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viernes, 16 de mayo de 2025

El camino evangelizador de Francisco

(publicado en la revista "Omnes", mayo de 2025)

El camino de Francisco, también en su magisterio doctrinal, ha sido un camino en cierto modo sorprendente –para quien lo sepa mirar con los ojos de la sencillez propia de la sabiduría–, como el de Cristo, y evangelizador. Aquí sugerimos las que pueden considerarse como principales luces de ese camino. Nos limitamos a sus encíclicas y exhortaciones apostólicas. 



La fe transforma porque abre al amor

La encíclica Lumen fidei (“La luz de la fe”, 2013) fue realizada, en cierto sentido,  como discreto broche, pero broche de oro, del pensamiento y doctrina del papa Ratzinger, que aparece con la colaboración y la firma de Francisco.

Presenta la fe cristiana como luz que hace vivir, porque en ella “se nos ha dado un gran Amor” que “nos transforma, ilumina el camino y hace crecer en nosotros las alas de la esperanza para poder recorrerlo con alegría” (n. 7)

La fe amplía el conocimiento de la verdad y trasnforma toda la persona. ¿Pero cómo lo hace? Sorprendentemente, afirma el texto: "La fe transforma toda la persona precisamente porque la fe se abre al amor” (n. 26), y así puede ayudar a ensanchar la razón. Y así, la fe cristiana, vivida realmente en la práctica, transforma la vida personal, familiar y social, la relación con la naturaleza y el sentido tanto de la alegría como del sufrimiento. 

sábado, 21 de octubre de 2023

Crisis climática, responsabilidad moral y fe cristiana


La confianza en Dios, propia de la fe (de ahí el término "fiel"= el que tiene confianza) nos da también la capacidad de confiar en quienes nos rodean. Y nos lleva a cuidar lo que pertenece al bien común, comenzando por la dignidad humana y abarcando el cuidado de la Tierra, que es para todos. 

La exhortación apostólica Laudate Deum (LD), sobre la crisis climática (4-X-2023), es una continuación de la encíclica Laudato si’ (LS) sobre el cuidado de la casa común (2015).


El marco de la Doctrina Social de la Iglesia

Vale la pena, ante todo, decir que se trata de dos documentos de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Y en esto cabría señalar tres puntos.

1) Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2419) que "la revelación cristiana nos conduce a una comprensión más profunda de las leyes de la vida social” (GS 23) y que "la Iglesia recibe del Evangelio la plena revelación de la verdad del hombre". En consecuencia : "Cuando cumple su misión de anunciar el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina".  De modo que, como también enseña el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia (2004), elaborado por expreso deseo de san Juan Pablo II, "la doctrina social es parte integrante del ministerio de evangelización de la Iglesia" (n. 66).

Por tanto, no se trata de que los pastores, comenzando por el Papa, se "metan" en política o en cuestiones socioeconómicas que no les corresponden, sino que, al enseñar la DSI, recurriendo a los datos que las ciencias aportan (y por tanto con los lógicos márgenes que eso supone), los pastores realizan una parte importante de la misión evangelizadora de la Iglesia. Esta función de la jerarquía de la Iglesia se mueve habitualmente en el terreno general de las orientaciones morales, pero no de las acciones concretas que en el campo de las realidades sociales han de llevar a la práctica sobre todo los fieles laicos.

2) Dicho de otra manera, conviene tener presente que en la DSI cada cristiano, ante todo como cada ciudadano del mundo, es siempre responsable, en cierta medida, mayor o menor, de las acciones concretas en favor del bien común de la sociedad, segun su propia vocación y misión. No es lo misma la responsabilidad de un obispo o de un presbítero que la de un fiel laico; y entre los laicos, la responsaiblidad varía según su propia situación: edad, profesión, y otras circunstancias.

3) Por último aunque podría considerarse lo primero, entre los muchos ámbitos de la DSI, aquí se trata de la ecología y por tanto de la ética ambiental, sus intereses valores y estrategias. Y se trata desde una visión cristiana de la ecología, o desde el sentido cristiano de la ecología. 

