum, 1891), la Iglesia propone a san José como modelo de trabajador y patrono de los trabajadores. Al contemplar la figura de san José, dice Francisco en su carta, se comprende mejor el significado del trabajo que da dignidad, y el lugar del trabajo en el plan de la salvación. Por otra parte, hoy nos conviene a todos una reflexión sobre la paternidad.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Corazón de padre

En su carta sobre san José, Patris corde (8-XII-2020), con la que convoca un “Año de san José" hasta el 8 de diciembre de 2021, Francisco dice que su objetivo es “que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes”.


Para ello comienza el Papa explicando qué tipo de padre fue san José y la misión que Dios le confió. San José no fue lo que hoy llamaríamos “padre biológico” de Jesús, sino solo su “padre legal”. Sin embargo, él vivió la paternidad sobre Jesús y el ser esposo de María de manera eminente. Así lo han considerado muchos santos desde san Ireneo y san Agustín, pasando por diversos doctores de la Iglesia entre los que destaca el caso de santa Teresa de Ávila, hasta san Josemaría y san Juan Pablo II.

Leyendo y meditando la carta de Francisco, se puede llegar a redescubrir cómo san José es no solo custodio de la Iglesia, sino también de la humanidad, particularmente de su parte más frágil, aquellos miembros más necesitados. En todo caso se trata de un santo importante. Más aún, como escribe Francisco, “después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo”.

¿Por qué ahora esta carta? Francisco señala que, junto con la circunstancia del 150 aniversario de la declaración de san José como patrono de la Iglesia universal, hay una razón “personal”: hablar de aquello que llena su corazón (cf. Mt 12, 34). Además confiesa en la introducción: “Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia”. Así vamos conociendo algunos pensamientos y procesos espirituales que han tenido lugar en el corazón del Papa durante la pandemia (vid. más extensamente el libro Soñemos juntos: el camino a un futuro mejor. Conversaciones con Austen Ivereigh, Plaza & Janés, Madrid 2020).

Concretamente el Papa, como ha hecho en diversas ocasiones, subraya y agradece el testimonio de tantas “personas comunes –corrientemente olvidadas– que (...) están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia”; porque trabajan, infunden esperanza y rezan, casi siempre de modo discreto, pero sujetándonos a todos.

A todos ellos y a nosotros nos propone el ejemplo y la ayuda de san José: “Todos pueden encontrar en san José –el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta– un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en 'segunda línea' tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud”.

En su carta, Francisco le dedica a san José siete epígrafes en forma de “títulos”, que podrían equivaler a siete oraciones de una pequeña “letanía del padre”: Padre amado, en la ternura, en la obediencia, en la acogida, en la valentía creativa, en el trabajo, siempre en la sombra. 

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad, fiesta del amor que vence el miedo


El anuncio cristiano de la encarnación del Hijo de Dios: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14) ha sido el lema de Francisco, en su discurso a la Curia romana con motivo de las felicitaciones navideñas (21-XII-2019).

1. Según la fe cristiana, en Jesús, Dios ha querido compartir nuestra condición humana para darnos a participar su misma vida divina. Como respuesta a su amor por nosotros, observa Francisco, Jesús nos pide, sobre todo, que nos amemos unos a otros con su mismo amor (cf. Jn 13, 34-35), que seamos semejantes a él, porque Él se ha hecho semejante a nosotros.

En consecuencia, san John Henry Newman nos exhorta a que la Navidad «nos encuentre cada vez más parecidos a quien, en este tiempo, se ha hecho niño por amor a nosotros; que cada nueva Navidad nos encuentre más sencillos, más humildes, más santos, más caritativos, más resignados, más alegres, más llenos de Dios». Y añade:«Este es el tiempo de la inocencia, de la pureza, de la ternura, de la alegría, de la paz» (Parochial and Plain Sermons V).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Sobre el significado y el valor del belén

En su Carta sobre “el hermoso signo del pesebre” (Admirabile signum, 1-XII-2019) Francisco desea explicar el significado y el valor del belén. Dice el Papa que representar el nacimiento de Jesús equivale a “anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”.

