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jueves, 2 de julio de 2020

La catequesis, educación en la fe

La catequesis es un elemento central de la “educación en la fe” de todos los fieles católicos. No solo, por tanto, de los niños y jóvenes. Todos necesitamos una formación permanente y la Iglesia entera se puede considerar, en su tarea autoevangelizadora, como una “gran catequesis”.

La catequesis promueve la adhesión personal a Cristo y la madurez de la vida cristiana. Se distingue de la enseñanza religiosa escolar, que tiene como fin transmitir los conocimientos sobre el cristianismo y la vida cristiana en el contexto de la asimilación, sistemática y crítica, de la cultura.

Como fruto del impulso catequético del Concilio Vaticano II, se han venido recogiendo las experiencias de los educadores (catequistas, misioneros, etc.) de todo el mundo y estudiando cómo desarrollar la catequesis en el contexto cultural de nuestro tiempo.

El pasado 23 de marzo el papa Francisco aprobó la publicación del nuevo “Directorio para la Catequesis” elaborado por el Pontificio Consejo para la nueva evangelización, tras doce borradores y seis años de trabajo. Se trata de un amplio e importante documento que alcanza su tercera edición después de una primera en 1971, bajo el pontificado de san Pablo VI, y una segunda en 1997 aprobada por san Juan Pablo II. Se dirige ante todo a los obispos y, a través de ellos, a los que participan en la educación de la fe en los ámbitos pastorales y académicos, particularmente a los millones de catequistas comprometidos en la transmisión de la fe.

Ya en 1977 se celebró un sínodo universal sobre la catequesis que dio como fruto la exhortación Catechesi tradendae (1979), carta magna de la educación en la fe para nuestros días. El Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio han venido completando las referencias que el magisterio de la Iglesia ofrece a los educadores católicos para su tarea.

Con este documento se proporcionan los principios teológico-pastorales de la catequesis, dejando las orientaciones más concretas a las Conferencias episcopales y las Iglesias locales y particulares.


sábado, 7 de diciembre de 2019

Sobre el significado y el valor del belén

En su Carta sobre “el hermoso signo del pesebre” (Admirabile signum, 1-XII-2019) Francisco desea explicar el significado y el valor del belén. Dice el Papa que representar el nacimiento de Jesús equivale a “anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”.

Se trata de un “Evangelio vivo” ­–inspirado en los relatos evangélicos– que nos conduce a la contemplación de la Navidad. Y a la vez, “nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”. Así, “descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él”.

Muchos de nosotros recordamos, en efecto, cuando preparábamos con nuestros padres “el nacimiento”, o “el belén”. Los niños lo preferíamos grande y, como a veces no había una mesa grande, estábamos dispuestos incluso a utilizar una puerta sobre unas banquetas. Era realmente, como dice el Papa, “un ejercicio de fantasía creativa”, lleno de belleza: “Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular”. “Espero –continúa Francisco– que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”.

miércoles, 7 de enero de 2015

Dios que juega

El Greco, Adoración de los Reyes Magos (1568)
Museo Soumaya, Ciudad de México


Parece que algunos niños de 11 años, no sé si muchos, sospechan de sus padres cuando les proponen algo que sea un poco instructivo o formativo, pues solamente desean lo puramente lúdico… Esto se comprende en el contexto de los regalos de Reyes, pues, al fin y al cabo, los niños quieren jugar, todos queremos jugar, y la Biblia dice que incluso Dios juega (cf. Pr. 8, 30-31).