Al ofrecerse en diálogo con todas las personas de buena voluntad, los argumentos de la Doctrina social,  junto con los principios generales de la moral social, muchos de ellos inmutables, dependen de los datos que proporciona la razón y la ciencia sobre el tema, y están sujetos al discernimiento personal y social. 
Así lo señala un texto de san Pablo VI que merece la pena recoger por entero: 

"Frente a tantos nuevos interrogantes, la Iglesia hace un esfuerzo de reflexión para responder, dentro de su propio campo, a las esperanzas de hombres y mujeres. El que hoy los problemas parezcan originales debido a su amplitud y urgencia, ¿quiere decir que la persona no se halla preparada para resolverlos? La enseñanza social de la Iglesia acompaña con todo su dinamismo a hombres y mujeres en esta búsqueda. Si bien no interviene para confirmar con su autoridad una determinada estructura establecida o prefabricada, no se limita, sin embargo, simplemente a recordar unos principios generales. Se desarrolla por medio de la reflexión madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de renovación, desde el momento en que su mensaje es aceptado en la plenitud de sus exigencias. Se desarrolla con la sensibilidad propia de la Iglesia, marcada por la voluntad desinteresada de servicio y la atención a los más pobres; finalmente, se alimenta en una rica experiencia multisecular que le permite asumir, en la continuidad de sus preocupaciones permanentes, las innovaciones atrevidas y creadoras que requiere la situación presente del mundo" (Carta ap. Octogesima Adveniens, 42)

En todo caso, en la enseñanza social de la Iglesia está siempre presente, desde el principio y cada vez de modo continuo, la mirada de la fe, aunque esa mirada solo se explicite de vez en cuando, quizá más bien al final de las reflexiones, como para declarar abiertamente que la fe no contradice a la razón, a la ciencia y a la cultura, sino que las ilumina y se sitúa en diálogo con ellas.

Dicho lo cual, podemos ya presentar brevemente la exhortación apostólica, con su introduccion y seis puntos.


Un drama moral

En la introducción el Papa parte, también aquí, de la mirada asombrada de Jesús ante las maravillas de la creación de su Padre : "Mirad los lirios del campo… " (Mt 6, 28-29). Enseguida declara el motivo del documento: ocho años después de su encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, no se ven "reacciones suficientes" ante un mundo que "se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre" (n. 2).

No se trata un tema meramente ecológico, sino que tiene graves repercusiones sobre el conjunto de la sociedad y comunidad mundial, sobre todo para las personas más vulnerables. En muchos casos se trata de un verdadero drama moral que implica diversos casos de lo que se denomina "pecado estructural" (cf. enc. Sollicitudo rei socialis, 36).

Así dice el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1869) : "Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la bondad divina. Las ‘estructuras de pecado’ son expresión y efecto de los pecados personales. Inducen a sus víctimas a cometer a su vez el mal. En un sentido analógico constituyen un ‘pecado social’".

El obispo de Roma comienza afirmando la existencia de la crisis climática global (nn. 5-19) en la que las causas humanas, si no las únicas, cuentan notablemente. Constata las resistencias y confusiones en la opinión pública, concretamente respecto al calentamiento global del planeta, resistencias y confusiones que achaca a falta de información o simplificaciones a veces intencionadas. Sostiene que algunos daños y riesgos son irreversibles quizá durante cientos de años. Y que más vale prevenir una catástrofe que lamentarla por negligencia. "Se nos pide nada más que algo de responsabilidad ante la herencia que dejaremos tras nuestro paso por este mundo" (n. 18). Además, como ha puesto de manifesto la pandemia del covid-19, todo está conectado y nadie se salva solo.