Se trata de un “Evangelio vivo” ­–inspirado en los relatos evangélicos– que nos conduce a la contemplación de la Navidad. Y a la vez, “nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”. Así, “descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él”.

Muchos de nosotros recordamos, en efecto, cuando preparábamos con nuestros padres “el nacimiento”, o “el belén”. Los niños lo preferíamos grande y, como a veces no había una mesa grande, estábamos dispuestos incluso a utilizar una puerta sobre unas banquetas. Era realmente, como dice el Papa, “un ejercicio de fantasía creativa”, lleno de belleza: “Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular”. “Espero –continúa Francisco– que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”.

sábado, 5 de enero de 2019

Estrella de libertad

Cuadro de Giovani da Modena (1410),
iglesia de San Petronio, Bolonia

La estrella de los Magos nos trae esa libertad que Cristo nos ha ganado, la libertad de los hijos de Dios.

En la época en que Daniélou publicó su libro “Los símbolos cristianos primitivos” (1951: en castellano, eds. Ega, Bilbao 1993), había ya suficiente investigación acerca de la estrella de los Magos (Mt 2, 2) en el marco de la cultura bíblica.

La estrella tiene una larga historia que la precede en los textos del Antiguo Testamento (cf. la “estrella de Jacob” de Num 24, 17), del cristianismo primitivo y en relación con las culturas circundantes. Esa estrella es anunciadora de la salvación que trae el Mesías y que llega a todas las gentes.

San Justino ( s. II) dice que la estrella es uno de los nombres de Cristo, y la pone en relación con la estrella que vieron los Magos en Oriente. Para nosotros, es también una estrella de esperanza.


lunes, 17 de diciembre de 2018

Cultura de misericordia


Al acercarse la Navidad podemos decir: Dios a las puertas. La salvación de Dios ha sido comparada con una puerta. La puerta tiene un arco y la misericordia puede considerarse como la piedra principal, clave de bovéda, que sujeta el arco. La misericordia como don, signo y cultura es un buen modo de situarse a las puertas de la Navidad.

Lo que ya san Juan XXIII llamaba “la medicina de la misericordia” (cf. Discurso de apertura del Concilio Vaticano II, 11-X-1962) es una de las claves del papa Francisco (que hoy celebra su cumpleaños) para la renovación de la Iglesia.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Navidad, brote de esperanza

Retablo del oratorio, Hospital centro de cuidados Laguna (Madrid)


Este tiempo de Navidad está enmarcado por el Papa Francisco en la esperanza, antes y después de la Nochebuena. Ya en la audiencia general del 7 de diciembre señaló que la esperanza cristiana es la única que puede garantizar la sonrisa al mundo, porque Dio se ha hecho un niño que juega y sonríe: “La esperanza es la virtud de los pequeños. Los grandes, los satisfechos no conocen la esperanza; no saben lo que es”.

jueves, 24 de diciembre de 2015

María y el renacer de la Misericordia


B. E. Murillo, Adoración de los pastores (h. 1638), Londres, Wallace col.

Para el cristianismo, la Navidad sobrepasa con creces lo intuido en el mito del ave Fénix, que renace de sus cenizas.

En la película del mismo título (Phoenix, Ch. Petzold, 2014: ver trailer), tras la Segunda Guerra Mundial, una mujer se ve obligada a reconstruir no solo su cara sino la propia identidad, incluso ante la persona que ella pensaba que más le quería. Puede verse como una metáfora de la existencia humana. Todos hemos de aprender a renacer para vivir. Y el cristianismo ilumina en profundidad qué puede significar eso.

Según la fe cristiana, la venida de Dios al mundo en Jesucristo fue preparada por un largo camino de siglos. Dios fue “educando” al pueblo elegido de donde saldría el Mesías, para que pudiera reconocer en él la oferta de la salvación, y ser fiel a su vocación inicial de ser mediador para todos los pueblos.

Dios ha querido que la Navidad necesite una madre. Por eso el largo camino que recorrió la “educación” del pueblo de Israel por parte de Dios, en el Antiguo Testamento, se concentra en el alma de María (cf. J. Daniélou, El misterio del Adviento, Madrid 2006, original de 1948, pp. 109 ss.).

