lunes, 30 de abril de 2018

Significado actual de la santidad

¿Qué es la santidad, en qué consiste, dónde se la reconoce, cómo se vive? A estas preguntas responde la exhortación Gaudete et exsultate (alegraos y regocijaos”), del Papa Francisco, en el capítulo primero.

En el texto podemos destacar cuatro aspectos: santidad y vida ordinaria, la Iglesia como marco vivo de la santidad, la santidad como vocación-misión en Cristo, la santidad como algo esencialmente abierto. 

Se trata de aspectos que están desde el principio en el Evangelio, que vivieron ejemplarmente los primeros cristianos y que los Padres de la Iglesia pusieron claramente de relieve. Pero que en gran parte quedaron olvidados hasta el siglo XX.

martes, 10 de abril de 2018

Santidad para todos


En la exhortación apostólica Gaudete et exsultate (“Alegraos y regocijaos”), sobre la llamada a la santidad en el mundo actual (19-III-2018), el Papa Francisco explica el camino cristiano de la santidad. Un camino que se propone para todos y del que los cristianos hemos de ser especialmente conscientes.  (Ver video de Vatican Media).

Después de exponer el significado de la santidad, advierte de algunas malas interpretaciones. Luego muestra las enseñanzas de Jesús en los Evangelios. A continuación, presenta algunas manifestaciones o características de la santidad. Concluye subrayando algunos medios que tiene el cristiano para colaborar en su propia santidad. En una lectura primera y rápida cabe señalar algunos acentos.

sábado, 7 de abril de 2018

La cercanía, clave de la evangelización



La Virgen y San Juan,
Seminario internacional Bidasoa, Pamplona (España)


En la misa crismal, el Jueves santo 29 de marzo, el papa Francisco ha descrito la salvación obrada por Dios con el término cercanía. Una persona cercana es alguien próximo, no tanto en el sentido físico sino más bien en el sentido afectivo -mente y corazón, unidos-: alguien que acompaña y comprende, que ayuda y se compromete, que se sacrifica por el otro.

Nos viene bien esta reflexión cuando muchos, ante el mal y el sufrimiento que abundan en el mundo, se preguntan: ¿dónde está Dios? Y, lógicamente, se resisten a admitir la existencia de un dios imaginado como lejano o insensible al dolor humano. Pero esto nada tiene que ver con Dios según la revelación bíblica y sobre todo en la perspectiva cristiana.

sábado, 24 de marzo de 2018

El compadecer de Dios



M. Caravaggio, El sacrificio de Isaac (1603)
Galeria Uffici, Florencia


Probablemente recordando el suceso del sacrificio de Isaac (cf. Gn 22), que finalmente no tuvo que morir a manos de Abrahán, dice San Pablo que “Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Rm 8, 32).

¿Cómo debe entenderse que Dios “no perdonó” a su propio hijo?

Como ha explicado Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, esto no debe entenderse como si los pecados cometidos por los hombres a lo largo de los siglos acumularan una inmensa deuda ante Dios, y Dios solo se sintiera satisfecho o aplacado mandando a su Hijo a la Cruz, quedándose Dios Padre tranquilo en su trono celeste, mientras Jesús sufría en su naturaleza humana.

No. Jesús en su pasión y muerte estaba acompañado siempre por su Padre, como había dicho: “Me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre” (Jn 16, 32).

domingo, 4 de marzo de 2018

Felicidad y salvación


M. Chagall, de la colección Fábulas de La Fontaine (1927-1930)

¿Quién diría que no le interesa la felicidad? La religión afronta la cuestión de la felicidad al hablar de la salvación. Un nuevo documento de la Congregación para la doctrina de la fe (Carta Placuit Deo, fechada el 22-II-2018) toca algunos aspectos del mensaje cristiano sobre la salvación en referencia a las enseñanzas del Papa Francisco. Si bien es un documento de tipo doctrinal, manifiesta una notable sensibilidad evangelizadora y pastoral. Sus observaciones tienen especial interés en el campo de la educación cristiana.

Comienza por una mirada a la situación de nuestra cultura: ¿dónde pone la felicidad? ¿Siente la necesidad de “salvación”?

Fidelidad creativa


V. Van Gogh, La noche estrellada (1889)
Museo de arte moderno, Nueva York,

Vivimos tiempos de cambios. Vivir es cambiar, aunque solo sea para avanzar. Es conocida la expresión de san Agustín: “Si dices basta, ya estás perdido. No te detengas, avanza siempre; no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta, retrocede” (Sermón 169, 18). Y Unamuno selló la frase de que “el progreso consiste en renovarse”. Esto sucede tanto en el plano material como en el biológico, en el ámbito familiar y en el empresarial, en la vida cristiana y en la eclesial.

En un videomensaje a la semana social de Verona en noviembre de 2017, ha explicado el papa Francisco que la fidelidad significa cambio. En efecto, para ser fieles se requiere avanzar sobre lo vivido sin dejar de vivirlo, recomenzar continuamente, renovarse, actualizarse sin olvidar la propia identidad y los propios fines. Quien no avanza se detiene y deja de ser fiel a su camino y a su misión. Y esto –observaba Francisco– tiene dos caras. Una positiva: la confianza en Dios que impulsa y acompaña. Y otra cara negativa: la resistencia a caminar y renovarse, la rutina, el encerramiento defensivo en las falsas seguridades.

jueves, 18 de enero de 2018

Teología pastoral como Teología de la misión

Se ha publicado un nuevo libro: R. Pellitero, Teología de la Misión (Colección Manuales del ISCR, n. 17), ed. Eunsa, Pamplona 2018, 210 pp. 

La vida cristiana es misión. Si toda vida humana es un proyecto y una tarea, lo es aún más en la perspectiva cristiana, como dice el Documento de Aparecida: "La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es, en definitiva, la misión" (n. 360).

Según la Constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II, la entera Iglesia es enviada por Dios para la salvación del mundo. Todos los discípulos de Cristo, según la propia condición de vida, dones y carismas, son responsables de la única Misión.

La misión cristiana se identifica con la vida cristiana: es un "hacer" que se realiza a medida que se vive, es decir, consiste en un modo de "ser".

Cada discípulo del Señor está enviado a llevar a cabo la misión personalmente y como comunidad “convocada”: Iglesia. Se es cristiano como miembro de un cuerpo, de un pueblo, de una familia. La misión es el testimonio del don recibido, que compromete a cada uno personalmente, y a todos juntos como Iglesia. Por eso hablamos de la Misión de la Iglesia.

Hoy estamos convocados a una renovación del testimonio evangelizador. Pero, ¿qué formas adquiere ese testimonio? ¿Cómo acertar en la tarea de “iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar” (Evangelii gaudium, 273)? ¿Qué es lo esencial y más necesario? (cf. ibid, 35) ¿Cómo llevarlo a cabo con fidelidad y creatividad? ¿Cómo compartir el don con los individuos y las familias, con jóvenes y ancianos, con todas las personas, especialmente con los más pobres y necesitados? ¿Cómo configurar el diálogo de la fe con la cultura y las ciencias, en el contexto de los rápidos avances de las tecnologías de la comunicación? ¿Cómo articular la misión y sus tareas? ¿Cómo educar para la misión?