A continuación, Francisco lamenta el paradigma tecnocrático que sigue avanzando detrás de la degradación del ambiente. Se trata de un modo de pensar "Como si la verdad, el bien y la realidad brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico" (LS 105); de ahí la propuesta de un crecimiento infinito o ilimitado (cf. ib., 106). Todo lo que ha sido creado se somete al capricho de la mente o de las capacidades humanas, lo que proporciona, a quienes lo manejan, un escalofriante dominio sobre el mundo entero, dominio que nadie garantiza que sea utilizado para el bien. En consecuencia se ve necesario repensar nuestro uso del poder (nn. 24 ss.), su sentido y sus límites, máxime en ausencia de una ética solida y una espiritualidad verdaderamente humana.

Frente a todo ello, el sucesor de Pedro enseña que el mundo no puede ser un mero objeto de aprovechamiento o disfrute y que el ser humano no es solamente un factor capaz de dañar el ambiente; sino que "la vida humana, la inteligencia y la libertad integran la naturaleza que enriquece a nuestro planeta y son parte de sus fuerzas internas y de su equilibrio" (n. 26). Pero de hecho, en la línea que advertía ya en 1970 san Pablo VI, "hace falta lucidez y honestidad para reconocer a tiempo que nuestro poder y el progreso que generamos se vuelven contra nosotros mismos" (n. 28). Manipulados por la lógica del máximo beneficio al menor costo, "a veces los mismos pobres caen en el engaño de un mundo que no se construye para ellos" (n. 31). Así es, y todo ello nos devuelve siempre la pregunta por el sentido de la vida y del trabajo humano. Es lo que el Papa llama el aguijón ético, es decir, la responsabilidad moral.


Falta de una política internacional eficaz

Desde ahí pasa Francisco, en un tercer punto, a denunciar la debilidad de la política internacional (cf. nn. 34 ss). Si cada generación es responsable del cuidado del planeta en solidaridad con los demás, son los Estados los que tienen la mayor responsabilidad. Subraya la necesidad de una autoridad mundial en este tema, no necesariamente reducida a una persona o un grupo de personas, pero en todo caso regulada por el derecho internacional y dotada de autoridad real. Se impone asimismo la necesidad de reconfigurar el multilateralismo (cf. nn. 37 ss.), facilitando que los ciudadanos puedan controlar el poder político en el horizonte de la fraternidad universal. Hace falta renovar la política y la diplomacia, dotando al mundo de mecanismos globales "ante los retos ambientales, sanitarios, culturales y sociales, especialmente para consolidar el respeto a los derechos humanos más elementales" (n. 42) y "asegurar" así el cuidado de todos.

Uno de los medios que se vienen poniendo son las conferencias sobre el clima, con sus avances y fracasos, en las últimas décadas. En ellas se proponen procesos y mecanismos para paliar o compensar los daños producidos por el cambio climático, sobre todo en los países en vías de desarrollo. Pero no se prevén sanciones ni instrumentos eficaces para garantizar el cumplimiento de las disposiciones tomadas. La última de las conferencias (la COP27 de Scharm El Seikh, Egipto, 2022) fue testigo de las difíciles negociaciones en el marco de la crisis producida por la invasión de Ucrania. Estas negociaciones no avanzan a causa de los países que ponen sus intereses nacionales por delant del bien común global (cf. LS 169), con lo que eso supone de "falta de conciencia y de responsabilidad" (LD, n. 52).

En suma, las conferencias celebradas y los acuerdos tomados, ciertamente, han servido para frenar el avance del cambio climático, pero no con la velocidad suficiente.

El quinto apartado lo dedica el Papa a las expectativas ante la COP28 de Dubái (Emiratos Árabes Unidos), prevista para celebrarse del 20 de noviembre al 12 de diciembre de 2023). Dubái es gran exportador de energías fósiles, al mismo tiempo que hace importantes inversiones en energías renovables. Ahí se abre la esperanza de que el camino tome una dirección más efectiva. Pero también ahora se alza la sombra del doble lenguaje, de modo que todo quede como un juego para distraer. "Necesitamos superar la lógica de aparecer como seres sensibles y al mismo tiempo no tener la valentía de producir cambios sustanciales" (n. 56).