Pero esto debe suceder también en nosotros y en las culturas del mundo, incluida nuestra cultura de la imagen y de la tecnología. ¿Cómo podemos pensar el papel de María en todo ello?

lunes, 21 de diciembre de 2015

Recibir a Dios

F. de Zurbarán, La Virgen niña dormida (h. 1630-1635), col. B. de Santander.

Duerme en una pausa de la oración en que estaba usando el libro (¿la Biblia?), 
soñando quizá en la venida del Mesías. 
A la derecha, un cuenco de porcelana con tres flores: 
la rosa (el amor), la azucena (la pureza) y el clavel (la fidelidad). 
Sobre su cabeza (hacer click para agrandar la imagen),
una luminosa aureola de cabecitas angélicas 
(Cf. comentario de Alfonso E. Pérez Sánchez).

El papel de María en la salvación y para cada cristiano se ha ido iluminando dentro del catolicismo, con más intensidad en los últimos siglos. Esto, decía Jean Daniélou, no es un añadido a la Sagrada Escritura ni es un residuo del paganismo, sino que proviene de haber entendido mejor la Biblia. Implica dos aspectos: entender mejor el misterio de su elección para ser madre de Dios; entender también por qué y cómo es madre nuestra, en cuanto que mantiene hacia nosotros la misma relación que tiene con Cristo. De todo ello se ocupa el gran teólogo francés en un capítulo de su libro “El misterio del Adviento” (Madrid 2006, original de 1948, pp. 109-128).

Su reflexión nos puede servir para terminar con intensidad la espera del Adviento, y vivir con intensidad la Navidad cristiana, especialmente este Año de la Misericordia, concentrándonos en la petición de la comunión espiritual que san Josemaría aprendió de un religioso escolapio: “Yo quisiera, Señor, recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”. Una oración que sirve a la vez para preparar la comunión eucarística siempre que podamos recibirla.

miércoles, 7 de enero de 2015

Dios que juega

El Greco, Adoración de los Reyes Magos (1568)
Museo Soumaya, Ciudad de México


Parece que algunos niños de 11 años, no sé si muchos, sospechan de sus padres cuando les proponen algo que sea un poco instructivo o formativo, pues solamente desean lo puramente lúdico… Esto se comprende en el contexto de los regalos de Reyes, pues, al fin y al cabo, los niños quieren jugar, todos queremos jugar, y la Biblia dice que incluso Dios juega (cf. Pr. 8, 30-31).

Así lo señala Juan Bautista Torelló, sabio sacerdote y psiquiatra, en un libro póstumo (“Él nos amó primero”, ed. Cristiandad, Madrid 2014), que recoge meditaciones de retiros espirituales predicados en la Peters Kirche de Viena. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Espíritu de la Navidad

En diciembre de 2011 el cardenal Jorge Mario Bergoglio refería la pequeña historia de una niña que le contaba a una amiga lo que había pedido a sus padres para la Navidad: “Les había pedido a sus padres que no le regalaran juguetes sino ‘espíritu navideño’, y sus padres quedaron desconcertados, sin entender ni saber qué hacer”. Y comentaba el arzobispo de Buenos Aires que ese mensaje le había parecido agudo, y que planteaba la pregunta: Qué es el espíritu navideño?

     Responder a la pregunta “qué es el espíritu navideño”, observaba el cardenal Bergoglio, no es fácil en un tiempo de consumismo (y, hoy cabría añadir, de tantos problemas, dificultades y persecuciones, como ha reflejado Francisco este año en su bendición de Navidad).

lunes, 6 de enero de 2014

Una estrella de esperanza


(La vida cristiana como Epifanía)
  

Gentile da Fabriano, Adoración de los Magos (1424), 
Florencia, Galleria degli Uffici

En uno de sus libros evoca el cardenal Ravasi lo sucedido en el año 614, cuando el rey persa Cosroes cercó la basílica de Belén, que encierra en su cripta la gruta del Nacimiento, construida por Elena, madre de Constantino en el 330. Al ver en el frontal una representación de los Reyes Magos caracterizados como persas, desistió de su empeño. Y así los Magos salvaron la gruta.