Así lo señala Juan Bautista Torelló, sabio sacerdote y psiquiatra, en un libro póstumo (“Él nos amó primero”, ed. Cristiandad, Madrid 2014), que recoge meditaciones de retiros espirituales predicados en la Peters Kirche de Viena. 

viernes, 8 de noviembre de 2013

Opción por los sencillos

Un desafío para la inteligencia 



Día a día se hace más patente la importancia de lo sencillo, que no es lo simple. Muchas veces tenemos miedo a lo sencillo, quizá porque presentimos que es lo más real. Cuentan de un ensayista español que a veces, terminado un texto, se lo pasaba a su secretario, menos versado en filosofías, para ver si lo comprendía. Y si le decía: “se entiende perfectamente”, entonces el autor le replicaba: “pues oscurézcalo un poco”…

martes, 30 de julio de 2013

Cultura de la solidaridad

Tres preguntas de la prensa 
al autor de este blog



El Papa Francisco en Copacabana, el 28-VII-2013

Francisco ha aunado en la Jornada Mundial de la Juventud los valores humanos y los cristianos a la hora de transmitir un mensaje de fe y de esperanza


¿Cuáles han sido las claves de esta JMJ?

     - Un acontecimiento así no puede encasillarse en unas pocas claves. Si nos fijamos en lo que subrayó sintéticamente el Papa Francisco en la Radio del arzobispado de Río de Janeiro, podríamos hablar de la 'cultura de la solidaridad', como palabra que aúna los valores humanos y los cristianos, por oposición a una 'cultura de la exclusión' de los niños, de los jóvenes, de los ancianos y de otras personas más débiles.

     Las claves más importantes quizá se deducen de los gestos del Papa, que traducen sus actitudes de fondo, a la hora de transmitir un mensaje de fe y de esperanza, especialmente para los jóvenes. Ha querido dejar la certeza de que vale la pena dedicarse a promover la dignidad de cada ser humano, y apostar por Cristo y su Evangelio.


¿Qué destacaría de los mensajes que el Papa Francisco ha transmitido a los jóvenes?

    Decía que las primeras palabras y las más importantes del Papa Francisco han sido, como suelen ser, sus gestos y actitudes. Es decir, su actitud de oración y adoración ante la Virgen Aparecida y en medio de la alegría festiva de la liturgia; su cariño con la gente, su entusiasmo mientras propone a los jóvenes la revolución más grande que jamás ha existido, que es la revolución del Evangelio, la revolución del amor.


¿Qué balance hace de esta JMJ?

     Conviene tener en cuenta que Brasil, además de ser el país con más católicos del mundo, es uno de los más grandes países de América y a la vez se ha configurado históricamente a partir de África; por tanto conserva las raíces humanas y culturales de allí (por ejemplo la alegría y la danza, como se notó especialmente en la Misa en Copacabana). También está asumiendo lo mejor de las aportaciones intelectuales de Europa, precisamente a través del cristianismo (pienso por ejemplo en la aportación alemana en las zonas sureñas); y ahora está integrando muchos elementos asiáticos.

    En este mosaico tan plural, que ha superado tantos problemas y tiene tantas necesidades, el Papa Francisco ha realizado ante los jóvenes algo así como una "rehabilitación de la política" como tarea de servicio. Ha invitado a todos, particularmente a los cristianos, a abrirse a los demás. Ha ido a fondo, especialmente en el Via crucis con los jóvenes y en el encuentro con los cardenales y los obispos (*), por lo que se refiere a la responsabilidad de los católicos. Y todo esto, en la línea del Concilio Vaticano II y cuanto allí se planteó. El camino hacia Cracovia, donde tendrá lugar la JMJ de 2016, está, pues, trazado en esta línea, como dice la primera encíclica de este Papa: la capacidad iluminadora, dialogante y transformadora de la fe cristiana, precisamente por vivir del amor.


(publicado en www.abc.es y otros periódicos digitales, 28-VII-2013)

____________________
(*) Me refería al Encuentro con los cardenales y obispos brasileños el 27 de julio. Posteriormente se difundió también el texto de otro discurso, igualmente importante. Tuvo lugar al día siguiente, en el encuentro con el Comité de coordinación del CELAM. Así que ahora habría que decir: "...en los encuentros con los cardenales y obispos..."

sábado, 20 de julio de 2013

La vida humana como don

La vida no es un añadido a la existencia humana, sino el ser mismo de cada persona. Como la persona no es instrumentalizable, no se debe manipular ni suprimir para producir otra cosa. La fe cristiana confirma que nuestra vida es don de Dios que se ha de convertir en don para los demás.