No basta, pues, con los parches tecnológicos a los problemas, sin afrontar las cuestiones de fondo. Francisco considera una irresponsabilidad presentar todo esto como un problema meramente ambiental, "verde" o romántico: "Aceptemos finalmente que es un problema humano y social en un variado arco de sentidos" (n. 58). Es la sociedad entera la que "debería ejercer una sana ‘presión’, porque a cada familia le corresponde pensar que está en juego el futuro de sus hijos" (Ib.). Entiende que se necesitan "formas vinculantes de transición energética que tengan tres características: que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente" (n. 59). Y un proceso que sea a la vez drástico, intenso y que cuente con el compromiso de todos.


Motivaciones espirituales a la luz de la fe

El sexto y último punto del documento expone las motivaciones espirituales (nn. 61 ss.) "que brotan de la propia fe", sobre todo para los fieles católicos, a la vez que alienta que se haga lo mismo para los otros creyentes. El reconocimiento de Dios como creador, el respeto por el mundo, la sabiduría que de ahí dimana y el agradecimiento por todo ello se condensan en la actitud misma de Jesús, cuando contemplaba la realidad creada e invitaba a sus discípulos a cultivar actitudes semejantes (cf. n. 64). Además, el mundo será renovado en relación con Cristo resucitado, que envuelve a todas las criaturas y las orienta a un destino de plenitud, de modo que hay mística en las realidades más pequeñas y que "el mundo canta un Amor infinito: ¿cómo no cuidarlo ?" (n. 65).

Ante el paradigma tecnocrático, la cosmovisión judeocristiana invita a sostener un "antropocentrismo situado", es decir, que la vida humana se sitúa en el contexto de todas las criaturas. Como ya decía LS, 89: "Todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde". No cabe pues pensar en "un ser humano autónomo, todopoderoso ilimitado" (LD, 68), sino abrirse a una perspectiva más humilde y más rica.

La propuesta del Papa para los fieles católicos es clara: individualmente, reconciliarnos con el mundo que nos alberga, embellecerlo con la propia aportación. Al mismo tiempo, fomentar adecuadas políticas nacionales e internacionales. En todo caso, lo que importa –afirma Francisco– es "recordar que no hay cambios duraderos sin cambios culturales, sin una maduración en la forma de vida y en las convicciones de las sociedades, y no hay cambios culturales sin cambios en las personas" (n. 70).

Aquí podría haber aludido al papel del Espíritu Santo como promotor de la unidad y de la vida cristiana en un mundo lleno de "semillas del Verbo", es decir, de mensajes de belleza, verdad y bien tanto en los corazones como en las culturas y en toda la realidad creada. Ese mismo Espíritu nos impulsa, especialmente a los cristianos, a contribuir, en modos y medidas diversos, al cuidado de la Tierra, como ciudadanos y como hijos de Dios, con la confianza puesta en nuestro Padre, con la vida de Jesús que late en nosotros y con la colaboración de nuestros trabajos al servicio de todos. Así podremos, como propone Francisco, caminar en comunión y en compromiso.

En todo caso, respecto a la crisis climática, concluye que junto a las decisiones políticas necesarias, se precisa un cambio en el estilo de vida, con gestos –que pueden incentivar los procesos de transformación a nivel social y político– a nivel personal, familiar y comunitario: "El esfuerzo de los hogares por contaminar menos, reducir los desperdicios, consumir con prudencia, va creando una nueva cultura" (n. 71). Así se podrá avanzar "en la senda del cuidado mutuo".

viernes, 26 de marzo de 2021

Discernimiento, evangelización y teología

O. Bakhtina, El buen samaritano


El comienzo del año “Familia-Amoris laetitia” (desde el 19 de marzo pasado hasta el 26-VI-2022) ha coincidido con el 150º aniversario de la proclamación de san Alfonso María de Ligorio como doctor de la Iglesia. Con motivo de esta segunda efeméride, el Papa ha hecho público un mensaje en el que se subraya la importante contribución de este santo a la renovación de la teología moral, en continuidad con lo que ya señaló Benedicto XVI.