     Predicaba Benedicto XVI, en la Epifanía de 2012, que los Magos, por su corazón inquieto, vigilante y valiente fueron capaces no sólo de seguir la estrella sino de iluminar, con su actitud, el camino de los hombres hacia Cristo.

     En la misma línea, el Papa Francisco, en su homilía de Epifanía de este año ha dicho que el ejemplo de los Magos "nos ayuda a levantar la mirada hacia la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, de 'pequeño cabotaje', sino a dejarnos atraer siempre por lo que es bueno, verdadero, bello… por Dios, ¡que todo esto lo es de modo cada vez más grande!" (Homilía 6-I-2013). Para ello, y de acuerdo con la tradición cristiana, nos ha aconsejado contemplar "dos libros": el del Evangelio (escucharlo, leerlo y meditarlo) y el de la creación (el mundo creado por Dios y los acontecimientos de nuestra vida). 

     En otras ocasiones, reflexionando sobre las actitudes de los Magos, el Papa Ratzinger ponía de relieve la conexión entre la humildad, la adoración y la sabiduría.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Nosotros, los apellidos de Dios


Claudio Coello (1642-1693), Sagrada familia
Museo Szépmûvészeti, Budapest

En el tiempo de Navidad –que incluye las fiestas de la Sagrada Familia, de la Madre de Dios, de la Epifanía y del Bautismo del Señor– celebramos la “buena noticia” (Evangelio) de la venida de Dios a la tierra. Dios nace, ríe y llora, come y duerme, vive en una familia, trabaja y descansa en la tierra, hace suyos nuestros anhelos y nuestras preocupaciones. El que es de la misma naturaleza del Padre, ha querido hacerse también consustancial a nosotros.

      Y así nos enseña a los cristianos a hacer nuestros “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (Concilio Vaticano II, GS, 1).

     De Jesús ha dicho el Papa Francisco: “Vino a nuestra historia, compartió nuestro camino. Y vino para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él apareció la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, ni un ideal al que tendemos y del que sabemos que está muy lejos, sino que es el sentido de la vida y de la historia que puso su tienda entre nosotros” (Misa de Nochebuena, 24-XII-2013). Y con ello ha renovado su invitación a que compartamos con otros “la alegría del Evangelio”. Alegría porque Dios nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como hermano nuestro, y luz para nuestras tinieblas; porque así nos ha dicho, y nos lo repite ahora el Papa, “no temáis”.

viernes, 15 de febrero de 2013

Creer en el amor


Caravaggio, José y el angel, 
detalle del "Descanso en la Huida a Egipto" (1596-1597)
Museo Doria Pamphilj (Roma)


Creer en el amor. Tal es la propuesta del mensaje de Benedicto XVI para esta última Cuaresma de su pontificado, ya de sabor agridulce para tantas personas. A la vez, como es claro para los que hayan seguido de cerca sus pasos como Papa, creer en el amor es la propuesta que representa el ejercicio de su ministerio.

     Es la propuesta que inició exponiendo, en su primera encíclica, que Dios es amor, de un modo novedoso que impactó en los cristianos y los que no lo eran. Y, luego, a lo largo de sus enseñanzas orales y escritas, ese mensaje central ha ido ganando en intensidad, como una sonata que repite el tema de fondo, pero enriqueciéndolo a medida que avanza la ejecución de la partitura, cada vez más intensamente.

    Justo porque él, personalmente, cree en el amor, ha sabido fortalecer la unidad y la fe de los cristianos, abrir el mundo más a Dios y abrirnos, a todos, más al amor.

    Eso es lo difícil, se dirá; porque el amor es, en muchos ambientes, palabra gastada, y participa poco, o nada, en ciertas actividades que llevan su nombre. Y sin embargo, en el cristianismo el amor es la síntesis y el fruto, la vida y la prueba de la fe. Por eso el Papa propone creer de verdad en el amor, a pesar de las dificultades; pues, como reza el mensaje, “creer en la caridad suscita caridad”.

martes, 15 de enero de 2013

Lecciones de la Encarnación

Giotto, Nacimiento de Jesús (1304-1306), detalle.
Capilla de los Scrovegni, Padua (Italia)


¿Para qué se hizo hombre el hijo de Dios? ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante este hecho central de la fe cristiana? Esta ha sido la realidad (la “Encarnación”) que ha centrado la atención de Benedicto XVI, en su audiencia general del 9 de enero.