     La vida humana no es un estado mental o de conciencia que permitiría hablar simplemente de un grado superior de vida añadido a la vida animal; sino, como explica Spaemann siguiendo a Aristóteles, el “ser” mismo de los hombres. 

miércoles, 31 de octubre de 2012

La fe como confianza que libera y transforma



En otro lugar hemos hablado de Michael Ende y su “Historia Interminable”. En Momo (1973), el mismo autor cuenta la historia de los ladrones de tiempo, los “hombres grises” que promueven un “banco de tiempo”, pero en realidad es un tiempo robado y muerto. Y de una niña que devolvió el tiempo a los hombres. Esta novela se considera, entre otras cosas, como una critica al consumismo o al materialismo. Momo es sobre todo capaz de escuchar, y por eso inspira confianza, y así contribuye a la verdadera libertad, a la verdadera vida que tiene que ver con el amor. Aunque fuera solamente por eso, puede representar la actitud de quien atiende a las necesidades de los demás.

     Confianza, que libera y vivifica plenamente la existencia humana, es la fe cristiana. A ello ha dedicado Benedicto XVI su audiencia del 24 de octubre.

     Ha comenzado con estas preguntas: “¿Qué es la fe? ¿Tiene sentido aún la fe en un mundo donde la ciencia y la tecnología han abierto horizontes, hasta hace poco tiempo impensables? ¿Qué significa creer hoy?”

lunes, 18 de junio de 2012

El camino cristiano: libertad y vida plena


Crucero en el campus de la Universidad de Navarra

En su meditación ante la asamblea eclesial de Roma en San Juan de Letrán, el 11 de junio, Benedicto XVI ha explicado por qué no es suficiente conocer la doctrina de Jesús, sino que es necesario ser bautizados (cf. Mt 28, 19).
      La reflexión tiene dos grandes partes. La primera desarrolla el significado y las consecuencias del bautismo. La segunda analiza la estructura del rito bautismal. A lo largo de su discurso, el Papa va señalando importantes implicaciones para la vida cristiana en la actualidad. 



La vida cristiana es salir de sí mismo y vivir para los demás

      Entrando en el sentido del bautismo, destaca el hecho de que bautizar “en nombre del Padre” significa la “inmersión” del bautizado en la vida de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Y por tanto, la llamada a ser testigos del Dios vivo (cf. Mt 22, 31-32).

      Esto tiene varias consecuencias. La primera, señala el Papa, la cercanía, “la prioridad, la centralidad de Dios en nuestra vida”. Por tanto, hemos de tener en cuenta esta presencia de Dios y vivir realmente en su presencia.

      Segunda, no somos nosotros los que nos hacemos cristianos. Lo explica Benedicto XVI: “Así como yo no me doy la vida, sino que la vida me es dada (…), así también el ser cristiano me es dado (…)”. Y esto, el que no nos hacemos a nosotros mismos cristianos, sino que somos hechos cristianos por Dios, “implica ya un poco el misterio de la cruz: sólo puedo ser cristiano muriendo a mi egoísmo, saliendo de mí mismo”.

      De lo anterior se sigue, según el Papa, que al estar inmerso en Dios, estoy unido a mis hermanos y hermanas, que también están unidos a Él; así salgo de mi aislamiento y quedo inmerso en la comunión con los otros. Es decir: “Ser bautizados nunca es un acto “mío” solitario, sino que siempre es necesariamente un estar unido con todos los demás, un estar en unidad y solidaridad con todo el Cuerpo de Cristo, con toda la comunidad de sus hermanos y hermanas”. El bautismo rompe así mi aislamiento, y esto es clave para el cristiano.

       Cuarta y última consecuencia. Puesto que Dios es un Dios vivo y Dios de vivos (cf. Mt 22, 32), el bautismo es una primera etapa de la resurrección”, entramos para siempre en la inmortalidad, en la vida indestructible de Dios. 