El texto recoge las palabras del Papa Pío IX, alabando a san Alfonso por haber sabido mostrar "el camino seguro a través de la maraña de opiniones encontradas de rigorismo y laxismo”. Hoy este santo, patrono de los confesores y moralistas, es presentado por Francisco también como modelo para toda la Iglesia en salida misionera.

En efecto, la aportación de san Alfonso (por su experiencia misionera, de búsqueda de los alejados y escucha de confesiones, y fundador de una congregación religiosa) tiene mucho que ver con el momento actual, sobre todo a través del discernimiento, tema común a la moral y a la misión
evangelizadora y pastoral.


Del discernimiento a la teología

El discernimiento, desde antiguo, es necesario para toda persona madura que se enfrenta a decisiones sobre el camino a tomar, sea en las actividades más ordinarias de cada día, o de vez en cuando en decisiones más importantes. El discernimiento es acto propio de la razón práctica. Es decir, según Aristóteles, la dimensión de la razón que se ocupa de la acción.

Si es un cristiano el que actúa, además la fe ilumina su acción y la de la Iglesia en su conjunto, a nivel universal o local. Y también en el nivel de las familias, asociaciones y movimientos y demás realidades eclesiales.

Todas nuestras acciones afectan siempre a los demás, a nuestras familias, a nuestros amigos, a la Iglesia y a la sociedad. El discernimiento es clave, tanto desde el punto de vista de la moral personal como desde el punto de vista de la ética social, y también en el ámbito de la evangelización o de la misión de la Iglesia.

Se entiende que el discernimiento sea particularmente decisivo en el caso de los gobernantes. También para los confesores. Y en general para todos los educadores (padres y madres de familia, catequistas, profesores, etc.), que deben ejercerlo habitualmente, ellos mismos y enseñarlo a los jóvenes. El discernimiento, en una buena “teología de la acción”, requiere, como se ve en los epígrafes del mensaje papal, “la escucha de la realidad”. Es decir, el conocimiento, la observación y la valoración de la situación y especialmente de las personas. Y todo en orden a la formación de “conciencias maduras para una Iglesia adulta”.

Se entiende también que la aportación de san Alfonso sigue siendo una valiosa luz para toda la teología, “fe que busca entender”. Esta relación entre fe y razón a nivel de la acción hace posible el “discernimiento” en perspectiva cristiana: distinguir en la realidad aquellos signos que pueden ayudar a valorar y decidir lo que hay que hacer, teniendo en cuenta nuestra identidad como cristianos y nuestra misión evangelizadora.

Se trata de distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo bello respecto de que no lo es. El discernimiento, tanto en la acción humana como en la acción de los cristianos (que asume lo humano en la perspectiva de la fe, mirando “con los ojos de Cristo”), es ejercicio de la virtud de la prudencia, que es “guía” de todas las virtudes, e interviene en el juicio de la conciencia. El discernimiento, en definitiva, es fundamental para toda persona y para todo cristiano en el día a día.


Discernimiento, evangelización y educación


El Papa Francisco ha hecho del discernimiento un tema constante de sus enseñanzas, en el contexto del a nueva evangelización. En su exhortación programática Evangelii gaudium (2013) señala entre otras cosas:

“Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (n. 20). “(…) Exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma” (Ib., 30). Todo cristiano “sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino” (Ib., 45).

Cinco años después, en su exhortación Gaudete et exsultate (2018) sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo, vuelve sobre el discernimiento en el ámbito de la vida cristiana, tanto a nivel personal como familiar, social y eclesial. Se trata del discernimiento como “método” educativo y de acompañamiento, y también como “contenido”, es decir, como modo de actuar humano y responsable, que puede y debe enseñarse particularmente a los jóvenes. Y destaca cinco puntos:

1) su imperiosa necesidad, para poder educar y aprender la verdadera libertad;

2) debe realizarse siempre a la luz del Señor (un ejercicio concreto es el “examen de conciencia”);

3) es un don sobrenatural del Espíritu Santo (que nos ayuda a ir más allá de la búsqueda del bienestar o del interés propio); por lo tanto, hay que invocarlo para saber acertar;

4) requiere una disposición a escuchar (a Dios en la oración, y también a los demás, y al magisterio de la Iglesia);

5) ha de seguir “la lógica de la cruz” (sin dejarse llevar por la comodidad o por el miedo).