¿Qué sentido y finalidad tiene la Encarnación? Ante todo (dice el Credo), “por nuestra salvación”. Cuando San Juan, en su Evangelio, dice que “la Palabra se hizo carne”, se refiere a que se hizo hombre subrayando, dice el Papa, el aspecto de transitoridad y temporalidad, pobreza y contigencia que tiene la naturaleza humana. “Esto –prosigue explicando– quiere decir que la salvación realizada por Dios hecho carne en Jesús de Nazaret, toca al hombre en su realidad concreta y en cualquier situación en la que esté”.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Navidad, el más bello escondite

(Buscar el sitio para Dios y para los otros)

 
EL Greco, La adoración de los pastores (1612-1614)
Museo del Prado (Madrid)

“Jehel, un joven muchacho (judío), entró llorando precipitadamente en casa de su abuelo, el famoso Rabí Baruch. Gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas, mientras se lamentaba: mi amigo me ha abandonado, ha sido injusto y poco amable conmigo. Vamos, vamos, ¿no puedes explicármelo más despacio?, le preguntó el maestro. Sí, respondió el pequeño, hemos jugado al escondite. Y yo me he escondido tan bien que mi amigo no ha podido encontrarme. Así pues, ha dejado de buscarme y se ha ido. ¿No ha sido antipático? El más bello escondite ha perdido su belleza, porque mi amigo ha interrumpido el juego.

      En ese momento el maestro le acarició las mejillas, al tiempo que los ojos se le inundaban de lágrimas. A continuación dijo: sí, eso es muy poco cortés. Pero, ¿sabes?, lo mismo ocurre con Dios. Él se ha ocultado y nosotros lo buscamos. Imagínate lo que esto significa: Dios se ha ocultado y nosotros no lo buscamos ni siquiera una vez”.

    En esta pequeña historia -escribió Joseph Ratzinger- se puede descubrir el misterio de la Navidad...

lunes, 24 de diciembre de 2012

Navidad, corazón del mundo



El origen de “el Belén” o “el Nacimiento”, como se llama entre nosotros, parece que se remonta a San Francisco de Asís, que revivió el nacimiento de Jesús en la cueva de Greccio en 1223. Después se extendería por toda Europa la costumbre de representar el Misterio de la Navidad con figurillas más o menos artísticas. Actualmente es muy popular en España y en los países de habla hispana.

     Sin duda son costumbres emparentadas con el Belén las “pastorelas” de los países latinoamericanos –sobre todo México–. Son pequeñas piezas de teatro, herederas de los “autos sacramentales” que los españoles llevaron en la evangelización primera. Todas cuentan la misma historia: la historia real de la Navidad, pero mezclada con acontecimientos actuales, no sin cierta dosis de buen humor y una chispa de ironía.

     En Oriente es muy conocido el icono de la Navidad, que viene a ser un Belén pintado, aparentemente sobrio, pero muy sugerente si se mira de cerca. Todo él es una montaña sobre la que se sitúan de un lado los ángeles (algunos en posición de adoración: otros llevan una túnica, para que como dice San Pablo “nos revistamos” de Cristo, de sus virtudes). Por otro lado vienen los Reyes magos. La Trinidad envía desde lo alto el rayo del Espíritu Santo, que se condensa en una estrella sobre la cueva oscura de Belén: el mundo que necesita a Dios.

martes, 11 de diciembre de 2012

El amor fiel de Dios, garantía de renovación

M. Chagall, Cristo en la noche


Renovarse o morir, se dice con raíces en los clásicos. Parece que a mitad de su vida las águilas deben enfrentarse con este proceso. Un salmo dice que Dios puede rejuvenecer el alma como el águila (103, 5).

      En la celebración de las primeras vísperas del Adviento (1-XII-2012), Benedicto XVI ha explicado, para los jóvenes universitarios de los ateneos romanos, que el amor fiel de Dios es la garantía para la auténtica renovación personal y para la renovación del mundo. Y lo ha hecho glosando las palabras de San Pablo: “El que os llama es fiel” (1 Ts 5, 24).