Un camino de vida plena

       La segunda parte es un análisis del rito sacramental, su “materia” y su “palabra”. Ante todo, el Papa considera que el bautismo se realiza a través de la imposición del agua –materia del sacramento-. Esto es importante pues expresa que “el cristianismo no es algo puramente espiritual, algo solamente subjetivo, del sentimiento, de la voluntad, de ideas, sino que es una realidad cósmica
”.

      En cuanto a “la palabra” del bautismo, se presenta de tres formas: renuncias, promesas e invocaciones. Según Benedicto XVI, no se trata solamente de palabras sino de un camino de vida, al que decimos “sí” y que se extiende a toda nuestra existencia.

      El Papa se fija en las tres “renuncias”: al mal, al pecado y a Satanás. Primero, se renuncia al mal, “a la pompa del diablo”, como se decía en los primeros siglos: “La pompa del diablo eran sobre todo los grandes espectáculos sangrientos, en los que la crueldad se convierte en diversión”. Además esto significaba renunciar a “
un tipo de cultura, de un way of life, de un estilo de vida, en el que no cuenta la verdad sino la apariencia, no se busca la verdad sino el efecto, la sensación, y, bajo el pretexto de la verdad, en realidad se destruyen hombres, se quiere destruir y considerarse sólo a sí mismos vencedores”. En resumen, es una renuncia muy real, “la renuncia a un tipo de cultura que es una anticultura, contra Cristo y contra Dios. A esto le llama el evangelio de San Juan “este mundo”, no en el sentido del mundo creado o del hombre, sino de un modo de vivir que “se impone como si fuera este el mundo”. Así que “estar bautizados significa sustancialmente emanciparse, liberarse de esta cultura”.

      Esto se cumple también en la vida actual: “
También hoy conocemos un tipo de cultura en la que no cuenta la verdad; aunque aparentemente se quiere hacer aparecer toda la verdad, cuenta sólo la sensación y el espíritu de calumnia y de destrucción. Una cultura que no busca el bien, cuyo moralismo es, en realidad, una máscara para confundir, para crear confusión y destrucción. Contra esta cultura, en la que la mentira se presenta con el disfraz de la verdad y de la información, contra esta cultura que busca sólo el bienestar material y niega a Dios, decimos 'no'”, porque es una cultura que intenta ponerse por encima de Dios, una cultura del mal. 


Renuncia al pecado para vivir en libertad

      Otra renuncia es la renuncia al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios. “
Hoy libertad y vida cristiana, observancia de los mandamientos de Dios, van en direcciones opuestas; ser cristianos sería una especie de esclavitud; libertad es emanciparse de la fe cristiana, emanciparse —en definitiva— de Dios”.

      Hoy, continúa explicando, se considera que Dios es demasiado grande para que yo lo pueda ofender. Esto “parece verdad, pero no es verdad” porque “en Cristo crucificado vemos que Dios se hizo vulnerable” hasta la muerte. Por tanto, “
el amor de Dios es vulnerabilidad, el amor de Dios es interés por el hombre, el amor de Dios quiere decir que nuestra primera preocupación debe ser no herir, no destruir su amor, no hacer nada contra su amor, porque de lo contrario vivimos también contra nosotros mismos y contra nuestra libertad”. También por eso, “en realidad, esta aparente libertad en la emancipación de Dios se transforma inmediatamente en esclavitud de tantas dictaduras de nuestro tiempo, que se deben acatar para ser considerados a la altura de nuestro tiempo”.

      Y finalmente, apunta el Papa, en el bautismo se renuncia a Satanás, al “no” que él representa frente a Dios, y que “coordina todas estas actividades y se quiere ser dios de este mundo (…). Pero no es Dios, es sólo el adversario, y nosotros no nos sometemos a su poder; nosotros decimos ‘no’ porque decimos ‘sí’, un ‘sí’ fundamental, el ‘sí’ del amor y de la verdad”. 


La fe como Vida, Cristo como camino

      Pues bien, evoca Benedicto XVI, estas tres renuncias, en el antiguo rito del bautismo se acompañaban de tres inmersiones en el agua como símbolo de la muerte, “de un ‘no’ que realmente es la muerte de un tipo de vida y resurrección a otra vida”. Y esto era seguido de la confesión de la fe en el Padre omnipotente, en Cristo, Hijo de Dios hecho hombre y en el Espíritu Santo, con toda su acción en la historia y en la Iglesia, comunión de los santos. Y todo se desarrollaba no simplemente como una fórmula sino como un diálogo.