“El discernimiento –observa ahí Francisco- no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos” (n. 175).


Discernimiento, ecología integral y fraternidad universal

En el mensaje sobre san Alfonso María de Ligorio, el Papa conecta el discernimiento con los temas principales de su pontificado: la evangelización de una Iglesia “en salida”, la atención especial a los más frágiles y necesitados, el acompañamiento de las familias (ahora que estamos de nuevo comenzando un año especial dedicado a la familia), el cuidado de la Tierra para todos (ecología integral) y la fraternidad universal.

Como vemos, el discernimiento no se opone a la llamada universal a la santidad, sino que protege e impulsa la vocación y la misión de todos. Y esto, tanto para la mayoría de los cristianos (los fieles laicos, sea en el matrimonio o en el celibato), como en el caso de los ministros sagrados o en el de la vida consagrada. Ayuda a superar una ética de corte individualista (muy frecuente en nuestra cultura), que podría encerrarnos en nosotros mismos. Y, como se ha dicho ya, es el núcleo de la formación de la conciencia. Volviendo a san Alfonso, respecto a la teología moral, señala Francisco que este santo promovió una reflexión teológica que “no se detiene en la formulación teórica de los
principios, sino que se deja interpelar por la vida misma”.

De san Alfonso había dicho el Papa Benedicto XVI: "Propuso una rica enseñanza de teología moral, que expresa adecuadamente la doctrina católica (...). En su época se había difundido una interpretación muy rigorista de la vida moral, entre otras razones por la mentalidad jansenista que, en vez de alimentar la confianza y esperanza en la misericordia de Dios, fomentaba el miedo y presentaba un rostro de Dios adusto y severo, muy lejano del que nos reveló Jesús. San Alfonso (...) propone una síntesis equilibrada y convincente entre las exigencias de la ley de Dios, esculpida en nuestros corazones, revelada plenamente por Cristo e interpretada con autoridad por la Iglesia, y los dinamismos de la conciencia y de la libertad del hombre, que precisamente en la adhesión a la verdad y al bien permiten la maduración y la realización de la persona" (Audiencia general, 30-III-2011).

Cabe observar que esto (por situarse justamente en el plano de la razón práctica) es bueno y provechoso para toda la teología, que tiene una dimensión evangelizadora y de servicio al bien común en la sociedad. Especialmente, claro está, para la teología pastoral, que se ocupa de la evangelización, y otras disciplinas que estudian también las acciones cristianas o eclesiales.

Francisco desea impulsar concretamente “el desarrollo de una reflexión teológico-moral y de una acción pastoral, capaz de comprometerse con el bien común, que tiene su raíz en el anuncio del kerigma, que tiene una palabra decisiva en defensa de la vida, para la creación y la fraternidad”.

 

 

sábado, 24 de octubre de 2020

La fraternidad, don y tarea

El objetivo es sugerir algunas pistas para la lectura o relectura de la encíclica Fratelli tutti, sobre su trasfondo, unidad y trazos principales. Después de una introducción, pasamos a cuestiones de método y perspectiva, para terminar subrayando algunos aspectos de los contenidos (*). 

sábado, 15 de febrero de 2020

Sueños de esperanza

La exhortación “Querida Amazonia” (2-II-2020) tiene la forma de una carta impregnada de afecto y preocupación por esa región, que el sucesor de Pedro ve como un “misterio sagrado”: un lugar donde late y se manifiesta la vida divina, también con provecho para otras regiones.

Su punto de vista es el propio de la fe cristiana y de la misión de la Iglesia. Ella se sabe impulsada y como vivificada por la Encarnación de Hijo de Dios para llevar la luz y la riqueza de la vida divina a las culturas: “Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia” (n. 6).

Desde ese background, Francisco enuncia sus cuatro “sueños” desgranados en los respectivos capítulos. Esos sueños son paralelos a los “diagnósticos” que en su momento hizo el sínodo de Oceanía. Son, por tanto “sueños” que recogen el trabajo de muchas personas y proceden de un discernimiento eclesial. Son, ahora, los “ sueños" del sucesor de Pedro, sus deseos, sus esperanzas, sus orientaciones, al retomar lo que ve y siente que Dios dice a la Iglesia, para fortalecerla y guiarla en su caminar. Son sueños estrechamente conectados desde la centralidad de Cristo, redentor del hombre y del mundo. Brotan de la Fe, de la Esperanza y del Amor que dinamizan al Pueblo de Dios en este momento histórico.


viernes, 24 de enero de 2020

Cordero de Dios

Hermanos Van Eyck, "El cordero místico" (1432, detalle),
Altar de Gante, Bélgica

El “tiempo ordinario” se introduce, en la liturgia católica, mediante la presentación del Bautismo de Jesús. Esta fiesta –situada al final del tiempo de Navidad– se prolonga en la semana siguiente con la figura del “Cordero de Dios”, como Juan Bautista le denomina ante sus discípulos.

Podemos escoger tres cuadros que nos presentan esta figura de Jesús como cordero manso y apacible que lleva a cabo la obra redentora, ofreciéndose en una entrega generosa por la salvación de cada persona y del mundo. En esa perspectiva la fe cristiana ayuda a encontrar un sentido al dolor, incluso al sufrimiento inocente.

jueves, 31 de octubre de 2019

El diagnóstico pastoral del Sínodo sobre la Amazonia

Acerca del Sínodo para la Amazonia, ha dicho el papa Francisco, al cierre de los trabajos del Sínodo, que lo más importante son los “diagnósticos” realizados. Estos diagnósticos en el Documento final se presentan como nuevos caminos para avanzar en las “conversiones” que encabezan los respectivos capítulos: conversión integral, pastoral, cultural, ecológica y sinodal. También ha dicho que el principal es el diagnóstico pastoral (o evangelizador), que incluye todo lo demás.

El diagnóstico pastoral se expone en el capítulo segundo: “nuevos caminos de conversión pastoral”. El título remite a la propuesta que Francisco viene haciendo a todos los cristianos en la Iglesia: la “conversión pastoral”, es decir, la conversión de los evangelizadores y la conversión de la Iglesia entera a ser evangelizadora.

¿Pero la misión no consiste en convertir a los no cristianos? Así, es, pero para eso, es preciso que los cristianos, cada uno de nosotros, nos convirtamos antes y continuamente. Es decir, que tomenos conciencia de lo que somos: cristianos, que quiere decir discípulos de Cristo, a partir del bautismo. Y Cristo significa el Ungido para una misión. Como Él y unidos a Él, hemos de convertir nuestra vida en una “buena noticia” (= evangelio) para otros.

domingo, 16 de junio de 2019

Sobre la educación cristiana de la sexualidad

«Nos prometimos el cielo, y nos quedamos en las nubes». Así dice un grafiti – expresión quizá de una pareja decepcionada– que contemplé hace algunos años. Hoy el ambiente cultural propicia una sexualidad desvinculada del amor y de la vida. Se facilita el sexo, pero se pone difícil encontrar el amor.

Con la intención de ofrecer algunas orientaciones a los educadores acerca de las cuestiones debatidas sobre la sexualidad humana «a la luz de la vocación al amor a la que toda persona es llamada», la Congregación para la Educación Católica ha publicado un documento titulado: «Varón y mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación» (2-II-2019). Una cuestión importante que tiene que ver con la antropología y la teología del cuerpo y del amor.