     Esto es signo de que “
la profesión de la fe no es sólo algo para comprender, algo intelectual, algo para memorizar —ciertamente, también es esto—; toca también el intelecto, toca también nuestro vivir, sobre todo”. Y esto le parece muy importante: “Es un diálogo de Dios con nosotros, una acción de Dios con nosotros, y una respuesta nuestra; es un camino”.

      Continúa el Papa concretando esto en relación con Cristo y la vida cristiana: “
La verdad de Cristo sólo se puede comprender si se ha comprendido su camino. Sólo si aceptamos a Cristo como camino comenzamos realmente a estar en el camino de Cristo y podemos también comprender la verdad de Cristo”. Porque “la verdad que no se vive no se abre; sólo la verdad vivida, la verdad aceptada como estilo de vida, como camino, se abre también como verdad en toda su riqueza y profundidad”. Y concluye diciendo que la vida cristiana es comunión de camino con Dios, con Cristo. “Y así estamos en comunión con la verdad: viviendo la verdad, la verdad se transforma en vida, y viviendo esta vida encontramos también la verdad”. 


Una vida nueva: bautismo y libertad

      ¿Y el agua? El agua significa que el bautismo no sólo es una ceremonia, un rito antiguo, un lavado. Es mucho más. En primer lugar el agua es símbolo del mar, del paso (liberador) por el mar Rojo, y también de la muerte y de la cruz: “es muerte a una cierta existencia, y renacimiento a una nueva vida”. También el agua bautismal es símbolo de la fuente vital, pues “toda vida viene también del agua, del agua que viene de Cristo como la verdadera vida nueva que nos acompaña a la eternidad”.

      Termina Benedicto XVI con una palabra sobre el bautismo de los niños. Hoy surge con frecuencia la pregunta de si se puede imponer la religión a un niño, o esperar a que él escoja. Esto, señala el Papa, muestra que “
ya no vemos en la fe cristiana la vida nueva, la verdadera vida, sino que vemos una opción entre otras, incluso un peso que no se debería imponer sin haber obtenido el asentimiento del sujeto”. Pero la realidad es distinta: “La vida misma se nos da sin que podamos nosotros elegir si queremos vivir o no”.

           ¿Es justo, entonces, dar la vida sin pedir permiso al interesado? Benedicto XVI entiende que dar la vida “
sólo es posible y es justo si, con la vida, podemos dar también la garantía de que la vida, con todos los problemas del mundo, es buena, que es un bien vivir, que hay una garantía de que esta vida es buena, que está protegida por Dios y que es un verdadero don”. Y esa garantía, explica aquí, es el bautismo, como anticipación del ‘sí’ de Dios que protege y justifica la vida. Por eso el bautismo de los niños no va contra la libertad; y es precisamente necesario para justificar el bien de la vida, que consiste en vivir en ese gran “sí” de Dios.

      En efecto. De un lado, Dios llama a todos al bautismo, que introduciendo en la vida cristiana significa y realiza, como acabamos de ver, la vida humana solidaria y plena. Por eso mismo y a la vez, los cristianos tenemos un deber especial de colaborar para que se mejoren las condiciones de vida, como signo de que la dignidad de la vida humana pide un cierto desarrollo tanto material como espiritual. En ese marco, adquirimos, también, desde el bautismo, el compromiso de anunciar ese gran “sí” que Dios ha dado, en Cristo, a la vida humana. Un sí que pide nuestra apertura a Dios y a los demás.


(publicado en www.analisisdigital.com, 18-VI-2012) 

miércoles, 4 de enero de 2012

La manifestación del Salvador

 B. Bonfigli, Adoración de los Magos y Cristo en la Cruz (1465-1475)
National Gallery, London

En los iconos ortodoxos de la Navidad, expresiones de la religiosidad popular durante siglos, es común observar al Niño no simplemente echado sobre las pajas del pesebre, sino envuelto en una faja, como un difunto embalsamado, y también a menudo el pesebre tiene forma de féretro. ¿Qué quiere decir esto?


De Belén al Calvario

      La explicación puede encontrarse en la relación entre la Navidad y la Pascua del Señor, entre el Belén y el Calvario. La piedad cristiana hace notar que los brazos extendidos de Jesús en el Belén son los mismos que se extenderán sobre la Cruz. Algunos pintores, como Benedetto Bonfigli (s. XV) o Lorenzo Lotto (s. XVI) asocian la escena de la Navidad al crucifijo.

      Benedicto XVI ha desarrollado, en su audiencia del 21 de diciembre, la relación entre la Navidad y la Misa; y, por tanto, su relación con la muerte y resurrección del Señor.

      En primer lugar, se ha preguntado cómo podemos vivir los cristianos el acontecimiento de la Navidad, sucedido hace más de dos mil años. La Misa de la Noche de Navidad reza: “Hoy ha nacido para nosotros el Salvador”. Esto, responde el Papa, es real gracias precisamente a la liturgia, que hace posible superar los límites del espacio y del tiempo: “Dios, en aquel Niño nacido en Belén, se ha acercado al hombre: nosotros lo podemos encontrar todavía, en un ‘hoy’ que no tiene ocaso”. Dicho de otro modo, “Dios nos ofrece ‘hoy’, ahora, a mí, a cada uno de nosotros, la posibilidad de reconocerlo y de acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vida y la renueve, la ilumine, la transforme con su Gracia, con su Presencia”. En síntesis, por medio de la liturgia “la Navidad es un evento eficaz para nosotros”.

     Ciertamente, bastaría con recordar que la Misa es actualización del Misterio Pascual (la muerte y resurrección de Cristo), que asume, condensa y consuma todos los demás Misterios de la vida del Señor, también el de la Navidad.

      Navidad y Pascua, continuaba señalando Benedicto XVI, son dos fiestas que celebran la redención de la humanidad. La Navidad celebra la entrada de Dios en la historia haciéndose hombre, para que el hombre pueda conocerle y unirse a Él. La Pascua celebra la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, obtenida mediante la Cruz y la Resurrección. La Navidad cae al inicio del invierno, cuando la naturaleza está envuelta por el frío, anunciando la victoria del sol y del calor. La Pascua cae al inicio de la primavera, cuando el sol vence las nieblas.


Navidad y Pascua, Epifanía y Eucaristía

     De esta manera, como hacían los Padres de la Iglesia, el nacimiento de Cristo ha de ser entendido a la luz de la entera obra redentora que culmina en el Misterio Pascual: “Dios se hace hombre, nace niño como nosotros, toma nuestra carne para vencer a la muerte y al pecado”.

      Así lo dice San Basilio: “Dios asume la carne justo para destruir la muerte en ella escondida. Como los antídotos de un veneno, una vez ingeridos anulan los efectos, y como la oscuridad de una casa se disuelve a la luz del sol, así la muerte que dominaba sobre la naturaleza humana fue destruida por la presencia de Dios. Y como el hielo, que permanece sólido en el agua mientras dura la noche y reina la oscuridad, se derrite de inmediato al calor del sol. Así la muerte, que había reinado hasta la venida de Cristo, apenas aparece la gracia del Dios Salvador y surge el sol de justicia, “fue devorada por la victoria” (1 Co. 15,54), sin poder coexistir con la Vida”

      En Navidad, comienza, por tanto, la Epifanía, es decir, la manifestación del plan divino redentor: “En Navidad encontramos la ternura y el amor de Dios que se inclina sobre nuestros límites, sobre nuestras debilidades, sobre nuestros pecados y se abaja hasta nosotros” (cf Fil 2, 6-7). Es decir: “El culmen de la historia del amor entre Dios y el hombre pasa a través del pesebre de Belén y el sepulcro de Jerusalén”.