No se trata de un documento doctrinal, sino de una invitación a la reflexión, ante todo desde la razón, también desde la fe, con vistas a la tarea educativa. Se quiere así animar al diálogo entre los educadores, en un momento en que la enseñanza católica sobre este tema es considerada a veces como retrógrada.

lunes, 18 de febrero de 2019

El humanismo de la vida: hacia una bioética global


(A propósito de la Carta “Humana communitas” del papa Francisco, con motivo del XXV aniversario de la Pontificia Academia para la Vida, 6-I-2019) (1)

Esta reflexión tiene dos partes. En primer lugar, presentamos el valor de la vida, especialmente de la vida humana, en la perspectiva de las Sagradas Escrituras. Desde ahí ofrecemos a continuacion algunas orientaciones operativas sobre todo para quienes se dedican a las ciencias de la vida.

martes, 21 de junio de 2016

Sentido cristiano de la ecología


Se cumple un año de la encíclica del Papa Francisco Laudato si’, sobre el cuidado de la Casa común. La fe bíblica asegura la dignidad de la persona humana y su valor especial, por haber sido creada para una vida de amor que sea respuesta al amor divino. Esa respuesta de amor comporta el cuidar con respeto el mundo y los seres que lo pueblan. Ya se ve que esto nada tiene que ver con un antropocentrismo despótico o radical, en el sentido denunciado por muchos de los que se dedican a la ética ambiental. 

Veamos en primer lugar la relación entre cristianismo y antropocentrismo y en segundo lugar los compromisos ecológicos que resultan de la fe bíblica.

viernes, 10 de junio de 2016

Carácter y madurez del cristiano

El cristiano tiene un propio carácter, en el sentido de conjunto de cualidades que le distinguen, por su modo de ser y de obrar, de los demás, a la vez que le permiten relacionarse con ellos y servirles. La visión cristiana del hombre (antropología cristiana) se deduce del encuentro con Dios en Cristo. La fe cristiana se traduce en el amor, que significa propiamente no vivir para nosotros mismos, sino para Él, y con Él, para los demás. Esto supone una mirada nueva al hombre y al mundo, y en buena parte se concreta en las virtudes. Es un modo de ver las cosas y de trabajar que ayuda a la madurez personal a la vez que tiene una importante dimensión social, y también ecológica.

sábado, 18 de julio de 2015

Ecología y ética: entre el antropocentrismo y el ecocentrismo



Si se quiere aprovechar el estudio de la encíclica Laudato si', es interesante conocer la situación del debate actual sobre la ética ambiental.

             Con frecuencia los autores contemporáneos se apoyan en las éticas tradicionales para responder preguntas como: ¿qué cosas tienen valor intrínseco (en ética ambiental diríamos "valor ecológico"), bueno o malo? ¿Qué hace que una acción sea correcta o equivocada?

            Otras cuestiones que se plantean son el valor de las zonas desérticas o despobladas, el valor de los “ambientes” reconstruidos por el hombre, los problemas causados por el acceso de la gente a las “reservas” ambientales…Todo ello requiere aún tanto de profundización como de investigación empírica.

jueves, 16 de julio de 2015

Ética ambiental: intereses, valores, estrategias

Para acompañar el estudio de la encíclica Laudato si’, puede ser útil evocar el origen y primeros desarrollos de la ética ambiental, junto con algunas propuestas que se han considerado radicales o contraculturales.

lunes, 6 de julio de 2015

Familia y ecología

Francisco distingue varios niveles de familia en relación con aspectos importantes de la ecología. Sitúa a la familia en el centro del bien común que hay que defender desde dentro y desde fuera. Y propone como modelo a la familia de Nazaret.

sábado, 23 de marzo de 2013

Luchar contra la pobreza, construir la paz, respetar la creación


Fra Angelico, Cristo juez,  
detalle del Juicio final (h. 1435-1440),
 Gemäldegalerie, Berlin


En su primera audiencia a los diplomáticos (22-III-2013), el papa Francisco ha mostrado cómo se va extendiendo el “bing bang” de las claves que dio en su homilía de inicio del ministerio petrino. Las orientaciones fundamentales son: lucha contra la pobreza, promoción de la paz, respeto a la creación.

     Explicando a los diplomáticos por qué escogió el nombre de Francisco, en referencia a san Francisco de Asís, ha referido tres motivos.