      De ahí resulta que el misterio de la Navidad, que puede verse situada en el marco de la Epifanía (si bien esta fiesta se celebra dos semanas después y forma una unidad con el Bautismo del Señor y el milagro de las Bodas de Caná), ha de ser contemplado y vivido en torno a la Misa, la Eucaristía. En la Navidad Cristo se manifiesta en la humildad y abajamiento del Niño de Belén. En la Eucaristía, Cristo vivo sigue ahora manifestándose y entregándose por nosotros. La Eucaristía es el “centro de la Santa Navidad”, donde “se hace presente Jesús de modo real, verdadero Pan bajado del cielo, verdadero Cordero sacrificado por nuestra salvación”.


*     *     * 

Durante el tiempo de Navidad celebramos también la Fiesta de la Sagrada Familia, la familia de Jesús en Belén y en Nazaret, que es como el germen de la Iglesia. Ella refleja en el mundo a Cristo, luz de las gentes, como familia de Dios.

      En la fiesta de la Epifanía contemplamos la adoración de los Magos. Siguiendo esa estrella que aún resplandece, representan a todas las personas que reconocen la llegada de la verdadera y definitiva luz del mundo.


La Navidad, "fiesta del corazón"

      En la Homilía de la Nochebuena, ha señalado Benedicto XVI que la Navidad ya es Epifanía, pues Dios se manifestado y lo ha hecho como niño. Así "se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz". Y por eso, ahora que la violencia amenaza al mundo de modos diversos, el Papa nos invita a rezar:

      "Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro. (...) En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro [además de la Pascua] en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón" (Homilía en la Misa del 24-XII-2011).


La Navidad, tiempo de la humildad

      Asimismo, evocando la pequeñez de la puerta que actualmente da acceso a la Iglesia de la Natividad en Belén, observaba Benedicto XVI: "Si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón 'ilustrada'. Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios".

     Dios se manifesta, efectivamente, en su bondad y humildad, llamando a las puertas de nuestra alma, durante todo estos días, breves pero intensos. Abrirle esas puertas es condición para participar de su Luz y llenar el mundo de su Alegría.





(La primera parte, con el título "Navidad y Eucaristía", fue publicada en www.religionconfidencial.com, 25-XII-2011)



     





miércoles, 10 de agosto de 2011

Niño y pastor

B.E. Murillo, El Buen Pastor (h. 1660), Museo del Prado
(agrandar la imagen)


Entre los cuadros que el Museo del Prado expone con ocasión de la JMJ-2011, está el Buen Pastor, pintado por Murillo, que se inspira en dos textos: en el capítulo 10 del Evangelio de San Juan (“El Buen Pastor da la vida por sus ovejas…”) y en el pasaje sobre la oveja perdida (cf. Mt 18, 12-14, Lc 15, 1-7). 



Jesús y los niños

      El niño: Jesús es el verdadero niño, Niño eterno, que no ha perdido la inocencia. Dice que “si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos… Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18, 3-5). 


      Le gusta que los niños se acerquen a Él, los abraza, les bendice y pide por ellos; y se enfada si los discípulos les apartan (cf. Mt 19, 13s. y pasajes paralelos). Los niños le alaban a gritos (cf. Mt 21, 15s). Avisa de la gravedad de escandalizar a los niños (aquél que "escandaliza a uno de estos pequeños más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino": Lc 17, 2). Nadie debe menospreciarles, porque “sus ángeles ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10). 



El Buen Pastor, de Murillo 

      En el cuadro de Murillo destaca la ternura del niño, junto con su seriedad (el que se hace niño como Cristo, se hace persona madura); pobre (descalzo), pero limpio y bien vestido, acaricia y cuida bien de cada oveja, dentro del rebaño (que se observa en segundo plano), mientras en la otra mano lleva el cayado. La autoridad al servicio del amor.

      El niño pastor: especialmente los que tienen responsabilidades de gobierno y formación han de hacerse como niños y atender muy particularmente a los niños.

      La columna rota suele interpretarse como una alusión contrarreformista a la victoria del cristianismo sobre los paganos. Hoy puede sugerirnos que en ese Niño está la verdad unida a la caridad, de modo más grande y auténtico que las realizaciones de la sabiduría meramente humana. 



Atención a los niños, cuidado de los niños

      Dios escucha con predilección la oración de los niños (cf. Camino, n. 98). Ellos participan de la misión evangelizadora y misionera con sus oraciones, el cumplimiento de sus tareas, su vida cristiana sencilla, entusiasta y muchas veces heroica, sus pequeñas contribuciones económicas.

      Especialmente los padres y los educadores representan el cuidado de Dios por los niños y tienen una altísima responsabilidad por ello. Y los niños pueden hacer mucho por sus mayores y por sus iguales, porque son capaces de sacrificarse generosamente por los demás. La sociedad debe proteger a los niños (comenzando por los no nacidos, y siguiendo por otros muchos pobres y hambrientos, enfermos o abandonados, manipulados y explotados sin escrúpulos), protegerlos con todos los medios posibles. La Iglesia está profundamente dolorida y se esfuerza para que no se repitan los abusos infringidos a los niños, cometid
os en ambientes eclesiales.


Benedicto XVI, acerca de los niños

      Ha señalado Benedicto XVI: “Muchos niños crecen ahora en una sociedad que se olvida de Dios y de la dignidad innata de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. En un mundo caracterizado por acelerados procesos de globalización, están expuestos únicamente a una visión materialista del universo, de la vida y de la realización humana”. Hay que enseñarles a “elegir un proyecto de vida dirigido a la felicidad auténtica, capaz de distinguir entre la verdad y la mentira, el bien y el mal, la justicia y la injusticia, el mundo real y el mundo de la ‘realidad virtual’”. (Mensaje a la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, 27-IV-2006).

      Los medios de comunicación y las industrias de entretenimiento participan en primera línea de esta responsabilidad (cf. Los niños y los medios de comunicación social: un reto para la educación, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2007).

      No basta que los niños adquieran conocimientos y habilidades técnicas. Han de aprender a valorar lo bueno y lo bello, a vivir la misericordia y el perdón, a preocuparse por los necesitados. Tienen el derecho a conocer la verdad y aprender a argumentar, con la apertura que es característica de la razón humana hacia Dios. En la catedral de Munich, ante un grupo de niños que recibían la primera comunión, el Papa aconsejaba a sus padres y educadores: “Ayudadles a darse cuenta de que todas las respuestas que no llegan a Dios son demasiado cortas” (10-IX-2006). Y, citando a San Juan Crisóstomo en 2007, ha recomendado: “Desde la más tierna edad abasteced a los niños de armas espirituales y enseñadles a persignar la frente con la mano” (Homilía 12,7 sobre la Primera Carta a los Corintios).

      “La Navidad no es un cuento para niños –observaba en diciembre de 2009–, sino la respuesta de Dios al drama de la humanidad en búsqueda de la paz verdadera. El ambiente de Belén nos recuerda que los niños necesitan no tanto de comodidades exteriores sino del calor de una familia, “del amor del padre y de la madre” (26-XII-2011).

     Ante los niños, y especialmente ante las imágenes del Niño Jesús, Dios “nos invita a hacernos pequeños, a bajar de nuestros altos tronos y aprender a ser niños ante Dios. Nos ofrece el Tú. Nos pide que nos fiemos de él y que así aprendamos a vivir en la verdad y en el amor” (Homilía en el Santuario de Mariazell, Austria, 8-IX-2007).

      Benedicto XVI lamenta con frecuencia que los adultos, sobre todo en Europa, rechacen a los niños, como una carga pesada, como una carga pesada: los niños no son una carga –sostiene–, sino un don para todos.

     Así pues, “debemos aprender a ver con un corazón de niño, con un corazón joven, al que los prejuicios no obstaculizan y los intereses no deslumbran”. Así, en los niños que con corazón libre y abierto reconocen a Dios, “la Iglesia ha visto la imagen de los creyentes de todos los tiempos, su propia imagen” (Homilía 18-III-2008).



(publicado en www.cope.es, 10-VIII-2011)